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Morante de la Puebla es el mejor torero de la historia (o no)

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Morante de la Puebla es el mejor torero de la historia (o no)

Exageraciones, porfías, adhesiones y desaires al hilo de la pasión desatada por el torero sevillano en la Feria de San Miguel.

Por Antonio Lorca.

Si una docena de corridas al cabo de todo un a√Īo provocara la conmoci√≥n y la posterior pol√©mica que ha generado la celebrada el pasado viernes en Sevilla, nadie hablar√≠a de crisis en la fiesta de los toros. Lo que sucedi√≥ en La Maestranza fue, ni m√°s ni menos, que una catarsis, una suerte de transformaci√≥n interior suscitada por una experiencia vital intensa. Eso fue, una circunstancia extraordinaria, sorprendente e inesperada de la mano de un artista que, sin saber por qu√©, se sinti√≥ inspirado a la ca√≠da de la tarde ante un toro que, minutos antes, hab√≠a provocado el rechazo de gran parte de la plaza.

Pero no ha sido esta una ocasi√≥n √ļnica. El mismo torero ya protagoniz√≥ secuencias trascendentes la tarde del pasado 7 de mayo, durante la Feria de Abril, ante un toro sobrero de Garcigrande, exigente y encastado, al que cort√≥ las dos orejas; y otro momento inolvidable se produjo el 1 de octubre de 2021, en la Feria de San Miguel, ante un inv√°lido artista de Juan Pedro Domecq, al que tambi√©n desorej√≥.

Tres tardes que dan fe del misterio que ha cimentado la tauromaquia a lo largo de más de tres siglos; que un día, a una hora, sin hoja de ruta conocida, surge esa chispa que es como un calambre que se esparce por los tendidos, hipnotiza a todos los presentes y les inyecta una suerte de felicidad. A partir de ahí, se admiten exageraciones, porfías, adhesiones y rechazos, que no son más que la savia que siempre ha dado vida a la fiesta de los toros, enferma hoy de aburrimiento y desgana.

El m√©rito de Morante es reivindicar la tauromaquia como un misterio, descifrarlo y decirlo delante de todos

Ese es el gran m√©rito de Morante de la Puebla: reivindicar la tauromaquia como un misterio, descifrarlo y decirlo delante de todos. Pero los misterios son inexplicables y no est√°n sujetos a las leyes mundanas, ni a reglamentos, ni a tradiciones ni exigencias. Es una simple y compleja cuesti√≥n de fe. Despu√©s de la corrida del pasado viernes, la taberna moderna, esa pe√Īa tecnol√≥gica de las redes sociales ha echado humo entre partidarios y detractores, entre aficionados que a√ļn siguen bajo los efectos alucinantes de la p√≥cima morantista, y otros que se ha sentido ofendidos por lo que consideran una blasfemia contra el toreo.

Pues ni lo uno ni lo otro. Vamos a ver. El toro de los Hnos. Garc√≠a Jim√©nez, Derribado de nombre, era un t√≠pico juampedro por familia, hechuras, bravura y nobleza; es decir, un animal dise√Īado y criado para el triunfo de las figuras de hoy. Fue protestado de salida porque parec√≠a renqueante de los cuartos traseros, pero no era un inv√°lido y moribundo; despu√©s de unos titubeos iniciales, cumpli√≥ en el caballo, persigui√≥ en banderillas y lleg√≥ a la muleta con el alma bonachona y la vida prendida con alfileres. Un toro moderno.

El detalle innovador es que tuvo delante a un artista imprevisible, y entre los dos crearon una obra sugerente, intensa, emotiva, y tan imperfecta como adictiva. Una faena que conmueve o molesta, produce urticaria o eriza la piel.

A partir de aqu√≠, carecen de sentido las comparaciones, las posiciones radicales, los amores o los odios extremos. Morante de la Puebla es el mejor torero de la historia, han proclamado algunos. No, hombre, no. El mejor son muchos, cada cual en su momento hist√≥rico y en la conexi√≥n de su tauromaquia con el p√ļblico. Morante puede ser el mejor torero de la historia de un aficionado de hoy, que no es poco, pero es imposible compararlo con cualquier otra figura de anta√Īo. Ha habido tantos y tan grandes que la simple proclamaci√≥n suena a herej√≠a.

‚ÄúYo me quedo con Fernando Roble√Īo ante un torazo de Jos√© Escolar en Madrid. Eso es el toreo eterno para m√≠. Lo de Morante para ustedes‚ÄĚ, afirmaba otro. Las opciones son v√°lidas, pero odiosas las comparaciones. Roble√Īo dibuj√≥ el pasado d√≠a 18 en Las Ventas la faena de su vida y una de las grandes obras del a√Īo, y Morante, otra, igualmente grande, personal y diferente. El arte es incomparable.

‚ÄúTodos los que califican como hecho grandioso la faena de Morante al inv√°lido cuarto participan activamente en extender la idea de que el toro es un acompa√Īante, no la base del espect√°culo‚ÄĚ, apuntaba un tuitero, y no le falta raz√≥n, no en lo del animal inv√°lido, que no lo era, sino en la p√©rdida de protagonismo del toro en la tauromaquia moderna.

Sin √°nimo de comparaci√≥n, ¬Ņc√≥mo era el toro de la Espa√Īa de la posguerra civil con el que Manolete forj√≥ su leyenda? Lo dicho no pretende justificar el injustificable golpe de estado contra el rey toro por parte del taurinismo actual, sino amparar el axioma de que los toreros legendarios est√°n por encima de las modas e, incluso, de las normas.

Es verdad que la faena de Morante hubiera alcanzado otra dimensi√≥n ante un toro de encastada nobleza, -como el citado de Garcigrande en la pasada Feria de Abril, pero este de Hnos. Garc√≠a Jim√©nez fue material id√≥neo para narrar otros v√©rtices de su particular sentido de la pasi√≥n art√≠stica. La locura que se produjo el pasado viernes en La Maestranza hay que vivirla para sentirla y hacerla propia; y cuando el espectador se deja atrapar por ese hilo invisible, se le nubla la raz√≥n, y es el sentimiento lo √ļnico que brota.

En consecuencia, no desprende la misma intensidad la vivencia presencial de un espect√°culo tan ef√≠mero e imprevisible como el toreo en su esplendor que leerlo, escucharlo o visionarlo en un v√≠deo posterior. No es lo mismo. Hubo aficionados que se quejaron de que no sacaran a hombros a Morante por la Puerta del Pr√≠ncipe; no hab√≠a cortado tres orejas ‚ÄĒraz√≥n normativa‚ÄĒ, ciertamente, pero quien es capaz de transfigurar una tarde de toros en algo m√°gico (caso, tambi√©n, de Roble√Īo en Madrid) tiene derecho a que se le abran de par en par las puertas del toreo.

‚ÄúCoincidir en el tiempo con un torero as√≠ es un privilegio‚ÄĚ, apuntaba un tuitero. ‚ÄúMe he despertado con la faena de Morante en la cabeza‚ÄĚ, bostezaba otro. ‚Äú¬ŅHa llegado el toreo a su culminaci√≥n art√≠stica con la faena de Morante?‚ÄĚ, se preguntaba un tercero.

Entonces, ¬Ņes Morante el mejor torero de la historia? Seguro que no, pero qu√© m√°s da. Ojal√° otros como √©l y Fernando Roble√Īo fueran capaces de componer una docena de obras de arte como las suyas. Ser√≠a la mejor prueba de que el coraz√≥n de la tauromaquia palpita con energ√≠a..

Publicado en El Pa√≠s

 
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