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José Ruiz Baos " Calatraveño"
- Categoría: taurinas
- 19 Julio 2025,
- NUESTRO JAÉN

José Ruiz Baos, hijo de Herminio y Josefa, nace en Bolaños de Calatrava el 5 de Noviembre de 1943, y cuenta Enrique, uno de sus cinco hijos, que José “acompañaba a su padre en burro hasta Daimiel, para vender berenjenas en la feria y también iba de Bolaños a Fernán Caballero a segar con hoz”. Y fue, precisamente en este municipio, en la finca de Pinos Bajos, donde pastaba el ganado de Víctor y Marín, donde tras un tentadero, el joven bolañego pensó que podía cambiar las duras tareas agrícolas y de cuidado del ganado familiar por la hermosa y difícil profesión taurina. Y pudo ser también ese día cuando, en honor a su tierra, decidiera tomar en los carteles el nombre de “Calatraveño”.
Inicia José su carrera –como muchos toreros de la época– en el duro mundo de las capeas por los pueblos, adquiriendo con su gran voluntad y un valor desmedido el aprendizaje imprescindible para iniciar, formalmente, su etapa de novillero, haciendo el primer paseíllo de luces en su pueblo natal, el 15 de Septiembre de 1964 y, un año después, torea en Torralba de Calatrava, el 19 de Septiembre de 1965, su primera novillada con caballos.
Va curtiéndose en los ruedos como novillero, durante tres temporadas, con sucesivos triunfos que culminan en su primera Puerta Grande en Las Ventas, el 29 de Junio de 1968, triunfo antesala de la inmediata alternativa en Ciudad Real el 17 de Agosto, recibiendo “los trastos» de manos de Diego Puerta, en presencia de “El Viti”, que completaba este lujo de cartel.
Aunque inicia su carrera formal en los ruedos con más edad de lo habitual en esta profesión, en las dos décadas que estuvo activo dejó patente su pundonor y entrega con un toreo hondo, recio, de corte clásico y con una técnica adquirida, en buena parte, con el duro ganado que evitaban las figuras del momento. Estas cualidades hicieron más valiosa, ante la crítica y la afición, la estadística de sus triunfos, dejando tardes para el recuerdo en importantes plazas de la geografía española.
Estos fueron los casos de Sevilla, donde en varias ocasiones rozó la Puerta del Príncipe, siendo muy recordada en la Maestranza la tarde que hizo sonar la música con el capote en su segundo toro, fue obligado a desmonterarse en el tercio de quites de su primero y dio sendas vueltas al ruedo tras sus dos faenas (1973). En la entonces prestigiosa Monumental de Barcelona realizó una veintena de paseíllos, triunfando con los encastes más duros, como la recordada corrida de Miura y, por supuesto en Ciudad Real, donde entre los muchos triunfos recordamos, junto a su alternativa de lujo, la encerrona de 1971, enfrentándose a siete toros con el premio con siete orejas y tres rabos. Como inolvidable fue la tarde de 1977, en la que se llevó al esportón cuatro orejas y dos rabos con los temidos astados de Isaías y Tulio Vázquez.
Pero las tardes más inolvidables las vivió en la primera plaza del mundo, Las Ventas de Madrid, donde José Ruiz saboreó la gloria de cruzar cuatro tardes su Puerta Grande, superando así a muchas figuras de la época en este palmarés, tanto términos absolutos como en relación al número de actuaciones en tan emblemático ruedo. En este coso, lidió tres novilladas picadas, obteniendo tres orejas y una puerta grande (1968) y veintidós corridas con catorce orejas y tres puertas grandes (1971 y 1973). Alguna vez José comentó, hablando de sus ilusiones toreras, que “esto va de cortar orejas”. Y a fe que lo consiguió: 50 novilladas picadas con 88 orejas y 20 rabos y 209 corridas, con un total 331 orejas y 34 rabos
Realiza José Ruiz, su primera despedida en Valdepeñas en 1982 y los años siguientes cambia el oro por la plata y actúa en más 70 festejos, volviendo al escalafón de matadores en 1986, año en que hace el paseíllo cuatro tardes en Ciudad Real antes de su definitiva despedida. Después, su gran afición le hizo continuar como subalterno hasta que en 1993 un novillo, en Brazatortas, le dejó fuera de los ruedos definitivamente.
En 2006 dirigió la Escuela Taurina de Ciudad Real, etapa muy satisfactoria para “Calatraveño”, como también lo fue el calor de los aficionados en la Peña Taurina que llevaba su nombre y tenía su sede en la Plaza Mayor de la capital de la provincia. En la década de los setenta, en los círculos sociales relacionados con el mundo de los toros, era frecuente escuchar o leer la frase “El toreo tiene un dueño, José Ruiz ‘Calatraveño’”, porque fue su etapa de mayor gloria en los ruedos.
En un conversación con el reconocido Julio César Sánchez (diario Lanza), publicado unos meses antes de su muerte, José Ruiz decía: “estoy muy agradecido a mi tierra, tanto a Bolaños como a toda la provincia de Ciudad Real, porque me apoyaron muchísimo en mis comienzos. Me perdonaban que al principio fuera un poco tosco, porque yo aprendí a torear a base de porrazos en las capeas y en los tentaderos. Sin embargo, aquella falta de técnica la suplía luego con una entrega total en la plaza, y eso a la gente le llegaba mucho porque sabían de dónde venía y se alegraban de ver a un paisano acercarse a su sueño de triunfo en los ruedos”.
Importante es señalar, en la biografía del recordado torero bolañego, cómo los más prestigiosos analistas y críticos taurinos de su época resaltaron su gran honradez humana y valía profesional frente al peligro de los toros en el ruedo y a veces, el no menor, de poder “molestar” con su arrojo y cualidades toreras a determinados compañeros de cartel, en detrimento de futuros contratos.
Vayan en este sentido algunos botones de muestra: el tan prestigioso, para los aficionados, como exigente Alfonso Navalón (diario Pueblo), tras una gran tarde con ganado de Miura, en Valencia, escribía que “Calatraveño asustó al público y a los toros de la divisa terrorífica con un valor impresionante y unas ganas de triunfo temerarias que me obligan a dedicarle todos los elogios que se merece…”.
El recordado critico de El País, Joaquín Vidal, tras su despedida de 1982, en Valdepeñas, escribía, “Calatraveño se despidió con otra guerra. Un torero de cuerpo entero pasó ayer a la historia…”. Y en la crónica de la corrida homenaje al Congreso Internacional de Cirugía Taurina, Vidal dice, tras una faena de total dominio ante un duro y astifino cortijoliva, al que cortó una oreja, que “Calatraveño es un caso de valor a carta cabal (…) con la muleta estuvo hecho un torerazo…”. También, el popular cronista Ricardo García “K-Hito” (Dígame) titulaba así su triunfo en Madrid de 1971: “Ciudad Real tenía su bomba atómica: explosión de Calatraveño en el atolón de Las Ventas”.
Una anécdota de su despedida en Valdepeñas en 1982 pone de manifiesto el cariño de su cuadrilla y el “desacuerdo” con su abandono de los ruedos: tuvo que ser “Pirri”, subalterno del recordado “Yiyo”, que esa tarde compartía cartel con nuestro torero, quien le cortase la coleta al negarse a realizar este rito taurino –como hubiese sido normal– alguno de los miembros de su cuadrilla. “Calatraveño” siempre mostró un talante solidario, organizando y participando en diversos festivales y actuaciones benéficas, como el tradicional a beneficio del Asilo de Ancianos de Ciudad Real.
Durante sus últimos años de vida, “Calatraveño” se trasladó a vivir, junto a su hijo José Manuel, a localidad abulense de El Barraco. Su arrojo y valor desmedido hicieron que los toros le hirieran en varias ocasiones con mayor o menor gravedad, pero sus “cogidas” menos previstas fueron un accidente de trafico en 2018 y una caída con gran daño cerebral, que determinó su muerte a los pocos días en el Hospital de Salamanca, el 25 de enero de 2022.
En Septiembre de este mismo año Bolaños, el pueblo que le vio nacer, rindió uno de los más importantes reconocimientos a su memoria al acordar su Ayuntamiento dar el nombre de Plaza de Toros José Ruiz “Calatraveño” a su coso taurino
Ignacio Rubio
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