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LIBROS ; LA SENCILLEZ HUMANA SE VISTE DE TABACO Y AMARILLO CANARIO... EL LIBRO PIEDRAS NEGRAS. SITIO, VIDA Y MEMORIA

LA SENCILLEZ HUMANA SE VISTE DE TABACO Y AMARILLO CANARIO... EL LIBRO PIEDRAS NEGRAS. SITIO, VIDA Y MEMORIA

QUIERO -Y lo debo de hacer- agradecer al se√Īor Carlos Casta√Īeda G√≥mez del Campo, ganadero de las reses bravas que se lidian a su nombre con la divisa tabaco y amarillo canario, su caballerosa atenci√≥n para permitirnos transcribir la totalidad de su libro sobre la ganader√≠a de Piedras Negras. Una "biograf√≠a autorizada" ‚Äď"PIEDRAS NEGRAS... SITIO, VIDA Y MEMORIA"- sobre la centenaria dehesa afincada en los campos bravos de Tlaxcala.

DOCUMENTO INTERESANTE e infaltable para todo aquel aficionado que le guste conocer, y/o rescatar, los cimientos de la verdadera encastada campi√Īa mexicana. Fin que perseguimos y nos lo concede Carlos Casta√Īeda G√≥mez del Campo.

LARGA ES la obra, por eso mismo iremos presentándola en secciones, agregaremos un espacio amplio cada tres días, así los leyentes verán formar dicho libro conforme vayan pasando las semanas.

DEBO DE decirlo... "PIEDRAS NEGRAS... SITIO, VIDA Y MEMORIA", ya fue presentado en Sevilla cuando esa dehesa se hermanó con Miura, y tuvo una excelente aceptación. La edición primera "voló" literalmente, por lo mismo es un honor reproducir los escritos de este sano taurino.

Creo que Carlos entender√° mis pocas, pero sinceras palabras...

¬°Gracias Carlos!... ¬°Gracias ganadero!

Pedro Julio Jim√©nez Villase√Īor.

INICIAMOS...    

PIEDRAS NEGRAS SITIO, VIDA Y MEMORIA

Carlos Casta√Īeda G√≥mez del Campo

A mis tres ¬ęrequetrespiedras¬Ľ:

Cuca: sin ti, ni esta ilusi√≥n ni mi vida estar√≠an completas. Gracias por la paciencia y el cari√Īo de estos a√Īos y los que nos faltan por vivir.

Mar√≠a e Isabel: gracias por acompa√Īarme siempre en esta pasi√≥n que M√©xico y la ganader√≠a representan para m√≠.

PR√ďLOGO

Sí, Carlos, esto es un viaje.

Dicen que viajar es vivir m√°s vidas. Otras vidas.

Vidas de arrieros, de tlachiqueros, de vaqueros, de toreros, de curas, de ganaderos...

Aunque la ganadería es tu pasión; la historia tu afición; y Piedras Negras, tu ilusión, las vidas que aquí viviste y que nos haces vivir párrafo a párrafo son, en resumen, el viaje hacia nosotros mismos.

Ra√≠ces, polvo, recuerdos, sue√Īos que nos transportan a siglos de vida y memoria.

El Sitio es Piedras Negras.

El protagonista es uno mismo.

La Vida es el intenso transitar por los a√Īos que fueron de otros, pero que nos hace ser y sentirla como propia. Es parte de lo que nos lleva a vivir el hoy con admiraci√≥n y respeto hacia quienes forjaron un rumbo bien definido, digno de ser vivido con todo el orgullo Gonz√°lez de hoy y de siempre.

Para eso es y trabaja la Memoria.

Para conocernos y comprometernos a honrar el pasado, disfrutar el presente y so√Īar el futuro.

Sitio, Vida y Memoria.

Gracias por el viaje

Antonio de Haro Gonz√°lez

INTRODUCCI√ďN

Desde hace tiempo tuve la inquietud de escribir un libro sobre Piedras Negras. El lance ha sido para mí un largo y complicado viaje a lo desconocido, pero también muy enriquecedor. El reto ha sido encontrar en el entorno histórico y taurino de México, así como en la intimidad de la familia González, la historia del sitio, su vida y su memoria. Creo que si algo tiene de innovador el presente texto es tratar de insertar el tema de la crianza del toro bravo en la vida de México.

La historia de México es una gran aventura; sobre el tema existe una cantidad increíble de libros, estudios, monografías, ensayos y análisis, muchos accesibles en la actualidad, gracias a la tecnología. Gran parte de la información general aquí contenida proviene de este tipo de fuentes.

Si bien es cierto que lo que van a leer no tiene un interés ni un método de investigación científica, busqué acercarme a la mayor cantidad de fuentes históricas disponibles que me permitieran, después de analizarlas, obtener mis propias conclusiones, y con el encuadre de algunas fechas y datos, poder expresar mis ideas de la mejor manera posible en un contexto adecuado.

Mientras me fue posible, acud√≠ a fuentes originales. Busqu√© informaci√≥n en los siguientes archivos: el General de la Naci√≥n, el General Agrario, y el propio archivo documental y fotogr√°fico de Piedras Negras, este √ļltimo conservado en esta hacienda en propiedad de su actual due√Īo, mi fraternal amigo, Marco Antonio Gonz√°lez. Tambi√©n acud√≠ a la Hemeroteca Nacional y extraje informaci√≥n de diversas colecciones privadas con publicaciones de cada √©poca.

Conservo ‚Äďy son parte fundamental de este trabajo‚Äď las copias de los libros de la ganader√≠a, libretas y hojas de trabajo, que hace m√°s de veinticinco a√Īos me compartieron don Ra√ļl Gonz√°lez, Jorge de Haro y Gonzalo Iturbe, todos ellos ganaderos de toros bravos y descendientes de sangre y esp√≠ritu de quienes iniciaron la crianza profesional del ganado bravo en nuestro pa√≠s. La lectura y comprensi√≥n de lo anterior fue la semilla que hizo que creciera en m√≠ el aprecio y la admiraci√≥n por la sangre de esta ganader√≠a, y por su gente. Mucho tiempo dedic√≥ don Manuel de Haro, otro gran ganadero, a explicarme, en sabrosas pl√°ticas, lo que en muchos casos no puede escribirse o no est√° escrito. De estas charlas guardo un grat√≠simo recuerdo y son tambi√©n origen de mi inter√©s por esta tierra, su gente y sus toros.

Cada visita al campo tlaxcalteca, donde me ha abierto su casa Antonio de Haro ‚Äďguardi√°n de lo mejor de su tierra‚Äď, me ha dado la oportunidad de buscar, aunque sea en el imaginario del paisaje, lo que fueron las tierras de la hacienda. El fr√≠o matinal, a veces persistente, el sol que quema fuerte y la gente del campo, tambi√©n han sido fuente del presente trabajo.

Ricas y muy agradables horas han sido las que he pasado conversando con todos los González. Los de Piedras Negras, La Laguna, Zotoluca, Zacatepec, Coaxamalucan y Rancho Seco, me han regalado un tesoro invaluable al abrirme las puertas de sus ganaderías, pero, sobre todo, de sus recuerdos.

La historia de la finca y de sus distintos propietarios, su devenir, su transitar en manos de los González, la ganadería vista por dentro, en el campo, y por fuera en la plaza, donde la Bravura, eje y propósito de la casa de la familia González, tiene forzosamente que rematar, es lo que espero, querido lector, que en las páginas de este libro puedas encontrar. Letras que representan para mí: una ilusión cumplida.

Carlos Casta√Īeda G√≥mez del Campo

I. SAN MATEO HUISCOLOTEPEC

Escribir sobre Piedras Negras es hacer un viaje fant√°stico por las venas de la historia de M√©xico. En cada √©poca de esta propiedad se reflejan los momentos de la vida pol√≠tica, econ√≥mica y social de nuestro pa√≠s. Los Se√Īor√≠os Tlaxcaltecas, la llegada de los espa√Īoles, el virreinato, la Independencia, el periodo de Benito Ju√°rez y del general D√≠az, la Revoluci√≥n y el M√©xico moderno se pueden ver en las paredes y son parte del devenir econ√≥mico de San Mateo Huiscolotepec.

Piedras Negras est√° ubicada en Tlaxcala, ¬ęcuna de nuestra naci√≥n¬Ľ, sobrado calificativo, si tomamos en cuenta que el poblamiento del norte del pa√≠s naci√≥ aqu√≠ junto con la catequizaci√≥n de los indios y el mestizaje.

Ah√≠, en lo que despu√©s ser√≠an tierras de los Gonz√°lez, se dieron los primeros encuentros b√©licos entre indios y espa√Īoles; ah√≠ se formaron las primeras haciendas del estado; despu√©s, el clero, siempre poderoso, ser√≠a su propietario; los arrieros primero y el ferrocarril despu√©s le dieron forma y destino, para finalmente ser tambi√©n cuna, pero ahora del Toro Bravo, hasta llegar a los a√Īos del desarrollo industrial. Si cre√°ramos una l√≠nea de tiempo con los hitos trascendentales de la historia y tauromaquia nuestras, de seguro coincidir√≠an con los principales momentos de Piedras Negras.

Cada vez que llego a Mena, al girar a la derecha para cruzar lo que en sus tiempos fue el potrero el Pescadero, me surge la misma pregunta: ¬ŅC√≥mo habr√° sido esto? En lo que era un camino de terracer√≠a ahora hay una moderna carretera de cuatro carriles. Del lado izquierdo sale el camino que lleva a la actual plaza de tientas de Piedras Negras, otrora de Zotoluca. Un poco m√°s adelante se ve lo poco que queda del embarcadero original de la ganader√≠a. Al llegar a la v√≠a del tren, dando la vuelta conforme al camino de hierro, del lado izquierdo busco las ruinas del lienzo y la plaza donde tantos Gonz√°lez dejaron pasi√≥n y vida, donde se prob√≥ la bravura de las vacas y se le dio forma y sustancia a una ganader√≠a. Me imagino a aquellos hombres vestidos de charro, perfectamente montados, arreando sus vacas acompa√Īadas de la parada de bueyes para la tienta del d√≠a. Polvo, silbidos y gritos a la sombra de los canosos sabinos ‚Äďya muy pocos hoy‚Äď, mudos testigos de ese hacer cotidiano. Despu√©s, ah√≠ de frente, las ruinas de ¬ęLa Venta¬Ľ, tristes y silenciosas, para finalmente admirar al fondo, bajo el cielo azul tlaxcalteca, el casco de Piedras Negras. Casa, trojes, pante√≥n e iglesia, llenos de vida y memoria.

Despu√©s de atravesar la modernidad que ahora rodea a la hacienda, dejamos atr√°s El Derribadero, donde los machos mostraron su bravura. M√°s all√° est√° Coaxamalucan, y pasando por lo que fueron los potreros de los toros, hoy ya casi sin √°rboles, al cruzar el r√≠o, contin√ļo haci√©ndome la misma pregunta: ¬ŅC√≥mo habr√° sido esto? Amos, vaqueros, toros, magueyes, vida...

Antes de llegar al casco de La Laguna, un camino que sube a la derecha lleva a los vestigios de un poblado indígena. Juego de pelota, mercado, casas y enterramientos de siglos atrás descansan bajo los actuales potreros de la ganadería De Haro, hija por sangre, tierra y tradición de Piedras Negras.

Ah√≠ comienza esta historia, en la b√ļsqueda de la respuesta a mi pregunta, o al menos por el gusto de viajar en el tiempo.

1. TLAXCALA: LA LLEGADA DE LOS ESPA√ĎOLES

A principios del siglo XVI, Tlaxcala era un peque√Īo territorio situado en las tierras altas de M√©xico, que precaria y valientemente manten√≠a su independencia del Imperio Azteca. Con la llegada de Cort√©s, pas√≥ a ser parte de la Monarqu√≠a Espa√Īola, despu√©s de las batallas sostenidas entre espa√Īoles y tlaxcaltecas en 1519.

Al momento de la conquista, el centro del pa√≠s estaba poblado principalmente por indios nahuatlacas, cuya organizaci√≥n pol√≠tica era el Imperio Azteca, que para ese entonces se hab√≠a desarrollado por los √ļltimos ciento cincuenta a√Īos. Quitando peque√Īos se√Īor√≠os, la √ļnica gran excepci√≥n a la unidad y dominaci√≥n azteca eran las fronteras del estado tlaxcalteca, ubicado al este de Tenochtitl√°n. Ah√≠, sus habitantes hab√≠an defendido con √©xito su territorio de la dominaci√≥n del Imperio, mientras este se expand√≠a por toda la geograf√≠a central del pa√≠s.

El territorio tlaxcalteca era m√°s o menos el mismo que actualmente ocupa el estado. Estaba compuesto por veinticuatro se√Īor√≠os gobernados, cada uno, de forma independiente. Maxixcatzin de Ocotelulco, Xicot√©ncatl de Tizatl√°n, Tlehuexolotzin de Tepectipac y Citlalpopoca de Quiahuictl√°n eran los cuatro m√°s importantes se√Īores de Tlaxcala al momento del inicio de la conquista espa√Īola. Las principales actividades eran la agricultura y el comercio, este √ļltimo, el medio para conseguir cacao, textiles y sobre todo, sal, productos de los que carec√≠an.

Hacia el noreste, el lugar estaba defendido por una muralla localizada cerca del actual casco de La Laguna. Cuando llegaron los espa√Īoles, la muralla se encontraba desatendida, ya que los tlaxcaltecas, sabiendo de la llegada de Cort√©s, prefirieron esperarlo dentro de las fronteras del territorio.

Cort√©s lleg√≥ a Tlaxcala con un grupo de indios totonacos de la regi√≥n de Zempoala. Al llegar a Zacatl√°n, Cort√©s ten√≠a que tomar una decisi√≥n estrat√©gica: pasar por Tlaxcala, donde sin duda habr√≠a que luchar contra los indios, o buscar una ruta alterna y evitar el enfrentamiento. Sus propios estrategas suger√≠an lo segundo; sin embargo, los zempoaltecas, explic√°ndole la animadversi√≥n de los tlaxcaltecas hacia Moctezuma, lo convencieron de que ser√≠a bien recibido y que era mejor entrar al territorio. As√≠, ellos aceptaron de buena gana ser enviados a pactar con los oficiales tlaxcaltecas. Xicot√©ncatl hijo sospech√≥, como siempre lo hizo, de la oferta, arguyendo que ¬ęlos castillos flotantes eran resultado del trabajo humano, que se admira porque no se ha visto¬Ľ y que se deber√≠a mirar a los extranjeros como ¬ętiranos de la patria y de los dioses¬Ľ. Desde la llegada del ej√©rcito espa√Īol hubo diferencias entre los se√Īores tlaxcaltecas. Los enviados zempoaltecas llevaban como oferta de buena fe un sombrero flamenco, una espada, una ballesta y cartas de paz firmadas por Cort√©s, todo lo cual fue regresado sin respuesta alguna. Maxixcatzin estaba a favor de aceptar la oferta espa√Īola, sin embargo Xicot√©ncatl se opon√≠a. Por su parte, Temilotecutl propon√≠a una estrategia: aceptar la oferta de Cort√©s mientras se preparaba un ej√©rcito que, bajo las √≥rdenes de Xicot√©ncatl, en el momento en que los espa√Īoles menos lo esperaran, los atacara, asegurando as√≠ la victoria. Si ganaban, la gloria era de ellos; si perd√≠an, pretend√≠an culpar a los vecinos otom√≠es del ataque y recibir a los espa√Īoles como amigos. Al no tener una respuesta amigable a su oferta, Cort√©s decidi√≥ entrar al territorio, acompa√Īado por trescientos guerreros de Ixtacamaxtitl√°n y por veinte jefes de Zacatl√°n. Las primeras batallas se dieron en el desfiladero de Teocantzingo y, al d√≠a siguiente, en los llanos, ah√≠ mismo. En ambos casos, los resultados fueron adversos para Xicot√©ncatl el Mozo, hijo del se√Īor de Tizatl√°n.

Ambos ej√©rcitos tomaron tiempo para recuperarse. Los espa√Īoles, con muy pocas bajas, pero seriamente heridos, permanecieron en su campo, mientras los tlaxcaltecas analizaban la posibilidad de la rendici√≥n.

Cort√©s atacaba de manera furtiva por las noches tomando diversos asentamientos, de tal forma que un disminuido ej√©rcito de Tlaxcala iba rumbo a la capitulaci√≥n. Al fin, despu√©s de varios intentos por ganar la guerra, discusiones respecto a la divinidad de los espa√Īoles, la posibilidad de que estos fueran aliados de Moctezuma y la p√©rdida de numerosos jefes de guerra hicieron que Maxixcatzin y Xicot√©ncatl el Viejo se decidieran a hablar de paz, para dar entrada a los espa√Īoles a Tlaxcala. Grandes esfuerzos tuvieron que realizar estos para demostrar la sinceridad del ofrecimiento.

La paz se firmó en el cerro de Tzompantepec, el 7 de septiembre de 1519, concertada como una alianza entre dos naciones. Finalmente, entre el 18 y el 23 de septiembre, Cortés entró a tierras de Tlaxcala.

La ayuda militar de los tlaxcaltecas a Cort√©s no fue inmediata. Incluso, Maxixcatzin trat√≥ de disuadirlo de la idea de atacar Tenochtitl√°n. La primera gran aportaci√≥n de los tlaxcaltecas fue informar a Cort√©s de los planes de Moctezuma de formar un gran ej√©rcito para emboscarlos cerca de Cholula. De ah√≠ en adelante, hasta la ca√≠da de Tenochtitl√°n, el auxilio de los tlaxcaltecas se dio pr√°cticamente en todas las actividades militares llevadas a cabo por el ej√©rcito espa√Īol. Sin embargo, los guerreros de Tizatl√°n ‚Äďsin duda, el grupo militar m√°s diestro‚Äď, comandados por Xicot√©ncatl hijo, nunca fueron de la confianza de los espa√Īoles, ya que sab√≠an de la resistencia de su l√≠der en apoyarlos. Se dice que seis mil tlaxcaltecas acompa√Īaron a Cort√©s en su primera entrada a Tenochtitl√°n. M√°s de veinte mil participaron en el ataque final a la capital del Imperio Azteca. Formalmente aliados, una √ļltima duda acech√≥ a Xicot√©ncatl el Mozo despu√©s de la batalla de la Noche Triste. A cambio de terminar con los espa√Īoles, los aztecas le ofrecieron su alianza y compartir con √©l la mitad del Imperio. Tanto Maxixcatzin como Xicot√©ncatl el Viejo prefer√≠an la alianza con los espa√Īoles contra los aztecas. Por su parte, Xicot√©ncatl el Mozo prefer√≠a los t√©rminos de los aztecas. Al final, estos no se aceptaron, y los tlaxcaltecas acompa√Īaron a los espa√Īoles en el √ļltimo golpe a Tenochtitl√°n.

No hay que olvidar que el odio de los tlaxcaltecas hacia Tenochtitl√°n era terrible. El de los tlaxcaltecas era un pueblo pobre que viv√≠a sitiado sin posibilidad de comercio con el Imperio que los rodeaba, que ten√≠a que defenderse constantemente de los ataques de este √ļltimo, que jam√°s encontr√≥ la forma de llegar a una paz duradera con los aztecas y que nunca claudic√≥ en la defensa de su territorio y su independencia. Tambi√©n hay que tomar en cuenta que M√©xico no exist√≠a como pa√≠s, era una serie de reinos con complicadas relaciones pol√≠ticas entre ellos, donde el principal centro de poder era Tenochtitl√°n.

Sin duda, el apoyo militar de los tlaxcaltecas a los espa√Īoles era el resultado de condiciones pol√≠ticas y militares. No es un tema de traici√≥n, ellos tomaron una decisi√≥n estrat√©gica con los elementos e informaci√≥n de los que dispon√≠an en ese momento y para su propio beneficio. La ayuda fue solo ofrecida despu√©s de haber sido vencidos en diversas batallas. Por otra parte, la determinaci√≥n de los espa√Īoles de tomar Tenochtitl√°n no dejaba otra salida a los tlaxcaltecas. El historiador Romero Res√©ndiz presenta una audaz hip√≥tesis:

¬ę¬ŅFueron ciertamente los espa√Īoles los que conquistaron M√©xico, o acaso fue su llegada lo que produjo el incendio de la insurrecci√≥n?¬Ľ.

Terminada la Conquista, el patriotismo local tlaxcalteca continu√≥. Los privilegios obtenidos de la alianza fueron muy importantes y respetados por los espa√Īoles. Despu√©s de la conquista muchos tlaxcaltecas tomaron parte en la colonizaci√≥n y fundaci√≥n de pueblos y ciudades. La colonizaci√≥n del centro y norte del pa√≠s se llev√≥ a cabo con el acompa√Īamiento de familias tlaxcaltecas que echaron ra√≠ces que contin√ļan vivas en las principales ciudades al d√≠a de hoy.

As√≠, despu√©s de la ca√≠da del Imperio Azteca, los tlaxcaltecas gozaron de ciertos privilegios de gobierno, realeza, propiedad, trabajo, tributos... los m√°s importantes otorgados en la esquela del 13 de mayo de 1535, en donde, a solicitud de Diego Maxixcatzin, ¬ęen recompensa por los servicios de los tlaxcaltecas, la provincia jam√°s dejar√≠a de ser parte de la Corona Espa√Īola¬Ľ, liber√°ndola as√≠ del sistema de la encomienda.

Originalmente, el gobierno espa√Īol excluy√≥ a colonizadores blancos de la provincia de Tlaxcala. La estructura poblacional y la situaci√≥n geogr√°fica de dicho territorio hicieron esto inejecutable. Las posibilidades de generar riqueza en la agricultura, la ganader√≠a y el comercio eran enormes, de tal forma que, para los indios, el incumplimiento de esta pol√≠tica, fue desastroso al paso del tiempo.

La primera violaci√≥n del decreto real de 1535 es atribuible al monarca Carlos V, quien en 1538 concedi√≥ una merced real de tierra a Diego de Ordaz, sobrino del conquistador, quien al mismo tiempo obtuvo el cargo de regidor perpetuo en Puebla, situaci√≥n que lo dejaba en posici√≥n perfecta para seguirse haciendo de tierra o de autorizar la ocupaci√≥n de esta, de tal forma que en a√Īos subsecuentes hubo una gran cantidad de otorgamiento de tierras a espa√Īoles dentro de la provincia.

El campo tlaxcalteca estaba dedicado a la agricultura. A su llegada, los espa√Īoles iniciaron la introducci√≥n de ganado bovino, ovino y caprino; esto cre√≥ un conflicto serio, derivado de los destrozos causados por los reba√Īos a los sembrad√≠os de los indios. El asunto lleg√≥ a manos del rey, quien en 1550 orden√≥ al virrey Luis de Velasco que las estancias que estuviesen causando da√Īo a los tlaxcaltecas fueran removidas. As√≠, en enero de 1551, el virrey emiti√≥ una orden para dar cumplimiento a las instrucciones del monarca. La disputa continu√≥; para 1554 solo quedaba una estancia de ganado mayor, propiedad de Pedro de Meneses. Poco dur√≥ el logro. A partir de 1560, la provincia de Tlaxcala comenz√≥ a ser ocupada por sus nuevos due√Īos por los cuatro costados. Aun y cuando las ventas de tierras por parte de los indios estaban prohibidas, estos encontraban siempre la forma de desobedecer la orden, por ser una manera f√°cil de hacerse de dinero. Esto solo tra√≠a m√°s pobreza, debido al bajo precio que se les pagaba y porque se introduc√≠a m√°s ganado, con el consecuente da√Īo que este causaba. Lo poco que pudo hacer la Corona para evitar los abusos fue ordenar que todas las ventas de tierras de los indios, cuyo valor fuera mayor a treinta pesos, se hicieran por subasta p√ļblica. As√≠, a partir de 1580, los espa√Īoles fueron legalmente reconocidos por el virrey como propietarios.

La formaci√≥n de las congregaciones tambi√©n alej√≥ en mayor o menor medida a los indios de sus tierras, dej√°ndolas disponibles para los espa√Īoles. Los nativos fueron llevados a centros urbanos organizados a la usanza castellana con el objeto de controlar mejor la mano de obra y la evangelizaci√≥n. Las primeras congregaciones se formaron despu√©s de la epidemia, en tiempos del virrey Luis de Velasco, entre los a√Īos de 1550 y 1564. Despu√©s, entre 1593 y 1605, suceder√≠a el mismo fen√≥meno.

Sin el detalle de la precisi√≥n de los a√Īos y los aspectos legales que reg√≠an la tenencia y posesi√≥n de la tierra, la forma de hacerse de ella por parte de los espa√Īoles fue en gran parte mediante el uso de influencias en los distintos niveles de Gobierno. El procedimiento era mediante una solicitud en la cual se especificaba la tierra que se quer√≠a cultivar. Si lo solicitado era aceptable, el virrey emit√≠a la merced real, que era registrada en un libro. Por otra parte, tambi√©n hab√≠a mercedes otorgadas no por explotaci√≥n de tierras, sino en recompensa de servicios prestados, sobre todo de orden militar. Con el tiempo, estos mecanismos se fueron corrompiendo, y muchos lograron hacerse de grandes propiedades de tierra, en algunos casos mediante simulaci√≥n de operaciones de concesi√≥n, cesi√≥n y compraventa.

La introducción del ganado provocó un cambio trascendental en la economía del nuevo reino. Con esta actividad ahora podían producir tierras no aptas para el cultivo. Esto provocó un crecimiento explosivo de los hatos animales y, poco a poco, la desaparición de la propiedad de los indios, lo cual los obligó a subordinarse o a buscar otra fuente de ingresos, como la explotación de los bosques, ser peón de campo, la artesanía y el comercio.

Es as√≠ que la lucha por la tenencia de la tierra ser√≠a un com√ļn denominador en todas las √©pocas de Tlaxcala hasta nuestros d√≠as. El resultado fue que, para finales del siglo XVI, en Tlaxcala hab√≠a ya propietarios espa√Īoles.

2. LA HACIENDA

'Hacienda' es el término utilizado para denominar el patrimonio de una persona. Al paso del tiempo, sin perder este significado, el término se transformó en el de 'empresa o sociedad creada para la explotación de cualquier bien'. Así, existieron haciendas ganaderas, mineras, agrícolas y de otros tipos.

La imagen física de estas propiedades era el casco, a cuyo derredor se construían todas las instalaciones necesarias para el desarrollo de las actividades que le daban existencia. Asimismo, en sus contornos crecían pueblos o las propias calpanerías, viviendas construidas con materiales de la región, para quienes laboraban en ella.

La hacienda fue el sistema econ√≥mico que permiti√≥ el desarrollo y la formaci√≥n del pa√≠s durante muchos a√Īos. Las grandes extensiones de tierra y la existencia de capital suficiente permitieron el desarrollo y crecimiento de la miner√≠a, la agricultura y la ganader√≠a en todo el territorio. De distintas extensiones ‚Äďmucho m√°s grandes en el norte, donde, por otro lado, la mano de obra era escasa‚Äď, las haciendas fueron polos de desarrollo diseminados por todos los lugares de un pa√≠s de gran extensi√≥n territorial, que posibilitaron su colonizaci√≥n y tambi√©n la generaci√≥n de su desarrollo econ√≥mico. La gran mayor√≠a contaba con tierras de cultivo, explotaciones forestales y terrenos dedicados al ganado, y eran los proveedores de las grandes ciudades donde se comercializaban sus productos. Las haciendas se consolidaron hasta que lograron tener un sistema propio de mano de obra, el llamado peonaje por deudas. Socialmente, esto tuvo muchas implicaciones. A trav√©s de la historia, las relaciones entre peones y hacendados fueron complejas y diversas, e √≠ntimamente ligadas a la vida pol√≠tica y social de M√©xico.

No se tiene la fecha exacta de la fundaci√≥n de la hacienda de San Mateo Huiscolotepec, conocida como Piedras Negras. Sabemos, por los documentos del Archivo General de la Naci√≥n [en adelante, AGN] en donde se detallan sus distintos due√Īos, que su primer propietario fue Jer√≥nimo de Cervantes, bisnieto del conquistador Leonel de Cervantes, originario de Cuenca, y quien declaraba no solo ser miembro de la Orden de Santiago, sino su comendador. Viv√≠a en Cuba cuando Hern√°n Cort√©s organiz√≥ su expedici√≥n a M√©xico. Lleg√≥ aqu√≠ con P√°nfilo de Narv√°ez, al frente de la nave capitana de la flota enviada para detenerlo. Despu√©s de la derrota de Narv√°ez, Leonel se uni√≥ a Cort√©s, luch√≥ en las batallas de la Noche Triste, y de Otumba y, a punto de caer Tenochtitl√°n, parti√≥ a Espa√Īa de donde regres√≥ a los pocos a√Īos, trayendo a un hijo de nombre Alonso y a seis hijas que nacieron en Burguillos, Badajoz, a quienes cas√≥ luego ventajosamente con hijos de otros conquistadores, entre ellas, Luisa de Lara, quien contrajo nupcias con su primo segundo, Juan de Cervantes, y Beatriz de Andrada, fundadora del mayorazgo de la Llave, de quien se dec√≠a era la mujer m√°s rica de M√©xico, y que hacia 1585 cas√≥ primero con Juan Jaramillo de Salvatierra, quien hab√≠a estado casado con la Malinche, y despu√©s, nuevamente, con el hermano menor del virrey Luis de Velasco, don Francisco Velasco.

De esta forma, los descendientes de Leonel crearon, mediante lazos matrimoniales, relaciones econ√≥micas y pol√≠ticas que les aseguraran un lugar preponderante en la reci√©n nacida Nueva Espa√Īa. Estas familias de conquistadores no solo lograron adquirir riqueza y heredarla a las siguientes generaciones, sino que obtuvieron poder pol√≠tico y prestigio social.

Llegaron a Nueva Espa√Īa, por un lado, Leonel de Cervantes y, por otro, Juan G√≥mez de Cervantes, parientes entre s√≠. Este √ļltimo, originario de Sevilla, cas√≥ con Luisa de Lara y Andrada, hija de Leonel el Conquistador. Al momento de su muerte, en 1564, Juan G√≥mez era alcalde ordinario de la Ciudad de M√©xico. De este matrimonio naci√≥ Gonzalo G√≥mez de Cervantes, tambi√©n alcalde ordinario en 1584, quien cas√≥ con Catalina de Tapia Carvajal, padres de Jer√≥nimo de Cervantes, fundador de San Mateo Huiscolotepec. Por lo tanto, Jer√≥nimo era bisnieto del Conquistador, mas no por l√≠nea paterna directa, sino a trav√©s de la abuela de su padre. Un hermano de √©l, Juan de Cervantes, entre otras posesiones, ten√≠a varias casas en Tlaxcala, por lo que es natural pensar que la familia estaba ya establecida ah√≠ cuando Jer√≥nimo adquiri√≥ San Mateo Huiscolotepec.

De un trabajo muy interesante, ¬ęTres familias mexicanas del siglo XVI¬Ľ, de John F. Schwaller (Historia mexicana, COLMEX, 1981), junto con una ficha del Archivo General de Indias y otras publicaciones en internet, he obtenido parte de esta informaci√≥n, en donde se detalla toda la descendencia de los dos Cervantes que llegaron a M√©xico en ese siglo.

El a√Īo de 1580 es el que distintos investigadores fijan como el de la fundaci√≥n de Piedras Negras.

Jer√≥nimo de Cervantes pertenec√≠a a la aristocracia formada por los conquistadores, primer poder de la reci√©n nacida Nueva Espa√Īa. Como veremos m√°s adelante, este tipo de propiedades se formaron y crecieron casi siempre por negociaciones econ√≥micas y sociales, pero tambi√©n al amparo de las influencias del poder pol√≠tico. Para 1580, apenas se comenzaba a consolidar la clase dominante cuyas ra√≠ces provienen de los conquistadores y sus descendientes. Ese a√Īo, Jer√≥nimo de Cervantes inici√≥ la edificaci√≥n del casco de la hacienda, que contaba con 80 caballer√≠as de tierra, el equivalente a 3 360 hect√°reas. No se encontr√≥ ninguna fuente hist√≥rica de la cual se pueda obtener informaci√≥n respecto a la vida de la hacienda, sin embargo, es de suponer que se concentr√≥, como la mayor√≠a de las propiedades de aquel tiempo, en la crianza de animales y, posteriormente, en el cultivo de cereales, destinados tanto al propio abasto como al comercio. A la tradicional producci√≥n ind√≠gena del ma√≠z y el frijol, se sum√≥ la europea de trigo y cebada, esta √ļltima para el consumo de los animales, ante la paulatina disminuci√≥n de las trashumancias. Seguramente se construyeron las casas para los due√Īos, administradores y trabajadores; establos y corrales, almacenes y trojes, talleres, tinacal, capilla y cementerio.

El segundo due√Īo de San Mateo Huiscolotepec fue Pedro Tenorio de la Banda, cuya familia pose√≠a propiedades en Cholula y Puebla. A √©l le siguen don Luis Garc√≠a Becerra y su esposa, Mar√≠a Fern√°ndez de Soria, quien formaba parte de una familia que pose√≠a grandes extensiones en el estado y que don√≥ los terrenos para la formaci√≥n de San Luis Apizaquito.

Durante el siglo XVI no existían mayorazgos en el territorio de Tlaxcala, y para el siguiente siglo está registrado uno que arroja datos muy interesantes para esta historia:

En el a√Īo 1633 dos familias del pago de Texcalac se decidieron a unificar algunos predios. Fue el caso de Luis Garc√≠a de N√°jera y su c√≥nyuge, Petronila de Soria, as√≠ como su hijastra, Mar√≠a Fern√°ndez de Soria, con su marido, Luis Garc√≠a Becerra. El fundador Luis Garc√≠a de N√°jera aport√≥ toda su propiedad, mientras que los otros aportaron solamente una parte de sus bienes al mayorazgo (el tercio y el remanente del quinto). El resto permaneci√≥ para su libre disposici√≥n. Los participantes se compromet√≠an a aumentar sus contribuciones de terreno en igual porcentaje en caso de hacerse otras incorporaciones. Al no existir un heredero masculino, se nombr√≥ a Luis N√°jera Becerra, nieto de la fundadora, como futuro usufructuario.

Piedras Negras no entr√≥, por lo tanto, en el mayorazgo, ya que los Garc√≠a Becerra le heredaron la propiedad a su hija, Luisa de Soria y Becerra, quien ser√≠a esposa de Fernando Ni√Īo de Castro, quien gobernar√≠a la ciudad de Tlaxcala alrededor del a√Īo de 1665.

En el a√Īo de 1672, Bartolom√© Estrada, caballero de la Orden de Santiago, contador mayor del Tribunal y Real Audiencia de Cuentas de esta Nueva Espa√Īa, vecino de la Ciudad de M√©xico, albacea testamentario fideicomisario del capit√°n don Fernando Ni√Īo de Castro, quien era su suegro, viudo de do√Īa Luisa Soria y Becerra, compareci√≥ ante el escribano real de Puebla, para la ejecuci√≥n del testamento a favor de don Fernando Ni√Īo de C√≥rdova,  hermano de Ni√Īo de Castro. Extra√Īo legado, ya que la propiedad la hab√≠a heredado su esposa de sus padres, al no formar parte del mayorazgo de los N√°jera, y ten√≠an dos hijos a quienes dejar la propiedad.

Es notorio c√≥mo nombres y apellidos se repiten, pero no de la forma actual. En aquel tiempo se pod√≠a escoger el apellido de cualquiera de los abuelos ‚Äďesto hizo la investigaci√≥n un poco complicada‚Äď, pero queda claro que un siglo despu√©s, los nuevos due√Īos del poder pol√≠tico ya no eran los conquistadores, sino la clase gobernante, adem√°s del clero, que comenzaba a acumular riqueza.

En ese entonces, la ¬ębanca¬Ľ era la Iglesia. A trav√©s de capellan√≠as, diezmos, donativos, limosnas y del propio capital que generaban sus propiedades, la Iglesia ten√≠a los recursos para ser el principal acreedor de la econom√≠a virreinal.

Los primeros frailes que llegaron a Nueva Espa√Īa fueron verdaderos ap√≥stoles de la fe. En un pa√≠s sin caminos, sin ciudades, sin l√≠mites, emprendieron el trabajo de catequizar vastas extensiones, y en muchos casos fueron defensores de los indios. Al paso del tiempo, la Iglesia fue amasando un gran capital; adem√°s de pagar las m√ļltiples construcciones que edificaron, este caudal ten√≠a el prop√≥sito de proporcionales una estabilidad econ√≥mica independiente de sus diversas fuentes de ingreso. Por una parte, la estabilidad y seguridad se las dar√≠a la tierra, sin embargo, el colocar dinero en condiciones ventajosas les permiti√≥ una gran injerencia en la vida econ√≥mica de la sociedad.

La herencia de Ni√Īo de C√≥rdova no solo fue la hacienda, sino las deudas impl√≠citas, constituidas por capellan√≠as e hipotecas contra√≠das con distintas √≥rdenes religiosas y sus conventos.

Ni√Īo de C√≥rdova fue due√Īo de Piedras Negras durante veintisiete a√Īos, esto es, hasta 1698, cuando la vendi√≥ a Sebasti√°n de Estomba, vecino de Puebla, quien solo la tuvo poco m√°s de dos a√Īos, para traspasarla al convento y hospital de Nuestra Se√Īora de Bel√©n y San Francisco de Sales. La venta de Piedras Negras fue acordada en veinte mil piezas de oro. Sin embargo, no hubo efectivo de por medio. El convento absorbi√≥ las deudas de Estomba y le entreg√≥ como complemento un pagar√© por $9 400 con un inter√©s del 5% anual.

3. EL CRECIMIENTO EN EL SIGLO XVIII

Los descendientes de los conquistadores y la √©lite pol√≠tica hab√≠an sido hasta el fin del siglo XVII los due√Īos de la hacienda de Piedras Negras. Ahora tocar√≠a el turno al clero. En el a√Īo de 1701, la hacienda pas√≥ a manos de la Orden de Bel√©n. Hasta ese momento no hab√≠a cambiado su extensi√≥n territorial. Eran las mismas 80 caballer√≠as de tierra con las que hab√≠a iniciado Cervantes. Pienso que durante ese tiempo, la explotaci√≥n econ√≥mica de la hacienda fue la misma en manos de sus distintos propietarios y que estos no buscaron crecer ni generar negocios alternos a la agricultura y la ganader√≠a. Los Garc√≠a N√°jera, de hecho, como he mencionado, donaron parte de otra propiedad para fundar San Luis Apizaquito y ah√≠ explotar una pensi√≥n para viajeros.

Al llegar la Orden de Bel√©n, las cosas cambiaron e inici√≥ la √©poca de crecimiento y consolidaci√≥n de una Piedras Negras m√°s grande y con otro sentido de negocio, porque ellos le dieron un giro hacia la explotaci√≥n de servicios de hospedaje y de pensi√≥n, que permiti√≥ que la propiedad casi triplicara su tama√Īo en tan solo noventa a√Īos, como veremos m√°s adelante. Y la raz√≥n es muy simple.

Desde las épocas prehispánicas existían diversas rutas temporales en el centro del país que eran transitadas por motivos de migración, comercio y guerra. La dominación del Imperio Azteca es la que les dio carácter de definitivas. Mercancías, tributos y esclavos capturados durante las guerras pasaban por estos caminos en tiempos del Imperio. Los caminos eran rectos y muy angostos, ya que no había bestias de carga; eran los tamemes quienes llevaban las mercancías sobre la espalda.

Al inicio del comercio con Espa√Īa, la dificultad de construir caminos adecuados para los carros de tiro usados en Europa gener√≥ la aparici√≥n de un personaje que por m√°s de dos siglos recorri√≥ el pa√≠s: el arriero, que desplaz√≥ al tameme, por la mayor capacidad de carga de las mulas.

Los caminos se fueron trazando para unir ciudades y pueblos. El mantenimiento, que no siempre se hacía de forma correcta, por lo que la calidad de estas vías era muy pobre, era responsabilidad de los hacendados y de los pueblos por donde las rutas pasaban.

El principal uso de los caminos era por el comercio. Fueron los comerciantes quienes de diversas maneras presionaron a la Corona para la mejora y mantenimiento de las rutas. La principal era la M√©xico-Veracruz. Por ah√≠ entraban y sal√≠an todas las mercanc√≠as que se comerciaban entre M√©xico y Espa√Īa. Su longitud aproximada era de 400 kil√≥metros, que se transitaban en cerca de veinte d√≠as, con un avance de entre 10 y 40 kil√≥metros diarios. En la misma √©poca, viajando desde la Ciudad de M√©xico, los arrieros tardaban quince d√≠as en llegar a Quer√©taro; treinta y seis, para llegar a Oaxaca; cincuenta y cuatro, en trasladarse a Durango; sesenta y tres, a Monterrey, y cerca de tres meses para llegar a Chihuahua. Tomando en cuenta la cantidad de d√≠as de trayecto, en el camino hab√≠a ¬ęventas¬Ľ que prove√≠an de lo necesario para el descanso y la alimentaci√≥n tanto al viajero como al arriero y sus animales. Los arrieros recib√≠an atenci√≥n gratuita, ya que el negocio para el ventero estaba en la manutenci√≥n de los animales. En algunos casos ven√≠an viajeros que recib√≠an servicios de hospedaje y alimentaci√≥n en las instalaciones de La Venta. Estos deb√≠an cubrir los gastos derivados de los servicios recibidos.

Los arrieros fueron las figuras heroicas de los caminos. Ellos y sus mulas eran indispensables y ning√ļn viajero call√≥ su presencia; muy por el contrario, se habl√≥ con elogio de estos personajes. Una larga cita tomada del libro, M√©xico. Lo que fue y lo que es, escrito por Brantz Mayer (FCE, 1953), ilustra muy bien este concepto:

... ellos son los que hacen el transporte de la mayor parte de los metales preciosos y mercanc√≠as de valor, y constituyen una porci√≥n muy importante de la poblaci√≥n. Pues bien, ninguna clase semejante en pa√≠s alguno les hace ventaja en honradez, abnegaci√≥n, puntualidad, paciencia y desempe√Īo inteligente de sus deberes. Lo cual no es poco m√©rito, dado el territorio por donde viajan, el desorden que en √©l reina y las consiguientes oportunidades de prevaricar que en √©l se les ofrecen. Estos hombres de ojos salvajes y feroces, pelo enmara√Īado, pantalones acuchillados y chaqueta bien engrasada, que han tenido que hab√©rselas con muchas tormentas y tempestades. En M√©xico son a menudo, por espacio de meses, los guardas y custodios de las fortunas de los hombres m√°s opulentos, conduci√©ndolas en penosas jornadas por serran√≠as y desfiladeros. Infinitos son los peligros y tropiezos con que se topa el arriero.

De la misma fuente es la siguiente tabla, que es mucho m√°s extensa, si se detalla la carga. Presenta la magnitud de lo que era una caravana de este medio de transporte.

Mulas aparejadas.................................................................................................6 946

Burros.......................................................................................................................69

Mulas de silla.......................................................................................................1 255

Due√Īos y mayordomos de mulas............................................................................123

Arrieros sirvientes................................................................................................1 842

Coches......................................................................................................................65

Literas........................................................................................................................6

Realmente, el desempe√Īo de los arrieros era heroico. Piedras Negras era una de estas ventas en el camino M√©xico-Veracruz, cuya ruta era la siguiente:

DE LA CIUDAD DE M√ČXICO                  D√ćA                    KM RECORRIDOS

Venta de Carpio                          primero             27

Otumba                                segundo             35

Apan                                               tercero               41

Descanso                              cuarto                          0

Atlangatepeque                            quinto                          37

Piedras Negras                             sexto                            20

San Diego                                      s√©ptimo              25

Zonquita                              octavo                          30

Descanso                              noveno               0

Tepeyahualco                               d√©cimo               28

Perote                                             d√©cimo primero         20

Las Vigas                                       d√©cimo segundo         25

Jalapa                                            d√©cimo tercero  28

Descanso                              d√©cimo cuarto            0

Encero                                  d√©cimo quinto            20

Plan del R√≠o                                  d√©cimo sexto              23

Rinconada                                     d√©cimo s√©ptimo         15

Paso de las Barcas                       d√©cimo octavo            12

Antigua                                d√©cimo noveno 10

Veracruz

Este fue el nicho de negocio que iniciaron y explotaron los betlemitas cuando adquirieron San Mateo Huiscolotepec. De acuerdo a los documentos del AGN, Tierras, Vol. 833 expediente 3, es en 1742 cuando el convento Betlemita de Puebla, solicita se le conceda licencia para construir una posada para pasajeros en la hacienda de Piedras Negras.  En diferentes fuentes de informaci√≥n aparece que, durante el a√Īo, entre treinta mil  y cien mil mulas recib√≠an posada en Piedras Negras. No s√© cu√°l dato sea el correcto, pero me queda muy claro que los betlemitas encontraron una forma muy eficiente de agregar valor a la producci√≥n de la hacienda, mediante el cobro de los servicios de hospedaje y alimentaci√≥n de personas, pero sobre todo, del cambio, custodia y manutenci√≥n de los animales.

Todo lo producido en Piedras Negras se consum√≠a en La Venta. Granos, animales y pulque eran ofrecidos a quienes diariamente se hospedaban en ella. Esto permiti√≥ que los frailes tuvieran una operaci√≥n muy rentable que les permiti√≥ adquirir m√°s tierras que pasaron a formar parte de la hacienda. Hoy en d√≠a, aunque en ruinas, a√ļn existe el inmueble de La Venta.

Para estas proporciones de clientela, La Venta de Piedras Negras parecer√≠a ser muy peque√Īa. Tan solo veintitr√©s habitaciones hubieran sido insuficientes para recibir contingentes tan grandes, sin embargo, como ya lo relat√©, La Venta estaba reservada a los viajeros, no a los arrieros ni a los mozos.

Los betlemitas, u Orden de Hermanos de Bel√©n, aparecen en los documentos de la √©poca, de diversos modos: instituto, religi√≥n o compa√Ī√≠a; en realidad la Orden aparece aprobada como tal en 1710, y consta que es la √ļnica fundada en Am√©rica. Fue instituida en 1653, en Guatemala, por el Hno. Pedro de San Jos√© Betancourt, junto con un grupo de hombres unidos solo por votos piadosos. Crearon modestas escuelas para los ni√Īos ind√≠genas y, al conocer m√°s de cerca a sus familiares y vecinos, ampliaron su acci√≥n para crear refectorios y, finalmente, hospitales, pues se dieron cuenta de la marginaci√≥n de las clases pobres. En el siglo siguiente elaboraron su Constituci√≥n, que fue aprobada por el papa Inocencio XI, y empezaron a extenderse a otros pa√≠ses hasta llegar a cubrir toda Am√©rica del Sur, Cuba y Nueva Espa√Īa. Fue un grupo de hombres comprometidos, sin miedo para conocer la pobreza y las necesidades, y dotados de iniciativas para la acci√≥n de educar, construir, capacitar y servir de muchas maneras a los ind√≠genas y mestizos pobres. Como parte de su modo de hacerse de recursos invirtieron en propiedades a lo largo de todo el continente y en Cuba. Eran poseedores de grandes extensiones de tierra. En M√©xico, su principal propiedad fue Piedras Negras, que adquirieron, como ya coment√©, en 1701; este dato consta en un documento del AGN (Ramo de Tierras, vol. 1891, exp.1) relativo a la venta de Sebasti√°n de Estomba al Convento de Nuestra Se√Īora de Bel√©n, parte del cual transcribo, por lo interesante y completo que es:

Yo, Don Jos√© Joaqu√≠n Guerrero, Escribano de su Majestad (que Dios guarde muchos a√Īos) Teniente de este oficio mayor P√ļblico y de Cabildo de Don Mariano Francisco Zambrano. Certifico y doy fe en testimonios de verdad, que por los Libros de los Censos que son a mi cargo, constan varias partidas que con las anotaciones de sus m√°rgenes unas y otras a la letra son del tenor siguiente: En la muy noble y muy leal ciudad de los √Āngeles, a quince de Diciembre de mil setecientos y ocho a√Īos: Ante m√≠, el Escribano y Testigos, pareci√≥ Sebasti√°n Xavier, vecino de esta ciudad a quien doy fe conozco y registro una Escritura por la cual parece que el Capit√°n Don Sebasti√°n de Estomba vecino de esta Ciudad, vendi√≥ realmente al Convento y Hospital de nuestro se√Īora de Belem y San Francisco de Salas de esta Ciudad, y al Padre Fray Carlos de San Andr√©s, Presidente, y a dicho Convento en su nombre, una Hacienda de Labor de Temporal nombrada San Mateo Guiscolotepeque Piedras Negras, con un rancho a ella agregado, nombrado Santa Mar√≠a Tecuaucingo, que es en la Provincia de Tlaxcala, al pago de San Luis Apizaco, que lo uno y lo otro se compone de 80 caballer√≠as de tierra poco m√°s o menos, las que contienen los t√≠tulos de su propiedad, que linda por una parte que es la de Norte, con las Haciendas de Toluquilla que fue de Don Juan de Soria, que hoy posee el Bachiller Jacinto S√°nchez de la Vega, y por el Sur con el Mal Pa√≠s de los Indios de Santiago Ocotitlan de la Doctrina de Apizaco, y con Rancho de Do√Īa Hiliana de Yglesias, que fue de Don Pedro Marcos Castellanos, y por el Oriente con tierras de Juan L√≥pez Maldonado, y con Hacienda de Don Luis Romano Altamirano, y por el Poniente con tierras de Don Gonzalo de Cervantes Casares, y con Hacienda de Don Juan Mart√≠n, que fue de Francisco Cort√©s de Soria, con los avisos necesarios, en precio de veinte mil pesos de oro com√ļn.

La escritura a la que aquí se hace referencia es del 29 de julio de 1701, fecha de adquisición de la hacienda por los betlemitas.

Comenz√≥, entonces, la primera √©poca de oro de la hacienda. Los frailes iniciaron una nueva forma de trabajar, y gracias a ello, la hicieron crecer hasta llevarla al tama√Īo y esplendor que tuvo a principios del siglo XIX. Creemos que es a partir de este momento cuando en realidad comenz√≥ a tener importancia la hacienda como referente regional y como centro econ√≥mico. Los anteriores due√Īos, como se ha podido ver, la ten√≠an m√°s como un activo f√≠sico y una fuente de respeto social que como un generador de riqueza. Quienes conocen Piedras Negras f√°cilmente pueden intuir que el tama√Īo tan impresionante no pudo corresponder solo a una hacienda de labor y pastoreo. Las trojes, el tinacal, la queser√≠a, los macheros, la iglesia, el tama√Īo del propio casco y las instalaciones que existen desde antes de los Gonz√°lez deben de haber sido construidas en tiempos de los betlemitas. Solo el acopio de pastura para la posada har√≠a que tuvieran sentido tan magn√≠ficas instalaciones.

Para poder dar abasto a su negocio hospitalario, los betlemitas fueron adquiriendo tierras mediante compras y subastas p√ļblicas. As√≠, al paso del tiempo, seg√ļn consta en el documento elaborado en el a√Īo de 1804 por don Jos√© Calapis Matos, secretario mayor del excelent√≠simo Cabildo de Justicia y Regimiento de la Ciudad de Puebla ‚Äďel cual pude localizar en el AGN y del cual ya transcrib√≠ una parte‚Äď esta fue la forma como se fueron agregando ranchos y peque√Īas parcelas para la formaci√≥n final de Piedras Negras:

La de Quamaxalucan se remat√≥ al referido Convento, por Bienes de Don Mart√≠n de Palacios, que la compr√≥ a Juan L√≥pez Maldonado, su primer Causante. La de Aguatepeque, compuesta de 50 caballer√≠as de tierra, con el rancho nombrado San Bartolom√© Quamancingo, se remat√≥ al citado Convento, por Bienes de Don Juan Mart√≠n Osorno, quien compr√≥ lo de Aguatepeque o Tescalaqui, a Do√Īa Mar√≠a, Do√Īa Mariana, y Do√Īa Teresa Cortez de Calva, hijas y herederas de Don Bartolom√© de Calva, y Do√Īa Catarina Cort√©s de Soria. Lo de Quamancingo compr√≥ el referido Osorno, a Andr√©s Baptista Sanz, que lo hubo de los hijos y herederos de Don Diego Romano y Do√Īa Petronila de N√°jera Becerra, hija y heredera de Don Luis Garc√≠a de N√°jera, y de Do√Īa Mar√≠a Fern√°ndez de Soria. La de la Asunci√≥n y San Nicol√°s, compuesta de 12 caballer√≠as de tierra, se remat√≥ para dicho Convento en el Licenciado Don Nicol√°s Moreno, por Bienes de Don Juan G√≥mez de Yglesias, Albacea y heredero de Do√Īa Mar√≠a Mill√°n, Viuda de Don Antonio G√≥mez, que a dicho Don Juan se adjudic√≥ despu√©s de haberse rematado en el Licenciado Don Francisco P√©rez Mu√Īiz y Osorio, por Bienes de la misma Do√Īa Mar√≠a Mill√°n; antes fue de Juan Escudero Calder√≥n, Pedro Mart√≠n Castellanos, y Lorenzo Garc√≠a. Y lo de Atenco, compuesto de 10 caballer√≠as de tierra, se remat√≥ al expresado Convento por Bienes del Bachiller Don Mariano Barrientos y Montoya, a quien lo vendi√≥ el Licenciado Don Luis Pliego y Peregrina, que lo compr√≥ al Bachiller Don Miguel √Ālvarez de Luna, y este a Don Ger√≥nimo Calder√≥n Becerra, que lo hubo de Don Miguel Mart√≠n Osorno; antes fue del Licenciado Don Esteban V√°zquez Gastelu del Rey y Figueroa, a quienes lo vendi√≥ Don Jos√© V√°zquez Gastelu, que lo compr√≥ a Do√Īa Ana de Bargas, hija y heredera de Don Diego L√≥pez Arro√Īes y Do√Īa Ana de Bargas; antes fue del Licenciado Francisco Maldonado.

Las dos principales compras fueron Coaxamalucan, que constaba de 72 caballer√≠as de tierra, y San Pedro Aguatepeque que, con su rancho San Bartolom√© de Quaumancingo, sumaban 50 caballer√≠as de tierra. As√≠, para 1756, √ļltimo a√Īo en el que los betlemitas adquirieron tierra, Piedras Negras alcanz√≥ una superficie de 224 caballer√≠as de tierra, un poco m√°s de 9 400 hect√°reas. Esta ser√≠a la extensi√≥n de la hacienda hasta principios del siglo XX. Fue una de las propiedades m√°s grandes de Tlaxcala. En Haciendas y ranchos de Tlaxcala en 1712 (INAH, 1969), Isabel Gonz√°lez S√°nchez detalla el censo de ranchos y haciendas derivado de los ¬ędonativos graciosos¬Ľ exigidos por el rey para financiar la guerra de Sucesi√≥n Espa√Īola, que dur√≥ de 1701 a 1714. El censo aparece incompleto, no por error de la investigadora, sino porque no estaban obligados ni el clero ni los indios a dicha contribuci√≥n, y por otra parte, los due√Īos ten√≠an que presentarse a declarar sus propiedades, cosa que no todos hicieron; sin embargo, s√≠ nos da una muy buena idea de c√≥mo era la propiedad en Tlaxcala. Piedras Negras, por ser de los betlemitas, no aparece en el censo, pero hay muy pocas haciendas con una superficie similar a la suya. El mayorazgo de Jos√© Romano Altamirano N√°jera y Becerra, mencionado anteriormente, inclu√≠a las haciendas de Topisaque y Tlacotepeque, m√°s dos ranchos, con un total de 8 678 hect√°reas. Mazaquiahuac y Ntra. Se√Īora del Rosario, propiedad de Francisco Y√°√Īez Remigio de Vera, abarcaban 5 000 hect√°reas entre las dos. Mimiahuapam constaba de 4 171 hect√°reas, y estaba en manos de Ana Bustamante Salcedo viuda de Luis Mu√Īoz de Cote. Todas estas propiedades formaban parte del partido de Tlaxco, al norte del estado, donde siempre ha habido menor densidad de poblaci√≥n.

En Piedras Negras, los frailes desarrollaron su negocio y financiaron con sus productos un total de diez hospitales en todo el pa√≠s, entre otros, en Guadalajara, Puebla, Oaxaca y la Ciudad de M√©xico. Sin embargo, no estaban exentos de las crisis econ√≥micas que se fueron presentando a lo largo del tiempo. Entre los a√Īos de 1784 y 1786 hubo una grave sequ√≠a en todo el pa√≠s. Las crisis agr√≠colas no eran algo fuera de lo com√ļn en Nueva Espa√Īa, sin embargo, la de esos a√Īos fue tan fuerte que a 1785 se le llam√≥ ¬ęel a√Īo del hambre¬Ľ. Hay estimaciones de que murieron cerca de trescientas mil personas en la zona centro-norte del pa√≠s. Ese a√Īo comenz√≥ a llover hasta junio, por lo que la siembra fue tard√≠a, pero adem√°s cayeron heladas en agosto, por lo que se perdi√≥ toda la producci√≥n de ma√≠z y de frijol, principal alimento de la poblaci√≥n y tambi√©n del ganado. Encima del desastre agr√≠cola, la ganader√≠a tambi√©n sufri√≥ un severo da√Īo. Por su parte, los hacendados cerraron la venta de granos con el problema de que no hab√≠a un sustituto alterno. El siguiente a√Īo fue muy similar, con consecuencias devastadoras. Tensiones sociales, vandalismo y saqueo por hambre no se hicieron esperar. El alza en precios, desempleo, quiebra de peque√Īos agricultores y artesanos generaron una crisis de gran magnitud que desequilibr√≥ las estructuras sociales, sobre todo las rurales. Piedras Negras no escap√≥ a este entorno, por h√°biles que fueran los betlemitas. Por esta raz√≥n, o por las propias necesidades de la Orden, finalmente la pusieron en venta. As√≠, en la Gaceta de M√©xico, el 23 de octubre de 1787, en la p√°gina 428, aparece el siguiente texto:

En vista de una representaci√≥n hecha al M.R.P. Vicario general y Venerable Definitorio de la Sagrada Orden de Bel√©n, por parte del Presidente y Procurador del Convento de dicha Orden de la Ciudad de Puebla, en que se daba una clara idea del actual infeliz estado de aquella Casa: se determin√≥ poner en venta la afamada Hacienda de Piedras Negras para sostener el desempe√Īo de los deberes de su Hospitalar Instituto. Lo que se da al p√ļblico, con la advertencia de que si se presenta postor se le har√° una prudente rebaja, verificado su aval√ļo.

Fue hasta 1793, seis a√Īos despu√©s de que se puso a la venta, que se recibi√≥ y acept√≥ una oferta de compra por la hacienda, con lo cual llegaba a su fin la administraci√≥n tan fruct√≠fera de los frailes durante casi todo el siglo XVIII, noventa a√Īos de esplendor y crecimiento que le dieron su forma final a la propiedad. Poco durar√≠a la Orden de Nuestra Se√Īora de Bel√©n; esta y sus hospitales vinieron a menos a partir de 1821, cuando las cortes espa√Īolas decretaron la desaparici√≥n de las √≥rdenes hospitalarias y comenz√≥ la independencia de las colonias. Algunas fuentes hablan tambi√©n de que los frailes dieron apoyo a los movimientos independentistas en Am√©rica, y esto influy√≥ en su terminaci√≥n.

4. LOS MIRANDA

La hacienda de Piedras Negras se hab√≠a puesto a la venta, ya fuese por la crisis agr√≠cola o por las necesidades propias de la Orden de Bel√©n. Cabr√≠a hacer una reflexi√≥n sobre el paso de los seis a√Īos que tard√≥ en llegar un postor. El trayecto M√©xico-Veracruz siempre se pudo cubrir por dos v√≠as: por la de Jalapa-Orizaba-Puebla o por la ruta de las ventas, que ya hemos descrito, de la cual una parada era Piedras Negras. La pugna entre comerciantes respecto a cu√°l v√≠a deber√≠a de mantenerse fue constante, y a pesar de que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se cobraba peaje en ambos caminos ‚Äďsupuestamente destinado a su mejora y mantenimiento‚Äď, los recursos obtenidos no siempre llegaron a su destino. El estado de los caminos era deplorable. El manejo del peaje era tan irregular que en 1770 el fiscal de lo Civil solicit√≥ al rey llevar a cabo una investigaci√≥n al respecto, cuyo resultado fue que en 1783 se encarg√≥ un estudio para la realizaci√≥n de obras p√ļblicas de M√©xico a Veracruz. Dicho estudio abarcaba ambas rutas, y la conclusi√≥n optaba por que deb√≠an hacerse por el camino de Orizaba. La propuesta se√Īalaba la construcci√≥n de un camino de 10 metros de ancho que permitiera el paso de carruajes y bestias en ambos sentidos, adem√°s del establecimiento de lugares expresamente hechos para el alojamiento de viajeros y atenci√≥n de los animales, dado que los existentes eran parte de las haciendas y se calificaron como de muy baja calidad. Aparentemente, quien llev√≥ a cabo el estudio era muy cercano al Tribunal Consulado de la Ciudad de M√©xico, poderoso organismo comercial que ten√≠a gran peso pol√≠tico derivado de pr√©stamos a la Corona. Aunque el virrey trat√≥ de mejorar la ruta de las ventas, en 1796 se inici√≥ la obra v√≠a Orizaba, la cual se termin√≥ en 1810. La ruta de las ventas trat√≥ de arreglarse a partir de 1803, pero era tan alto el costo y aumentaron tanto las deudas derivadas de su financiamiento que las labores se suspendieron en 1812.

La riqueza estaba concentrada en pocas manos, lo mismo que el poder y la informaci√≥n pol√≠tico-econ√≥mica. Estas conversaciones eran del dominio p√ļblico entre la √©lite, por lo que los probables postores, conociendo la problem√°tica, dif√≠cilmente se atrever√≠an a hacer una oferta por una propiedad del valor de Piedras Negras, cuando exist√≠a un riesgo real de que su principal fuente de ingresos, La Venta, casi desapareciera. Acaso esta pueda ser una raz√≥n del porqu√© pasaron seis a√Īos para que la Orden pudiera tener una propuesta de compra y de porqu√© fueron precisamente los se√Īores Miranda quienes la hicieron.

Los frailes recibieron esta oferta el 20 septiembre de 1793:

... se present√≥ el d√≠a veinte de Septiembre del a√Īo √ļltimo de noventa y tres, el Licenciado Don Miguel de Miranda, Presb√≠tero de este Arzobispado, y Abogado de la Real Audiencia de este Reino, en Consorcio de su Sobrino, Don Jos√© de Ventura de Miranda, proponiendo comprar la Hacienda seg√ļn se acuerda por la persona que destine para este efecto en mi compa√Ī√≠a.

Ese mismo d√≠a, los betlemitas dieron respuesta a Miguel de Miranda haci√©ndole saber que el muy reverendo padre vice prefecto general hab√≠a determinado, de acuerdo con los reverendos padres asistentes, que se pasara la correspondiente solicitud a la comunidad del convento de Puebla. Los intercambios de propuestas entre ambas partes se fueron dando de forma muy r√°pida. Al d√≠a siguiente, 21 de septiembre, lo primero que se pidi√≥ fue un aval√ļo:

Le ha presentado a esta Superioridad un Sujeto que pretende compra de la Hacienda de Piedras Negras bajo las estipulaciones siguientes: La referida Hacienda y todos sus muebles se deberán avaluar con dos Peritos que se deberán nombrar por las Partes, de cada uno el suyo, y un tercero que con acuerdo de ambas se haga poner, para que si hubiese discordia se componga o se decida por él, y el precio que estos pongan a la referida Hacienda y a sus muebles, este se pagará o se asegurará, como se quiera a satisfacción. Parecen muy equitativas y justas las mencionadas propuestas; en cuyo supuesto y el de no perder coyuntura tan oportuna cuando se solicita muchos tiempos ha esta venta [sic] para alivio de esa casa y de los Conventos de Veracruz y Tlatemanalco, a quien se está haciendo el mayor perjuicio.

El 23 de septiembre, los betlemitas definieron las condiciones y se tomó la decisión de venta en una votación que se resolvió de forma unánime:

En este Convento Betlem√≠tico de San Francisco de Sales de Puebla, en veinte y tres de Septiembre de noventa y tres, juntos los Religiosos de esta Venerable comunidad que tiene voz y voto; el Reverendo Padre Vice-Prefecto in Capite Fray Jos√© de Jes√ļs Mar√≠a, me entreg√≥ a m√≠, el presente Secretario una Carta Serrada [sic] de Nuestro Muy Reverendo Padre Vice-General y Venerable Definitorio de Provincia, la que le√≠ en alta voz e inteligible, y es la misma que antecede. Acabada de leer dio el Reverendo Padre Vice a los Religiosos pensaren sobre el auto lo que conviniera, y las propuestas que deb√≠an hacerse al comprador, para que el d√≠a de ma√Īana las produjeren en igual Junta, con lo que se concluy√≥ este ato [sic] de que doy fe. En dicho Convento en veinte y cuatro del expresado mes y a√Īo: Juntos los Religiosos que tienen voz y voto para tratar sobre el negocio de ayer que comprehende la anterior Carta, hablando seg√ļn costumbre por el m√°s moderno, y siguiendo as√≠ hasta el Prelado dijeron: Que respecto a que a este Convento no le queda ya otro arbitrio para restablecerse, que la venta de su Hacienda de Piedras Negras, conven√≠an en que se verificaran haci√©ndole al comprador las condiciones siguientes. Primera: Que se nombre un Abaluador [sic] por Parte de esta comunidad, y otro por la del comprador, pasando por el Aval√ļo que estos hicieron, y en caso de discordia entre los dos se nombre a un tercero con anuencia y satisfacci√≥n de ambas Partes. Segunda: Que de lo resulta del importe [sic] de la Finca que comprende precisamente las Partes y muebles, debe exhibir de contado lo menos cincuenta mil pesos que pondr√° en reales o Libranza segura en la misma Finca al cinco por ciento que deber√° de por tercios. Tercera: Que para este reconocimiento hipoteque la misma Finca, poniendo este principal en primer lugar con preferencias a cualquiera otro, y con el registro correspondiente en el Libro de Cabildo. Cuarta: Que los Costos de la venta sean por mitad entre el comprador y el Convento. Quinta y √ļltima: Que cuando piense redimir el principal que quedare, que no ser√° antes de cinco a√Īos, debe avisar a el Prelado de este Convento seis meses antes para buscar d√≥nde imponerlo. Con lo que se concluy√≥ este segundo tratado quedando citados los Religiosos para la votaci√≥n secreta ma√Īana de que doy fe. En dicho Convento en veinte y cinco del mismo mes: Juntos los Reverendos Padres de voz y voto, con el Padre Vice-Prefecto in Capite, dijo este se pasase a la votaci√≥n secreta del Negocio que se trat√≥ ayer y recogidos los votos con toda reserva de modo que no se viese unos de otros por m√≠ el presente Secretario, se hallaron ocho frijoles blancos, que es el mismo n√ļmero de Religiosos que han asistido a los tratados con lo que quedan concluidos condescendiendo en la venta de la Hacienda de Piedras Negras bajo las circunstancias que previenen el segundo tratado, ocurriendo a Nuestros Muy Reverendo Padre Vice-General y Venerable Definitorio de Provincia, para la aprobaci√≥n de ellas seg√ļn previenen nuestras Leyes: y para que conste, lo firmaron ante m√≠ de que doy fe. Fray Jos√© de Jes√ļs Mar√≠a Vice-Perfecto in Capite. Fray Andr√©s de las √Ānimas. Fray Jos√© de Santa Anna. Fray Antonio de San Juan Nepomuceno. Fray Juan Fernando de San Jos√©. Fray Jos√© de San Francisco de Paula. Fray Jos√© de la Concepci√≥n. Por m√≠ y ante m√≠. Fray Francisco de la Encarnaci√≥n, Secretario Conventual. Concuerda con el original a que me remito, y es sacado en este dicho Convento a veinte y cinco de Septiembre de mil setecientos noventa y tres a√Īos; siendo testigos el Padre Fray Juan de San Jos√©, y Fray Jos√© de San Francisco de Paula. En testimonio de verdad. Fray Francisco de la Encarnaci√≥n, Secretario Conventual.

De esta lectura cabe resaltar que se fij√≥ un pago inicial por $50 000 y un plazo m√°ximo de cinco a√Īos para liquidar el remanente. Pero las negociaciones no terminan aqu√≠. Los Miranda ofrecieron $40 000 como pago inicial y solicitaron que se llevaran a cabo los aval√ļos acordados. Los miembros de la Orden aceptaron la propuesta, en el entendido de que se deber√≠a entregar dicha cantidad de inmediato y los $10 000 restantes, dentro de los tres primeros meses posteriores a la firma de la escritura. Para este efecto se nombraron los valuadores. Por el convento se design√≥ a don Manuel D√°vila, vecino de Huamantla; y por parte de los Miranda, a Jos√© Mu√Īoz, due√Īo de la hacienda de Zoquiapan, en Texcoco; como tercero, en caso de discordia, a Juan Bartolom√© Escobedo, due√Īo de la hacienda de San Marcos, en Tepeaca.

El aval√ļo comprendi√≥ tierras y aguajes, casas y oficinas, las casas de La Venta, Socaque, Ahuatepec y Atenco; la capilla, utensilios, menaje de casa, dispensa y obrador, aperos de la troje, de campo y de La Venta, carpinter√≠a, magueyes, ganado mayor, ganado menor, semillas, yuntas de barbecho, as√≠ como d√©bitos de indios y sirvientes. El valor inicial al que se lleg√≥ fue de $122 069. A petici√≥n del secretario de convento de Puebla se hizo un segundo aval√ļo, que increment√≥ el valor de la hacienda en $4 095, conviniendo ambas partes en que el monto final de la transacci√≥n ser√≠a de $126 161. As√≠, el 4 de marzo de 1794, acudieron a la Ciudad de M√©xico ante el escribano real a formalizar la operaci√≥n. Ah√≠ todav√≠a se hizo un peque√Īo ajuste, quedando el valor final en $124 582. Miguel de Miranda entreg√≥ de contado $47 100, y qued√≥ un saldo por la cantidad de $77 482, que causar√≠a un inter√©s anual del 5% sobre el saldo insoluto. Se acord√≥ una serie de detalles respecto a los pagos y, finalmente, despu√©s de seis meses de negociaciones y aval√ļos, Piedras Negras cambi√≥ de due√Īos.

Don Miguel Miranda era presb√≠tero de Puebla y su sobrino acababa de heredar los bienes de su padre, Antonio, entre los que se inclu√≠a la hacienda de Zotoluca y su rancho anexo, Coesillos. Si ambos hombres pertenec√≠an a la clase dominante del pa√≠s y por lo tanto eran personas informadas, ¬Ņpor qu√© raz√≥n presentar√≠an una oferta por una propiedad por la cual no se hab√≠a presentado ninguna otra? Vamos a tratar de analizar la situaci√≥n.

La hacienda de Zotoluca lindaba al oriente con tierras de Piedras Negras. Cuando la Orden de Bel√©n la compr√≥ a Sebasti√°n Estomba, era propiedad del mayorazgo de Leonel G√≥mez de Cervantes. Para Jos√© Ventura de Miranda, comprar Piedras Negras representaba ser el terrateniente m√°s grande del norte de la provincia e incrementar al m√°ximo su prestigio social. Ten√≠a intenci√≥n de formar un mayorazgo para s√≠ mismo y su descendencia, solicitud que present√≥ a la Corona y de la cual obtendr√≠a autorizaci√≥n real en 1806. A la muerte de Antonio de Miranda, su hijo, Jos√© Ventura, albacea de la herencia, mand√≥ hacer un aval√ļo de las propiedades que formaban la masa hereditaria, que eran la hacienda de Zotoluca, el rancho Coesillos, la hacienda de San Bernab√© del Malpa√≠s y el rancho Amantla.

Aprecio de los Bienes que quedaron por fin y muerte de Don Antonio Miranda, que manifest√≥ su hijo Don Jos√© Ventura de Miranda Heredero y Albacea a presencia y con intervenci√≥n de todos los interesados que lo son la Se√Īora Do√Īa Mar√≠a Josefa, Rodr√≠guez Viuda de dicho Don Antonio Miranda, Don Jos√© Manuel de Arechaga, como Marido; y conjunta persona de Do√Īa Mar√≠a Petra, Joaquina de Miranda que le nombr√≥ para la facci√≥n de inventario, en atenci√≥n a ser menor de veinte y cinco a√Īos y mayor de doce, para que con su acuerdo y el de los dem√°s, que van referidos, se haga la transacci√≥n y aprecio de todos los bienes, a cuyo efecto se nombraron por todos, de com√ļn acuerdo, a Don Miguel Y√°√Īez de Nexa, due√Īo de la Hacienda de La Laguna en esta Jurisdicci√≥n de Apan, y a Don Miguel Mu√Īoz, due√Īo as√≠ mismo de la Hacienda de Zoquiapan, quienes desde luego aceptaron el cargo de Abaluadores [sic] y ofrecieron ejercerlo en Dios, y por Dios, a todo su leal saber, y entender, y sin dolo, fraude, ni encubierta y as√≠ estando todos presentes en esta Hacienda de Zotoluca, en primero d√≠a del mes de Abril de mil setecientos noventa y un a√Īos se procedi√≥ al aval√ļo, y tasaci√≥n de los bienes que fue manifestando Don Jos√© Ventura de Miranda en la forma siguiente...

Esto sucedi√≥ en abril de 1791. El valor total de las propiedades, animales, aperos, instalaciones, menaje de casa, plater√≠a y ropa ascendi√≥ a la suma de $133 325, monto mayor que el de Piedras Negras. Esto nos da idea del tama√Īo de esa propiedad y de la riqueza que unieron los Miranda al comprar la hacienda a los betlemitas.

La propuesta de compra de Piedras Negras se hizo en 1793 y derivado de esto, la madre y hermanas de José de Ventura entablaron una larga demanda legal contra él y don Miguel por haber dispuesto de la herencia de Antonio de Miranda de manera discrecional, y ante sus ojos injusta. Entre los reclamos estaba el haber destinado fondos para la compra de Piedras Negras.

Por otra parte, Jos√© de Ventura era un joven en plena ascensi√≥n en la escalera de los negocios y la pol√≠tica. Al comprar la hacienda contaba con menos de 30 a√Īos y era soltero. Particip√≥ activamente en el movimiento de Independencia, incluso lleg√≥ a ir a la c√°rcel el 13 de marzo de 1815, ¬ęembarg√°ndose su bienes por las relaciones que ten√≠a con los insurgentes de aquel rumbo¬Ľ. A sus casi 50 a√Īos de edad, en 1823 contrajo nupcias con Ana Mar√≠a Espinosa de los Monteros Pascua, hija de Juan Jos√© Espinosa de los Monteros, quien redact√≥ y firm√≥ como secretario el Acta de Independencia de M√©xico.

Como vemos, el patrón de poder económico, relaciones políticas y prestigio social se repite continuamente en la vida de Piedras Negras.

Situ√©monos por un momento en la primera d√©cada del siglo XIX. Espa√Īa estaba bajo la invasi√≥n napole√≥nica. En 1804, el rey Carlos IV emiti√≥ una c√©dula real en la que obligaba a todos los deudores de las distintas √≥rdenes religiosas a liquidar sus deudas a la Corona espa√Īola de manera casi inmediata. Esto no se llev√≥ a cabo del todo, sin embargo, el da√Īo a la econom√≠a rural, tanto a hacendados como a campesinos, fue may√ļsculo, aunado a las muy fuertes sequ√≠as registradas entre 1808 y 1810. En ese momento inici√≥ la guerra de Independencia. La hacienda, aunque en menor proporci√≥n, segu√≠a benefici√°ndose del comercio entre M√©xico y Veracruz, sin embargo, ante la falta de capital, la baja en la producci√≥n agr√≠cola y la revuelta militar entr√≥ en serios problemas financieros. Adem√°s, como hemos comentado, en 1806 Jos√© Ventura fund√≥ para s√≠ un mayorazgo que implic√≥ un pago por $60 000, para lo cual registr√≥ una segunda hipoteca sobre sus propiedades, Piedras Negras y Zotoluca. En 1807 a√ļn deb√≠a $59 000 a los betlemitas. La carga financiera era ya muy grande, por m√°s productiva que fuera la hacienda.

Como mencionamos, Jos√© Ventura contrajo nupcias en 1823. Desde un a√Īo antes ya se encontraba en atraso en sus pagos con la Orden. En su matrimonio procre√≥ tres hijos: Pedro, Mar√≠a Guadalupe y Jos√© Francisco, que nacieron entre los a√Īos de 1824 y 1828. Jos√© Ventura falleci√≥ alrededor de 1830. En 1835, su esposa dio a luz a Romana Masson, primera hija de ella con su segundo esposo, el franc√©s Ernesto Masson Sigaud. Fue en 1835 cuando ella arrend√≥ la finca a Mariano Gonz√°lez de Silva. Creemos que lo que debi√≥ de haber sucedido es que al morir Jos√© Ventura, la esposa como heredera de Piedras Negras prefiri√≥ arrendar la propiedad, antes que trabajarla. Sin embargo, dej√≥ de cubrir sus obligaciones con el clero de Puebla, y en 1840 admiti√≥ su quiebra y la imposibilidad del pago, revirti√©ndose la propiedad ya no a los betlemitas, cuya Orden hab√≠a desaparecido, sino al Colegio Clerical de Puebla.

De Jerónimo de Cervantes, en 1580, a Miguel y José Ventura de Miranda, en 1835, hemos hecho un largo recorrido repasando de forma simple las circunstancias en torno al crecimiento de Piedras Negras. En el trayecto hay personajes relacionados entre sí por cuestiones filiales, de poder político y económico, así como de importancia social. Es evidente la relevancia que tuvo la hacienda en este periodo en el territorio tlaxcalteca, y la seguiría teniendo en el siglo y medio siguiente que nos falta por recorrer.

CONTINUARA

5. PIEDRAS NEGRAS Y LOS GONZ√ĀLEZ

En Tlaxcala, el primer integrante de la familia González de Silva de quien se tiene conocimiento es Ramón, quien en 1695 contrajo nupcias con María Martínez de Avilés.

En el a√Īo de 1710, la Guerra de Sucesi√≥n Espa√Īola estaba en su apogeo, desatada tras la muerte del rey Carlos II, que no hab√≠a dejado herederos. Esta batalla, como todas, requiri√≥ de constante financiamiento. El rey Felipe V, heredero por testamento de la Corona, se vio obligado a pedir a sus s√ļbditos un ¬ędonativo gracioso¬Ľ para la causa. Uno de los grupos con mayor riqueza era el de los terratenientes, y fue a ellos a quienes dirigi√≥ una c√©dula real para solicitarles cien pesos por hacienda y cincuenta pesos por rancho, excluyendo a aquellos due√Īos que fueran indios o eclesi√°sticos. Para esto, el alcalde mayor de Tlaxcala design√≥ pregoneros para llevar el aviso a las distintas jurisdicciones del territorio:

Estando en la plaza p√ļblica del pueblo de Nativitas, jurisdicci√≥n de la ciudad de Tlaxcala, a nueve d√≠as del mes de octubre de mil setecientos diez a√Īos, ante m√≠, Ram√≥n Gonz√°lez de Silva, teniente gobernador de este partido, habi√©ndose tocado una trompeta, y con su voz junt√°ndose mucha gente, por ser d√≠a de feria, entre once y doce del d√≠a, hice pregonar la Real C√©dula de su Majestad, que Dios guarde muchos a√Īos...

Así, encontramos a Ramón González en el seno del gobierno de la ciudad de Tlaxcala, además de que también era arrendatario de la hacienda de Santo Tomás, propiedad del capitán José Idalgo:

En dicha ciudad de Tlaxcala dicho d√≠a diez y seis de septiembre de dicho a√Īo de mil setecientos y doce a√Īos, ante su se√Īor√≠a, dicho gobernador pareci√≥ Ram√≥n Gonz√°lez, vecino del partido de Santa Mar√≠a Nativitas de esta provincia y dijo que se halla depositario de una hacienda de labor, nombrada Santo Tom√°s, en dicho partido, cuya propiedad pertenece al Capit√°n Jos√© Idalgo, que le parece se compone de 12 caballer√≠as de tierra poco m√°s o menos, labor de Ci√©nega, con cien bueyes de arado, treinta y dos caballos de trilla, y siete vacas...

Poco más de quinientas hectáreas y muchos animales, por todo lo cual tuvo que dar una graciosa cooperación de cien pesos.

Ram√≥n Gonz√°lez de Silva es el chozno de Mariano Gonz√°lez de Silva Fern√°ndez de la Horta, primer Gonz√°lez propietario de Piedras Negras. Mariano, naci√≥ en el a√Īo de 1802. Se cas√≥ con Mar√≠a Cresencia Mu√Īoz de Cote y Quiroz, con quien en un principio vivi√≥ en Santa Clara de Ozumba, hacienda que arrendaba su padre y donde al morir asesinado este, estaban su madre y sus hermanos menores. All√≠ tuvo a sus primeros cuatro hijos antes de trasladar su residencia a Piedras Negras con todos ellos. La familia creci√≥ y logr√≥ mantenerse unida hasta su muerte. Cuando arrend√≥ la hacienda a la viuda de Miranda y posteriormente al Colegio Clerical de Puebla, la productividad comenz√≥ a decrecer. La Venta ya no generaba los ingresos de anta√Īo, ya que en el camino de M√©xico a Veracruz, la ruta Jalapa-Orizaba era la que estaba en mejores condiciones. Por otra parte, en el a√Īo de 1834 inici√≥ el transporte en diligencias, que transitaban justo por dicha v√≠a. Por lo tanto, Piedras Negras qued√≥ fuera de la ruta del comercio, y, de ah√≠ en adelante, sus ingresos ser√≠an exclusivamente agropecuarios. En otras partes del pa√≠s, el servicio de diligencias comenz√≥ a partir de 1806. La que corr√≠a entre M√©xico y Puebla fue ampliada en 1830 para llegar hasta Veracruz, por el camino Jalapa-Orizaba.

Viajar en diligencia no era del todo c√≥modo: cab√≠an dieciocho personas, de las cuales, nueve iban sentadas en el techo. Debido a los asaltos en el camino, hab√≠a trechos (por ejemplo, de hasta 144 kil√≥metros) que deb√≠an recorrerse sin paradas y sin abastecimiento de agua. Todo un d√≠a de recorrido, si el terreno lo permit√≠a. La diligencia mexicana era un ¬ęmaravilloso veh√≠culo arrastrado por ocho mulas, dos delante, cuatro en medio y dos atadas inmediatamente al coche. La habilidad del cochero era asombrosa, pues manten√≠a una constante conversaci√≥n con sus mulas alent√°ndolas por sus nombres¬Ľ.

Los servicios que ofrec√≠an las ventas ten√≠an como base un reglamento que simple y llanamente se conoc√≠a como ¬ęaviso a los pasajeros¬Ľ, de acuerdo a las siguientes normas:

‚Äď El importe del ¬ęasiento¬Ľ se satisfac√≠a en el acto de comprar el boleto, que ten√≠a car√°cter personal, y era intransferible.

‚Äď El viajero que no se presentara a la hora se√Īalada perd√≠a el importe del boleto pagado, pues este solamente amparaba el n√ļmero de viaje a la hora y d√≠a predeterminados, as√≠ que el pasajero perd√≠a el derecho a cualquier reclamaci√≥n por el importe desembolsado.

‚Äď Se exceptuaba del pago de boleto a los ni√Īos de pecho que viajaran en brazos de sus madres o sus nodrizas.

‚Äď Por cada asiento, el pasajero ten√≠a derecho a llevar una arroba de equipaje; el exceso era cobrado a un determinado ¬ęarancel¬Ľ.

‚Äď El servicio de posada de La Venta era √ļnicamente para los pasajeros de las diligencias que tomaban y llegaban en carruajes de la empresa. La admisi√≥n de otras personas constitu√≠a un acto excepcional que quedaba a criterio del administrador.

‚Äď Los servicios de alimentaci√≥n tambi√©n eran exclusivamente para los hu√©spedes o pasajeros, pero estos ten√≠an el privilegio de invitar a una o m√°s personas a almorzar o comer, siempre que avisaran con seis horas de anticipaci√≥n al administrador.

Hay estimaciones de que a principios del M√©xico independiente exist√≠an cincuenta y cinco rutas carreteras y ciento cinco de herradura, que cubr√≠an un total de 27 000 kil√≥metros a lo largo y ancho del pa√≠s. De esta red, solo el veinticinco por ciento admit√≠a el tr√°nsito rodado. El cambio real en el desarrollo del transporte en el pa√≠s ser√≠a cuarenta a√Īos despu√©s, con la llegada del ferrocarril. La gran ventaja que aportaron las diligencias fue el ahorro en el tiempo de transporte. A lo sumo, ya solo se hac√≠an seis d√≠as de Veracruz a M√©xico. El sistema de arrieros continuaba funcionando y se construyeron muchas ventas en este ahora casi √ļnico camino.

En 1834 aparece en escena Manuel Escand√≥n, empresario mexicano de peso muy importante en el desarrollo del transporte en el pa√≠s, sobre todo en lo que toca al camino M√©xico-Veracruz. Propietario de muy diversos negocios, desde la miner√≠a hasta la industria textil, pr√≥spero hacendado en distintos estados y h√°bil sobreviviente a los constantes cambios en la pol√≠tica y el gobierno de M√©xico, logr√≥ amasar una gran fortuna. Ese a√Īo compr√≥ una compa√Ī√≠a americana, propiedad de los se√Īores Smart, Coyne y Renewalt, que era la √ļnica l√≠nea de diligencias que exist√≠a en M√©xico. Y mediante una sagaz negociaci√≥n con el presidente Santa Anna, consigui√≥ la exclusividad en este medio a cambio de arreglar los caminos, para lo cual adicionalmente obtuvo el derecho al cobro de peaje de quienes por ah√≠ circularan. Por otra parte, tambi√©n consigui√≥ el transporte para la correspondencia. Algunos competidores aparecieron en los primeros a√Īos, pero seguramente no contaban con la fuerza pol√≠tica y econ√≥mica de los Escand√≥n, quienes controlaron por muchos a√Īos el negocio del transporte. El paso por Orizaba y Puebla era obligado para su beneficio, ya que ah√≠ se encontraban las f√°bricas textiles de las cuales eran due√Īos.

Como apunt√°bamos l√≠neas atr√°s, Piedras Negras qued√≥ fuera de la gran carretera. Podr√≠a asegurarse que algunos arrieros segu√≠an pasando, pero en menor medida. Cuando Mariano Gonz√°lez present√≥ el inventario y aval√ļo de la hacienda al Colegio Clerical de Puebla ya no se inclu√≠a La Venta como un activo con valor individual.

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez lleg√≥ a Piedras Negras a finales de 1835, casado con Mar√≠a Cresencia Mu√Īoz de Cote y Quiroz, y con sus cuatro hijos: Mar√≠a de la Luz, Manuel, Josefa y Bernardo, todos de apellido Gonz√°lez Mu√Īoz. El padre de don Mariano, Manuel Mariano Gonz√°lez de Silva, hab√≠a sido arrendatario de la hacienda de Santa Clara de Ozumba, cercana a Tlaxco, en el rumbo de Atlangatepec, al menos desde el a√Īo 1798. Esta hacienda se la arrendaba al Colegio Clerical de Puebla, con el que ten√≠a cercanas relaciones. Como mera acotaci√≥n, al construirse la presa de Atlanga muchos a√Īos despu√©s, la hacienda quedar√≠a bajo el agua. Hoy solo se pueden ver algunos muros y columnas en la orilla. De acuerdo al relato de Carlos Hern√°ndez Gonz√°lez, Mariano Gonz√°lez ¬ęrecibi√≥ la noticia de que su padre, Manuel Mariano, y su hermano Miguel, hab√≠an sufrido un atentado mortal en la hacienda donde viv√≠an, Santa Clara de Ozumba. De inmediato acudi√≥ a la propiedad familiar para enterrar a su padre y a su hermano¬Ľ. Esto sucedi√≥ cuando √©l estudiaba en Puebla, en el a√Īo de 1824, y fue despu√©s de once a√Īos que dej√≥ esta propiedad para arrendarle Piedras Negras a la viuda de Miranda. En 1840, derivado de sus buenas relaciones con el clero poblano, este le mantuvo el contrato de renta.

Santa Clara era una hacienda peque√Īa, comparada con la gran propiedad de la que estaba tomando posesi√≥n. En el a√Īo de 1712, de acuerdo con el censo que hemos mencionado, esta hacienda era propiedad de Antonio Roxano Mudarra, y constaba de 40 caballer√≠as de tierra mala y labor√≠a, aproximadamente 1 720 hect√°reas. Piedras Negras, como ya vimos, era una propiedad mucho m√°s grande, sin embargo, la experiencia de su familia que siempre se hab√≠a dedicado al campo le daba el sustento necesario y suficiente para tener √©xito en tan complicada tarea. No hay datos del precio convenido para arrendar la propiedad en 1835, sin embargo, para 1854 pagaba $4 500 anuales.

M√©xico segu√≠a inmerso en el desordenado vaiv√©n pol√≠tico existente desde la Independencia. La econom√≠a del pa√≠s se encontraba estancada por diversas razones, principalmente la falta de estabilidad pol√≠tica y la ausencia de capital. De Guadalupe Victoria, en 1824, a Ignacio Comonfort, en 1855, hubo veintis√©is presidentes de la Rep√ļblica; la guerra no se detuvo nunca; M√©xico hab√≠a perdido la mitad del territorio y todav√≠a faltaba promulgar una nueva Constituci√≥n que diera forma al reci√©n nacido pa√≠s.

En un esfuerzo por despertar el crecimiento económico, el gobierno del presidente Comonfort buscó eliminar uno de los principales obstáculos para el desarrollo de una economía estable y creciente: la existencia de fincas improductivas que jamás salían a la venta debido a que estaban en manos de la Iglesia y sus distintas corporaciones. Así, el 25 de junio de 1856 se promulgó la Ley Lerdo, llamada así en referencia al apellido del entonces secretario de Hacienda, Sebastián Lerdo de Tejada:

Ministerio de Hacienda. El excelent√≠simo se√Īor Presidente sustituto de la rep√ļblica se ha servido dirigirme el decreto que sigue:

Ignacio Comonfort, presidente sustituto de la rep√ļblica mexicana, a los habitantes de ella, sabed: Que considerando que uno de los mayores obst√°culos para la prosperidad y progreso de la Naci√≥n es la falta de movimiento o libre circulaci√≥n de una gran parte de la propiedad ra√≠z, base fundamental de la riqueza p√ļblica, y en uso de las facultades que me concede el plan proclamado en Ayutla y reformado en Acapulco, he tenido a bien decretar lo siguiente:

Art√≠culo 1.- Todas las fincas r√ļsticas y urbanas que hoy tienen o administran como propietarios las corporaciones civiles o eclesi√°sticas de la Rep√ļblica se adjudicar√°n en propiedad a los que las tienen arrendadas, por el valor correspondiente a la renta que en la actualidad pagan, calculada como r√©dito al seis por ciento anual.

[...]

Art√≠culo 5.- Tanto las urbanas como las r√ļsticas que no est√©n arrendadas a la fecha de publicaci√≥n de esta ley se adjudicar√°n al mejor postor, en almoneda que se celebrar√° ante la primera autoridad pol√≠tica del partido.

La ley constaba de treinta y cinco artículos, donde se detallaban formas de pago, documentación de intereses, impuestos, derechos de propiedad con los que quedaba la Iglesia, entre otras cosas. El clero protestó, pero la ley se aprobó en el Congreso, en medio de grandes discusiones, entre las cuales hubo opiniones que incluso proponían la expropiación total de las propiedades, sin derecho a cobro por parte de las corporaciones propietarias. La ley generaría un impacto enorme en la economía y la fisonomía territorial a lo largo y ancho del país. Al paso del tiempo, junto con la ley de terrenos baldíos, publicada por el presidente Díaz, sería la base para la conformación de las grandes propiedades en México.

Al amparo de la Ley Lerdo, el 26 de julio de 1856, a unos días de haberse publicado, Mariano González Fernández presentó formal solicitud para adquirir la hacienda de Piedras Negras:

... al Prefecto de Tlaxco en cuyo partido se halla situada la Hacienda de Piedras Negras, para que en cumplimiento del decreto expedido el 14 del corriente por el Excmo. Sr. Gobernador de Puebla; ratificando que sea este curso por el Co. Mariano González y averiguada la cantidad que paga por arrendamiento de la finca, celebre el contrato respectivo sobre la adjudicación de que se trata y prestado que sea su consentimiento lo participe así al escribano de Huamantla a fin de que proceda este funcionario al otorgamiento de la escritura conforme a la Ley, o lo avise al Prefecto del cito Huamantla para que asista en su representación a extender dicho documento.

A los tres d√≠as, el se√Īor Jos√© Merch√°n, quien era el prefecto de Tlaxco, respondi√≥ afirmativamente, se√Īalando que ante la imposibilidad de hacerlo en persona hab√≠a enviado escrito a don Juan Arriaga, escribano de Huamantla, para que se diera tr√°mite al referido otorgamiento. El 31 de julio se llev√≥ a cabo la comparecencia del prefecto interino de Tlaxco, Manuel Montiel, en nombre y representaci√≥n de Merch√°n, y ah√≠ se asent√≥ el deslinde de los predios:

... el Sr. Don Mariano González, como arrendatario de la hacienda intitulada S. Mateo Huiscolotepec, alias Piedras Negras, y sus Ranchos anexos nombrados, Ahuatepec, Atenco y Gómez, cuyos fundos unidos y ubicados en el Partido de Tlaxco linda por el Oriente, con La Laguna y hacienda de Tenejaque y Teometitla; por el Sur, con la Hacienda San José de Piedras Negras y pueblo Santiago Tetla, San Bartolo y San Francisco Atezcatzinco; por el Norte, con toda la ranchería de Toluquilla y con la Hacienda de Tecomalucan; y por el Poniente, con las haciendas de Zotoluca, Zocaque y Ecatepec; advirtiéndose que entre los terrenos de Atenco y Piedras Negras hay un espacio perteneciente a los de San Bartolo.

En la misma audiencia, se dio fe de que la propiedad no tenía gravámenes ni adeudos fiscales, y se presentaron los recibos de renta pagados por Mariano González. Dado que su renta anual era de $4 500, el valor de la operación, capitalizando esta renta al 6%, se fijó en $75 000, de los cuales $58 334 eran por el valor de las tierras y por las instalaciones, y el resto por sus contenidos. Mariano se declaró en posesión de ambos y aceptó la adjudicación por el referido precio, comprometiéndose a no reclamarlo nunca y a pagar un interés del 6% anual sobre el saldo insoluto de su valor, pudiendo hacer pagos en cualquier momento, siempre y cuando estos no fueran menores a $1 000. La propia hacienda quedó como garantía y se hizo anotación de la imposibilidad de su venta o hipoteca por parte de don Mariano hasta no cubrir el total.

Cuando los Miranda adquirieron la propiedad, la tierra fue valuada en $57 600, pr√°cticamente el mismo valor; sin embargo, el resto de los bienes muebles e inmuebles se valuaron en otros $70 000, comparados con los $16 666 que pag√≥ Mariano Gonz√°lez por el resto de lo adquirido. Esto me hace pensar que la renta fijada originalmente en 1835 era muy baja, derivado de que las instalaciones ya no estaban en buen estado y de que la producci√≥n de la hacienda hab√≠a disminuido de manera significativa, seguramente por la desaparici√≥n del negocio de la posada y porque Jos√© Ventura de Miranda no era √ļnicamente due√Īo de Piedras Negras, sino de muchas propiedades m√°s, por lo que no dedicaba todo su tiempo ni su capital exclusivamente a esta hacienda. Sabemos que al menos pose√≠a Zotoluca, de gran valor a la muerte de su padre, as√≠ como propiedades en Apan. Adem√°s, tuvo una participaci√≥n activa en la pol√≠tica y el movimiento independentista. Empero, al fallecer no estaba cubriendo los pagos pendientes por la adquisici√≥n de la hacienda, lo cual indica que la solidez financiera que ten√≠a al momento de la compra ya no era la misma y que su mujer simplemente decidi√≥ perder la propiedad en favor del Colegio Clerical de Puebla.

A esta Piedras Negras un poco disminuida lleg√≥ Mariano Gonz√°lez. Es importante mencionar tambi√©n que, adem√°s de sus cuatro hijos, desde un principio llegaron con √©l sus hermanas Ma. Dolores y Ma. de la Luz, as√≠ como su hermano Jos√©, todos menores que √©l. Otra de sus hermanas, Ma. Antonia, ya hab√≠a contra√≠do nupcias con Jos√© Guadalupe Mu√Īoz de Cote, hermano de su esposa. Sin entrar en los detalles de fechas y pagos, fue hasta el 22 de noviembre de 1862 cuando el escribano p√ļblico de Huamantla otorg√≥ formalmente la cancelaci√≥n oficial de su obligaci√≥n ante el Gobierno de la Rep√ļblica despu√©s de haber enterado los pagos correspondientes al Colegio Clerical de Puebla, la Casa de Mujeres Recogidas y la parroquia de San √Āngel. La escritura definitiva se entreg√≥ hasta el 7 de noviembre de 1889, ocho a√Īos despu√©s de la muerte de Mariano, quien hab√≠a fallecido el 20 de noviembre de 1881.

En La Voz de México del 21 de noviembre de 1881 se publicó la siguiente esquela:

Hacienda de Piedras Negras, noviembre 21 de 1881

A las doce del d√≠a de ayer, muri√≥ en Puebla el Sr. D. Mariano Gonz√°lez, due√Īo de esta hacienda; hoy ser√° trasladado a la parroquia del pueblo de Santiago Tetla, donde ser√°n las exequias, y de esa iglesia se lleva a dar sepultura al templo de esta hacienda.

Muri√≥ con toda la resignaci√≥n en medio de todos los auxilios de la religi√≥n que profes√≥ desde ni√Īo, pues siempre fue un verdadero cat√≥lico, apost√≥lico romano, en cuyas sanas doctrinas dej√≥ bien educada a su numerosa familia, habiendo gastado su vida en hacer cuantos beneficios pudo con la humanidad, por lo que fue muy querido y respetado de todas las clases de la sociedad y de cuantas personas lo conocieron.

Hoy descansa en paz.

Mariano Gonz√°lez estuvo al frente de Piedras Negras cuarenta y seis a√Īos. Bajo su mando, en lo econ√≥mico, la hacienda alcanz√≥ un nombre muy importante en la regi√≥n, y en el aspecto familiar: ¬ęesta casa era un hogar donde se conservaba la elegancia de la timidez provinciana en el trato, la sencillez de sus atuendos y la modestia cotidiana¬Ľ. En esos a√Īos, la producci√≥n y los terrenos de los Gonz√°lez crecieron ininterrumpidamente en cuanto a la producci√≥n agropecuaria y tambi√©n en la extensi√≥n, dado que adquirieron varias propiedades m√°s.

En t√©rminos generales, las tierras en las haciendas se divid√≠an en tres tipos: las de explotaci√≥n directa, que eran las mejores, pues estaban bien ubicadas y en ocasiones pod√≠an ser irrigadas; las de explotaci√≥n indirecta, que eran tierras m√°s pobres o sin infraestructura; y por √ļltimo, aquellas que se conservaban como reserva. Por otra parte, la producci√≥n era para autoconsumo y para surtir al mercado, de tal forma que, dependiendo de los precios de sus productos, activaban el uso intensivo de una y otra calidad de tierra. Para finales del siglo XVIII, derivado del cambio del perfil de los due√Īos, cada vez m√°s, era el propio hacendado quien explotaba la finca; este es el caso de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez, porque estaba al frente de la explotaci√≥n y habitaba la propiedad.

En el caso de Piedras Negras podemos inferir del aval√ļo de compra de los Miranda que el 40% de la tierra era de ¬ępastal, montura y pedregosa¬Ľ, y el 60% de ¬ętodas calidades, suprema, media e √≠nfima¬Ľ, por lo que el crecimiento, en t√©rminos de agricultura, se reduc√≠a en posibilidad a menos del 50% de la finca, as√≠ que, del total de empleados de la finca, la mayor√≠a estaba dedicada a labores pecuarias, que inclu√≠an ovejas, cerdos, ganado caballar y vacuno, sin dejar de existir, sobre todo, las tradicionales cosechas de ma√≠z y cebada.

La ubicación de la hacienda le permitía hacer ajustes de manera muy ágil entre autoconsumo y venta, por lo que la rentabilidad no dependía exclusivamente de un producto ni de los movimientos de los precios del mercado.

El pulque, ya se produc√≠a, pero a√ļn no ten√≠a el peso econ√≥mico que lleg√≥ a tener para la hacienda en los siguientes a√Īos, ni el que tuvo en el tiempo anterior a Miranda. Al comprar la hacienda, los Miranda hab√≠an recibido de los betlemitas poco m√°s de cincuenta mil plantas, pero al recibirla Mariano Gonz√°lez ya solo hab√≠a cinco mil. No obstante, don Mariano y sus hijos se encargar√≠an de volver a hacer crecer la capacidad de producci√≥n pulquera de manera muy importante.

Para 1865, todav√≠a el pulque era transportado por arrieros en cueros o botas a lomo de mula, por lo que la capacidad de movilizaci√≥n era reducida. Sin embargo, al inaugurarse el ferrocarril en el a√Īo de 1866, el mercado cambi√≥ de manera radical. Y la sociedad tambi√©n. La llegada de este medio de transporte fue un parteaguas econ√≥mico, social pol√≠tico y militar. La posibilidad de cubrir grandes distancias en un tiempo jam√°s imaginado marcar√≠a para siempre el desarrollo del pa√≠s.

 A finales de 1857, Antonio Escand√≥n viaj√≥ a los Estados Unidos y contrat√≥ al ingeniero Andren Talcott, para que se encargara del levantamiento topogr√°fico de la ruta que deb√≠a seguir el Ferrocarril Mexicano, de Veracruz a la Ciudad de M√©xico. Una vez m√°s surgi√≥ la discusi√≥n sobre si el trazo deber√≠a ser por Jalapa o por Orizaba. M√°s o menos, como hab√≠a pasado a√Īos antes con la ruta de las diligencias, el peso de los negocios de los Escand√≥n se convirti√≥ en el fiel de la balanza. Ellos eran due√Īos de la f√°brica textil de Cocolapan, cerca de Orizaba, lo que sin duda influy√≥ para que decidieran que la v√≠a pasar√≠a por este √ļltimo punto. Sin embargo, la ruta que se escogi√≥ fue totalmente diferente. En la ciudad de Puebla hubo oposici√≥n por parte de prominentes hombres de negocios y de los abogados m√°s destacados. Uno de ellos argument√≥ que a la ciudad de Puebla ¬ęno

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reportar√≠a m√°s beneficios el paso del tren, que el ruido molesto del silbato y el humo de la locomotora¬Ľ. Entonces, se decidi√≥ que la v√≠a de Veracruz a M√©xico pasar√≠a por Apizaco, y que quedar√≠a como proyecto un ramal de Apizaco a Puebla. Ante la negativa de los poblanos, Antonio Escand√≥n defini√≥ la ruta de M√©xico a Veracruz en secciones: M√©xico-Otumba, Otumba-Apizaco, Apizaco-Boca del Monte, Boca del Monte-Paso del Macho y Paso del Macho-Veracruz. Tampoco los Escand√≥n quedar√≠an fuera del negocio en esta ruta. El suegro de Antonio, Eustaquio Barr√≥n, era due√Īo de la hacienda de San Diego Apatlahuaya, sobre cuyos terrenos primero se levant√≥ un campamento para albergar a los constructores de la v√≠a y despu√©s se fund√≥ la ciudad de Apizaco.

En octubre de 1866 se inici√≥ el tr√°nsito sobre estas v√≠as, hecho que cambi√≥ radicalmente las posibilidades de negocio de todas las haciendas de la zona. Este fue el inicio del crecimiento exponencial de las haciendas de esta zona, a cuyos due√Īos se les denominar√≠a a√Īos despu√©s ¬ęla aristocracia pulquera¬Ľ, de la cual formar√≠an parte los Gonz√°lez.

En un principio no todo fue favorable para los hacendados. Aunque las posibilidades que ofrec√≠a el Ferrocarril Mexicano eran muy importantes en t√©rminos de comercio, el precio del flete, que era controlado por una sola compa√Ī√≠a, no siempre les era c√≥modo respecto a los precios del mercado. Por otra parte, estas mismas nuevas posibilidades generaron que se sembraran m√°s plantas de maguey, pero en pocos a√Īos esto provoc√≥ una sobreproducci√≥n que tuvo efectos negativos sobre el precio del pulque.

No ser√≠a sino hasta el periodo entre 1869 y 1873 ‚Äďcuando se construy√≥ el Ferrocarril Interoce√°nico‚Äď que se inaugur√≥ la Estaci√≥n Pav√≥n dentro de los terrenos de la hacienda. El establecimiento de esta nueva v√≠a generar√≠a tambi√©n competencia en el transporte, lo que permiti√≥ la estabilizaci√≥n de los precios de los fletes, y el inicio de los a√Īos de oro de la industria pulquera. Este Ferrocarril y sus ramales son los que verdaderamente beneficiaron el negocio del pulque para los Gonz√°lez.

Don Mariano se vio claramente beneficiado, pero el fruto lo recoger√≠an sus hijos, quienes no solo conservar√≠an completos los terrenos de Piedras Negras en una sola unidad de producci√≥n, sino que de forma individual agregar√≠an propiedades de gran tama√Īo durante los siguientes veintid√≥s a√Īos posteriores al fallecimiento de su padre.

En general, las haciendas en Tlaxcala combinaron la producción de cereales con la cría de ganado y la producción de pulque, muchas veces creando complejos socios económicos. En el caso de Piedras Negras, a diferencia de algunas haciendas vecinas, su funcionamiento no estuvo a cargo de mayordomos o arrendatarios, sino del propio hacendado y sus hijos, quienes tenían contacto con los indígenas y trabajadores.

Del an√°lisis de los libros de raya de la hacienda podemos deducir que para los trabajadores de Piedras Negras la hacienda significaba una vivienda y un modo de vida. En condiciones que les permit√≠an solo m√°rgenes peque√Īos o nulos entre su ingreso y su gasto, la hacienda era adem√°s una fuente de cr√©dito que incluso les posibilitaba retrasarse en sus obligaciones econ√≥micas, sin perder su actividad laboral ni incurrir en delito. Los cr√©ditos registrados fueron principalmente para fiestas y celebraciones ‚Äďbautizos, comuniones, matrimonios y defunciones. Durante la vida de Mariano Gonz√°lez existi√≥ el endeudamiento por estas razones, m√°s nunca fue excesivo, ni raz√≥n de arraigo o ancla para la estancia libre como trabajador de la hacienda.

Mariano Gonz√°lez tuvo el tino de comprar la hacienda, de restablecer la explotaci√≥n del pulque desde antes de la llegada del ferrocarril, de dejar en marcha una unidad productiva muy rentable y de acrecentar las propiedades para poder heredar a una descendencia tan numerosa no peque√Īas unidades, sino extensiones que les aseguraran la posibilidad de continuar generando un patrimonio. Adem√°s, su gran legado fue el crecimiento de las instalaciones, que casi duplicaron su tama√Īo; construy√≥ un tanto o m√°s de casa habitaci√≥n, corrales y trojes que las que se ten√≠an originalmente. Del detalle del aval√ļo levantado por los Miranda en 1793 al adquirir la hacienda, sabemos que la casa contaba con una sala, una rec√°mara y tres cuartos contiguos que miraban al sur, es decir, hacia la iglesia, o sea la parte frontal del casco. Exist√≠a tambi√©n la rec√°mara superior dividida en dos habitaciones, que en ese momento fue valuada como nueva. En las paredes del patio central de la hacienda existe una leyenda esculpida en la que se alcanza a leer: ¬ęterminado en mayo de 1779¬Ľ. Estaba el corredor, que daba a la escalera, techado, y de ese lado, un pasaje amplio que llevaba a la quesera, el tinacal, la cocina y sus cuartos contiguos. Sobre el corredor hab√≠a una sala, y a espaldas de esta, un cuarto obrador de telares, y tres trojes. Pasando un patio, hab√≠a una recamara con temazcal y una despensa de dos pisos. Adem√°s, de ese mismo lado hab√≠a un cerco de paredes que serv√≠a de corral para ganado mayor, otro que hac√≠a las veces de cebadero y otro m√°s. Cuando fue adquirida por los Miranda, su valor fue de $64 420, tan solo cuarenta a√Īos antes de que la comprara don Mariano, quien pag√≥ $75 000 por toda la propiedad, m√°s sus contenidos, cosechas y animales. No fue mala compra.

Hoy en d√≠a, todo esto est√° en pie, sin embargo, es claro que lo que faltan son las alas norte y oriente del casco, que tuvieron que ser obra de don Mariano. Adem√°s, hay que sumar las construcciones independientes, frente a la calpaner√≠a, erigidas tambi√©n por √©l, y acrecentadas por sus hijos en los siguientes a√Īos. En alguna de ellas consta la fecha de su construcci√≥n con la leyenda: ¬ęEsta es la √ļltima obra que mand√≥ construir Don Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez¬Ľ, cuarenta y seis a√Īos al frente de lo que con trabajo adquiri√≥ y acrecent√≥.

6. LA HERENCIA

Un mayorazgo era una instituci√≥n del antiguo derecho castellano que permit√≠a mantener un conjunto de bienes vinculados entre s√≠, de manera que nunca pudiera romperse esta uni√≥n. Pasaban as√≠ al heredero ‚Äďnormalmente el mayor de los hijos‚Äď, de forma que el grueso del patrimonio de una familia no se dispersaba, sino que solo pod√≠a aumentar. Esta instituci√≥n dej√≥ de existir en M√©xico a partir de la Independencia, pero no intuitivamente para los Gonz√°lez. Muchas propiedades de tama√Īo similar se fueron perdiendo en el tiempo, a causa de divisiones hereditarias. Piedras Negras se mantuvo unida por v√≠nculos de familia y acuerdos econ√≥micos entre los herederos para su mayor beneficio personal y colectivo. La propiedad original de Piedras Negras se desmembr√≥ hasta 1904 y sigui√≥ en manos de los herederos  a partir de ese momento, ya de forma individual.

Una propiedad fraccionada genera menos riqueza que una indivisa, ya sea por las propias econom√≠as de escala que se generan, como por la variedad de posibilidades de producci√≥n. Y ante este dilema se enfrentaban los Gonz√°lez al morir don Mariano, en 1881. A este √ļltimo le sobrevivieron su esposa y nueve hijos. De su herencia, leg√≥ la mitad a ella y la otra parte a sus hijos, en partes iguales. Bernardo, el cuarto de sus hijos, segundo de los varones, albacea de la testamentaria, qued√≥ de acuerdo con su madre y sus hermanos como √ļnico due√Īo de la propiedad. Lleg√≥ a un arreglo con sus hermanos mediante el cual les amortizar√≠a anualmente a partir del cuarto a√Īo ‚Äď1887‚Äď el valor de su parte, otorg√°ndoles adem√°s una rentabilidad anual del 5.5% sobre el saldo insoluto. El valor total de la herencia era de $175 100. En pocas palabras, al paso del tiempo todos ir√≠an recibiendo el valor de su herencia en la medida en la que hubiera beneficios en la explotaci√≥n de Piedras Negras.

Ahora bien, ¬Ņcu√°nto val√≠a Piedras Negras al precio del mercado en ese momento? Uno de los efectos concretos del paso del ferrocarril fue el incremento en el precio de las propiedades. De acuerdo con lo escrito por Ricardo Rend√≥n Garcini en su libro, Dos haciendas pulqueras en Tlaxcala, 1857-1884 (Universidad Iberoamericana, 1990), en el que relata la historia de las haciendas de Mazaquiahuac y el Rosario, muy cerca de Piedras Negras, hagamos la siguiente inferencia: de 1800 a 1862 estas dos haciendas solo hab√≠an incrementado su valor en un 7%, y de 1862 a 1886 lo hicieron en un 25%. Si en el a√Īo de 1800 los Miranda pagaron por la propiedad $124 000 ‚Äďy tomo esta transacci√≥n como referencia, porque el aval√ļo de la de don Mariano claramente deriva de una casualidad pol√≠tica y legal‚Äď, el valor de Piedras Negras, a su muerte, lo podr√≠amos calcular en alrededor de $166 000, importe muy cercano al asignado por los hermanos Gonz√°lez a su haber hereditario, que inclu√≠a tambi√©n San Antonio Zoapila, propiedad que valdr√≠a cerca de $25 000, por lo que el valor que le asignaron a Piedras Negras fue de aproximadamente $150 100.

El compromiso anual de Bernardo Gonz√°lez para con su familia era de entregarles $11 600 anuales, en promedio, durante los primeros diez a√Īos, siendo mayor el monto en los primeros a√Īos.

Bernardo hab√≠a nacido en 1835; fue educado en Puebla, en el Seminario Palafoxiano. Al terminar su instrucci√≥n elemental, continu√≥ con estudios superiores de filosof√≠a. Era un hombre desprendido de todo lo material, reconocido entre sus hermanos por la honradez con que siempre proced√≠a. De car√°cter apacible y cari√Īoso, siempre estuvo dispuesto a escuchar las necesidades tanto de rancheros vecinos que acud√≠an a √©l como de los trabajadores de la hacienda. Este perfil que reun√≠a ‚Äďen educaci√≥n y en principios, sobre todo, honestidad‚Äď debe de haber sido lo que hizo que sus hermanos decidieran dejar en sus manos el total de la propiedad.

Manuel Gonz√°lez, no obstante ser el mayor de los hombres, no recibi√≥ esta responsabilidad; sin embargo, fue quien acrecent√≥ en mucho la riqueza territorial de los Gonz√°lez para sus propios herederos. Emilio Corona lo describe como un hombre serio, modesto en su trato, de car√°cter reservado. Abstemio en absoluto de tabaco y alcohol, siempre iba bien afeitado e invariablemente bien vestido. Como todos los Gonz√°lez, hombre de a caballo, fue adem√°s estupendo talabartero, oficio que ejerc√≠a en las habitaciones superiores del casco, donde adem√°s de su rec√°mara, en el cuarto contiguo estaba su taller con herramientas y pieles con las que confeccionaba cabezadas, reatas, guantes, etc√©tera. Viliulfo, su nieto, se refer√≠a a √©l como Manuel el Grande, por su edad ‚Äďfalleci√≥ a los 90 a√Īos‚Äď, y seguramente tambi√©n por su car√°cter. Manuel recibi√≥ el rancho el Infiernillo por parte de la herencia de su esposa, Trinidad, que adem√°s era su prima hermana, y √©l adquiri√≥ la hacienda de San Jos√© de Piedras Negras el 24 de marzo de 1892 en una operaci√≥n por dem√°s interesante. Los due√Īos de San Jos√© eran el se√Īor Amado de Haro Ovando, t√≠o bisabuelo de Manuel de Haro Caso, y la se√Īora Carolina Garc√≠a Teruel, quien la hab√≠a heredado de su padre, Manuel. Ambos decidieron vender la propiedad a Manuel Gonz√°lez; constaba aproximadamente de 1 400 hect√°reas, y el precio establecido se fij√≥ en $20 000 por toda la finca y sus contenidos, a excepci√≥n de la semilla. Ante notario, Manuel Gonz√°lez hizo el pago en efectivo, sin embargo, en el mismo acto hipotec√≥ la propiedad a favor de la se√Īora Carolina, por los mismos $20 000, cantidad que se comprometi√≥ a pagar en los siguientes diez a√Īos, con cuatro de gracia, es decir, durante los primeros cuatro no pagar√≠a nada, pero a partir de 1896 efectuar√≠a un pago de $2 000 ese a√Īo, y $3 000 durante los seis a√Īos siguientes. Con habilidad compr√≥ la propiedad, la cual pr√°cticamente se pagaba sola con su propia producci√≥n. Los se√Īores De Haro tambi√©n eran due√Īos de otra propiedad cercana, La Concepci√≥n Zacanzontetla, que sufrir√≠a la misma suerte que San Jos√© de Piedras Negras a principios del siglo XX, ya que ambas fueron afectadas casi en su totalidad a favor del pueblo de San Cosme Xalostoc.

La venta de Piedras Negras a Bernardo Gonz√°lez se llev√≥ a cabo el 14 de abril de 1883, pero la posesi√≥n legal la obtuvo hasta el 23 de mayo de 1891, dado que, como ya vimos, hasta 1889 el gobierno entreg√≥ la documentaci√≥n definitiva de la propiedad a los herederos de Mariano Gonz√°lez. La copia de la escritura de posesi√≥n judicial a Bernardo Gonz√°lez es un documento muy valioso, adem√°s de interesante, como para dejar volar la imaginaci√≥n, por dif√≠cil que esto pueda parecer, trat√°ndose de un documento legal, pues describe un recorrido por todas y cada una de las mojoneras que marcaban el l√≠mite de la propiedad. Poco a poco, nos lleva a recorrer los linderos partiendo del punto donde hac√≠a esquina con la hacienda de Zocac, esto es, donde hoy se encuentra Mena. De ah√≠ inicia el recorrido hacia la parte posterior del cerro de Zotoluca, que formaba parte de Santiago Zotoluca, en ese momento propiedad de las herederas del general Julio Moreno, las se√Īoritas Elena y Mar√≠a Iturbide Moreno, de quienes era concesionario hereditario Egren Moreno, y que ser√≠a adquirida posteriormente por Bernardo Gonz√°lez el 13 de marzo de 1897. Caminando por ese llano el terreno se recorri√≥ hacia el fondo, donde hoy est√°n los potreros que adquiri√≥ Ra√ļl Gonz√°lez, a Zotoluca; bordeando por detr√°s del casco se llega por la parte posterior de San Gregorio al cerro conocido como Pe√Īas Coloradas, para ahora revisar los linderos con el rancho el Potrero, seguir por los de la rancher√≠a de Toluquilla para llegar a Capula. De aqu√≠ se cruzaba el llano para iniciar la divisi√≥n con La Laguna, por la zona del cerro de la Gasca y el de San Pedro, hasta llegar a los l√≠mites con Tenexac. Despu√©s con la de Teometitla, para llegar a Santa Mar√≠a Texcalac y Santiago Tetla, y pasando por los cerros del Tepetomayo y Tlacotepec, iniciar con los linderos del pueblo de San Bartolom√© Matlalohcan y despu√©s con los de San Francisco Atezcatzinco, para llegar finalmente a la hacienda de Ecatepec, tomar rumbo a la loma de Tenopala y regresar a la primera mojonera. Cincuenta y seis mojoneras descritas con mucho m√°s detalle que el que aqu√≠ compartimos era el recorrido efectuado en seis jornadas, en el mes de diciembre de 1890, bajo el cielo azul de Tlaxcala y el sol del invierno a plomo.

El rancho de Atenco, que no estaba comprendido en estos linderos, fue afectado a favor de San Bartolo a principios del siglo XX; hoy es una zona habitada, toda vez que sus 400 hect√°reas pr√°cticamente son parte de la zona conurbada de Apizaco.

Desde 1881, Bernardo fue la cabeza de la negociaci√≥n. Desde entonces hasta su muerte, en 1901, los Gonz√°lez duplicaron sus extensiones territoriales adquiriendo con los beneficios de sus negocios las haciendas de Zocac, Zotoluca, La Laguna, el Infiernillo, entre otras, quedando algunos de estos ranchos en explotaci√≥n individual por parte de cada hermano; y Piedras Negras, junto con Zotoluca, San Antonio Zoapila y la Noria, como el negocio de toda la familia. No consta si Bernardo liquid√≥ o no los pagos anuales acordados al fallecer su padre, pero en cualquiera de los casos, Piedras Negras era muy productiva. A √©l le tocaron los primeros a√Īos dorados del pulque y el ferrocarril en pleno. En ese tiempo, el consumo per c√°pita de pulque en la capital era de 333 litros por persona al a√Īo, cuando la poblaci√≥n de la ciudad era tan solo de cuatrocientos mil habitantes. En la Ciudad de M√©xico hab√≠a ochocientas pulquer√≠as y todav√≠a no aparec√≠a en escena el monopolio pulquero de los Torres Adalid, la denominada Compa√Ī√≠a Expendedora de Pulques, que a partir de 1909 control√≥ el mercado casi por completo. De 1890 a 1901, el valor de la producci√≥n nacional de pulque se duplic√≥, con el consecuente beneficio para los hacendados. Los Gonz√°lez eran en su mayor√≠a productores, aunque algunos de ellos tambi√©n participaron en la venta de mayoreo y en la explotaci√≥n de pulquer√≠as en la Ciudad de M√©xico. Para estos a√Īos, la ganader√≠a de reses bravas ya estaba colocada entre las m√°s prestigiadas del pa√≠s, pero faltaban por venir sus mejores d√≠as. Bernardo Gonz√°lez estuvo al frente de su propiedad durante los primeros a√Īos de estabilidad de nuestro pa√≠s y en los que las haciendas vivieron sus a√Īos de crecimiento y alta rentabilidad. Los Gonz√°lez viv√≠an ah√≠ y poco sal√≠an de sus tierras. Adem√°s de las propias, sus parientes, los Mu√Īoz de Cote, administraban las propiedades de la familia Sanz, Mazaquiahuac y el Rosario, adem√°s de Mimiahuapam. Los Gonz√°lez Pav√≥n eran due√Īos de Tepeyahualco y ten√≠an relaciones comerciales de varios tipos con los Bernal, de San Lorenzo Soltepec. Su influencia territorial entre propiedades y negocios abarcaba en esos a√Īos m√°s del 10% del territorio tlaxcalteca. Desde Ram√≥n Gonz√°lez de Silva hasta Bernardo Gonz√°lez hab√≠a pasado ya m√°s de un siglo con el resultado espl√©ndido de una familia de labradores que ya estaba encumbrada en la c√ļspide econ√≥mica del estado de Tlaxcala.

Bernardo falleci√≥ intestado en octubre de 1901; con su muerte, la propiedad finalmente se dividir√≠a entre los hermanos en forma definitiva. Estos a√Īos coinciden con el inicio y la consolidaci√≥n del periodo de la historia conocido como el Porfiriato.

El general Porfirio D√≠az Mori intent√≥ en dos ocasiones, entre 1867 y 1876, ser presidente de la Rep√ļblica, pero en ambas fue derrotado en las urnas. Quiso imponerse tambi√©n por la v√≠a de las armas, bajo la bandera de la no reelecci√≥n, pero tambi√©n fracas√≥. Al morir Benito Ju√°rez, Sebasti√°n Lerdo de Tejada ‚Äďopositor a D√≠az‚Äď encabez√≥ la presidencia de M√©xico. El presidente Lerdo deb√≠a terminar el periodo inconcluso de Ju√°rez y convocar a elecciones. Habiendo hecho esto, se postul√≥ para su reelecci√≥n. D√≠az promulg√≥ el Plan de Tuxtepec y al fin derrot√≥ a Lerdo de Tejada, quien dej√≥ el pa√≠s. As√≠, el 21 de noviembre de 1876, D√≠az hizo su entrada triunfal a la Ciudad de M√©xico. Gobern√≥ por cuatro a√Īos, dej√≥ la presidencia en manos de Manuel Gonz√°lez, su gran amigo, y al final regres√≥ a la presidencia en 1884, para quedarse en la silla hasta 1910. Durante este largo tiempo logr√≥ lo que al pa√≠s le hab√≠a faltado desde la Independencia: gobierno y estabilidad. Pact√≥ con la Iglesia, a la que hab√≠a enfrentado Ju√°rez, reorganiz√≥ el Ej√©rcito evitando la creaci√≥n de nuevos cacicazgos e inici√≥ una intensa campa√Īa de pacificaci√≥n. Reinsert√≥ a M√©xico en el entorno internacional, reactiv√≥ la banca, abri√≥ el pa√≠s a la inversi√≥n extranjera, inici√≥ una pol√≠tica ferroviaria que comunicar√≠a eficientemente al pa√≠s, y por primera vez defini√≥ con claridad los l√≠mites del territorio nacional; reform√≥ la educaci√≥n y llev√≥ el tendido telegr√°fico por todo el pa√≠s. Sin embargo, como lo escribi√≥ Justo Sierra: ¬ęEn la Rep√ļblica Mexicana no hay instituciones, hay un hombre; de su vida depende paz, trabajo productivo y cr√©dito¬Ľ. Nos hab√≠a tocado el buen dictador, pero como tambi√©n escribi√≥ Enrique Krauze: ¬ęOpt√≥ por la reelecci√≥n indefinida, por la monarqu√≠a con ropajes republicanos. Este sacrificio de la libertad, este acto de soberbia, ser√≠a, a la postre, su verdadero error. La historia lo cobrar√≠a con sangre, con buena sangre, la sangre de miles y miles de mexicanos¬Ľ.

En suma, D√≠az gobern√≥, dio forma y crecimiento a M√©xico e impuso la paz en el pa√≠s durante veintis√©is a√Īos ininterrumpidos que cobrar√≠an factura a partir de 1910 en una lucha fraterna de cuyo resultado, a fin de cuentas, como lo menciona Manuel Guerra de Luna en La primera revoluci√≥n del siglo XX: ¬ęLos reg√≠menes posrevolucionarios no tuvieron la capacidad para instrumentar una salida inteligente al problema de la pobreza. Sus l√≠deres, directores y pol√≠ticos, en vez de promover las oportunidades b√°sicas de un pa√≠s en v√≠as de crecimiento, cayeron en el c√°ncer m√°s funesto que ha detentado nuestra raza desde tiempos inmemoriales: la corrupci√≥n¬Ľ.

En 1883 se public√≥ la Ley de Tierras y Enajenaci√≥n de Terrenos Bald√≠os, que ten√≠a como objetivo delimitar las propiedades para poder crear un plan de desarrollo poblacional en todo el pa√≠s. Diez a√Īos m√°s tarde, el resultado fueron los grandes latifundios, sobre todo, en el norte del pa√≠s.

El 5 de marzo de 1904 se presentaron en Tlaxco ante el licenciado Domingo M. Paredes, juez de primera instancia del distrito de Morelos, Tlaxcala, los herederos de Bernardo Gonz√°lez, que hab√≠a fallecido el 29 de octubre de 1901 sin haber dejado su disposici√≥n testamentaria, para iniciar el juicio de sucesi√≥n intestada: Jos√© Mar√≠a, quien era el albacea, Carlos, Manuel, Ignacia, Guadalupe y Mar√≠a de la Luz Gonz√°lez Mu√Īoz, hermanos de Bernardo, y los hijos herederos de Felipe, hermano ya fallecido, que eran: Mariano, Daniel, Herminia y Asunci√≥n Gonz√°lez Pedraza, y los nietos de la tambi√©n difunta Micaela, Enrique y Gonzalo S√°nchez. Es de llamar la atenci√≥n que los hijos de Bernardo, Filiberto y Delfina ‚Äďesta √ļltima despu√©s se casar√≠a con Viliulfo Gonz√°lez, sobrino nieto de Bernardo‚Äď, no participaran en la distribuci√≥n de los bienes.

Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez propuso a los se√Īores Mariano Mu√Īoz y Ger√≥nimo Merch√°n Gonz√°lez como peritos valuadores, y estos aceptaron desempe√Īar fielmente su encargo; en tal virtud, formaron el inventario y aval√ļo en una sola pieza, que fue presentada al juzgado con los siguientes datos: hacienda San Mateo Huiscolotepec (a) Piedras Negras, con su casco, magueyal, monte, pastos y tierras de labor, comprendi√©ndose solo la ra√≠z y excluyendo sus llenos: $120 000. El 33% de esta propiedad correspondi√≥ a Manuel Gonz√°lez, quien adem√°s de su haber hereditario proporcional que equival√≠a a $23 275, ya hab√≠a liquidado su parte a los herederos de su hermano Felipe por la cantidad de $20 311, ten√≠a cr√©ditos a su favor por parte de la hacienda por $24 841 y ten√≠a derecho a $3 750 adicionales de su octava parte de un fondo proporcional separado para gastos, as√≠ como $4 916 de un pasivo com√ļn de la hacienda para con los hermanos, por lo que qued√≥ pagado por un total de $77 096, cantidad con la que todos los dem√°s estuvieron de acuerdo. Adem√°s, eran parte de la herencia las haciendas de Zotoluca, San Antonio Zoapila y la Concepci√≥n la Noria. Zotoluca fue valuada en $60 000, y, junto con las otras dos terceras partes de Piedras Negras, fue asignada en partes iguales a Carlos, Ignacia y Jos√© Mar√≠a. En realidad, la parte de Piedras Negras correspondi√≥ a los hombres y Zotoluca a Ignacia, casada con Blas Carvajal. La parte correspondiente a Mar√≠a de la Luz, Guadalupe y Micaela fue cubierta con la adjudicaci√≥n de las haciendas de San Antonio Zoapila y la Noria, valuadas en conjunto en $93 000.

Tras la muerte de Mariano se decidi√≥ mantener la unidad de una sola propiedad, que era Piedras Negras, y en el transcurso se fueron adquiriendo m√°s: en conjunto, las tres que formaban parte de la herencia y otras para explotaci√≥n individual. Todos viv√≠an en estas propiedades. Al paso del tiempo, a cada heredero se le fueron asignando ranchos para trabajarlos, pero cuando Bernardo hubo muerto se tom√≥ la decisi√≥n de darle a cada quien lo suyo. Ya todos eran hombres mayores, incluso viejos para aquellos tiempos, pues se puede ver que los Gonz√°lez Mu√Īoz fueron muy longevos, y ya estaba ah√≠ la siguiente generaci√≥n. Se dieron varios matrimonios entre primos, pero esta no fue la raz√≥n de la integraci√≥n de lotes hereditarios. Cada heredero recibi√≥ su justa parte y dichas uniones no fueron con este objeto.

La divisi√≥n definitiva de Piedras Negras se llev√≥ a cabo el 16 de julio de 1907, cuando, ante el notario Patricio Carrasco de la ciudad de Puebla, comparecieron Manuel Gonz√°lez, de 74 a√Īos de edad, y su esposa, Trinidad, de 57; Jos√© Mar√≠a, que contaba entonces con 65 a√Īos, y su esposa, Josefa Hern√°ndez, de 46; Carlos Gonz√°lez, de 61 a√Īos, y su esposa, Juana Gonz√°lez, de 30; y Lub√≠n Gonz√°lez, de 33, con su esposa, Eudoxia, de 40, siete a√Īos mayor que √©l, todos con domicilio en la hacienda de Piedras Negras en el estado de Tlaxcala. Los tres hermanos declararon que cada uno hab√≠a adquirido la propiedad de la tercera parte de la finca en la testamentaria de su hermano Bernardo y que hasta esa fecha su dominio hab√≠a permanecido indiviso, de suerte que los tres eran copropietarios de la finca y sus llenos desde el 15 de marzo de 1904. Hicieron saber que el dominio del fundo legalmente no se hab√≠a dividido; de hecho, el se√Īor Carlos Gonz√°lez Mu√Īoz hab√≠a tenido a su exclusivo cargo y hab√≠a administrado con independencia de los otros dos una fracci√≥n de la finca, equivalente a su tercera parte en lo que se hab√≠a constituido el rancho de Coaxamalucan; que los otros dos hermanos hab√≠an administrado las otras dos terceras partes, en cuyo terreno se asentaba la casa de Piedras Negras; que ambos se√Īores hab√≠an decidido vender el dominio que les correspond√≠a al se√Īor Lub√≠n Gonz√°lez ‚Äďhijo de Manuel‚Äď y a su esposa, Eudoxia, hija de Jos√© Mar√≠a.

El otro hijo de Manuel era Rom√°rico, quien ya contaba con la hacienda de La Laguna, de la cual primero Manuel fue arrendatario y despu√©s due√Īo, junto con su esposa, Ignacia, adem√°s de otras propiedades, entre ellas Zotoluca.

Para llevar a cabo esta transacci√≥n, Carlos no hizo uso de su derecho al tanto, y el comprador a su vez convino en respetar la separaci√≥n para as√≠ formar dos fincas: Coaxamalucan y Piedras Negras. De la tal manera formalizaron el contrato de compraventa y el de separaci√≥n de cosa com√ļn entre los hermanos y el sobrino. El precio de venta fue de $80 000 por lo ra√≠z, y de $50 000 por lo mueble, correspondiendo la mitad a cada vendedor. Esto dar√≠a un valor total de $196 000 por la hacienda, que corresponde a la misma valuaci√≥n del inmueble a la muerte de Bernardo. Qued√≥ asentado que ambos recibieron tal suma por parte del comprador, al contado y a su entera satisfacci√≥n.

Los linderos que se se√Īalan para Coaxamalucan fueron: al norte, las haciendas de Piedras Negras y de La Laguna; al oriente, parte de esta, adem√°s de la hacienda de Tenexac y la de Teometitla; al sur de esta √ļltima, la hacienda de San Jos√© de Piedras Negras, que era propiedad de Manuel, el pueblo de Texcalac y el de Santiago Tetla; y al poniente, Piedras Negras. A partir de ese momento, ambas fincas se llevar√≠an en forma independiente. De acuerdo al plano que se conserva en el archivo de Piedras Negras, Lub√≠n adquiri√≥ 5 791 hect√°reas, equivalentes a 135 caballer√≠as, de las cuales: 2 024 eran de labor; 2 652, de pastal con encino; 1 029, del Monte del Malpa√≠s; 44 eran ocupadas por los ferrocarriles, y 40 por edificios, barrancas y caminos.

Lub√≠n era un hombre con estudios superiores. Curs√≥ Ingenier√≠a en Puebla, sin llegar a recibir su t√≠tulo. Estuvo muy involucrado en la pol√≠tica estatal, llegando incluso a ser mencionado para ser gobernador del estado. Particip√≥ activamente en la Compa√Ī√≠a Realizadora de Pulques, S.A., sociedad que pretendi√≥ ser la opci√≥n para los empresarios pulqueros ante el monopolio de los Torres Adalid, en la Ciudad de M√©xico. Continu√≥ con gran √©xito la crianza de toros bravos que hab√≠a iniciado su t√≠o y suegro Jos√© Mar√≠a. Como veremos en el cap√≠tulo dedicado a la ganader√≠a, introdujo sistemas de crianza apegados estrictamente al control gen√©tico, sobre todo, de las vacas espa√Īolas que recibi√≥ en la compra de Tepeyahualco. Con Eudoxia tuvo tres hijos, una ni√Īa que muri√≥ peque√Īa, otra que falleci√≥ ya joven, y su hijo Jos√© Mar√≠a, que a sus 16 a√Īos, el 9 de mayo de 1918, fue abatido a balazos en el centro del patio de la hacienda por unos forajidos asaltantes cobijados por los gritos revolucionarios. Al morir Eudoxia, quien inicio la construcci√≥n de la iglesia grande que jam√°s se concluy√≥, Lub√≠n cas√≥ con Josefina Paz y Puente, con ella procre√≥ una hija que falleci√≥ al siguiente a√Īo. Lub√≠n muri√≥ en 1928, tras de lo cual, su viuda fue a radicar ese mismo a√Īo a Nueva York, donde falleci√≥ tiempo despu√©s.

La ganader√≠a fue el aspecto de importancia en la administraci√≥n de Lub√≠n. La explotaci√≥n agr√≠cola de Piedras Negras ya estaba establecida y el pulque segu√≠a siendo la mayor fuente de ingresos. Sin embargo, en aquel tiempo, los toros se pagaban muy bien. Una corrida val√≠a al menos el doble que el sueldo de las figuras de aquel tiempo. Por ello, la extra√Īa decisi√≥n de Jos√© Mar√≠a de iniciar la crianza de toros bravos la vendr√≠a a capitalizar Lub√≠n, y despu√©s Viliulfo. Estuvo al frente de Piedras Negras veinticuatro a√Īos, y al morir hered√≥ su riqueza a los hijos de su hermano Rom√°rico, quien hab√≠a fallecido tambi√©n en 1918 a consecuencia de una cornada que le dio una becerra de tienta cerca de un ojo. Este suceso lo relat√≥ su hija Beatriz despu√©s de la muerte de su hermano Viliulfo en un art√≠culo publicado en El Redondel, titulado: ¬ęA las Campanas de Piedras Negras¬Ľ, del cual transcribo esta breve cita:

... en septiembre de 1918 hubo una tienta en Apizaco. Pap√° Maco estaba ansioso de torear, de lucirse, despu√©s de no haberlo hecho en alg√ļn tiempo, impedido por los disturbios de la Revoluci√≥n. Recibi√≥ a una becerra con un cambio de rodillas, la cual le propin√≥ un puntazo arriba de un ojo, casi en el lagrimal. Parece cualquier cosa. Unas curaciones y quedar√° bien... ¬ŅS√≠? Veinte d√≠as despu√©s se present√≥ la meningitis, irremediable ya.

Lub√≠n heredaba, ahora s√≠, un testamento: la mitad de sus bienes eran para sus sobrinos, Viliulfo, Beatriz y Cristina, y la otra parte para su segunda esposa. Ella vendi√≥ lo recibido a Viliulfo, quien despu√©s de repartirles ganado a sus hermanas qued√≥ como √ļnico propietario de Piedras Negras, La Laguna, San Jos√© de Piedras Negras, el Infiernillo, y sus ranchos anexos.

Quiero compartirles un poco más del escrito de Beatriz González Carvajal, por lo magnífico y completo de su contenido:

Yo estaba muy ni√Īa, por eso considero que Viliulfo fue para m√≠, mitad padre mitad hermano. Seis a√Īos despu√©s [de muerto Rom√°rico] se nos iba tambi√©n mi t√≠o Lub√≠n. As√≠ nos va quitando Dios, a pedazos, nuestros m√°s caros afectos. Viliulfo llevaba ya la divisa tabaco y rojo, y desde entonces pas√≥ tambi√©n a sus manos la rojinegra. No creo decirlo cegada por el cari√Īo: cualquiera reconoce que supo llevarlas a la mayor altura posible. Yo lo consider√© siempre como el hombre de campo por excelencia. Lo mismo ense√Īaba al mocito que por primera vez habr√≠a un surco, que dirig√≠a el apartadero de diez o quince corridas.

Para sus trabajadores, fue un compa√Īero, un amigo que o√≠a sus cuitas, los aconsejaba y amparaba. Hombre de campo de f√©rrea musculatura, que en fuerza de andar entre toros parece que algo de su consistencia le contagiaron; de sanos pulmones purificados por las brisas del sabinal, piel tostada por el viento y sol de todas las estaciones. Audaz, tenaz, alegre y sentimental para tocar y cantar. Sab√≠a acariciar el piano y emocionar a quien lo escuchara. Su sentimiento se inspiraba sin duda en esos atardeceres piedrenegrinos, en esos crep√ļsculos con la silueta de la iglesia donde aprendimos a rezar ¬ęDulce Madre...¬Ľ. Noches de luna tan clara a cuya luz se pueden escribir poemas de amor. Cielo que lava una tempestad o limpia un furioso ventarr√≥n, para que luzcan m√°s vivas las constelaciones.

As√≠ era el amo Viliulfo. ¬ęT√≠o Vili¬Ľ, para todos los Gonz√°lez. Un hombre con una afici√≥n sin l√≠mites. Ten√≠a que hacer un gran esfuerzo para desempe√Īar sus actividades, dado que su vista estaba muy afectada. En el campo dirig√≠a todas las faenas, siempre acompa√Īado de Isaac Morales, quien por lo mismo era el encargado de todas las anotaciones. M√°s adelante hablaremos de √©l.

Viliulfo Gonz√°lez hab√≠a quedado como √ļnico heredero, tanto de Piedras Negras como de La Laguna. Hombre joven, hab√≠a nacido en 1894. Su padre falleci√≥ en el a√Īo de 1918, cuando √©l ten√≠a 24 a√Īos; y en 1928, su t√≠o Lub√≠n le hered√≥ Piedras Negras, como ya explicamos. Cas√≥ en el a√Īo de 1918 con su t√≠a Delfina Gonz√°lez, hija de su t√≠o abuelo Bernardo y criada en Coaxamalucan; con ella tuvo varios hijos ‚Äďtodos ellos ganaderos al paso del tiempo‚Äď de los cuales sobrevivieron seis: Magdalena, Marta, Rom√°rico, Javier, quien morir√≠a a los 23 a√Īos de edad en una accidente de coche en la Ciudad de M√©xico, Susana y Ra√ļl. Ganadero, torero, jinete consumado, pianista y buen cantante, era el patriarca de la familia, acompa√Īado muy de cerca por su t√≠o Aurelio Carvajal, ganadero de Zotoluca. Entre distintas propiedades, en ese momento Viliulfo manejaba una extensi√≥n superior a las 10 000 hect√°reas de las m√°s de 20 000 que llegaron a tener sus ancestros en conjunto. Sin embargo, su lucha por defender este patrimonio, al igual que el de sus predecesores, fue continua. Una de las primeras propiedades que primero se vio afectada fue San Jos√© de Piedras Negras, durante los a√Īos posteriores a la Revoluci√≥n. En 1930 todav√≠a le exig√≠an tierras de esta propiedad que √©l ya hab√≠a cedido. En 1934, viendo venir el problema cada vez m√°s complicado, fraccion√≥ parte de los ranchos como una medida preventiva. Su estrategia rendir√≠a buenos frutos.

A continuaci√≥n presento un resumen del documento oficial donde se detalla esta acci√≥n, que apareci√≥ en el Peri√≥dico Oficial del Gobierno del Estado de Tlaxcala (tomo XXVI n√ļmero 17, 23 de abril de 1941) como una resoluci√≥n presidencial relativa al expediente de dotaci√≥n de ejidos, promovida por los vecinos del poblado denominado la Ci√©nega Tepeyahualco, municipio de San Agust√≠n Tlaxco, de esta entidad: El 21 de julio de 1935, los vecinos solicitaron por escrito dotaci√≥n de tierras, por carecer de ellas, para satisfacer sus necesidades econ√≥micas. El asunto fue turnado a la Comisi√≥n Agraria Mixta, que determin√≥ v√≠a la Junta Censal que, de un total de doscientos cincuenta y dos habitantes del poblado, noventa y uno ten√≠an derecho a parcela ejidal. Se determin√≥ que las fincas que deber√≠an contribuir a formar el ejido eran: rancho de la Palma, propiedad del se√Īor Arnulfo S√°nchez, con una superficie de 493 hect√°reas, poseyendo el propietario otro predio colindante llamado el Infiernillo, con superficie de 1 110 hect√°reas; hacienda de La Laguna, con superficie aproximada de 2 400 hect√°reas; y hacienda Tenexac, perteneciente a los se√Īores Bret√≥n y Trillanes, con superficie de 2 000 hect√°reas. Dentro del radio de siete kil√≥metros del poblado de que se trata, tambi√©n se mencionaban las siguientes propiedades de Viliulfo: la Sierpe y Ca√Īada del Toro, con superficie de 988 hect√°reas, y las haciendas de Piedras Negras y Coaxamalucan.

La hacienda Piedras Negras fue fraccionada seg√ļn escrituras inscritas en el Registro P√ļblico de la Propiedad con fecha 28 de diciembre de 1934 de la siguiente forma:

RANCHO          SUPERFICIE   PROPIETARIO

Zacatepenco      154   Magdalena Gonz√°lez

El Pozo     69     Ignacia Gonz√°lez

San Gregorio    199   Javier Gonz√°lez

Los Pitzolcales  199   Isaac Morales

Xometla   199   Ma. Soledad Aguilar

Capula     190   Miguel Iglesias

El Rinc√≥n 197   Beatriz Mill√°n

Piedras Negras 2 600         Viliulfo Gonz√°lez

         3 807       

La hacienda de La Laguna fue fraccionada seg√ļn escrituras inscritas en la instituci√≥n mencionada, con la misma fecha que la de Piedras Negras, de la siguiente forma:

RANCHO          SUPERFICIE   PROPIETARIO

Xalmonto 195   Marta Gonz√°lez

Sta. Cruz Tlalchichil         199   Ra√ļl Gonz√°lez

Topizac    228   Rom√°rico Gonz√°lez

Atlixtaca  199   Filem√≥n Guevara

La Soledad        153   Jos√© M. Filem√≥n Guevara

Los Charcos      196   Gabriel Aguilar

La Laguna        1 250         Viliulfo Gonz√°lez

         2 420       

Coaxamalucan, por otra parte, constaba de 1 441 hectáreas. Otro tanto le había sido sustraído anteriormente.

Con fecha 1 de noviembre de 1937, el se√Īor Viliulfo Gonz√°lez solicit√≥ la expedici√≥n de un decreto-concesi√≥n de inafectabilidad ganadera por el t√©rmino de veinticinco a√Īos para los terrenos de los predios de Piedras Negras, La Laguna, la Sierpe y Ca√Īada del Toro, con fundamento en el art√≠culo 52 bis del C√≥digo Agrario vigente en ese entonces. Tales declaraciones de inafectabilidad se se√Īalaron procedentes de acuerdo a las leyes y reglamentos aplicables, por estar comprobados la existencia de ganado, su n√ļmero, especies y razas, la calidad de los terrenos de agostadero, aguajes y abrevaderos y la rama a la que se dedicaban preferentemente las citadas negociaciones ganaderas:

El Sr. Viliulfo González posee 1 298 cabezas de ganado bovino, 2 270 de ganado lanar, 414 cabezas de ganado caprino y 148 cabezas de ganado equino, que computadas de acuerdo a la ley equivalen a 1 982 cabezas de ganado mayor, que tomando en consideración el índice de aridez determinado por la Secretaría de Agricultura y Fomento, teóricamente se necesitarían 13 874 hectáreas de agostadero para su mantenimiento.

Que como resultado de las cesiones de terrenos hechas por los se√Īores Miguel Iglesias, Beatriz Mill√°n y Soledad Aguilar, seg√ļn escritos de fecha 27 de septiembre de 1938 dirigidos al Departamento Agrario, se han afectado para constituir el ejido definitivo del poblado de Capula 450 hect√°reas de dichos propietarios, adem√°s de 600 hect√°reas de tierras cerriles con 30% laborables, propiedad directa del se√Īor Viliulfo Gonz√°lez en el mismo fraccionamiento de Piedras Negras.

Que con fecha 27 de septiembre de 1938 se han dirigido los se√Īores Gabriel Aguilar, Jos√© M√°ximo Filem√≥n Guevara y Rom√°rico Gonz√°lez haciendo referencia al expediente de inafectabilidad ganadera solicitada por el se√Īor Viliulfo Gonz√°lez manifestando que han tenido un arreglo privado para que √©l obtenga la inafectabilidad que pretende, en cuya virtud est√°n conformes en hacer la cesi√≥n de sus propiedades en favor de los ejidatarios del poblado la Ci√©nega Tepeyahualco.

Gabriel Aguilar cedió la totalidad de los Charcos; Filemón Guevara, 94 hectáreas de Atlixtaca; José Máximo Filemón Guevara, 90 de la Soledad; y Romárico González, 20 de Topizac. Todos estos terrenos eran de labor. Por su parte, el Departamento Agrario consideró enteramente válidos los fraccionamientos que modificaban los predios de Piedras Negras y La Laguna. También, que sí procedían las solicitudes de inafectabilidad ganadera de que se habla, y que estas debían resolverse con sujeción a las disposiciones del artículo 52 bis del Código Agrario vigente en ese tiempo. Asimismo, de acuerdo al citado ordenamiento y en vista de los datos expuestos con anterioridad, se declaró procedente la inafectabilidad de los terrenos que comprendían las fracciones de Piedras Negras y La Laguna.

Es procedente la declaratoria de inafectabilidad ganadera por veinticinco a√Īos promovida por el se√Īor Viliulfo Gonz√°lez, y tomando en cuenta las cesiones hechas para formar los ejidos de la Ci√©nega y Capula, se declaran inafectables las siguientes propiedades.

De Piedras Negras:

RANCHO          SUPERFICIE   PROPIETARIO

Zacatepango     154   Ma. Magdalena Gonz√°lez

El Pozo     69     Ignacia Gonz√°lez

San Gregorio    199   Javier Gonz√°lez

Los Pitzolcales  199   Isaac Morales

Xometla   49     Soledad Aguilar

Capula     40     Piedras Negras

El Rinc√≥n 47     Piedras Negras

         757 

Del fraccionamiento de La Laguna se declaran inafectables:

RANCHO          SUPERFICIE   PROPIETARIO

Xalmonto 195   Marta Gonz√°lez

Sta. Cruz Tlalchichil         199   Ra√ļl Gonz√°lez

Topizac    208   Rom√°rico Gonz√°lez

La Soledad        63     Jos√© M. Filem√≥n Guevara

Atlixtaca  105   Filem√≥n Guevara

         770 

De las propiedades que le quedaron al Sr. Viliulfo Gonz√°lez en los fraccionamientos de las haciendas de Piedras Negras y La Laguna, se declaran inafectables los siguientes potreros:

POTRERO        SUPERFICIE   POTRERO        SUPERFICIE

Mal Pa√≠s   701   San Gregorio    394

El Lindero         58     Llano Grande   37

Enmedio  97     Llano Chico      30

El Presidio         54     Los Espa√Īoles  15

El Coyote 30     San Pedro 146

La Plaza   6       Las Ardillas      24

La Vega    28     La Ca√Īada        70

Llano de la Venta      32     Temextla Alto  105

La Capilla         21     Temextla Bajo 91

El Derribadero 37     Los Encinos      86

El Hospital        40     Bordo Blanco   85

Ca√Īada Grande         74     El Cerro   45

La Troje   60     Tlaxcantitla      46

Los Traseros     77     La Sierpe y El Toro  988

La Presa   39     Eriazos en ambas fincas    538

La Chicalotera 70     Caminos y barrancas        59

El Potrerito       38     Derecho de v√≠a 3

Los Pitzolcales  41     Cascos      36

Después de difíciles negociaciones con las autoridades agrarias, esto fue lo que logró Viliulfo González, quien a los cuatro meses fallecería en un accidente a caballo, que relataremos más adelante.

En resumen, y dado que de las tablas anteriores es complicado dividir las dos propiedades, Piedras Negras ten√≠a antes de estas afectaciones 3 807 hect√°reas, de las que tuvo que ceder 1 050, entre peque√Īas propiedades y tierras de la hacienda, para quedar con un total de 2 757 hect√°reas, mismas que estar√≠an en poder de los herederos de Viliulfo hasta 1973, descontando posteriormente las 988 hect√°reas de la Sierpe y el Toro, que se cedieron en los a√Īos sesenta.

Las cerca de 9 400 hect√°reas adquiridas por don Mariano se fueron fraccionando poco a poco. Primero, por las herencias recibidas por Guadalupe y Micaela ‚Äďdespu√©s ser√≠an afectadas para dotar a los ejidos San Bartolom√© Matlalohcan y parte del de Tetla‚Äď, y diversas negociaciones con el gobierno y los campesinos, dejaron de pertenecer a la hacienda aproximadamente 2 500 hect√°reas, al separarse la parte de Ahuatepec y Atenco. Despu√©s, por la divisi√≥n de Coaxamalucan, dejar√≠an de ser parte de la unidad 3 100 hect√°reas, quedando as√≠ las 3 807 hect√°reas, cuya afectaci√≥n ha quedado explicada en los cuadros anteriores.

Solo porque nos parece de justicia ante la sinrazón, transcribimos de forma textual uno de los puntos del documento antes citado:

Siendo de utilidad p√ļblica la conservaci√≥n y propagaci√≥n de los bosques y arbolados en todo el Territorio Nacional, debe apercibirse a la comunidad beneficiada con esta dotaci√≥n que queda obligada a conservar, restaurar y propagar los bosques y arbolados que contenga la superficie que se dota.

Quien pueda visitar esas tierras o lo haya hecho recientemente, se formará su propio juicio ante tan irrisoria redacción.

En estas afectaciones se perdi√≥ el 23% de la superficie, y as√≠, los hermanos Gonz√°lez Gonz√°lez ‚ÄďMagdalena, Marta, Rom√°rico, Susana y Ra√ļl‚Äď ser√≠an los due√Īos en estos √ļltimos treinta y un a√Īos de lo que hab√≠a quedado de la propiedad heredada por su padre.

A partir de 1915 se hab√≠a iniciado el proceso de reparto de tierras con la Ley Agraria del 6 de enero de ese a√Īo, emitida por Carranza en Veracruz, la cual orden√≥ la restituci√≥n de tierras arrebatas a ra√≠z de la legislaci√≥n de junio de 1856 y estipul√≥ la dotaci√≥n para aquellos pueblos que carecieran de ella. Pero fue hasta la promulgaci√≥n de la Constituci√≥n de 1917, con cuyo art√≠culo 27, que se garantizaba la propiedad y se establec√≠an los derechos de propiedad comunal y ejidal. Sin embargo, lo que parec√≠a una buena intenci√≥n no vino acompa√Īada de inversi√≥n p√ļblica ni de un marco jur√≠dico que les diera capacidad productiva a los ejidatarios. Se les dio el bien, pero nunca los medios. El ejido se vio limitado de origen y destinado al fracaso, no por las personas en s√≠, sino por una planeaci√≥n deficiente y demag√≥gica. El minifundismo y la pobreza de este sector fueron sus caracter√≠sticas generales. Casi el 50% de las parcelas ejidales eran menores de cinco hect√°reas y casi la tercera parte de la poblaci√≥n del pa√≠s viv√≠a en el medio rural, con una muy pobre aportaci√≥n a la producci√≥n nacional. En los a√Īos posteriores a 1941 hubo una contradicci√≥n casi permanente entre la pol√≠tica y el desarrollo agrarios. La bandera del reparto segu√≠a ondeando y nunca se generaron acciones reales para apoyar y desarrollar el campo. Durante todo ese tiempo se culp√≥ al ejidatario de tal fracaso. Los pol√≠ticos nunca se vieron al espejo, solo administraron el mito revolucionario bajo la premisa de que la esperanza dura m√°s que el agradecimiento.

El decreto-concesi√≥n de inafectabilidad ganadera obtenido por Viliulfo Gonz√°lez le dio veinticinco a√Īos de paz a Piedras Negras y a sus hijos. √Čl poco la disfrut√≥. A su muerte, con apenas 47 a√Īos de edad, su hijo mayor, Rom√°rico ‚Äďconocido cari√Īosamente despu√©s como el Amo Maco‚Äď, qued√≥ al frente del negocio agr√≠cola y ganadero. Tan solo ten√≠a 21 a√Īos, por lo que fue Isaac Morales quien en realidad apoy√≥ y llev√≥ gran responsabilidad en el manejo de las fincas por muchos a√Īos. La respuesta un√°nime de quienes conocieron a don Isaac es contundente: un hombre honrado. Hoy, todos los Gonz√°lez lo honran, despu√©s de haber dedicado su vida a administrar el patrimonio de los j√≥venes hijos de Viliulfo. Don Isaac estaba con la familia desde tiempos de don Lub√≠n. Fue albacea del testamento de Viliulfo y durante m√°s de cuarenta a√Īos administr√≥ Piedras Negras. En los documentos que obtuve en el Archivo General Agrario encontr√© una comunicaci√≥n, de la cual transcribo este p√°rrafo:

Puebla, 5 de diciembre de 1917

Presidente de la Comisión Local Agraria

Haciendo referencia al atento oficio de usted, fechado el mes pasado, el portador de la presente, se√Īor Isaac Morales, va en mi representaci√≥n para que se digne usted permitirle vea el expediente relativo a las pretensiones que el pueblo de Texcalac tiene sobre las haciendas de San Mateo y San Jos√© Piedras Negras...

Por estas líneas, es patente la confianza ciega que existía en este hombre.

Al cumplir 18 a√Īos Ra√ļl, en 1951, su madre Delfina decidi√≥ separar la administraci√≥n de las fincas, dejando al frente de Piedras Negras a Ra√ļl, bajo la supervisi√≥n de don Isaac, y de La Laguna, a Rom√°rico. Todos los hermanos ten√≠an derecho a los ingresos por las ganader√≠as y por el pulque, que segu√≠a siendo al menos el 20% de las entradas de la finca. Cada mes se entregaba lo correspondiente a los cinco hermanos por los beneficios del pulque y de las ventas de corridas, novilladas, vacas de desecho y por venta de sementales que se fueran generando, descontando los gastos respectivos. La hacienda era casi autosuficiente, y solo ocasionalmente se compraba alfalfa y ma√≠z para completar las necesidades del ganado. Otro gasto recurrente que se ten√≠a, adem√°s de las rayas, era el derivado de medicinas y honorarios de doctores para los trabajadores y sus familias, as√≠ como del mantenimiento de la escuela y sus maestros.

Dentro del casco de la hacienda hab√≠a varias ¬ęcasas¬Ľ independientes. Una de ellas era la que habitaba la familia Aguilar, donde naci√≥ el gran torero Jorge el Ranchero Aguilar; estaba la del Patio de las Ranitas, que era la casa de do√Īa Delfina; otra, al lado derecho del patio, que habitar√≠a Ra√ļl al contraer matrimonio con Mar√≠a Laura Villa, las habitaciones superiores y las que se encuentran junto al despacho en el ala poniente de la hacienda. El tinacal funcionaba al cien por ciento, as√≠ como los corrales destinados a machos, vacas de leche y borregos.

La actividad en torno a los caballos ‚Äďmaldici√≥n y gusto‚Äď era tambi√©n parte central del hacer diario. Caballos de vaqueros con su remuda, los de los amos y las yeguas de recr√≠a exist√≠an todav√≠a para estos a√Īos en los que dio inicio la administraci√≥n de la hacienda en manos del menor de los Gonz√°lez. Ra√ļl fue un gran jinete y buen torero. Tuvo la osad√≠a de presentarse en M√©xico con novillos de La Laguna en la temporada de novilladas de 1951 con un resultado desastroso. Varias veces nos re√≠mos con √©l de este evento. De azul cielo y oro sali√≥ vestido para ver regresar al corral a sus dos novillos. Nunca ha sido igual el campo que la plaza, y a √©l le bast√≥ una tarde para comprobarlo. En el campo, al igual que sus ancestros, altern√≥ con todos los toreros de su √©poca, que acud√≠an invitados a las tientas. El Ranchero, Juan Silveti, Manuel Capetillo, entre otros, fueron muy asiduos a los tentaderos en la casa de Ra√ļl. Al paso del tiempo, Gonzalo Iturbe, a la postre matador de toros e hijo de Magdalena, su hermana mayor, har√≠a sus pininos en la torer√≠a y estuvo presente pr√°cticamente en todas las tientas mientras vivi√≥ ah√≠.

Era un gran conversador y un hombre con la sonrisa en la mano.

Todos los martes durante los √ļltimos seis a√Īos de su vida lo acompa√Īamos a comer a la mesa que √©l fund√≥ con Paco Madrazo y sus sobrinos Gonzalo y Jorge. Al paso del tiempo se fueron agregando varios amigos m√°s; hoy en d√≠a nos seguimos juntado y muy seguido levantamos una copa para brindar por su recuerdo.

La gran admiraci√≥n y respeto que en un principio tuve por √©l, r√°pidamente se convirti√≥ en una amistad que me dio grandes satisfacciones y me dej√≥ un imborrable recuerdo. Ya casi al final de su vida lo acompa√Ī√© junto con do√Īa Mar√≠a Laura, su esposa, a ver a un m√©dico amigo. Con mucha crudeza, este doctor le explic√≥ la gravedad de su estado de salud y las posibles opciones que hab√≠a en ese momento. Al salir subimos los tres a su coche y al arrancar me dijo: ¬ęAhora que me ponga bueno te voy a dar un regalo¬Ľ, a lo que yo respond√≠: ¬ęMejor de una vez, don Ra√ļl¬Ľ, con la consiguiente carcajada suya y de su mujer. No voy a olvidar nunca la llamada de Gonzalo Iturbe la ma√Īana del 4 de junio de 1997: ¬ęCharlie, se muri√≥ mi t√≠o Ra√ļl¬Ľ.

Don Mariano estuvo al frente de Piedras Negras por cuarenta y siete a√Īos; Ra√ļl, durante cuarenta y cinco, de 1952 a junio de 1997, a√Īo en que falleci√≥. Ninguno otro de sus due√Īos estuvo al frente tanto tiempo de la hacienda, orgullo de los Gonz√°lez. A √©l le toc√≥ lidiar, igual que a su padre, con los problemas agrarios que se acrecentaron agresivamente a partir del a√Īo de 1971.

El entonces presidente Luis Echeverr√≠a recibi√≥ un reclamo de los campesinos del estado por parte de la Federaci√≥n de Estudiantes de Tlaxcala y orden√≥ analizarlo a trav√©s del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonizaci√≥n, cuyo dirigente era Augusto G√≥mez Villanueva. Aqu√≠ comenz√≥ un perverso juego de doble cara, donde p√ļblicamente, e incluso con la intervenci√≥n del Ej√©rcito, el Gobierno se apeg√≥ con rigor a la aplicaci√≥n de la ley, pero por detr√°s, mediante distintos mecanismos, personajes y grupos, aviv√≥ y financi√≥ las invasiones de tierra mediante las cuales en 1973 no dejar√≠an otra opci√≥n a los ganaderos y peque√Īos propietarios que venderle sus tierras al Gobierno.

En 1971 comenz√≥ un proceso de medici√≥n de propiedades sin ning√ļn otro sentido m√°s que el de comprar tiempo para preparar la embestida final. Las brigadas agrarias se encargar√≠an de ejecutar esta actividad acompa√Īadas por los representantes de la Federaci√≥n de Peque√Īos Propietarios. Todo estaba orquestado dentro de una gran operaci√≥n pol√≠tica. En 1972 se organiz√≥ una marcha de campesinos, estudiantes y diversas agrupaciones para llevar su protesta a la capital del pa√≠s. P√ļblicamente, el Gobierno aparent√≥ detenerla, pero parte del grupo logr√≥ llegar y fueron recibidos por el presidente. De aqu√≠ en adelante se desataron las invasiones por todo el estado. Entre abril de 1972 y julio de 1973 se invadieron cuarenta y dos propiedades. Los campesinos se sent√≠an con todo el derecho de reclamar las tierras, pero el camino y la estrategia se decidieron en las esferas m√°s altas del Gobierno. Recuerdo claramente las pl√°ticas con Valent√≠n Rivero, Manuel de Haro, Jorge (su hijo), Ramiro Alatorre, Javier Garfias, Jos√© Juli√°n Llaguno, Luis Barroso, que vivieron d√≠a a d√≠a este proceso, tanto como a los directivos de la Asociaci√≥n Nacional de Criadores de Toros de Lidia (ANCTL), como propietarios. Juntas en la Presidencia de la Rep√ļblica, en el Departamento Agrario, o en ¬ęla agraria¬Ľ, como le dec√≠an ellos, que solo sirvieron para que al final vieran los ranchos, que por generaciones hab√≠an cuidado, invadidos o arrancados por pago. Las invasiones a Coaxamalucan orillaron a la ANCTL, presidida entonces por Valent√≠n Rivero, a publicar un desplegado en el que expresaban lo siguiente:

Nos vemos urgidos a denunciar p√ļblicamente la actitud pasiva del se√Īor doctor Luciano Huerta S√°nchez, gobernador de Tlaxcala. Nuestras diversas gestiones que ante √©l hemos hecho han sido infructuosas, ya que no ha procedido a remediar esa situaci√≥n ilegal. Consideramos que la actitud del se√Īor gobernador de Tlaxcala no est√° de acuerdo con la funci√≥n que le corresponde como m√°xima autoridad en el estado, de proteger los intereses de sus gobernados y de hacer respetar los principios de nuestra Constituci√≥n.

Esperamos que ante esta denuncia, el aludido se√Īor gobernador intervenga en forma inmediata y decisiva a fin de que se remedie tal situaci√≥n desalojando de inmediato a los invasores.

El 23 de junio de 1973, el Gobierno federal envi√≥ al Ej√©rcito a desalojar los predios.  Piedras Negras hab√≠a sido invadida desde octubre de 1972. Parecer√≠a que los ganaderos hab√≠an ganado la partida, pero la situaci√≥n era insostenible  y el ambiente no era propicio para pretender conservar las propiedades en el futuro. Si no fue ese a√Īo, ser√≠a otro en el que se enfrentar√≠an al mismo problema, adem√°s del nulo valor comercial que tendr√≠an las propiedades con esa gigantesca espada de Damocles sobre de ellas. As√≠, en junio de 1973, Ra√ļl Gonz√°lez, de acuerdo con sus hermanos, decidi√≥ vender Piedras Negras y sus ranchos al Gobierno federal, y conservar√≠an √ļnicamente las 31 hect√°reas que rodean el casco. Esto coincidi√≥ con la muerte de su madre, Delfina, por lo que tambi√©n la ganader√≠a fue dividida en cinco partes con las cuales se formar√≠an los hierros de Iturbe Hermanos con la parte de Magdalena; Tepeyahualco, con lo que correspondi√≥ a Marta; La Antigua, de Susana y Ra√ļl conserv√≥ el nombre y el hierro de la casa madre. Por su parte, Rom√°rico recibi√≥ el equivalente en becerras que vendi√≥ a Federico Luna, a quien a√Īos antes hab√≠an vendido La Laguna. Ra√ļl adquiri√≥ de sus primos Carvajal parte de los potreros de Zotoluca, donde continu√≥ en condiciones radicalmente diferentes criando los famosos toros de la corbata. De ah√≠ arrancar√≠a de nuevo a hacer ondear por todo lo alto la bandera de Piedras Negras con sus tradicionales colores rojo y negro. La fracci√≥n que adquiri√≥ era y es un terreno arbolado casi en su totalidad, donde es un gozo ver el ganado. Ah√≠ mismo estaban la antigua plaza de tientas de Zotoluca y el embarcadero, ambos modernizados por √©l con magn√≠ficas instalaciones y corrales para el manejo del ganado.

De las m√°s de 9 000 hect√°reas de los betlemitas solo quedaron 31. Hoy en d√≠a, de todas las propiedades que formaron Piedras Negras y La Laguna en su √ļltima etapa, solo quedan en manos de los nietos de Viliulfo las 300 hect√°reas de la ganader√≠a de De Haro en terrenos de La Laguna: Llano Grande, Llano Chico, los Espa√Īoles y Xalmonto, que conserva a su nombre Antonio de Haro Gonz√°lez.

Esta fue la evoluci√≥n de la hacienda de Piedras Negras. La historia de tierras y de hombres productivos que permitieron mantener y acrecentar el legado de don Mariano. Canosos sabinos que a√ļn adornan las antiguas tierras. Gente de piel curtida por el sol que dej√≥ vida y memoria en estos campos. Mudas l√°pidas con la mayor√≠a de los nombres aqu√≠ relatados, que con fr√≠as fechas de nacimiento y muerte nos conducen por la historia de Piedras Negras. Pero la vida y la historia siguen. Despu√©s de las invasiones, Ra√ļl continu√≥ con su pie de simiente, ahora unido a las vacas y sementales de La Laguna, que hab√≠a recibido de su madre en 1966. Ya estaba retirado don Isaac, quien hasta 1965 llev√≥ los libros y la administraci√≥n de la propiedad. Durante un tiempo, su primo Oscar Gonz√°lez fungi√≥ como administrador de la finca y la ganader√≠a. Un hombre de una claridad admirable para entender y hablar de toros.

Ra√ļl Gonz√°lez falleci√≥ en 1997 y qued√≥ al frente su hijo menor, Marco Antonio Gonz√°lez Villa. El matrimonio de Ra√ļl y Laura hab√≠a procreado adem√°s a tres hijas: Alejandra, Adriana y Ana Rita, con quienes por mucho tiempo disfrutaron Piedras Negras. A partir de 1998, Marco Antonio emprendi√≥ una labor tit√°nica: reconstruir el casco de la hacienda, ya que lo que estaba en condici√≥n operable era √ļnicamente el despacho, la zona del comedor, la cocina y algunas habitaciones. La escalera que daba acceso al segundo piso ya se hab√≠a tapiado y las ¬ęcasas¬Ľ interiores no eran habitables. Con cari√Īo y paciencia, Marco inici√≥ la obra que hoy en d√≠a est√° casi terminada. Nunca la casa luci√≥ como en la actualidad.

Contrajo matrimonio con Geraldina Compe√°n, con          quien tiene tres hijos: Renata, Patricio y Mar√≠a. La primera de ellos, Renata, est√° m√°s enfocada a la parte cultural y art√≠stica, tan apreciada por la juventud de hoy. Por otra parte, no tengo duda de que Patricio le va a poder al toro cuando los de hoy ya no estemos. Jinete de escuela, monta como el mejor, siguiendo la tradici√≥n de sus mayores. Participa con entusiasmo en las actividades de la ganader√≠a y poco a poco se ha ido integrando con t√≠os y amigos ganaderos para irse adentrando en el conocimiento del toro bravo. El d√≠a de su primera comuni√≥n lo vi pegar sus primeros muletazos, vestido de charro como los viejos y con esa sonrisa tan Gonz√°lez al terminar una muy buena ma√Īana de plaza. En cuanto a Mar√≠a, con tan solo trece a√Īos, es toda viveza, simpat√≠a y entusiasmo. Ella tambi√©n estar√° siempre muy cerca de su origen y tradiciones. Asidua a las plazas de toros de la mano de su padre, no pierde momento para compartir con todos su gracia infantil. A Marco lo acompa√Īan casi siempre Miguel Villanueva, matador de toros hecho en casa en tiempos de su padre, y Javier Iturbe Gonz√°lez, su primo hermano, ganadero y profundo conocedor del encaste Piedras Negras, con el cual est√° formada su propia ganader√≠a por herencia. Con ellos comparte experiencias y conocimiento, y de vez en cuando, alg√ļn cruzado de pulque junto con quienes tenemos el gusto de atravesar el port√≥n de Piedras Negras despu√©s de la tienta. Los Ram√≠rez de Arellano, el matador Ra√ļl Ponce de Le√≥n, Antonio de Haro, Jos√© √Āngel L√≥pez Lima, entre otros, son amenos contertulios de las comidas en Piedras, donde despu√©s de servido el caf√© suena la campana para avisar el primer cruzado de compromiso, simp√°tica ceremonia tradicional en las ganader√≠as de Tlaxcala, que consiste en que, j√≠cara en mano, de acuerdo con el contenido de las mismas, se cruza un brazo con otro en s√≠mbolo de amistad y cari√Īo para, despu√©s de consumir el fresco pulque de un solo trago, darse un fraternal abrazo. Risas, buenos y sagaces comentarios, pero sobre todo la camarader√≠a del gran anfitri√≥n que es el amo Marco Antonio. Me r√≠o cada que recuerdo la cara de un matador de toros espa√Īol y su cuadrilla cuando presenciaron tan singular evento. Marco ha mantenido las tradiciones y ha respetado los c√°nones al pie de la letra. Conserva e invierte constantemente en el mantenimiento de los potreros que hered√≥ de su padre, aunque a √©l ya solo le lleg√≥ el casco de la otrora gran propiedad. Con su padre le toc√≥ vivir el final de esta y el principio de una nueva forma de llevar la ganader√≠a. La reducci√≥n de 1 900 a tan solo 300 hect√°reas. Sigue sembrando ma√≠z y cebada y recientemente regres√≥ al cultivo del maguey. Tiene un interesante proyecto para revivir la ruina de La Venta betlemita, todav√≠a erguida y sobria.

Despu√©s de tanto leer e investigar, creo que mi pregunta encontr√≥ respuesta. Con la elegante sencillez del campo, han pasado por aqu√≠ seis generaciones de Gonz√°lez, dejando cada uno su propia huella, y defendiendo su propiedad y tradiciones a capa y espada. ¬ŅC√≥mo era esto? Era grande y productivo. Tranquilo y divertido. Creativo y apasionado. Duro y dulce, como el maguey que lo habita. Con la felicidad y la amargura de la vida y la muerte entrelazadas en un segundo. Un tiro, un caballo, el triste sonar de las campanas. Un toro, una becerra, una faena de campo con la sonrisa del trabajo bien hecho. Una copa y una mesa, al llamado de las campanas a una boda. Un grito a medio campo con el sol a la espalda para terminar la jornada. Sangre, sol, vida y muerte.

Con gran respeto y gusto paso y seguir√© pasando por este territorio que tanta historia esconde y tanta lecci√≥n dicta. As√≠ fue esto, grandeza y cari√Īo a la tierra.

En este recuento hemos hecho un recorrido por la historia de la propiedad desde Jerónimo de Cervantes hasta Marco Antonio González Villa. Vayamos ahora a la ganadería. De José María a Marco Antonio, los seis amos de Piedras Negras.

II. LA GANADER√ćA

1. LOS PRIMEROS A√ĎOS

A escasos mil metros del port√≥n de la hacienda de Piedras Negras, pasando por un lado de las ruinas de La Venta, en un arbolado paraje decidi√≥ Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Mu√Īoz edificar la plaza de tientas, donde durante m√°s de un siglo se probar√≠a la bravura de vacas y becerros de la ganader√≠a. Nos situamos a principios de la d√©cada de 1870, a√Īos en los que Jos√© Mar√≠a, de la mano de Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Pav√≥n, decidi√≥ emprender una extra√Īa aventura: la cr√≠a de toros bravos.

Francisco Coello, en su libro Novísima grandeza de la tauromaquia mexicana (Fundación Ingeniero Alejo Peralta y Díaz Ceballos, 1999), escribe:

El 28 de noviembre de 1867 fue expedida en la Ciudad de M√©xico la Ley de Dotaci√≥n de Fondos Municipales, cuyo art√≠culo 87 suprimi√≥ la fiesta de toros en la ciudad. Duraci√≥n efectiva: veinte a√Īos. En sus considerandos explica:

No se considerar√°n entre las diversiones p√ļblicas permitidas las corridas de toros; y por lo mismo, no se podr√° dar licencia para ellas, ni por los ayuntamientos ni por el gobernador del Distrito Federal, en ning√ļn lugar del mismo.

La √ļltima corrida se celebr√≥ en la plaza el Paseo Nuevo, el 8 de diciembre de 1867. Aparentemente hab√≠a tambi√©n consideraci√≥n de un adeudo fiscal de la empresa del coso con el gobierno de la ciudad, lo cual facilit√≥ el cierre del lugar que adem√°s, en ese tiempo era el √ļnico en funcionamiento en el territorio capitalino.

Ponciano D√≠az era el torero mexicano de ese momento. Hab√≠a aprendido el oficio de Bernardo Gavi√Īo, considerado el creador del ¬ętoreo a la mexicana¬Ľ. La tauromaquia nacional era distinta a la espa√Īola. La organizaci√≥n de los festejos, su orden, las suertes en la lidia, las estocadas, eran diferentes a lo que se hac√≠a en Espa√Īa, por lo que era muy baja la exigencia en t√©rminos de bravura y regularidad para el ganado que se presentaba en las plazas. La casta derivada de la agresividad nativa que los incipientes criadores iban encontrando, seleccionando y guardando en busca del toro bravo coexist√≠a con el genio emanado del manso que tiraba derrotes para defenderse. M√°s, este que la primera. Los criadores mexicanos ‚Äďhab√≠a muy pocos dedicados en forma seria a la cr√≠a de ganado de lidia‚Äď solo contaban con su intuici√≥n para ir desarrollando de sus hatos criollos un animal que pudiera prestarse a la pr√°ctica de la tauromaquia de aquel momento. No eran raros los esc√°ndalos may√ļsculos provocados por la mansedumbre natural del ganado que se lidiaba. Los propios reglamentos de la √©poca sancionaban expl√≠citamente lanzar objetos e insultos a los lidiadores, que ten√≠an que divertir al p√ļblico con lo que hab√≠a. La lidia a la espa√Īola se combinaba con suertes charras y ardides de valor que llevaban a cabo los toreros.

Formalmente y con prestigio estaban las ganader√≠as de los se√Īores Barbabosa. Por lo com√ļn, los toros para los festejos m√°s importantes proven√≠an de Atenco, Sant√≠n y San Diego de los Padres, pero adem√°s se lidiaba gran cantidad de animales originarios de infinidad de haciendas diseminadas por todo el pa√≠s, no particularmente dedicadas a la crianza del toro de lidia. En aquel tiempo tambi√©n hab√≠a un exacerbado regionalismo por parte de los toreros. Exist√≠an cuadrillas completas que viajaban de pueblo en pueblo presentando el espect√°culo de las corridas de toros, sin dejar pasar ni invitar a toreros de otras zonas.

La prohibici√≥n en la Ciudad de M√©xico dio vida a dos plazas que quedaban relativamente cerca: la de Tlalnepantla, que comenz√≥ a dar festejos en el a√Īo de 1874, y la del Huisachal, que hizo lo propio de 1881 a 1885, a√Īo este √ļltimo en que desapareci√≥, cuando el p√ļblico la destroz√≥, dado el p√©simo juego del encierro lidiado ese d√≠a. A esas plazas se transportaba el p√ļblico de la capital en verdaderas caravanas y se organizaban romer√≠as con todo tipo de espect√°culos adicionales. Los elegantes iban a caballo; unos cuantos, muy pocos, en coche; ninguno a pie, y los m√°s en tren. Los convoyes se compon√≠an de dos coches de segunda y en el centro, uno de primera, jalados todos por sus respectivos troncos de mulas.

La supresi√≥n del veto termin√≥ con el dictamen de la Segunda Comisi√≥n de Gobernaci√≥n del Congreso de la Rep√ļblica, publicado despu√©s de amplias discusiones el d√≠a 17 de diciembre de 1886, donde se estableci√≥ un impuesto del 15% a los empresarios, cuyo producto se destinar√≠a exclusivamente a cubrir parte de los gastos que originaba la obra del desag√ľe del Valle de M√©xico.

En 1887 se present√≥ en nuestro pa√≠s Luis de Mazzantini, a quien se le debe la ¬ęespa√Īolizaci√≥n¬Ľ de la fiesta y quiz√° su universalidad. Dos a√Īos antes ya se hab√≠a presentado en el Huisachal el sevillano Jos√© Mach√≠o, pero quien dej√≥ honda huella en el desarrollo del toreo en M√©xico fue Mazzantini.

En un principio, por el a√Īo de 1870, Jos√© Mar√≠a tuvo que haber sido muy aficionado para tomar la decisi√≥n ‚Äďsin buscarlo ni saberlo‚Äď que cambiar√≠a la vida de Piedras Negras. Un espect√°culo regional, prohibido en la capital, con un mercado reducido o simplemente local, no era en realidad un panorama econ√≥micamente atractivo, pero algo tuvo que haber visto que decidi√≥ entrar de lleno en esta nueva andanza: la crianza del toro bravo.

No hay datos concretos de las primeras vacas que llegaron a San Mateo Huiscolotepec, pero seguramente serían animales de su propiedad, que mostraban alguna intención de embestir. En un artículo publicado en El Universal Taurino, de fecha 2 de mayo de 1923, junto con una entrevista a Lubín González, apareció el siguiente relato:

La antig√ľedad de esta ganader√≠a data de los a√Īos 1871 o 1872, en que su propietario, Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez, abuelo de don Lub√≠n, comenz√≥ a darse cuenta de que entre una partida de reses que ten√≠a en los montes hab√≠a varias que embest√≠an. Buen aficionado, como era Don Mariano, dio orden de que se fueran apartando los toros que dieran muestra de mayor bravura, siendo esta la primera elecci√≥n que se hizo. Pronto circul√≥ la noticia en los pueblos cercanos de que en Piedras Negras hab√≠a toros bravos y as√≠ fue que al llegar las ferias de los pueblos vecinos se acercaran varias personas al se√Īor Gonz√°lez, pidiendo que les prestara algunos toros para efectuar sus capeas. A la muerte de don Mariano qued√≥ en propiedad de la hacienda don Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Mu√Īoz, quien deseando consolidar la obra iniciada por su se√Īor padre, tom√≥ el mayor empe√Īo en que la selecci√≥n de reses bravas fuera cada vez m√°s escrupulosa. Su primer paso fue tentar todos sus toros y vacas, apartando las que realmente merec√≠an el t√≠tulo de bravas. M√°s tarde, adquiri√≥ sementales de la ganader√≠a San Crist√≥bal la Trampa, de los cuales se dec√≠a que ten√≠an cruza espa√Īola.

A partir de esos a√Īos empez√≥ un muy complicado trabajo de cruza y selecci√≥n, que intentaba dar forma a la ganader√≠a, previo a la llegada de la sangre espa√Īola. Ya con ganado en la finca dedicado a la lidia, Jos√© Mar√≠a adquiri√≥ m√°s ganado ¬ębravo¬Ľ de su amigo Manuel S√°nchez de la Vega, vecino de Tepeaca, estado de Puebla, de donde trasladaron vacas y toros a sus dehesas con el hierro de San Crist√≥bal la Trampa. La operaci√≥n se liquid√≥ v√≠a trueque: dos cabezas de manso por una de bravo. En 1888, el 15 de enero, un toro de esta ganader√≠a de nombre Campero acab√≥ con la vida del banderillero espa√Īol Juan Romero Saleri, raz√≥n por la cual su due√Īo decidi√≥ ofrecer la totalidad de la ganader√≠a a sus amigos Gonz√°lez, quienes la compraron para engrosar las filas de Piedras Negras y de Tepeyahualco.

Saleri fue un banderillero muy apreciado en México. De figura esbelta, alegre, decidor, se vislumbraba en él a un torero de porvenir brillante y lleno de gloria. El percance fue en la vieja plaza de la ciudad de Puebla. Así lo relató la Gaceta Taurina:

Suena la hora; al frente marchan Cuatro Dedos y Zocato; detr√°s va a la izquierda, Juan Romero ¬ęSaleri¬Ľ. La corrida comienza con alegr√≠a, ¬ęSaleri¬Ľ entusiasma al p√ļblico toreando y banderilleando. Sale el cuarto toro. Berrendo en negro, cariavacado, chico y de pocos pies. ¬ęSaleri¬Ľ, que se hab√≠a hecho notable en el salto la garrocha, busca al torete, que muy aplomado se encontraba a la derecha del toril. Lo cita por segunda vez con coraje, arranca saltando por encima de la res, que se qued√≥ parada, y levant√≥ el testuz, sobre el cual cay√≥ el pobre banderillero, al que zarande√≥ un breve momento y lo tir√≥ al suelo. Intent√≥ levantarse ¬ęSaleri¬Ľ y volvi√≥ a caer en tierra, sin fuerza ya, cuando los peones, acudiendo en su ayuda, notaron que ah√≠ mismo se mor√≠a. La corrida se suspendi√≥ por espont√°neo y generoso impulso del p√ļblico.

√önicamente con esto, sin sangre brava, hubiera sido muy dif√≠cil que Piedras Negras se consolidara. Es de admirarse la intuici√≥n que tuvieron todos los ganaderos mexicanos al poder encontrar en el campo lo que fue la base de la bravura, que despu√©s reforzar√≠an con sangre espa√Īola. Hay que recordar que el ganado bovino que lleg√≥ en tiempos de la conquista ten√≠a como objetivos la producci√≥n de carne y leche, la carga y la fuerza motora que se necesitaban en Nueva Espa√Īa, donde no exist√≠a esta raza. Su aclimataci√≥n en todo el territorio nacional fue inmediata y hubo un crecimiento desmedido en el centro del territorio del pa√≠s, que incluso oblig√≥ a realizar grandes arreadas hacia el despoblado norte, sobre todo por el da√Īo que los animales estaban causando a la agricultura. As√≠, muchos animales se reprodujeron sin el cuidado del hombre, y algunos, muy pocos, mostraban cierta agresividad al sentirse acorralados. En Espa√Īa, en el siglo XVI tampoco hab√≠a ganader√≠as dedicadas a la cr√≠a de toros de lidia, sin embargo, all√° se inici√≥ la b√ļsqueda y conservaci√≥n de la bravura casi doscientos a√Īos antes que en nuestro pa√≠s. De ese modo, dos siglos despu√©s, los criadores mexicanos iniciaron el rastreo dentro de sus fincas, de aquellos animales que pudieran desarrollar la casta necesaria para el espect√°culo taurino. La sangre del toro de lidia espa√Īol que lleg√≥ a finales del siglo XIX permiti√≥ el inicio de la consolidaci√≥n del complicado camino hacia la bravura.

El domingo 8 de enero de 1888, en corrida de beneficio, Luis Mazzantini se encerr√≥ con tres toros de Saltillo y tres de Benjumea. Respetao, Pardito y Sevillano fueron los de Saltillo que saltaron al ruedo en primero, tercero y quinto lugar, respectivamente. Tambi√©n fueron los primeros animales de esta ganader√≠a en cruzar el Atl√°ntico para ser lidiados en nuestro pa√≠s. El sobrero de esta corrida de la ganader√≠a de Benjumea, Cotorrito de nombre, berrendo en negro de pinta, lo adquiri√≥ Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez, y fue el primer semental espa√Īol que padre√≥ en Piedras Negras. Solo dur√≥ dos a√Īos con las vacas, pues muri√≥ de forma accidental. A partir de esos a√Īos, las tientas fueron llevadas a cabo con m√°xima escrupulosidad, haciendo picar sus becerras y becerros por picadores de oficio, que ten√≠an fama de apretar el palo, desechando todos aquellos animales que no hicieran una pelea satisfactoria.

Los Gonz√°lez no estaban conformes con los resultados de su ganado, por lo que en 1887 adquirieron para Tepeyahualco un toro de Anastasio Mart√≠n, y en 1888 para Piedras Negras, el mencionado toro de Benjumea, que hab√≠a quedado en la plaza Col√≥n despu√©s de la temporada de ese a√Īo y que les vendi√≥ Mazzantini. En 1889 agregaron tres toros procedentes de Saltillo, Veragua y P√©rez de la Concha. En 1895 lleg√≥ a padrear a Tepeyahualco un toro de Miura de nombre Gallito, que fue prestado por un tiempo a Piedras Negras.

Como podemos ver, a excepci√≥n de los toros de Saltillo y Miura, lo dem√°s estaba encastado en V√°zquez, lo que contribuy√≥ a tener un crisol de sangres que daba como resultado toros multicolores y de comportamiento irregular. Sin embargo, algo estaban haciendo bien ‚Äďlo veremos al llegar a las cr√≥nicas de los toros en la plaza‚Äď, y comenzaban a cimentar el prestigio de Piedras Negras.

Como sabemos, la crianza formal del toro bravo inici√≥ en Espa√Īa a finales del siglo XVII. Sabemos que  hay festejos registrados desde dos siglos antes, pero es principalmente con la formaci√≥n de las casas de Vistahermosa y V√°zquez cuando de alguna manera se comenz√≥ a ordenar el origen y procedencia de los animales en las ganader√≠as. Ya entrado el siglo XVIII comenz√≥ la selecci√≥n de caracter√≠sticas emanadas del comportamiento natural del toro, tratando de ir fijando aquellas que se acoplaran al espect√°culo en la plaza y que fueran dando prestigio a los propios ganaderos. Pasar√≠an muchos a√Īos para que comenzaran a llevarse registros, como se hace el d√≠a de hoy, y quiz√° es en M√©xico donde m√°s historia existe a este respecto. En Piedras Negras est√°n los libros de la ganader√≠a que inician con el registro de las vacas de origen criollo, que exist√≠an desde antes de la llegada de las primeras vacas espa√Īolas de procedencia Saltillo, as√≠ como de los sementales de origen espa√Īol que se utilizaron para cruzar este pie de cr√≠a inicial. Esto fue desde 1884. Tales registros permitieron el orden gen√©tico que se llevar√≠a posteriormente, y es un lujo que pocas ganader√≠as en el mundo pueden presumir. La gen√©tica junto con la selecci√≥n son los dos pilares sobre los cuales se sostienen las ganader√≠as.

Johann Mendel naci√≥ en Austria en 1822. Sacerdote agustino, en 1865 public√≥ los Ensayos sobre los h√≠bridos vegetales, obra maestra de experimentaci√≥n y de l√≥gica que sienta las bases de la gen√©tica. Las tres Leyes de Mendel ‚Äďde la dominancia, de la segregaci√≥n de caracteres y de la segregaci√≥n independiente en los gametos de un h√≠brido‚Äď son el primer paso decisivo para el estudio de la herencia que dan un rigor matem√°tico a problemas hasta entonces misteriosos y confusos. Su obra no fue suficientemente valorada hasta 1900, cuando fue redescubierta por el bot√°nico Correus. Falleci√≥ en 1884, dieciocho a√Īos despu√©s de haber sido nombrado superior del convento, labor que le impidi√≥ continuar con sus investigaciones.

Aunque la investigaci√≥n de Mendel fue sobre plantas, la l√≥gica de la segregaci√≥n de caracteres en la herencia se aplica perfectamente al reino animal, y es la que ayudar√≠a sin duda al desarrollo de la ganader√≠a en el mundo. A√Īos antes, en 1874, Joseph Glidden patent√≥ el alambre de p√ļas, elemento clave para la crianza del toro bravo, ya que facilita la delimitaci√≥n de potreros para separar con seguridad las distintas puntas de vacas que forman la ganader√≠a. Antiguamente a un hato de vacas se les asignaban varios sementales para asegurar la cubrici√≥n, por lo que, si exist√≠a alg√ļn control, este era solo sobre la madre del animal.

Crear, hacer algo de la nada, producir, cuidar, alimentar animales y a su prole, seleccionarlos y someterlos a un conjunto de cuidados para acabar su formación y conferirles un punto más perfecto, es una suma de definiciones del hacer de un ganadero. Este era el reto de los González al iniciar la ganadería brava en Piedras Negras. Construir desde cero. Ellos, agricultores y ganaderos por varias generaciones, se enfrentaban a una nueva problemática antes no vivida: analizar el comportamiento del ganado y definir su propio concepto. Tal era el punto de partida y destino de estos nuevos criadores. Una definición que pudiera ser estable al paso del tiempo y que les permitiera navegar los desconocidos mares de la bravura.

Claramente, el baremo emanaba de las plazas de toros y del momento que viv√≠a la fiesta. De 1887 en adelante, esta comenz√≥ a cambiar de forma radical, toda vez que comenzaron a importarse los primeros encierros de toros espa√Īoles, para que el p√ļblico nacional viera por primera vez el comportamiento de un toro bravo en una plaza. Ya no era el toro para la mojiganga o el espect√°culo variado. Era un toro que ya se hab√≠a buscado con el fin espec√≠fico de ser lidiado en un espect√°culo p√ļblico, regido por el orden y las tradiciones, por lo que tuvieron que hacer un ajuste mental muy importante, dejando atr√°s la crianza del ganado en s√≠ misma, para acompa√Īarla ahora con la selecci√≥n, el manejo gen√©tico y el trap√≠o.

Due√Īos de una gran finca, ten√≠an resuelto el primer problema: la influencia que el medio ambiente ejerce en la evoluci√≥n f√≠sica del animal. Su propiedad proporcionaba condiciones inmejorables para el mejor desarrollo de los animales. Llanos, lomer√≠os arbolados, buenos pastos y agua suficiente, adem√°s de la producci√≥n de pastura y grano que proporcionaba la propia hacienda, garantizaban la buena crianza del ganado. La cuesti√≥n gen√©tica la intuyeron a partir del cambio de la fiesta, y es por esto que comenzaron a incorporar los sementales espa√Īoles. Sin embargo, lo que parece r√°pido de escribir es muy largo de lograr.

En 1888, en el campo de Piedras Negras hab√≠a alrededor de ciento cincuenta vacas de vientre, dedicadas a la crianza de toros bravos, todas ellas de origen criollo y sin gota de sangre espa√Īola. Con la entrada de sementales espa√Īoles de diferentes ganader√≠as, esta sangre se ir√≠a eliminando muy lentamente. El ejercicio simple que siempre se hace al incorporar sementales de una sangre diferente a la del hato propio es que el primer a√Īo, las cr√≠as llevan 50% de la sangre nueva y 50% de la original; al siguiente a√Īo, tienen 75% de la sangre nueva, y as√≠ sucesivamente, hasta que en la sexta generaci√≥n, la pureza de la sangre es del 99%. Esto ser√≠a solo cierto si cada a√Īo la totalidad de las vacas del empadre fueran incrementando su porcentaje de sangre en esas proporciones, lo cual es cosa imposible. Si iniciamos con ciento cincuenta vacas en los potreros, todas empadradas con toros de sangre pura, y cada a√Īo incorporamos a la ganader√≠a quince vacas aprobadas en tienta, esto es, el total de la nacencia de hembras, menos las mermas, antes y despu√©s del herradero, y menos las desechadas por selecci√≥n, el proceso de absorci√≥n de la sangre es mucho m√°s lento, como se ejemplifica en el siguiente cuadro:                             

PORCENTAJE DE SANGRE ESPA√ĎOLA

A√Īo  Total de

vacas         0.00%       50.00%     75.00%     87.50%     93.75%     96.88%         98.44%     Promedio

1888 150   150                                                          

1889 150   150                                                           

1890 150   150                                                         

1891 150   135   15                                                    5.00%

1892 150   120   30                                                    10.00%

1893 150   105   45                                                    15.00%

1894 150   90     58     2                                             20.33%

1895 150   75     70     5                                             25.83%

1896 150   60     81     9                                             31.50%

1897 150   53     81     15     1                                    35.08%

1898 150   37     89     22     2                                    41.83%

1899 150   0       95     30     3                                    48.42%

1900 150   0       100   38     5       1                          55.88%

1901 150   0       94     47     7       2                          60.17%

1902 150   0       80     57     10     3                          62.88%

1903 150   0       64     67     14     4       1                 66.15%

1904 150   0       47     77     19     5       2                 69.67%

1905 150   0       31     85     25     6       3                 73.10%

1906 150   0       14     91     32     8       4       1       77.07%

1907 150   0       0       93     40     10     5       2       80.63%

1908 150   0       0       81     48     12     6       3       81.84%

%     150                      54.00%     32.00%     8.00%       4.00%       2.00%     

En Piedras Negras este fue relativamente el proceso de incorporaci√≥n de sangre espa√Īola al hato. Lo que se puede observar es la lentitud del avance. Fue hasta despu√©s de diez a√Īos que dejaron de existir vacas ciento por ciento criollas en los empadres, y casi veinte a√Īos para que ya no las hubiera al cincuenta por ciento. Sin embargo, la presencia de la sangre criolla despu√©s de veinte a√Īos es casi del 20% en promedio. Esto hac√≠a que, aunque el proceso de absorci√≥n se viniera dando a la velocidad que la naturaleza lo permite, la existencia tan alta de ¬ęsangre de la tierra¬Ľ provocara el comportamiento a veces tan irregular de los toros en la plaza. Por lo tanto, la tienta era primordial, pero todav√≠a era necesario trabajar con la sangre, buscar un elemento estabilizador.

Hay un dicho ganadero muy mexicano que dice: ¬ęLas ganader√≠as las hacen las vacas¬Ľ. M√°s certero no puede ser. Si hoy en d√≠a alguien quiere cambiar su encaste, es preferible y m√°s r√°pido matar el hato que se tiene y comprar vacas nuevas. Si solo se hace con sementales del encaste deseado o nuevo, el proceso es muy largo, y los resultados muy irregulares por mucho tiempo. Adem√°s, la gen√©tica no es aritm√©tica ni funciona como receta de cocina. Son combinaciones de genes muy complicadas de entender, y m√°s de manejar, en un ganado donde lo que se juzga y se busca es el comportamiento de un d√≠a de su vida, durante veinte minutos. De ah√≠ se deriva la importancia de buscar definir la ganader√≠a en su sangre y en su comportamiento desde las vacas. El semental individualmente deja m√°s cr√≠as al a√Īo, pero la clave es la estabilidad de la sangre en las hembras.

En aquellos tiempos, la fiesta giraba alrededor de la suerte de varas. Recordemos que en Espa√Īa fue hasta 1928 cuando apareci√≥ el peto para defender a los caballos. A finales del siglo XIX y principios del XX, a los toros se les daban muchos peque√Īos puyazos comparados con los de hoy. Aunque la vara no ten√≠a tope y en ocasiones lastimaba en demas√≠a a los toros, estos normalmente ten√≠an que acudir al cite del picador al menos ocho o diez veces, permitiendo a los diestros el lucimiento con el capote en los quites. Con tanta sangre de la tierra aun corriendo por sus venas, en muchas ocasiones se acobardaban. Por lo tanto, era necesario avanzar de forma m√°s r√°pida. La bravura de las reses se med√≠a b√°sicamente en el primer tercio. Se analizaba la dureza de la casta y el celo con el que los toros arrancaban de largo a los caballos, y era muy importante la cuenta de los tumbos y los caballos muertos. El tercio de banderillas era de gran lucimiento y la muleta serv√≠a solo como ayuda para la suerte suprema que muchos maestros de ese tiempo ejecutaban a ley.

La ganader√≠a de Saltillo gozaba de gran prestigio entre los toreros espa√Īoles que ven√≠an a M√©xico. Toros peque√Īos, de gran bravura y movilidad, degollados de papada, fueron los consentidos de las figuras en la √©poca de Guerrita.

Como hab√≠amos comentado, ya hab√≠an padreado algunos toros de esta sangre tanto en Tepeyahualco como en Piedras Negras, seguramente con buenos resultados, ya que a finales del siglo XIX, en 1895, decidieron enviar al mayoral de la primera ‚ÄďJuan P√©rez‚Äď a adquirir del marqu√©s de Saltillo cuatro sementales. Del libro de Emilio Corona, en el que se detalla toda la descendencia de Mariano Gonz√°lez, resumo estas letras:

Sevillano que parec√≠a un roble, vest√≠a traje corto y botas. De tez morena, cejijunto, daba la impresi√≥n de ser poco comunicativo y un tanto seco y reservado y a toda hora portaba sombrero negro cordob√©s, y sus arreos para sus faenas eran de estilo espa√Īol: montura, bridas y garrocha, en vez de reata.

Viaj√≥ a Espa√Īa, pero, al disentir en el precio con el marqu√©s, adquiri√≥ para Piedras Negras tres toros de sangre Murube: Ochavito, Calabr√©s y Remolino, que ligaron estupendamente. Animado por el buen resultado, en 1905 Jos√© Mar√≠a agreg√≥ seis m√°s de la misma sangre: Polluelo, Condeso, Aceituno, Cabez√≥n, Cucharero y Arrecio, de los cuales solo tres le dieron los resultados esperados. Padre√≥ adem√°s otro de nombre Ni√Īo, √ļnico del cual se conservan la cabeza y una fotograf√≠a. La incorporaci√≥n de los toros de origen Murube en los √ļltimos a√Īos, antes de la llegada de Saltillo, comenz√≥ a rendir muy buenos frutos, incluso anunci√°ndose este origen en los carteles. Pero no le dio tiempo de consolidarse debido a la llegada de lo de Saltillo, que a partir de 1908 hasta nuestros d√≠as ser√≠a la sangre fundamental de esta casa. Antonio Fuentes, figura indiscutible e √≠ntimo amigo de Lub√≠n, insisti√≥ y tuvo mucho que ver, junto con Bonarillo, en reafirmar la decisi√≥n de encastar Piedras Negras con lo del marqu√©s y en la adquisici√≥n del pie de cr√≠a. Como comentamos l√≠neas arriba, el primer intento fue fallido, pero el objetivo era definitivo.

Hay un hecho muy curioso que quiero compartir: en el a√Īo de 1904 se import√≥ un encierro de seis toros de la ganader√≠a del marqu√©s de Saltillo para ser lidiado, en ese momento ya propiedad de su viuda, la se√Īora Francisca Xaviera Osborne y Bohl. Quien hizo la compra en Espa√Īa y acompa√Ī√≥ al ganado en la traves√≠a por barco fue el espectacular y querido banderillero espa√Īol Manuel Blanco Blanquito. Los toros eran para la corrida de su beneficio, costumbre muy en boga en aquellos tiempos. A este hombre se le ocurri√≥ un negocio muy rentable que consist√≠a en ofrecer los toros como sementales a las ganader√≠as de Tepeyahualco y Piedras Negras. La corrida se hab√≠a pagado a precios de toro para muerte en plaza, valor sustancialmente menor que el de un toro adquirido para reproducci√≥n, por lo cual el negocio pudo haber sido muy rentable. La marquesa de Saltillo fue avisada de que hab√≠a habido un accidente en el transporte de los toros rumbo a la Ciudad de M√©xico y que estos hab√≠an ca√≠do a un barranco de m√°s de cuarenta metros de profundidad, y hab√≠an muerto todos en el acto. Ella desconfi√≥ y entonces contrat√≥ al licenciado Manuel S√°nchez Gavito para que en su nombre y representaci√≥n hiciera las investigaciones pertinentes. Esto fue en enero de 1905. La verdad siempre aparece, solo es cuesti√≥n de tiempo. Para el 17 de agosto de ese a√Īo, las pesquisas rindieron frutos y un toro fue encontrado en Piedras Negras y dos m√°s en Tepeyahualco. Los tres toros fueron decomisados y resguardados en la hacienda de la Quintanilla, vecina de San Jos√© Tepeyahualco, en espera del laudo judicial. Blanquito ya hab√≠a salido con prisas huyendo rumbo a Espa√Īa, por lo que el abogado mexicano plante√≥ un juicio de extradici√≥n ante las autoridades de Sevilla para que fuera juzgado en M√©xico. En la demanda se inclu√≠a, adem√°s, a la se√Īora Josefina Merch√°n de Gonz√°lez Pav√≥n, viuda de Jos√© Mar√≠a, y al se√Īor Eduardo Austran, comprador de los toros. El juicio se llev√≥ a cabo en los juzgados de Tlaxco, en donde, por un lado, la marquesa reclamaba el regreso de los toros y sus cr√≠as a Espa√Īa y, por otro, los ganaderos defend√≠an la propiedad, al haber invertido una suma muy importante en su adquisici√≥n. El caso fue atra√≠do por la Suprema Corte de Justicia, en octubre de 1905, y el fallo fue a favor de la marquesa.

Finalmente, el 25 de febrero de 1906 fue anunciada la lidia de los famosos toros en la Plaza M√©xico, entonces administrada por Jos√© del Rivero, eterno director art√≠stico de las muchas empresas que hubo en la Ciudad de M√©xico, principalmente las que dirigieron el Toreo. Los toros ten√≠an ya casi seis a√Īos, y se anunciaba en el cartel a Antonio Fuentes y Antonio Montes. La empresa accedi√≥ a pagar $15 000 por la corrida, cantidad varias veces mayor al promedio en esos tiempos. En entrevistas a la prensa, el empresario declar√≥ que era su intenci√≥n borrar el mal sabor de boca que hab√≠a dejado este enredo y limpiar en lo posible el prestigio de los empresarios de M√©xico. Se lidiaron sin mayor √©xito.

Lo que está claro es que estaban buscando simiente de Saltillo casi por cualquier medio. José María González Pavón había fallecido en agosto de 1904 y, por lo que se puede deducir de esta historia es que para 1905, Tepeyahualco todavía era propiedad de su viuda y sus hijos, quienes seguramente después de este incidente venderían su afamada ganadería a Manuel Fernández del Castillo y Mier, socio de José del Rivero y de otras personas que iniciarían en breve la construcción de la plaza de toros el Toreo.

La presentaci√≥n como ganaderos de Tepeyahualco de Fern√°ndez del Castillo y Alberto Parr√©s fue el d√≠a 29 de octubre de 1905 en un mano a mano entre Antonio Montes y Joaqu√≠n Hern√°ndez Parrao. Hab√≠an comprado toda la ganader√≠a y la hab√≠an transportado a San Bartolom√© del Monte. El Correo Espa√Īol as√≠ lo public√≥ el 28 de octubre de 1905:

Los se√Īores se han hecho ganaderos √ļnicamente por afici√≥n, y no obstante la bravura que siempre han tenido los toros de Tepeyahualco van a procurar afinar a√ļn m√°s la raza, haciendo buenos cruzamientos y, al efecto, ya llegaron procedentes de Espa√Īa doce becerras y cinco becerros de la ganader√≠a del se√Īor Marqu√©s de Saltillo.

Pero ahora veamos cómo y de dónde llegan las vacas de Saltillo a Piedras Negras.

Continuara...

II. LA GANADER√ćA

1. LOS PRIMEROS A√ĎOS

A escasos mil metros del port√≥n de la hacienda de Piedras Negras, pasando por un lado de las ruinas de La Venta, en un arbolado paraje decidi√≥ Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Mu√Īoz edificar la plaza de tientas, donde durante m√°s de un siglo se probar√≠a la bravura de vacas y becerros de la ganader√≠a. Nos situamos a principios de la d√©cada de 1870, a√Īos en los que Jos√© Mar√≠a, de la mano de Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Pav√≥n, decidi√≥ emprender una extra√Īa aventura: la cr√≠a de toros bravos.

Francisco Coello, en su libro Novísima grandeza de la tauromaquia mexicana (Fundación Ingeniero Alejo Peralta y Díaz Ceballos, 1999), escribe:

El 28 de noviembre de 1867 fue expedida en la Ciudad de M√©xico la Ley de Dotaci√≥n de Fondos Municipales, cuyo art√≠culo 87 suprimi√≥ la fiesta de toros en la ciudad. Duraci√≥n efectiva: veinte a√Īos. En sus considerandos explica:

No se considerar√°n entre las diversiones p√ļblicas permitidas las corridas de toros; y por lo mismo, no se podr√° dar licencia para ellas, ni por los ayuntamientos ni por el gobernador del Distrito Federal, en ning√ļn lugar del mismo.

La √ļltima corrida se celebr√≥ en la plaza el Paseo Nuevo, el 8 de diciembre de 1867. Aparentemente hab√≠a tambi√©n consideraci√≥n de un adeudo fiscal de la empresa del coso con el gobierno de la ciudad, lo cual facilit√≥ el cierre del lugar que adem√°s, en ese tiempo era el √ļnico en funcionamiento en el territorio capitalino.

Ponciano D√≠az era el torero mexicano de ese momento. Hab√≠a aprendido el oficio de Bernardo Gavi√Īo, considerado el creador del ¬ętoreo a la mexicana¬Ľ. La tauromaquia nacional era distinta a la espa√Īola. La organizaci√≥n de los festejos, su orden, las suertes en la lidia, las estocadas, eran diferentes a lo que se hac√≠a en Espa√Īa, por lo que era muy baja la exigencia en t√©rminos de bravura y regularidad para el ganado que se presentaba en las plazas. La casta derivada de la agresividad nativa que los incipientes criadores iban encontrando, seleccionando y guardando en busca del toro bravo coexist√≠a con el genio emanado del manso que tiraba derrotes para defenderse. M√°s, este que la primera. Los criadores mexicanos ‚Äďhab√≠a muy pocos dedicados en forma seria a la cr√≠a de ganado de lidia‚Äď solo contaban con su intuici√≥n para ir desarrollando de sus hatos criollos un animal que pudiera prestarse a la pr√°ctica de la tauromaquia de aquel momento. No eran raros los esc√°ndalos may√ļsculos provocados por la mansedumbre natural del ganado que se lidiaba. Los propios reglamentos de la √©poca sancionaban expl√≠citamente lanzar objetos e insultos a los lidiadores, que ten√≠an que divertir al p√ļblico con lo que hab√≠a. La lidia a la espa√Īola se combinaba con suertes charras y ardides de valor que llevaban a cabo los toreros.

Formalmente y con prestigio estaban las ganader√≠as de los se√Īores Barbabosa. Por lo com√ļn, los toros para los festejos m√°s importantes proven√≠an de Atenco, Sant√≠n y San Diego de los Padres, pero adem√°s se lidiaba gran cantidad de animales originarios de infinidad de haciendas diseminadas por todo el pa√≠s, no particularmente dedicadas a la crianza del toro de lidia. En aquel tiempo tambi√©n hab√≠a un exacerbado regionalismo por parte de los toreros. Exist√≠an cuadrillas completas que viajaban de pueblo en pueblo presentando el espect√°culo de las corridas de toros, sin dejar pasar ni invitar a toreros de otras zonas.

La prohibici√≥n en la Ciudad de M√©xico dio vida a dos plazas que quedaban relativamente cerca: la de Tlalnepantla, que comenz√≥ a dar festejos en el a√Īo de 1874, y la del Huisachal, que hizo lo propio de 1881 a 1885, a√Īo este √ļltimo en que desapareci√≥, cuando el p√ļblico la destroz√≥, dado el p√©simo juego del encierro lidiado ese d√≠a. A esas plazas se transportaba el p√ļblico de la capital en verdaderas caravanas y se organizaban romer√≠as con todo tipo de espect√°culos adicionales. Los elegantes iban a caballo; unos cuantos, muy pocos, en coche; ninguno a pie, y los m√°s en tren. Los convoyes se compon√≠an de dos coches de segunda y en el centro, uno de primera, jalados todos por sus respectivos troncos de mulas.

La supresi√≥n del veto termin√≥ con el dictamen de la Segunda Comisi√≥n de Gobernaci√≥n del Congreso de la Rep√ļblica, publicado despu√©s de amplias discusiones el d√≠a 17 de diciembre de 1886, donde se estableci√≥ un impuesto del 15% a los empresarios, cuyo producto se destinar√≠a exclusivamente a cubrir parte de los gastos que originaba la obra del desag√ľe del Valle de M√©xico.

En 1887 se present√≥ en nuestro pa√≠s Luis de Mazzantini, a quien se le debe la ¬ęespa√Īolizaci√≥n¬Ľ de la fiesta y quiz√° su universalidad. Dos a√Īos antes ya se hab√≠a presentado en el Huisachal el sevillano Jos√© Mach√≠o, pero quien dej√≥ honda huella en el desarrollo del toreo en M√©xico fue Mazzantini.

En un principio, por el a√Īo de 1870, Jos√© Mar√≠a tuvo que haber sido muy aficionado para tomar la decisi√≥n ‚Äďsin buscarlo ni saberlo‚Äď que cambiar√≠a la vida de Piedras Negras. Un espect√°culo regional, prohibido en la capital, con un mercado reducido o simplemente local, no era en realidad un panorama econ√≥micamente atractivo, pero algo tuvo que haber visto que decidi√≥ entrar de lleno en esta nueva andanza: la crianza del toro bravo.

No hay datos concretos de las primeras vacas que llegaron a San Mateo Huiscolotepec, pero seguramente serían animales de su propiedad, que mostraban alguna intención de embestir. En un artículo publicado en El Universal Taurino, de fecha 2 de mayo de 1923, junto con una entrevista a Lubín González, apareció el siguiente relato:

La antig√ľedad de esta ganader√≠a data de los a√Īos 1871 o 1872, en que su propietario, Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez, abuelo de don Lub√≠n, comenz√≥ a darse cuenta de que entre una partida de reses que ten√≠a en los montes hab√≠a varias que embest√≠an. Buen aficionado, como era Don Mariano, dio orden de que se fueran apartando los toros que dieran muestra de mayor bravura, siendo esta la primera elecci√≥n que se hizo. Pronto circul√≥ la noticia en los pueblos cercanos de que en Piedras Negras hab√≠a toros bravos y as√≠ fue que al llegar las ferias de los pueblos vecinos se acercaran varias personas al se√Īor Gonz√°lez, pidiendo que les prestara algunos toros para efectuar sus capeas. A la muerte de don Mariano qued√≥ en propiedad de la hacienda don Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Mu√Īoz, quien deseando consolidar la obra iniciada por su se√Īor padre, tom√≥ el mayor empe√Īo en que la selecci√≥n de reses bravas fuera cada vez m√°s escrupulosa. Su primer paso fue tentar todos sus toros y vacas, apartando las que realmente merec√≠an el t√≠tulo de bravas. M√°s tarde, adquiri√≥ sementales de la ganader√≠a San Crist√≥bal la Trampa, de los cuales se dec√≠a que ten√≠an cruza espa√Īola.

A partir de esos a√Īos empez√≥ un muy complicado trabajo de cruza y selecci√≥n, que intentaba dar forma a la ganader√≠a, previo a la llegada de la sangre espa√Īola. Ya con ganado en la finca dedicado a la lidia, Jos√© Mar√≠a adquiri√≥ m√°s ganado ¬ębravo¬Ľ de su amigo Manuel S√°nchez de la Vega, vecino de Tepeaca, estado de Puebla, de donde trasladaron vacas y toros a sus dehesas con el hierro de San Crist√≥bal la Trampa. La operaci√≥n se liquid√≥ v√≠a trueque: dos cabezas de manso por una de bravo. En 1888, el 15 de enero, un toro de esta ganader√≠a de nombre Campero acab√≥ con la vida del banderillero espa√Īol Juan Romero Saleri, raz√≥n por la cual su due√Īo decidi√≥ ofrecer la totalidad de la ganader√≠a a sus amigos Gonz√°lez, quienes la compraron para engrosar las filas de Piedras Negras y de Tepeyahualco.

Saleri fue un banderillero muy apreciado en México. De figura esbelta, alegre, decidor, se vislumbraba en él a un torero de porvenir brillante y lleno de gloria. El percance fue en la vieja plaza de la ciudad de Puebla. Así lo relató la Gaceta Taurina:

Suena la hora; al frente marchan Cuatro Dedos y Zocato; detr√°s va a la izquierda, Juan Romero ¬ęSaleri¬Ľ. La corrida comienza con alegr√≠a, ¬ęSaleri¬Ľ entusiasma al p√ļblico toreando y banderilleando. Sale el cuarto toro. Berrendo en negro, cariavacado, chico y de pocos pies. ¬ęSaleri¬Ľ, que se hab√≠a hecho notable en el salto la garrocha, busca al torete, que muy aplomado se encontraba a la derecha del toril. Lo cita por segunda vez con coraje, arranca saltando por encima de la res, que se qued√≥ parada, y levant√≥ el testuz, sobre el cual cay√≥ el pobre banderillero, al que zarande√≥ un breve momento y lo tir√≥ al suelo. Intent√≥ levantarse ¬ęSaleri¬Ľ y volvi√≥ a caer en tierra, sin fuerza ya, cuando los peones, acudiendo en su ayuda, notaron que ah√≠ mismo se mor√≠a. La corrida se suspendi√≥ por espont√°neo y generoso impulso del p√ļblico.

√önicamente con esto, sin sangre brava, hubiera sido muy dif√≠cil que Piedras Negras se consolidara. Es de admirarse la intuici√≥n que tuvieron todos los ganaderos mexicanos al poder encontrar en el campo lo que fue la base de la bravura, que despu√©s reforzar√≠an con sangre espa√Īola. Hay que recordar que el ganado bovino que lleg√≥ en tiempos de la conquista ten√≠a como objetivos la producci√≥n de carne y leche, la carga y la fuerza motora que se necesitaban en Nueva Espa√Īa, donde no exist√≠a esta raza. Su aclimataci√≥n en todo el territorio nacional fue inmediata y hubo un crecimiento desmedido en el centro del territorio del pa√≠s, que incluso oblig√≥ a realizar grandes arreadas hacia el despoblado norte, sobre todo por el da√Īo que los animales estaban causando a la agricultura. As√≠, muchos animales se reprodujeron sin el cuidado del hombre, y algunos, muy pocos, mostraban cierta agresividad al sentirse acorralados. En Espa√Īa, en el siglo XVI tampoco hab√≠a ganader√≠as dedicadas a la cr√≠a de toros de lidia, sin embargo, all√° se inici√≥ la b√ļsqueda y conservaci√≥n de la bravura casi doscientos a√Īos antes que en nuestro pa√≠s. De ese modo, dos siglos despu√©s, los criadores mexicanos iniciaron el rastreo dentro de sus fincas, de aquellos animales que pudieran desarrollar la casta necesaria para el espect√°culo taurino. La sangre del toro de lidia espa√Īol que lleg√≥ a finales del siglo XIX permiti√≥ el inicio de la consolidaci√≥n del complicado camino hacia la bravura.

El domingo 8 de enero de 1888, en corrida de beneficio, Luis Mazzantini se encerr√≥ con tres toros de Saltillo y tres de Benjumea. Respetao, Pardito y Sevillano fueron los de Saltillo que saltaron al ruedo en primero, tercero y quinto lugar, respectivamente. Tambi√©n fueron los primeros animales de esta ganader√≠a en cruzar el Atl√°ntico para ser lidiados en nuestro pa√≠s. El sobrero de esta corrida de la ganader√≠a de Benjumea, Cotorrito de nombre, berrendo en negro de pinta, lo adquiri√≥ Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez, y fue el primer semental espa√Īol que padre√≥ en Piedras Negras. Solo dur√≥ dos a√Īos con las vacas, pues muri√≥ de forma accidental. A partir de esos a√Īos, las tientas fueron llevadas a cabo con m√°xima escrupulosidad, haciendo picar sus becerras y becerros por picadores de oficio, que ten√≠an fama de apretar el palo, desechando todos aquellos animales que no hicieran una pelea satisfactoria.

Los Gonz√°lez no estaban conformes con los resultados de su ganado, por lo que en 1887 adquirieron para Tepeyahualco un toro de Anastasio Mart√≠n, y en 1888 para Piedras Negras, el mencionado toro de Benjumea, que hab√≠a quedado en la plaza Col√≥n despu√©s de la temporada de ese a√Īo y que les vendi√≥ Mazzantini. En 1889 agregaron tres toros procedentes de Saltillo, Veragua y P√©rez de la Concha. En 1895 lleg√≥ a padrear a Tepeyahualco un toro de Miura de nombre Gallito, que fue prestado por un tiempo a Piedras Negras.

Como podemos ver, a excepci√≥n de los toros de Saltillo y Miura, lo dem√°s estaba encastado en V√°zquez, lo que contribuy√≥ a tener un crisol de sangres que daba como resultado toros multicolores y de comportamiento irregular. Sin embargo, algo estaban haciendo bien ‚Äďlo veremos al llegar a las cr√≥nicas de los toros en la plaza‚Äď, y comenzaban a cimentar el prestigio de Piedras Negras.

Como sabemos, la crianza formal del toro bravo inici√≥ en Espa√Īa a finales del siglo XVII. Sabemos que  hay festejos registrados desde dos siglos antes, pero es principalmente con la formaci√≥n de las casas de Vistahermosa y V√°zquez cuando de alguna manera se comenz√≥ a ordenar el origen y procedencia de los animales en las ganader√≠as. Ya entrado el siglo XVIII comenz√≥ la selecci√≥n de caracter√≠sticas emanadas del comportamiento natural del toro, tratando de ir fijando aquellas que se acoplaran al espect√°culo en la plaza y que fueran dando prestigio a los propios ganaderos. Pasar√≠an muchos a√Īos para que comenzaran a llevarse registros, como se hace el d√≠a de hoy, y quiz√° es en M√©xico donde m√°s historia existe a este respecto. En Piedras Negras est√°n los libros de la ganader√≠a que inician con el registro de las vacas de origen criollo, que exist√≠an desde antes de la llegada de las primeras vacas espa√Īolas de procedencia Saltillo, as√≠ como de los sementales de origen espa√Īol que se utilizaron para cruzar este pie de cr√≠a inicial. Esto fue desde 1884. Tales registros permitieron el orden gen√©tico que se llevar√≠a posteriormente, y es un lujo que pocas ganader√≠as en el mundo pueden presumir. La gen√©tica junto con la selecci√≥n son los dos pilares sobre los cuales se sostienen las ganader√≠as.

Johann Mendel naci√≥ en Austria en 1822. Sacerdote agustino, en 1865 public√≥ los Ensayos sobre los h√≠bridos vegetales, obra maestra de experimentaci√≥n y de l√≥gica que sienta las bases de la gen√©tica. Las tres Leyes de Mendel ‚Äďde la dominancia, de la segregaci√≥n de caracteres y de la segregaci√≥n independiente en los gametos de un h√≠brido‚Äď son el primer paso decisivo para el estudio de la herencia que dan un rigor matem√°tico a problemas hasta entonces misteriosos y confusos. Su obra no fue suficientemente valorada hasta 1900, cuando fue redescubierta por el bot√°nico Correus. Falleci√≥ en 1884, dieciocho a√Īos despu√©s de haber sido nombrado superior del convento, labor que le impidi√≥ continuar con sus investigaciones.

Aunque la investigaci√≥n de Mendel fue sobre plantas, la l√≥gica de la segregaci√≥n de caracteres en la herencia se aplica perfectamente al reino animal, y es la que ayudar√≠a sin duda al desarrollo de la ganader√≠a en el mundo. A√Īos antes, en 1874, Joseph Glidden patent√≥ el alambre de p√ļas, elemento clave para la crianza del toro bravo, ya que facilita la delimitaci√≥n de potreros para separar con seguridad las distintas puntas de vacas que forman la ganader√≠a. Antiguamente a un hato de vacas se les asignaban varios sementales para asegurar la cubrici√≥n, por lo que, si exist√≠a alg√ļn control, este era solo sobre la madre del animal.

Crear, hacer algo de la nada, producir, cuidar, alimentar animales y a su prole, seleccionarlos y someterlos a un conjunto de cuidados para acabar su formación y conferirles un punto más perfecto, es una suma de definiciones del hacer de un ganadero. Este era el reto de los González al iniciar la ganadería brava en Piedras Negras. Construir desde cero. Ellos, agricultores y ganaderos por varias generaciones, se enfrentaban a una nueva problemática antes no vivida: analizar el comportamiento del ganado y definir su propio concepto. Tal era el punto de partida y destino de estos nuevos criadores. Una definición que pudiera ser estable al paso del tiempo y que les permitiera navegar los desconocidos mares de la bravura.

Claramente, el baremo emanaba de las plazas de toros y del momento que viv√≠a la fiesta. De 1887 en adelante, esta comenz√≥ a cambiar de forma radical, toda vez que comenzaron a importarse los primeros encierros de toros espa√Īoles, para que el p√ļblico nacional viera por primera vez el comportamiento de un toro bravo en una plaza. Ya no era el toro para la mojiganga o el espect√°culo variado. Era un toro que ya se hab√≠a buscado con el fin espec√≠fico de ser lidiado en un espect√°culo p√ļblico, regido por el orden y las tradiciones, por lo que tuvieron que hacer un ajuste mental muy importante, dejando atr√°s la crianza del ganado en s√≠ misma, para acompa√Īarla ahora con la selecci√≥n, el manejo gen√©tico y el trap√≠o.

Due√Īos de una gran finca, ten√≠an resuelto el primer problema: la influencia que el medio ambiente ejerce en la evoluci√≥n f√≠sica del animal. Su propiedad proporcionaba condiciones inmejorables para el mejor desarrollo de los animales. Llanos, lomer√≠os arbolados, buenos pastos y agua suficiente, adem√°s de la producci√≥n de pastura y grano que proporcionaba la propia hacienda, garantizaban la buena crianza del ganado. La cuesti√≥n gen√©tica la intuyeron a partir del cambio de la fiesta, y es por esto que comenzaron a incorporar los sementales espa√Īoles. Sin embargo, lo que parece r√°pido de escribir es muy largo de lograr.

En 1888, en el campo de Piedras Negras hab√≠a alrededor de ciento cincuenta vacas de vientre, dedicadas a la crianza de toros bravos, todas ellas de origen criollo y sin gota de sangre espa√Īola. Con la entrada de sementales espa√Īoles de diferentes ganader√≠as, esta sangre se ir√≠a eliminando muy lentamente. El ejercicio simple que siempre se hace al incorporar sementales de una sangre diferente a la del hato propio es que el primer a√Īo, las cr√≠as llevan 50% de la sangre nueva y 50% de la original; al siguiente a√Īo, tienen 75% de la sangre nueva, y as√≠ sucesivamente, hasta que en la sexta generaci√≥n, la pureza de la sangre es del 99%. Esto ser√≠a solo cierto si cada a√Īo la totalidad de las vacas del empadre fueran incrementando su porcentaje de sangre en esas proporciones, lo cual es cosa imposible. Si iniciamos con ciento cincuenta vacas en los potreros, todas empadradas con toros de sangre pura, y cada a√Īo incorporamos a la ganader√≠a quince vacas aprobadas en tienta, esto es, el total de la nacencia de hembras, menos las mermas, antes y despu√©s del herradero, y menos las desechadas por selecci√≥n, el proceso de absorci√≥n de la sangre es mucho m√°s lento, como se ejemplifica en el siguiente cuadro:                             

PORCENTAJE DE SANGRE ESPA√ĎOLA

A√Īo  Total de

vacas         0.00%       50.00%     75.00%     87.50%     93.75%     96.88%         98.44%     Promedio

1888 150   150                                                          

1889 150   150                                                          

1890 150   150                                                         

1891 150   135   15                                                    5.00%

1892 150   120   30                                                    10.00%

1893 150   105   45                                                    15.00%

1894 150   90     58     2                                             20.33%

1895 150   75     70     5                                             25.83%

1896 150   60     81     9                                             31.50%

1897 150   53     81     15     1                                    35.08%

1898 150   37     89     22     2                                    41.83%

1899 150   0       95     30     3                                    48.42%

1900 150   0       100   38     5       1                          55.88%

1901 150   0       94     47     7       2                          60.17%

1902 150   0       80     57     10     3                          62.88%

1903 150   0       64     67     14     4       1                 66.15%

1904 150   0       47     77     19     5       2                 69.67%

1905 150   0       31     85     25     6       3                 73.10%

1906 150   0       14     91     32     8       4       1       77.07%

1907 150   0       0       93     40     10     5       2       80.63%

1908 150   0       0       81     48     12     6       3       81.84%

%     150                      54.00%     32.00%     8.00%       4.00%       2.00%     

En Piedras Negras este fue relativamente el proceso de incorporaci√≥n de sangre espa√Īola al hato. Lo que se puede observar es la lentitud del avance. Fue hasta despu√©s de diez a√Īos que dejaron de existir vacas ciento por ciento criollas en los empadres, y casi veinte a√Īos para que ya no las hubiera al cincuenta por ciento. Sin embargo, la presencia de la sangre criolla despu√©s de veinte a√Īos es casi del 20% en promedio. Esto hac√≠a que, aunque el proceso de absorci√≥n se viniera dando a la velocidad que la naturaleza lo permite, la existencia tan alta de ¬ęsangre de la tierra¬Ľ provocara el comportamiento a veces tan irregular de los toros en la plaza. Por lo tanto, la tienta era primordial, pero todav√≠a era necesario trabajar con la sangre, buscar un elemento estabilizador.

Hay un dicho ganadero muy mexicano que dice: ¬ęLas ganader√≠as las hacen las vacas¬Ľ. M√°s certero no puede ser. Si hoy en d√≠a alguien quiere cambiar su encaste, es preferible y m√°s r√°pido matar el hato que se tiene y comprar vacas nuevas. Si solo se hace con sementales del encaste deseado o nuevo, el proceso es muy largo, y los resultados muy irregulares por mucho tiempo. Adem√°s, la gen√©tica no es aritm√©tica ni funciona como receta de cocina. Son combinaciones de genes muy complicadas de entender, y m√°s de manejar, en un ganado donde lo que se juzga y se busca es el comportamiento de un d√≠a de su vida, durante veinte minutos. De ah√≠ se deriva la importancia de buscar definir la ganader√≠a en su sangre y en su comportamiento desde las vacas. El semental individualmente deja m√°s cr√≠as al a√Īo, pero la clave es la estabilidad de la sangre en las hembras.

En aquellos tiempos, la fiesta giraba alrededor de la suerte de varas. Recordemos que en Espa√Īa fue hasta 1928 cuando apareci√≥ el peto para defender a los caballos. A finales del siglo XIX y principios del XX, a los toros se les daban muchos peque√Īos puyazos comparados con los de hoy. Aunque la vara no ten√≠a tope y en ocasiones lastimaba en demas√≠a a los toros, estos normalmente ten√≠an que acudir al cite del picador al menos ocho o diez veces, permitiendo a los diestros el lucimiento con el capote en los quites. Con tanta sangre de la tierra aun corriendo por sus venas, en muchas ocasiones se acobardaban. Por lo tanto, era necesario avanzar de forma m√°s r√°pida. La bravura de las reses se med√≠a b√°sicamente en el primer tercio. Se analizaba la dureza de la casta y el celo con el que los toros arrancaban de largo a los caballos, y era muy importante la cuenta de los tumbos y los caballos muertos. El tercio de banderillas era de gran lucimiento y la muleta serv√≠a solo como ayuda para la suerte suprema que muchos maestros de ese tiempo ejecutaban a ley.

La ganader√≠a de Saltillo gozaba de gran prestigio entre los toreros espa√Īoles que ven√≠an a M√©xico. Toros peque√Īos, de gran bravura y movilidad, degollados de papada, fueron los consentidos de las figuras en la √©poca de Guerrita.

Como hab√≠amos comentado, ya hab√≠an padreado algunos toros de esta sangre tanto en Tepeyahualco como en Piedras Negras, seguramente con buenos resultados, ya que a finales del siglo XIX, en 1895, decidieron enviar al mayoral de la primera ‚ÄďJuan P√©rez‚Äď a adquirir del marqu√©s de Saltillo cuatro sementales. Del libro de Emilio Corona, en el que se detalla toda la descendencia de Mariano Gonz√°lez, resumo estas letras:

Sevillano que parec√≠a un roble, vest√≠a traje corto y botas. De tez morena, cejijunto, daba la impresi√≥n de ser poco comunicativo y un tanto seco y reservado y a toda hora portaba sombrero negro cordob√©s, y sus arreos para sus faenas eran de estilo espa√Īol: montura, bridas y garrocha, en vez de reata.

Viaj√≥ a Espa√Īa, pero, al disentir en el precio con el marqu√©s, adquiri√≥ para Piedras Negras tres toros de sangre Murube: Ochavito, Calabr√©s y Remolino, que ligaron estupendamente. Animado por el buen resultado, en 1905 Jos√© Mar√≠a agreg√≥ seis m√°s de la misma sangre: Polluelo, Condeso, Aceituno, Cabez√≥n, Cucharero y Arrecio, de los cuales solo tres le dieron los resultados esperados. Padre√≥ adem√°s otro de nombre Ni√Īo, √ļnico del cual se conservan la cabeza y una fotograf√≠a. La incorporaci√≥n de los toros de origen Murube en los √ļltimos a√Īos, antes de la llegada de Saltillo, comenz√≥ a rendir muy buenos frutos, incluso anunci√°ndose este origen en los carteles. Pero no le dio tiempo de consolidarse debido a la llegada de lo de Saltillo, que a partir de 1908 hasta nuestros d√≠as ser√≠a la sangre fundamental de esta casa. Antonio Fuentes, figura indiscutible e √≠ntimo amigo de Lub√≠n, insisti√≥ y tuvo mucho que ver, junto con Bonarillo, en reafirmar la decisi√≥n de encastar Piedras Negras con lo del marqu√©s y en la adquisici√≥n del pie de cr√≠a. Como comentamos l√≠neas arriba, el primer intento fue fallido, pero el objetivo era definitivo.

Hay un hecho muy curioso que quiero compartir: en el a√Īo de 1904 se import√≥ un encierro de seis toros de la ganader√≠a del marqu√©s de Saltillo para ser lidiado, en ese momento ya propiedad de su viuda, la se√Īora Francisca Xaviera Osborne y Bohl. Quien hizo la compra en Espa√Īa y acompa√Ī√≥ al ganado en la traves√≠a por barco fue el espectacular y querido banderillero espa√Īol Manuel Blanco Blanquito. Los toros eran para la corrida de su beneficio, costumbre muy en boga en aquellos tiempos. A este hombre se le ocurri√≥ un negocio muy rentable que consist√≠a en ofrecer los toros como sementales a las ganader√≠as de Tepeyahualco y Piedras Negras. La corrida se hab√≠a pagado a precios de toro para muerte en plaza, valor sustancialmente menor que el de un toro adquirido para reproducci√≥n, por lo cual el negocio pudo haber sido muy rentable. La marquesa de Saltillo fue avisada de que hab√≠a habido un accidente en el transporte de los toros rumbo a la Ciudad de M√©xico y que estos hab√≠an ca√≠do a un barranco de m√°s de cuarenta metros de profundidad, y hab√≠an muerto todos en el acto. Ella desconfi√≥ y entonces contrat√≥ al licenciado Manuel S√°nchez Gavito para que en su nombre y representaci√≥n hiciera las investigaciones pertinentes. Esto fue en enero de 1905. La verdad siempre aparece, solo es cuesti√≥n de tiempo. Para el 17 de agosto de ese a√Īo, las pesquisas rindieron frutos y un toro fue encontrado en Piedras Negras y dos m√°s en Tepeyahualco. Los tres toros fueron decomisados y resguardados en la hacienda de la Quintanilla, vecina de San Jos√© Tepeyahualco, en espera del laudo judicial. Blanquito ya hab√≠a salido con prisas huyendo rumbo a Espa√Īa, por lo que el abogado mexicano plante√≥ un juicio de extradici√≥n ante las autoridades de Sevilla para que fuera juzgado en M√©xico. En la demanda se inclu√≠a, adem√°s, a la se√Īora Josefina Merch√°n de Gonz√°lez Pav√≥n, viuda de Jos√© Mar√≠a, y al se√Īor Eduardo Austran, comprador de los toros. El juicio se llev√≥ a cabo en los juzgados de Tlaxco, en donde, por un lado, la marquesa reclamaba el regreso de los toros y sus cr√≠as a Espa√Īa y, por otro, los ganaderos defend√≠an la propiedad, al haber invertido una suma muy importante en su adquisici√≥n. El caso fue atra√≠do por la Suprema Corte de Justicia, en octubre de 1905, y el fallo fue a favor de la marquesa.

Finalmente, el 25 de febrero de 1906 fue anunciada la lidia de los famosos toros en la Plaza M√©xico, entonces administrada por Jos√© del Rivero, eterno director art√≠stico de las muchas empresas que hubo en la Ciudad de M√©xico, principalmente las que dirigieron el Toreo. Los toros ten√≠an ya casi seis a√Īos, y se anunciaba en el cartel a Antonio Fuentes y Antonio Montes. La empresa accedi√≥ a pagar $15 000 por la corrida, cantidad varias veces mayor al promedio en esos tiempos. En entrevistas a la prensa, el empresario declar√≥ que era su intenci√≥n borrar el mal sabor de boca que hab√≠a dejado este enredo y limpiar en lo posible el prestigio de los empresarios de M√©xico. Se lidiaron sin mayor √©xito.

Lo que está claro es que estaban buscando simiente de Saltillo casi por cualquier medio. José María González Pavón había fallecido en agosto de 1904 y, por lo que se puede deducir de esta historia es que para 1905, Tepeyahualco todavía era propiedad de su viuda y sus hijos, quienes seguramente después de este incidente venderían su afamada ganadería a Manuel Fernández del Castillo y Mier, socio de José del Rivero y de otras personas que iniciarían en breve la construcción de la plaza de toros el Toreo.

La presentaci√≥n como ganaderos de Tepeyahualco de Fern√°ndez del Castillo y Alberto Parr√©s fue el d√≠a 29 de octubre de 1905 en un mano a mano entre Antonio Montes y Joaqu√≠n Hern√°ndez Parrao. Hab√≠an comprado toda la ganader√≠a y la hab√≠an transportado a San Bartolom√© del Monte. El Correo Espa√Īol as√≠ lo public√≥ el 28 de octubre de 1905:

Los se√Īores se han hecho ganaderos √ļnicamente por afici√≥n, y no obstante la bravura que siempre han tenido los toros de Tepeyahualco van a procurar afinar a√ļn m√°s la raza, haciendo buenos cruzamientos y, al efecto, ya llegaron procedentes de Espa√Īa doce becerras y cinco becerros de la ganader√≠a del se√Īor Marqu√©s de Saltillo.

Pero ahora veamos cómo y de dónde llegan las vacas de Saltillo a Piedras Negras.

2. MANUEL FERN√ĀNDEZ DEL CASTILLO Y MIER

Manuel Fern√°ndez del Castillo y Mier fue un fue un personaje muy peculiar. Naci√≥ en el seno de una familia socialmente prestigiada y vivi√≥ en un entorno econ√≥mico resultante de la gran fortuna que ten√≠a su madre, Mar√≠a Teresa Mier y Celis, hija de Gregorio Mier y Ter√°n, que en 1818, cuando cumpli√≥ 22 a√Īos, emigr√≥ de Palencia, Espa√Īa, a M√©xico sin bienes ni fortuna y fue recibido aqu√≠ por su t√≠o Antonio Alonso Ter√°n, que lo har√≠a socio, apoderado y heredero. Durante treinta y nueve a√Īos ‚Äďde 1830 hasta su muerte, en 1869‚Äď fue una de las figuras m√°s importantes de la econom√≠a del pa√≠s. B√°sicamente, se hizo de haciendas y tierras como resultado de sus operaciones. Fue tambi√©n fuente de financiamiento para el Gobierno de M√©xico. Antonio, su hijo, vivi√≥ m√°s bien disfrutando la fortuna heredada, y en 1884 fund√≥ el Banco Nacional de M√©xico al fusionar el Banco Nacional Mexicano con el Banco Mercantil. Antonio fue el primer presidente del consejo de lo que hoy es Banamex. Fue diplom√°tico en Francia, donde falleci√≥ en 1899. Por sus contribuciones para la construcci√≥n del altar de la Bas√≠lica de Guadalupe, el Papa lo nombr√≥ duque de Mier. Junto con su esposa, fue el creador de la Fundaci√≥n Mier y Pesado, que subsiste hasta nuestros d√≠as.

Manuel Fern√°ndez del Castillo naci√≥ con esa riqueza. Fue un joven educado en su casa por maestros contratados ex profeso. La fortuna de su madre le dio la posibilidad de emprender distintas aventuras de negocios, casi ninguna de ellas exitosa. Fue presidente municipal de Calpulalpan, y de sus obras a√ļn luce la fuente de la plaza principal del pueblo, adem√°s de la plaza de toros, a√ļn en pie. Contrajo matrimonio con su prima hermana Amalia, el 27 de abril de 1895, con quien procrear√≠a tres hijos. A principios del siglo, su esposa e hijos se trasladaron a vivir a Par√≠s, donde √©l los alcanz√≥ en 1910. Ten√≠an una casa en la plaza de L'Etoille, junto al r√≠o Sena, al otro lado de la torre Eiffel. En aquel tiempo, derivado de la lucha revolucionaria, hab√≠a una gran colonia mexicana en la Ciudad Luz. Su padre, hab√≠a sido embajador de M√©xico en Francia a principios de la d√©cada de 1890. Manuel se hab√≠a quedado en nuestro pa√≠s al frente de sus negocios que, como ya dijimos, no siempre fueron productivos. Era muy aficionado a los toros, por lo que en 1905 adquiri√≥ la ya afamada ganader√≠a de Tepeyahualco y traslad√≥ el ganado a su hacienda San Bartolom√© del Monte, una de las principales productoras de pulque en la zona de Calpulalpan. Contaba con 12 500 hect√°reas, de las cuales 5 000 eran tierras de labor, donde se cultivaba ma√≠z, cebada y trigo, adem√°s de maguey. El resto de la propiedad era monte que se utilizaba para la cr√≠a de ganado vacuno, caballar y lanar. Ten√≠a tambi√©n distintos tipos de madera muy apreciadas en la Ciudad de M√©xico. Dentro de la propiedad hab√≠a cinco kil√≥metros de v√≠a de ferrocarril con una locomotora a la que llamaban la ¬ęChiva¬Ľ. El 5 de septiembre de 1906, un a√Īo antes de la inauguraci√≥n del Toreo, vendi√≥ San Bartolom√© del Monte a Ignacio Torres Adalid. La venta comprendi√≥ todo lo que ten√≠a la hacienda y sus ranchos, a excepci√≥n de la ganader√≠a brava. El precio de la transacci√≥n fue de $1 010 000, de los cuales $600 000 correspondieron al valor de las propiedades, y el resto al ganado y sus contenidos. Adem√°s, pose√≠a otra hacienda en el Estado de M√©xico, llamada San Gregorio, muy cerca de Ixtlahuaca. Era bueno para la vida nocturna, y en esa hacienda lleg√≥ a vivir con una espa√Īola, actriz de teatro, arte de la cual era patrono y gran aficionado. No solo financi√≥ y apoyo artistas. √Čl tambi√©n ten√≠a lo suyo. Para festejar su cumplea√Īos de 1896, pocos d√≠as antes de que muriera su padre, dio una fiesta en su residencia de San √Āngel a la cual asisti√≥ lo m√°s granado de la sociedad capitalina; ah√≠ se present√≥ la obra El milagro de la Virgen, en donde √©l represent√≥ al personaje de Mateo. Dice la cr√≥nica social que contaba con ¬ęuna hermosa y bien timbrada voz de tenor de fuerza, poseyendo magn√≠ficas notas agudas¬Ľ.

Como comentamos, el 29 de octubre de 1905, Fern√°ndez del Castillo lidi√≥ su primera corrida como ganadero. Para esas fechas ya hab√≠an llegado a Tepeyahualco doce becerras y cinco toros sementales procedentes de la ganader√≠a del marqu√©s de Saltillo. En ese mismo a√Īo, su socio Alberto Parr√©s, rico espa√Īol, hacendado en M√©xico, hab√≠a viajado a Espa√Īa con el objetivo de adquirir ese pie de simiente de la citada ganader√≠a. Supongo que habr√≠a una buena relaci√≥n, resultante del pago de los toros robados por la empresa taurina de la cual eran socios con Jos√© del Rivero. En un principio, la marquesa hab√≠a encargado resolver el problema a Parr√©s. Las vacas llegaron a fin de ese a√Īo a San Bartolom√© del Monte; ah√≠ estar√≠an muy poco tiempo, ya que esta finca fue vendida en 1906. Parr√©s acord√≥ con la marquesa comprarle doce vacas y cinco toros por un precio de 60 000 pesetas; las vacas ser√≠an escogidas en tienta despu√©s de que la marquesa separara para s√≠ las veinte que m√°s le gustaran.

En junio de 1906, en notas de prensa se detalla una tienta en San Bartolomé:

Se tentaron tres toros espa√Īoles de la ganader√≠a de Saltillo y dos de Ibarra, resultando de los primeros uno superior y dos buenos. De los de Ibarra, uno superior y el otro buen√≠simo. Con nota de bravura y por sus buenas condiciones de lidia, fueron apartadas veintisiete becerras y veinte vacas, as√≠ como un toro que se destin√≥ a padrear. Las faenas se llevaron a cabo al igual que como se llevan a efecto en las ganader√≠as de Andaluc√≠a.

Estuvieron a cargo el matador espa√Īol Jos√© Centeno, actuando como picador de Casta√Īero. A la tienta asistieron muchas personalidades de la sociedad de la √©poca transportadas en tren alquilado ex profeso; se sirvi√≥ comida del mejor restaurante de la Ciudad de M√©xico. Solo tres a√Īos ser√≠a ganadero, sin embargo, la huella que dej√≥ fue la importaci√≥n de tan preciado lote de vacas. Tristemente, en enero de 1907, Matajaca, animal de su propiedad, dar√≠a una mortal cornada a Antonio Montes, gran √≠dolo de la afici√≥n capitalina.

Ya era socio de la empresa el Toreo. El 21 de septiembre de 1906 se public√≥ un anuncio en donde se informaba sobre la construcci√≥n en terrenos de la colonia Condesa de lo que en ese momento ser√≠a la plaza m√°s grande del mundo: el Toreo, con una capacidad de veinte mil personas sentadas. En Espa√Īa, la m√°s grande era la de Murcia, cuyo aforo era para diecisiete mil quinientos asistentes. Madrid pod√≠a albergar a trece mil, y la plaza M√©xico de aquel tiempo a ocho mil quinientos. La publicaci√≥n era una moderna ¬ęoferta p√ļblica¬Ľ de bonos. Se ofrec√≠an al p√ļblico en general bonos de $1 000 y de $500 de una empresa con un capital de $500 000 Los primeros dar√≠an al tenedor el derecho de un boleto preferencial con entrada gratuita a todos los eventos que se llevaran a cabo en la plaza por los siguientes treinta a√Īos. Los segundos, un boleto en sombra con las mismas condiciones. Adicionalmente, se ofrec√≠a un dividendo anual equivalente al 70% de las utilidades del a√Īo. Los socios fundadores de la empresa ya hab√≠an aportado $270 000. El proyecto era muy ambicioso y al final le dar√≠a grandes disgustos a Fern√°ndez del Castillo. La estructura de la plaza era de acero, y las filas y pasillos se recubrir√≠an de l√°mina y cemento. Se dio inicio a la construcci√≥n, pero en mayo de 1907, cuando se contrat√≥ la compra de la estructura met√°lica, ya casi no hab√≠a fondos. La empresa decidi√≥ hipotecar el inmueble a los se√Īores Mariano y Manuel Y√°√Īez, amigos de √©l de Calpulalpan, por un importe de $60 000 y se inici√≥ una demanda por parte de Oscar y Tomas Braniff, vendedores de la estructura importada de B√©lgica. Al parecer, exist√≠a una cl√°usula por la cual no se pod√≠a hipotecar el inmueble hasta que estuviera totalmente pagada la estructura, cosa que no hab√≠a sucedido. Con astucia, los abogados de Braniff buscaron la v√≠a penal, enviando a Fern√°ndez del Castillo a la c√°rcel, quien se ampar√≥ ante la Suprema Corte de Justicia, obteniendo as√≠ su libertad a los pocos d√≠as. Hasta junio de 1908 se pudo cancelar la hipoteca, y el proceso continuar√≠a hasta la liquidaci√≥n del adeudo m√°s los da√Īos y perjuicios causados a los Braniff. Ya en libertad, Fern√°ndez del Castillo concedi√≥ una entrevista en donde aclar√≥ que su intenci√≥n era la de resolver el problema y que no pensaba dejar la Ciudad de M√©xico. En 1910 se fue a Par√≠s, de donde regres√≥ con su familia en 1913. Cansado y ya sin dinero, pas√≥ los siguientes a√Īos en la capital y termin√≥ sus d√≠as como velador de las grutas de Cacahuamilpa. Muri√≥ solo en un hotel de la Ciudad de M√©xico en 1936. Su amigo Parr√©s, compa√Īero de esta aventura ganadera hab√≠a fallecido en octubre de 1909 en su hacienda Santa B√°rbara, en Chalco.

As√≠ fue el triste final de un bohemio, empresario, banquero y ganadero que dio a la Ciudad de M√©xico y a la fiesta de los toros su primera gran catedral. En un momento, cuando estaba al frente de la sociedad propietaria de la plaza, invit√≥ a su primo Francisco a participar como gerente, pero solo durar√≠a el pariente un mes, y al renunciar solo le dijo: ¬ęEn este negocio, el √ļnico decente es el toro¬Ľ. El Toreo se inaugurar√≠a el 22 de septiembre de 1907.

3. SALTILLO EN PIEDRAS NEGRAS

En 1908 fue cuando aparecieron los Gonz√°lez. Acudieron a la c√°rcel de Bel√©n y compraron la ganader√≠a de Tepeyahualco, ahora con el pie de simiente de Saltillo incluido. Carlos, due√Īo de Coaxamalucan, Aurelio Carvajal de Zotoluca, y los hermanos Lub√≠n, propietario de Piedras Negras, y Rom√°rico Gonz√°lez, de La Laguna, adquirieron ganado, hierro y divisa, cabiendo la suposici√≥n nuestra de que pagaron parte de los $60 000, que era el valor de la deuda derivada de la hipoteca firmada con los se√Īores Y√°√Īez. El hierro correspondi√≥ a Zotoluca; la divisa a La Laguna, y las vacas espa√Īolas a Piedras Negras, tal y como est√° registrado en los libros de la ganader√≠a. Las vacas hermanas de las de Piedras dejaron solo dos a√Īos los potreros de Tlaxcala, pero ahora regresaban con real compa√Ī√≠a del Estado de M√©xico. Dos toros, diez vacas espa√Īolas, curiosamente herradas con el viejo hierro de Lesaca, as√≠ como sus cr√≠as, llegaron a Piedras Negras en 1908. En los corrales de la orde√Īa fueron divididas. La simiente espa√Īola permaneci√≥ en Piedras Negras, y los participantes en la sociedad ten√≠an derecho a ir por sementales todos los a√Īos. Las descendientes de los toros de origen Murube fueron llevadas a Coaxamalucan, mientras el resto se dividi√≥ por mitad entre La Laguna y Zotoluca. Con algunas de estas se fund√≥ Ajuluapan, propiedad de Antonio Zamora, amigo muy cercano de la familia, quien tambi√©n particip√≥ en la operaci√≥n. ¬ŅPor qu√© se qued√≥ el ganado espa√Īol en Piedras Negras? Ya fuera porque Lub√≠n aport√≥ m√°s dinero o por respeto a la importancia y tradici√≥n para la casa madre, pero en cualquiera de los dos casos, as√≠ lleg√≥ este pie de simiente a la propiedad de los Gonz√°lez. Como hemos visto, Piedras Negras y Tepeyahualco fueron ganader√≠as hermanas desde su fundaci√≥n, por lo que agregar el resto de las vacas a las que ya exist√≠an en su casa no causar√≠a ning√ļn problema adicional. Tepeyahualco era ya una ganader√≠a muy prestigiada, aceptada por el p√ļblico y los toreros, y ser√≠a base fundamental para los √©xitos casi inmediatos de La Laguna y Zotoluca, las cuales se anunciar√≠an en los carteles hasta noviembre de 1913 como ¬ęantes Tepeyahualco¬Ľ.

El ganado se encontraba en una de las fincas de Fern√°ndez del Castillo, en el Estado de M√©xico, la hacienda de la Concepci√≥n ‚Äďen la cual posteriormente Lub√≠n Gonz√°lez lleg√≥ a tener vacas y sementales de Piedras Negras‚Äď, y de ah√≠ regresar√≠an a Tlaxcala a finales de 1908, ya en posesi√≥n de ellas los Gonz√°lez. De 1870 a 1908 hab√≠an transcurrido treinta y ocho a√Īos de crianza de ganado bravo por parte de los Gonz√°lez. Ninguno de los dos Jos√© Mar√≠a recorrer√≠an este nuevo camino de la ganader√≠a, pues el de Tepeyahualco ya hab√≠a fallecido, y el de Piedras Negras, todav√≠a viv√≠a, pero estaba casi retirado en una casa que hab√≠a mandado construir en Zacatepec desde 1904, cuando vendi√≥ la finca a su sobrino Lub√≠n, que a partir de ese a√Īo fue el nuevo propietario de todo lo que comprend√≠a Piedras Negras, incluida la ganader√≠a brava.

Jos√© Mar√≠a, el fundador, arranc√≥ y estuvo al frente de la ganader√≠a en los dif√≠ciles a√Īos del inicio. Durante treinta y cuatro a√Īos dirigi√≥ y cre√≥ la primera parte del desarrollo de la empresa por √©l conceptuada, colocando a la ganader√≠a en un sitio de privilegio casi desde su fundaci√≥n. Cuando se derog√≥ el decreto de la prohibici√≥n de las corridas de toros en la Ciudad de M√©xico, Piedras Negras se present√≥ en la capital el 8 de noviembre del a√Īo de 1896, en la plaza de toros de Bucareli, alternando Juan Jim√©nez Ripoll el Ecijano, Joaqu√≠n Navarro Quinito y Diego Rodr√≠guez Silverio Chico. A√Īos despu√©s, la autoridad tomar√≠a esta fecha como la de antig√ľedad de la ganader√≠a, siendo solo anteriores las de los se√Īores Barbabosa. A partir de ese momento, en todos los carteles en los que se anunciaban toros de Piedras Negras, estar√≠an las figuras del toreo nacionales y espa√Īolas de cada √©poca. A base de cruzar con distintas sangres, don Jos√© Mar√≠a logr√≥ un toro que fue adquiriendo poco a poco mejores condiciones de lidia para darle prestigio e importancia a la ganader√≠a. Fij√≥ criterios de selecci√≥n en tienta y de orden en los libros que permitir√≠an avanzar mucho m√°s r√°pido en el futuro que lo que le toc√≥ a √©l. Ahora a Lub√≠n, el estratega, le tocar√≠a dar direcci√≥n y concierto al manejo de la sangre de Saltillo, cambio fundamental para el futuro de Piedras Negras. Ya el ganado tlaxcalteca ten√≠a encima al menos ocho generaciones de bravo en su sangre. Lo murube√Īo mandaba ya en tipo y comportamiento, aunque no dejaban de salir por ah√≠ berrendos y colorados, ciertamente ajenos a este encaste y que recordaban en mucho la sangre Vazque√Īa que corr√≠a por sus venas. Sin embargo, faltaba la base para la gran culminaci√≥n de la obra.

Casi significaba recomenzar desde cero, pero no sobre ganado criollo. Los Gonz√°lez iniciaron veinte a√Īos antes el cruzamiento b√°sicamente con sangre Murube y ahora comenzaba el cruzamiento por absorci√≥n hacia la sangre de Saltillo. Para 1908 el hato piedrenegrino con Lub√≠n en el tim√≥n ya ten√≠a dos d√©cadas de trabajo de selecci√≥n y crianza. Como vimos, despu√©s de treinta y cuatro a√Īos, la ganader√≠a ten√≠a en promedio 82% de sangre espa√Īola en el hato de vacas y funcionaba ya con gran regularidad en las plazas. Ahora, con lo de Saltillo iniciaba un concepto diferente. Hab√≠a que conservar en pureza la descendencia de las vacas espa√Īolas y dise√Īar el cruzamiento con el resto de las vacas pensando en el futuro.

¬ŅQu√© era Saltillo? De un art√≠culo con el que contribu√≠ en la revista Campo Bravo, transcribo una peque√Īa parte:

Establecidos en la ciudad de Dos Hermanas, los hermanos Rivas seleccionaron un tipo de toro que ofreciera caracteres de trap√≠o y bravura que al paso del tiempo y despu√©s de una severa selecci√≥n culmin√≥ en una de las ganader√≠as m√°s famosas de aquellos tiempos. En nombre de Gregorio Dom√≠nguez Rivas, primer ganadero de bravo conocido en esta familia, se lidian toros en la plaza de Sevilla en 1733. A√Īos despu√©s son Alonso y Tom√°s Rivas quienes quedan al frente de la ganader√≠a, y cerca del a√Īo de 1770 adquiere de ellos la vacada Don Pedro Luis Ulloa, primer conde de Vistahermosa. Fallece en el a√Īo de 1776, mismo en el que se present√≥ con sus toros en Sevilla. Hereda su hijo Benito Ulloa y Halc√≥n de Cala, quien engrandece la vacada al frente de la cual est√° durante 25 a√Īos, present√°ndose en Madrid en 1790. Al morir en el a√Īo de 1800, hereda su hermano Pedro Luis, quien fallece en 1821, siendo en el a√Īo de 1823 cuando los herederos deciden vender en cinco lotes la famosa vacada.

Hasta aqu√≠, en forma muy breve, el origen ganadero de los condes de Vistahermosa. De los cuatro troncos fundacionales, Jijona, Cabrera, V√°zquez y Vistahermosa, es este √ļltimo el que al paso del tiempo floreci√≥ y mejor se adapt√≥ a la evoluci√≥n del toreo. Como sabemos, la ganader√≠a de los condes se vendi√≥ b√°sicamente en cinco partes: Freire, Gir√°ldez, Melgarejo, Barbero de Utrera y Salvador Varea, y es de estas dos √ļltimas de donde se derivan pr√°cticamente todos los encastes ¬ęcondesos¬Ľ actuales. La parte que adquiri√≥ el Barbero de Utrera fue comprada en 1834 por Arias de Saavedra, quien en 1863 enajen√≥ la vacada a do√Īa Dolores Monge viuda de Murube, quien previamente hab√≠a fundado su ganader√≠a con un lote de vacas adquirido a Manuel Su√°rez, procedente este  de la familia Lesaca. Su√°rez tuvo el ganado de 1828 a 1863, a√Īo en que vende a Dolores Monge. Murube es el tronco principal de la ganader√≠a espa√Īola actual, ya que al paso de los a√Īos se forman la mayor√≠a de las casas que actualmente son las punteras en Espa√Īa, v√≠a Ibarra y Parlad√© y la propia Murube v√≠a los Urquijo. En 1827, Jos√© Picavea de Lesaca adquiere las reses de Salvador Varea, a Ignacio Mart√≠n,  tratantes de ganado quienes las tuvieron en sus manos dos a√Īos el primero y tres el segundo sin lidiar nunca a su nombre. Uno de los primeros lotes que los descendientes de Jos√© Picavea venden es el antes mencionado de Su√°rez, que treinta y cinco a√Īos despu√©s fue parte del origen de la ganader√≠a de Murube. De aqu√≠ que Saltillo es la casa que podemos considerar totalmente pura dentro del tronco Vistahermosa, al haber conservado la sangre original sin cruzarla siquiera con la de sus antiguos hermanos.

En el a√Īo de 1854, don Antonio Rueda Quintanilla, marqu√©s de Saltillo, adquiri√≥ la ganader√≠a de Lesaca, formada por ochocientas cincuenta cabezas. La ganader√≠a era ya de primera categor√≠a en los ruedos espa√Īoles, y favorita de las figuras de aquellos a√Īos. Lagartijo, Frascuelo y Guerrita eran asiduos matadores de corridas de este encaste, que en esa √©poca era de los m√°s importantes dentro de los andaluces. Saltillo compet√≠a con casas como Miura, Aleas, Vicente Mart√≠nez, Murube y Veragua, entre otras. La d√©cada de 1870 fue quiz√° la de mayor resplandor para la ganader√≠a. Lidiaba como las mejores, y normalmente resultaba entre las triunfadoras de las temporadas.

Mientras vivi√≥ el marqu√©s, la vacada goz√≥ de gran prestigio, el cual fue disminuyendo al paso del tiempo debido a que la ganader√≠a entro en un periodo de muchos altibajos, sin embargo no dejaban de aparecer con frecuencia los toros nobles, bravos y de buen trap√≠o. Todav√≠a lidiando algunas corridas en plazas de importancia y con carteles de primera, durante los a√Īos en que do√Īa Francisca Osborne, y despu√©s su hijo, Rafael Rueda, s√©ptimo marqu√©s de Saltillo, estuvieron al frente de la ganader√≠a, esta ya no tuvo la regularidad de los a√Īos sesenta y setenta del siglo XIX.

El toro de Saltillo ha sido siempre de poca alzada, degollado, fino y proporcionado, no muy aparatoso de cuerna, con predominancia de los delanteros y de algunos veletos. El pelo típico es el negro y el cárdeno, con la existencia de algunos colorados. De este pelo, con el hierro de Saltillo se lidiaron varios ejemplares en las plazas de la capital mexicana. Son toros de embestida temperamental, llena de bravura, que desde sus inicios. Debido a su movilidad derivada de lo armonioso de sus hechuras, permitió faenas llenas de emoción y transmisión al tendido.

Una discusi√≥n reiterada es la existencia del pelo colorado en esta ganader√≠a. En Espa√Īa, hoy no lo hay en las casas pertenecientes a este encaste; sin embargo, de acuerdo a la investigaci√≥n de Pierre Dupuy publicada en su libro, La ganader√≠a Saltillo (Ed. Toros, 2007), de quinientos doce toros lidiados por los Lesaca y los Rueda entre 1844 y 1918, doscientos noventa y nueve fueron negros; ciento treinta y ocho, c√°rdenos; cincuenta y tres, colorados o casta√Īos; y veintid√≥s, de diversas mezclas de pelo. Esto quiere decir que el 10% del total fue de pelo colorado. La pinta, por lo tanto, exist√≠a.

Antes de continuar, quisiera hacer dos reflexiones respecto a los ganaderos de Saltillo y un reconocimiento que me parece obligado, a los nuestros.

La primera reflexi√≥n es sobre el tipo del ganado. Me pregunto: ¬Ņpor qu√© lo que adquiri√≥  la familia Lesaca, que lleg√≥ a los marqueses de Saltillo y despu√©s a M√©xico, es tan distinto del resto de Vistahermosa? Solo tres pintas dominantes, negros, c√°rdenos y colorados, estos en menor proporci√≥n, y hoy en d√≠a, de este encaste, solo en M√©xico. Un tipo diferente, bajos, degollados; un comportamiento m√°s nervioso; con una forma de desplazarse distinta, m√°s armoniosa que lo del Barbero de Utrera, que llega a nuestros d√≠as v√≠a Murube y Parlad√©, y es la sangre dominante en Espa√Īa. Los estudios gen√©ticos presentados en los congresos mundiales ganaderos alejan claramente lo descendiente de Lesaca del resto de la estirpe de Vistahermosa. ¬ŅEra acaso este el lote base, el hato columna del encaste Vistahermosa? ¬ŅHabr√°n estado separados desde un principio en manos del conde? ¬ŅEn el momento de vender la ganader√≠a en cinco lotes, lo habr√°n hecho por tipo? ¬ŅQu√© pas√≥ antes? ¬ŅQu√© se hizo de 1823 en adelante en cada rama? ¬ŅEs la selecci√≥n la respuesta? Aqu√≠ quedan estas preguntas para los futuros investigadores.

Segunda reflexi√≥n: La informaci√≥n que disponemos de la ganader√≠a del marqu√©s de Saltillo se restringe a tres datos: uno, el resultado del juego de sus toros en la plaza, acreditado a trav√©s de las cr√≥nicas de las corridas y libros de historia taurina; dos, la frecuencia con la que el hierro se presentaba en las principales plazas y ferias; tres, los carteles que se√Īalan qui√©n las mataba. Del an√°lisis de estos tres elementos podemos inferir el nivel y el prestigio que tuvo la ganader√≠a en sus diferentes etapas.

De acuerdo a cronistas y escritores de la √©poca, para cuando vino a M√©xico el pie de simiente de Saltillo, esto es entre 1905 y 1912, principalmente para San Diego de los Padres, Piedras Negras y San Mateo, lo del marqu√©s no estaba ya en su mejor momento. Hab√≠a venido a menos desde el fallecimiento del primero de los Rueda. Ellos fueron due√Īos del ganado de 1853 a 1918. Con √©xito rotundo, los primeros cuarenta. El a√Īo de 1890 es el que varios investigadores marcan como el inicio de la decadencia. Por otra parte, nadie tiene genealog√≠as de lo que se import√≥. Casi nada sabemos sobre la forma de c√≥mo el marqu√©s de Saltillo defini√≥ los empadres, seleccion√≥ y mantuvo el ganado adquirido a la familia Lesaca. Juan Pedro Domecq, en su libro Del toreo a la bravura (Alianza Ed., 2010), en el apartado de ¬ę√Ārboles geneal√≥gicos y libros de ganader√≠a¬Ľ, afirma que fue a partir de 1915, en la ganader√≠a de Tamar√≥n, donde por primera vez se llevaron libros de ganader√≠a que permiten conocer con seguridad el padre de cada animal, ya que antes se pon√≠an varios toros sementales en un cerrado con un grupo de vacas, y solo se conoc√≠a con certeza la madre.

De lo importado de Saltillo est√°n las notas de las vacas y los toros, sus nombres, que de alguna forma establec√≠an su origen, la forma como se adquiri√≥, los precios que se pagaron y, en algunos casos, comentarios y/o evaluaci√≥n de la calidad de la familia. Con esta informaci√≥n tan general y escasa no podemos tener un juicio concluyente, veraz, objetivo, con bases s√≥lidas, sobre la habilidad ganadera de los Rueda en cuanto a: el manejo gen√©tico, al establecimiento de m√©todos de selecci√≥n y de crianza, as√≠ como tampoco de un concepto de ganader√≠a. Sin embargo, s√≠ lo tenemos de los criadores mexicanos, quienes importaron un pie de simiente de una ganader√≠a que en ese momento obten√≠a regulares resultados en la plaza y adem√°s sin informaci√≥n geneal√≥gica. Es muy importante esto, no se importa el santo grial de la sangre brava espa√Īola, como se ha dicho durante muchos a√Īos.

Jos√© Mar√≠a, Lub√≠n y Viliulfo Gonz√°lez, con ganado criollo encastado, primero con toros de distintas sangres principalmente de Murube durante veinte a√Īos, y el resultante de esta cruza ahora acompa√Īado de las vacas y sementales de Saltillo, desarrollaron bajo su propio concepto el Encaste Piedras Negras, con un estricto control de todo el hato. Dise√Īaron un sistema de apareamiento, crianza y selecci√≥n que sostiene con firmeza su prop√≥sito.

Antonio y Juli√°n crearon el Encaste Llaguno, cimentado en el ganado criollo que seleccionaron cruzado con el pie de simiente de los Rueda, importado de Espa√Īa, encaste que es sin duda el m√°s relevante en M√©xico, y en sus libros est√° el registro de todos y cada uno de los animales desde la fundaci√≥n de la ganader√≠a.

Bien dec√≠a Paco Madrazo que lo que hab√≠a en la mayor parte del campo mexicano eran vacas y toros de San Mateo, la creaci√≥n de los Llaguno, no de Saltillo. De la misma forma, son vacas y toros del Encaste Piedras Negras los que sostienen desde un principio la ganader√≠a en Tlaxcala. Y aqu√≠ contin√ļan.

Estos dos encastes independientes, propios, nacionales, son la conclusi√≥n de cada una de estas dos familias ganaderas, de la intuici√≥n que tuvieron al comenzar con el ganado criollo y llegar al toro de lidia mexicano. Un toro √ļnico, con dos ramas emanadas del mismo origen que hoy caminan con distintos conceptos por sendas separadas.

Entonces, lo que debemos reconocer en voz alta y con un orgullo muy nuestro es el √©xito brutal que con tan pocas vacas y sementales los ganaderos mexicanos han tenido en los √ļltimos ciento diez a√Īos. Porque se dice f√°cil, pero no fueron m√°s de cuarenta vacas, adquiridas al tan venerado marqu√©s, con las que se inici√≥ en M√©xico el pie de simiente espa√Īol, solera de la ganader√≠a mexicana. Y que hayan de verdad aportado sangre tan solo fueron diez y ocho, en dos ganader√≠as. Porque de las importadas por los Llaguno, llevadas de manera impecable, solo ocho dejaron sangre que lleg√≥ al d√≠a de hoy, y de las de San Diego de los Padres, no queda nada. De las de Piedras Negras, hoy existen las diez familias.

A estos criadores, creadores del toro nacional, es a quienes hay que aplaudir a raudales. Parte fundamental y materia prima base es Saltillo, sin duda, pero el guiso final, con se√Īero sabor mexicano es de ellos. No tanta alabanza, reverencia y adoraci√≥n a la sangre de Saltillo y a un marqu√©s, el √ļltimo, un poco divagado, que m√°s se divert√≠a que cuidar la ganader√≠a. M√©xico es el lugar donde esta sangre √ļnica, que lleg√≥ al pa√≠s con las alas rotas, encontr√≥ refugio, cuidados, cari√Īo y destino.

Por otra parte, tambi√©n valdr√≠a la pena reflexionar por qu√© vino este encaste y no otro. La amistad de Fuentes con Lub√≠n Gonz√°lez y la de Antonio Llaguno con los hermanos Bombita est√°n claras, pero ¬Ņtraer simiente de una ganader√≠a en decadencia con base en recomendaciones de dos toreros que estaban por retirarse, ser√≠a realmente la mejor opci√≥n? Hasta 1905, Saltillo hab√≠a lidiado en M√©xico no m√°s de treinta toros, por lo que formarse un juicio de la ganader√≠a con tan pocos ejemplares observados me parece dif√≠cil de entender. Sabemos que el primer marqu√©s y su esposa no vend√≠an; Fern√°ndez Salcedo lo relata claramente en sus libros; adem√°s, tambi√©n por lo narrado por este gran escritor, conocemos lo desbalagado que fue Rafael Rueda Osborne. ¬ŅHabr√≠a un inter√©s econ√≥mico ofrecido por el marqu√©s a los toreros para llevar a cabo la transacci√≥n? No lo sabremos nunca, sin embargo, reitero, el resultado contin√ļa vivo en nuestro pa√≠s en casas ganaderas tan buenas e importantes como las mejores del mundo.

Pues estos bajitos cárdenos se adaptaron de manera espectacular al campo tlaxcalteca y a la sangre brava que ya existía en Piedras Negras. Llegaron a San Mateo Huiscolotepec diez vacas y cuatro toros con el hierro de Saltillo, que son los siguientes:

N√öMERO         NOMBRE         PINTA      NOTA       CR√ćAS      HEMBRAS QUE DEJARON CR√ćAS  HIJOS SEMENTALES     CASTA     A√ĎO DE BAJA

423   GARBOSA        C√°rdena clara  B.B.B.        8       4       4       1       1915

523   CAMPANERA Car. Osc. Brag.          B.B.S.        8       3       1       2       1916

544   CONDUCTORA        Neg. Ent. Brag. B.B.B.       8       3       3       3       1915

548   CANTARERA  Chorreada en verdugo      B.B.B.       7       3       2       4         1918

554   CARRIONA      Neg. Ent. Brag. B.B.B.        9       3       1       5       1918

564   RECOBERA     Chorreada en verdugo      B.B.B.       8       1       4       6         1917

556   ANDALUZA     C√°rdena clara  B.B.B.        7       4       1       7       1920

583   FANTAS√ćA       C√°rdena clara  B.B.B.        6       2       3       8       1916

586   MURCIANA     C√°rdena   B.B.B.        7       2       1       9       1917

587   TRIANERA      C√°rdena clara Caribella   B.B.B.       7       3       1       10         1915

Los toros fueron: Tinajito, n.o 58, negro entrepelado, del cual solo dejaron hembras en la ganader√≠a. Tabaquero, n.¬ļ 61, negro lucero, que es el toro base de la ganader√≠a. Lucerito, que no dej√≥ descendencia. Por √ļltimo, de Espa√Īa, en vientre de la vaca n.¬ļ 548 de Saltillo, ven√≠a el toro herrado al nacer con el mismo n√ļmero de su madre, de nombre Cantarero, c√°rdeno claro de pinta y de la 544, Conductora otro macho que no padre√≥ en Piedras Negras.  De un Barrileto, Saltillo, negro meano, lidiado en la inauguraci√≥n de El Toreo en 1907, ven√≠an cr√≠as herradas por Fern√°ndez del Castillo. Por otra parte, de 1911 a 1914 padre√≥ en la ganader√≠a de La Laguna otro Barrileto, n.¬ļ 151, negro bragado, de origen Cigarrito, procedente tambi√©n del marqu√©s. El Cantarero y el segundo Barrileto fueron robados en 1914, a√Īo de los peores disturbios revolucionarios para Piedras Negras. Ese a√Īo, la mayor√≠a de los Gonz√°lez pr√°cticamente tuvo que irse de la hacienda a vivir a Puebla, M√©xico y Apizaco. Volv√≠an de manera intermitente a inspeccionar la propiedad, donde adem√°s del robo de ambos toros, les mataron una buena cantidad de animales; en los libros se registra la baja de 97 vacas de distintas camadas,  adem√°s de que hubo una gran destrucci√≥n de cercas, instalaciones y repetidas amenazas de invasi√≥n y muerte. Este fue el pie de cr√≠a espa√Īol con el que inici√≥ Lub√≠n Gonz√°lez.

La adaptaci√≥n al medioambiente del ganado de Saltillo fue inmediata. La altitud de la finca, el fr√≠o clima, el lomer√≠o y los llanos de buenos y abundantes pastos recibieron con gratitud el pie de simiente espa√Īol. Al paso del tiempo, el tipo original del ganado andaluz nunca vari√≥, por la influencia del medio, llegando hasta nuestros d√≠as un ganado perfectamente entipado. En nuestro pa√≠s, hoy en d√≠a, lo m√°s parecido en hechuras al encaste Saltillo-Santa Coloma espa√Īol est√° en las ganader√≠as de Encaste Piedras Negras. Si acaso han perdido volumen por la aclimataci√≥n y el paso del tiempo, cosa que hoy en d√≠a tambi√©n hemos visto en las importaciones de distintos encastes espa√Īoles hechas por los ganaderos mexicanos en la d√©cada de los noventa.

¬ŅQu√© hacer con esto? Lub√≠n ten√≠a estudios de ingenier√≠a, por lo que en sus a√Īos de preparaci√≥n acad√©mica no debi√≥ ser ajeno a otras disciplinas. Si contrat√≥ especialistas en gen√©tica, o √©l la estudi√≥, fue con base en esta ciencia que inici√≥ el planteamiento Saltillo en Piedras Negras. En los archivos de la ganader√≠a existen diagramas hechos ex profeso que lo sustentan. Se decidi√≥ por llevar un cruzamiento abierto sin cerrar la sangre. A base de estudiar los √°rboles geneal√≥gicos de las primeras camadas derivadas de la nueva sangre, es evidente que trat√≥ de evitar la consanguinidad hacia el Tabaquero, √ļnico toro del cual padrearon sementales hijos de las vacas espa√Īolas. Al no seguir ninguno de los otros cuatro toros de Saltillo que padrearon por l√≠nea paterna, su √ļnica base era ese toro. En un principio, el no consanguinar era imposible, ya que la mayor√≠a de las cr√≠as de las vacas espa√Īolas tambi√©n eran hijas de dicho ejemplar, por lo que la apertura estaba planteada para tres o cuatro generaciones futuras. Lo que buscaron evitar fueron los cruzamientos cerrados de padres con hijas, o de hijos con su madre, con lo que abrieron as√≠ la sangre de manera r√°pida.

Por otra parte, agruparon de dos maneras las vacas de sangre espa√Īola: las de simiente y las puras (anotadas en los libros con el sufijo ¬ęps¬Ľ). Ambas ten√≠an que provenir ciento por ciento de las vacas de Saltillo, sin embargo, las de simiente eran las de nota superior y las √ļnicas susceptibles de ser madres de sementales. Estas ten√≠an continuidad respecto de los nombres de la familia original, mientras que las puras, que eran las espa√Īolas de menor nota, eran bautizadas de manera distinta para separarlas por completo de la ¬ęrealeza¬Ľ. Las vacas de simiente, por otra parte, viv√≠an hasta su muerte natural, en tanto que las puras iban al rastro al cumplir los 12 a√Īos, al igual que el resto de las vacas de la ganader√≠a.

El mantener la pureza de la sangre espa√Īola por parte de los ganaderos mexicanos fue lo que permiti√≥ crear familias de origen ¬ęespa√Īol¬Ľ, desarrolladas por ellos, que dieron forma primero a cada ganader√≠a fundacional, y de ah√≠ en adelante a sus hermanas y descendientes. Pureza que, como buena solera, se utiliz√≥ como madre de vino a√Īejo, para fortalecer el nuevo. Sin este trabajo de los Gonz√°lez y de los Llaguno no habr√≠a ganader√≠a en M√©xico. Para la ganader√≠a nacional, esos primeros a√Īos son muy importantes, ya que fue en ese tiempo cuando se defini√≥ la forma de manejar la sangre, bajo la concepci√≥n ganadera de cada quien. Y durante muchos a√Īos se cuid√≥, se orden√≥, se decidi√≥ y se defini√≥ √ļnicamente en las casas madres. Todav√≠a no hab√≠a sucursales. San Mateo casi no vendi√≥ en vida de don Antonio, y Piedras Negras solo comparti√≥ con las ganader√≠as hermanas hasta la muerte de don Viliulfo.

La creación de estas líneas sanguíneas es el cimiento más importante de nuestra ganadería. No la sangre de Saltillo en sí misma. Porque el toro nacional existe gracias a la sabia combinación de todos los ingredientes disponibles. No solo del hato puro. Esta mezcla es la base de ambos encastes.

Pasados los a√Īos, algunos ganaderos dieron a este concepto de pureza un valor comercial. El concepto de pureza zoot√©cnico se dej√≥ a un lado, para pasar a hablar del animal puro como una raza superior de mayor precio, simplemente por su origen. En muchos casos se hizo sobre principios de caballerosidad y buena fe. En otros, no.

A cada una de las diez vacas con el hierro de Lesaca se les asign√≥, adem√°s de su n√ļmero de herradero, una anotaci√≥n del 1 al 10, que se√Īalaba su n√ļmero de ¬ęcasta¬Ľ, de tal forma que en los libros fuera sencillo conocer el origen, tan solo viendo la casta a la que correspondieran. As√≠, a cada ejemplar puro, despu√©s de su n√ļmero y nombre, se le anotaba la casta de su madre y despu√©s la de su padre. Esto simplificaba la organizaci√≥n de los empadres y el conocimiento de la rama de cada animal puro, sin importar su nombre. A los animales criollos, es decir aquellos que no eran ciento por ciento Saltillo, solo se les anotaba el n√ļmero de la casta paterna para poderlas asignar correctamente con el semental que m√°s conviniera a la hora del empadre. As√≠, entre las vacas puras hab√≠a castas 3-4, 5-7, etc√©tera, y castas 5 o 3, sin segundo apellido, entre las vacas criollas.

Cada a√Īo se hac√≠an varias listas. En la primera se anotaban las vacas vivas ordenadas por camadas. En esta ven√≠an ordenado por a√Īo de nacimiento, el n√ļmero de la vaca, su nombre, nota, pinta y porcentaje de sangre Saltillo. Al final de la lista se anotaban las vacas de simiente, ordenadas de la misma manera. La segunda era la lista de empadre, donde se defin√≠a el potrero en el que se alojar√≠a a cada semental y a las vacas que le correspondieran de acuerdo a su sangre; se anotaba n√ļmero, nombre y casta para cada una de ellas. Cada a√Īo hab√≠a seis empadres con aproximadamente veinticinco vacas, cada uno, m√°s las de simiente, que por lo regular estaban repartidas en dos o tres de los empadres, dependiendo de los toros que estuvieran padreando. Esto llevaba a tener un hato estable de alrededor de ciento sesenta vacas. Por lo com√ļn, las de simiente no eran m√°s de quince. Los empadres se defin√≠an cada a√Īo, es decir, las vacas se juntaban en el mes de mayo y eran divididas por potrero de acuerdo a los sementales disponibles ese a√Īo. As√≠ se buscaba, mediante la afinidad de las sangres, mejores resultados. Habitualmente, los lotes se defin√≠an agrupando las vacas por casta paterna, que como ya explicamos todas las vacas ten√≠an esta anotaci√≥n. Ya enlotadas as√≠, se llevaban al potrero correspondiente con un semental de casta distinta para evitar cerrar la sangre.

Las listas de herradero tambi√©n se hac√≠an cada a√Īo. Separados en machos y hembras, se anotaba el n√ļmero a fuego, que correspond√≠a a cada una y  su pinta. Se les bautizaba con el nombre de la madre y se anotaba al final el n√ļmero de registro del padre. Este n√ļmero de registro correspond√≠a al folio del libro en el que se registraba el √°rbol geneal√≥gico de cada semental, de tal forma que si a un toro semental herrado, por poner un ejemplo, con el n√ļmero tres no se le conoc√≠a en los libros como el tres, sino con el n√ļmero de registro que le hab√≠a tocado, al buscarlo en los libros solo hab√≠a que ir al folio correspondiente. Para las vacas espa√Īolas se llevaba un registro independiente, con la rese√Īa completa de toda su descendencia. Las hembras, al ser aprobadas en la tienta, pasaban a la lista de empadre del a√Īo siguiente con un nombre distinto al de su bautizo en el herradero, que era af√≠n al nombre de su madre, pero no el mismo, para evitar nombres repetidos entre las vacas vivas. En ocasiones era el nombre de la abuela el que se usaba, si esta ya estaba muerta. Por otra parte, los toros aprobados para sementales, daban ¬ęla vuelta¬Ľ entre las ganader√≠as hermanas, de tal forma que hubo toros que solo padrearon uno o dos a√Īos en Piedras Negras, y el resto de su vida productiva en las dem√°s ganader√≠as de la familia. De 1908 a 1972 hay ciento seis sementales registrados con el hierro de la casa, lo cual permiti√≥ la apertura de la sangre, que fue lo que se plante√≥ desde un principio.

Esta era la casa matriz, pues aunque a partir de 1928 cada casa hermana adquiri√≥ al menos tres vacas de origen Saltillo, todos los a√Īos acud√≠an por sementales a Piedras Negras para completar, junto con los suyos, los propios empadres de cada ganader√≠a. Lo curioso de la gen√©tica y de la selecci√≥n es que cada casa ten√≠a su propia personalidad perfectamente definida, aun y cuando hubiera muchos sementales en com√ļn.

As√≠ se fueron haciendo los empadres, de tal forma que para 1930, veintid√≥s a√Īos despu√©s, la ganader√≠a contaba con ciento cincuenta y seis vacas de vientre, de las cuales cincuenta y cinco eran ciento por ciento Saltillo. Como dec√≠amos arriba, el proceso era muy lento. Para 1943, ya el 50% de la ganader√≠a ser√≠a puro, proporci√≥n que se mantiene hasta nuestros d√≠as, estando ya encastada √ļnicamente en Saltillo, ya que este fue el √ļnico origen que se utiliz√≥ en los sementales. En cuanto a la parte ¬ęcriolla¬Ľ, en la actualidad, su porcentajes de sangre es del 99.99%.

Ahora ya con la sangre dispuesta para seguir produciendo sus propios sementales y alimentando a las casas hermanas, hab√≠a que seleccionar. ¬ŅQu√© se iba a buscar? Ese era el dilema y el punto de partida. Los a√Īos de Lub√≠n fueron los de caballos sin peto con la fiesta todav√≠a del siglo XIX. Con la llegada de la tauromaquia de Joselito y Belmonte, la t√©cnica evolucion√≥, el toreo comenz√≥ a cambiar y, con este, la crianza y selecci√≥n del toro bravo. De la faena con los pies en movimiento se pas√≥ a torear con los talones clavados en la arena dirigiendo la embestida del toro con los brazos. Se comenzaron a ligar los muletazos y a torear en redondo. Esto todav√≠a de manera incipiente, pero al paso del tiempo, se requerir√≠a un cambio en el toro. Hasta antes de esa revoluci√≥n provocada por esos monstruos del toreo, el caballo segu√≠a siendo la base.

As√≠ se fij√≥ la personalidad de la ganader√≠a y el concepto ganadero de Lub√≠n Gonz√°lez. El toro bravo, fiero, capaz de cumplir con las exigencias de la plaza de toros dentro de los c√°nones de principios del siglo XX, dentro de los cuales el toreo de muleta no era el centro de la faena ni la exigencia del p√ļblico.

Desde tiempos de Lub√≠n, la selecci√≥n fue muy estricta. Cuando llegaron las diez vacas espa√Īolas a Piedras Negras, llegaron, adem√°s, seis hembras engendradas en Espa√Īa y dos becerras de este origen nacidas de empadres, mientras la propiedad era de Fern√°ndez del Castillo. Este hato se cuid√≥ y se creci√≥ muy poco, derivado de esta selecci√≥n donde solo se aprobaba lo superior. En lugar de mantener vivo todo lo de procedencia espa√Īola, desde un principio se decidi√≥ matar aquello que no cumpliera con el concepto establecido. Es por eso que tan solo cincuenta y cinco vacas de origen espa√Īol en 1930 puede parecer un n√ļmero muy bajo, cuando en 1908 recibieron diez y ocho hembras origen Saltillo.

A partir de esos a√Īos, se estabiliz√≥ mucho m√°s el comportamiento y las pintas. Ya pocos colorados y berrendos saltaban a las plazas, y el tipo y la bravura Saltillo era dominante. Con posterioridad, en las tientas de hembras, las nietas de las vacas espa√Īolas ligaron estupendamente, dando cada vez mejores resultados, aumentando de forma considerable su n√ļmero dentro del total de las vacas de la ganader√≠a. Con Lub√≠n, los primeros dos toros fundamentales, Tabaquero y Fantas√≠o, hijo del primero con la vaca Fantas√≠a, cumplieron su funci√≥n de ¬ęraceadores¬Ľ. A esta vaca le padrearon dos hijos, pero solo destac√≥ el segundo, herrado con el n√ļmero 7, nacido en 1913, cuya foto a√ļn cuelga en las paredes de Piedras Negras. Estos dos toros, fueron los √ļnicos que padrearon con las vacas espa√Īolas ya en Piedras Negras.

Fantas√≠o dej√≥ trece hijos sementales, de los cuales, dos, Saleroso, n√ļmero 1 del a√Īo de 1917, c√°rdeno de pinta de la casta 1, y Jarocho, n√ļmero 2 del a√Īo de 1918, chorreado de capa, de la casta 5, son los dos toros importantes con los que Lub√≠n Gonz√°lez cerr√≥ su trabajo al frente de Piedras Negras, y con los que tambi√©n abri√≥ dos l√≠neas de sangre en la ganader√≠a. Este segundo toro fue el semental m√°s importante de origen Saltillo en La Laguna. Pr√°cticamente, cualquier animal puro de esa casa llega a este ejemplar, y hoy, a casi cien a√Īos, estamos viendo salir de nuevo el pelo colorado en las ganader√≠as que conservaron el encaste. Los misterios de la gen√©tica, porque adem√°s no podemos dejar de mencionar la clara animadversi√≥n que ten√≠a Viliulfo Gonz√°lez contra esta pinta, que recordaba a los viejos toros de casta Vazque√Īa que hab√≠an padreado cuarenta a√Īos antes y que estaban tratando de dejar atr√°s. Cuentan las historias que en su vida tan solo dej√≥ una vaca con este tipo de pelo, y que en una tienta durante las fiestas de San Mateo fue de tal calidad, que dec√≠a: ¬ęEsta, aunque fuera morada, no la mato¬Ľ.

El d√≠a de San Mateo, patrono de la hacienda, es de fiesta grande. Esta celebraci√≥n se festejaba cada a√Īo, y siempre participaban los amos Gonz√°lez. As√≠ lo relat√≥ Armando de Mar√≠a y Campos, en El Eco Taurino, el 29 de septiembre de 1932:

Repiques, cohetes, el sol que apenas est√° ascendiendo en su viaje diario, y ya afuera de la hacienda, una multitud que bulle con la caracter√≠stica actividad de las fiestas t√≠picas. La iglesuca, sonora, sonora porque los badajos de sus viejas campanas no descansan, est√° adornada con banderolas de papel. En el atrio, los t√≠picos danzantes profano-religiosos danzan, danzan, danzan. Afuera, multitud de ¬ępuestos¬Ľ de in√ļtiles chucher√≠as emboban a la poblaci√≥n ranchera. Regresamos del campo a comer, Viliulfo no prueba bocado porque va a matar un toro con m√°s de quinientos kilos. A las cuatro, no menos de dos mil personas se encuentran en los alrededores de la placita; se grita y se goza esta espl√©ndida tarde azul y verde. Saltaron a la arena nueve reses, el imponente toro que tore√≥ Viliulfo y cuatro bravas vaquillas limpias, que se lidiaron √ļnicamente porque su pelo casta√Īo las tiene sentenciadas a desaparecer de los registros...

Decíamos que de los dos toros que acabamos de describir fue de donde salieron dos líneas de sangre que poco a poco se separaron para que no existiera entra ambas ninguna consanguinidad. De cada una de estas, al paso del tiempo irían naciendo sementales que hicieron época fijando caracteres que dieron profundidad, duración y personalidad al Encaste Piedras Negras.

Viliulfo, el gran capit√°n, por herencia de su padre era ya ganadero de La Laguna, y desde 1913 cosechaba triunfos al por mayor. Desde un principio, La Laguna fue muy apetecida por los toreros. Se hab√≠a formado en 1908 con las vacas y los toros que con ellas ven√≠an de Tepeyahualco que le hab√≠an tocado a don Rom√°rico, su padre. Aunque aparentemente podr√≠amos decir que era lo ¬ęmismo¬Ľ que Piedras Negras, el toro lagunero en la plaza fue siempre m√°s noble que sus hermanos de Piedras Negras, caracter√≠sticas diferentes que Viliulfo busc√≥ conjuntar, pero manteniendo siempre la personalidad de cada casa. Cuando llev√≥ los dos hierros en su mano, comparti√≥ pr√°cticamente todos los sementales de ambas ganader√≠as entre una y otra casa. La sangre pesa, pero la selecci√≥n m√°s. Aun padreando lo mismo, la base Tepeyahualco y su forma de buscar un toro m√°s pastue√Īo en La Laguna le dio este toque franco de nobleza que no con frecuencia aparec√≠a en Piedras Negras. Hoy en d√≠a todav√≠a hay l√≠neas de vacas que lo marcan claramente, cien a√Īos despu√©s.

De Jarocho descendi√≥ el Partidario. Este toro, negro bragado de pinta, bien puesto de pitones ‚Äďhe tenido la oportunidad de verlo en las pel√≠culas que conservan los Gonz√°lez‚Äď, junto con Fontanero, c√°rdeno, superior de nota, son los dos hijos de Jarocho, de m√°s importancia para la ganader√≠a en los a√Īos de Viliulfo. El Partidario dej√≥ muchas hembras clave tanto en Piedras Negras como en La Laguna y padre√≥ hasta los 15 a√Īos, cosa muy rara en esta casa, y casi toda su vida activa en la casa madre. Dej√≥ nueve machos sementales. El hijo notable de √©l es el Tinajito, c√°rdeno, nacido en el a√Īo de 1940. De √©l se desprende una larga lista de descendientes de gran valor, especialmente Colmenero, ejemplar n√ļmero 2, del a√Īo de 1949, padre de cuatro toros de los a√Īos cincuenta, que fueron a su vez jefes de raza: Macetero, que fue vendido a√Īos despu√©s a la ganader√≠a del Ing. Mariano Ram√≠rez, quien hab√≠a comprado la totalidad de las vacas de Zotoluca; Barrico, Gui√≥n y un segundo Macetero, clave para la ganader√≠a de La Laguna. El Colmenero era hijo de la Recobera, vaca herrada a fuego con el hierro de Rancho Seco. Esta hembra n√ļmero 15, nacida en el a√Īo de 1934, c√°rdena clara, coletera de nota 9, fue regalada por su hermana Beatriz Gonz√°lez y su esposo, Carlos Hern√°ndez, a Viliulfo poco antes de su fallecimiento. Exist√≠a alg√ļn distanciamiento en la familia, pero manteniendo el cari√Īo que ten√≠a por su hermano, decidi√≥ enviarle la vaca con un mo√Īo rojinegro a su ganader√≠a, dejando atr√°s los malos ratos. La vaca era hija del toro Aceituno y de la vaca Aldeana ambos de la simiente de Rancho Seco, descendiente esta de la n√ļmero 12 del a√Īo de 1924, "Recobera" tambi√©n de nombre, hija del "Saleroso" con la "Recobera" de 1915 de nota superior, que hab√≠a adquirido Rancho Seco en 1928, junto con otras dos de estirpe Saltillo, de la misma forma en que se vendieron al menos tres vacas de este origen a cada una de las ganader√≠as hermanas. La l√≠nea de la casta 6 se hab√≠a perdido en Piedras Negras, por lo que esta vaca no fue cualquier regalo, sino algo escogido con toda buena intenci√≥n. La Recobera, de Rancho Seco, tuvo siete cr√≠as, todos machos, cuatro de ellos sementales de gran valor para la casa y muri√≥ en el a√Īo de 1951 a los 17 a√Īos de edad.

Cuando el Macetero fue vendido a Mariano Ram√≠rez, a quien tan buenos frutos rindi√≥ al paso de los a√Īos, para continuar esta estirpe entr√≥ en su lugar el Presumido, ejemplar n√ļmero 79 del a√Īo 1957, que muri√≥ de viejo en la ganader√≠a de Coaxamalucan, despu√©s de haber dejado l√≠neas de sangre que se siguen hasta el d√≠a de hoy.

De la descendencia del segundo Macetero, tambi√©n nacido en el a√Īo de 1940, vinieron tres toros muy importantes en l√≠nea directa de padre, hijo y nieto, que son: Recobero, Jalape√Īo y, en 1957, el famoso Chocolatero, toro base en La Laguna y fundador de la ganader√≠a de De Haro, el cual, en sus dos primeros a√Īos como semental, a pesar de tener el hierro de La Laguna, los pas√≥ en Piedras Negras.

Hasta 1972, Piedras Negras solo padre√≥ toros con su hierro y con el de La Laguna, ambas propiedad de Viliulfo, primero, y de sus hijos despu√©s, las cuales con Ra√ļl y Rom√°rico al frente de cada casa a partir de 1952, siempre compartieron los sementales importantes de cada hierro. Aun y cuando las dem√°s ganader√≠as hermanas tambi√©n ten√≠an l√≠neas de sangre puras, ellos nunca padrearon un toro que no fuera propio. A los dem√°s siempre se les comparti√≥ la sangre, pero la casa matriz solo padre√≥ lo suyo. El √ļltimo semental que aprob√≥ Viliulfo fue Peregrino, n√ļmero 61, negro, bragado de pinta, nieto del Partidario. Rom√°rico, joven inquieto y de gran sensibilidad ganadera, al tener las riendas de la rojo y negro, tom√≥ una decisi√≥n que claramente indica c√≥mo ven√≠an siendo los resultados en las tientas y en la plaza, de tal forma que en el a√Īo de 1942, en el primer empadre que √©l defini√≥ a la muerte de su padre, lleva a los potreros de La Laguna y empadra con toros de este hierro once de las diez y ocho vacas de simiente que hab√≠a en Piedras Negras en ese momento. Aunque en el fondo, la ra√≠z Saltillo era la misma, √©l sab√≠a que el resultado en la plaza favorec√≠a al comportamiento que se obten√≠a en La Laguna, por lo que debi√≥ de haber intentado encontrar nuevos sementales para Piedras Negras de esta manera. As√≠ lo hizo por tres a√Īos consecutivos. De ah√≠ en adelante padrearon muchos toros con el hierro de La Laguna en Piedras Negras.

Las vacas de simiente y las puras se identificaron siempre a detalle. Como ya vimos, fueron diez familias con las que se trabaj√≥ bajo un esquema de ¬ęcategor√≠as¬Ľ con la misma sangre. Dentro de las de simiente, hay familias con mucha m√°s importancia en el manejo de la sangre y en la fijaci√≥n de caracter√≠sticas. As√≠, las Fontaneras de la casta dos, las Cigarreras, Conductoras, Copilotas de las casta tres, las Alfareras, Cantareras de la casta cuatro, las Carrionas y Recoveras de las cinco y seis, las Luceritas y Vanidosas de la casta siete y las Fantas√≠as convertidas en Financieras, al paso del tiempo de la casta ocho, son las principales proveedoras de l√≠neas de sementales.

De la descendencia de las vacas espa√Īolas hasta nuestros d√≠as ser√≠a muy largo escribir cu√°les fueron las m√°s importantes y por qu√©. Solo quiero dejar aqu√≠ constancia que, a excepci√≥n de las castas uno, nueve y diez, que poco dejaron, las otras siete crecieron a la par entre ellas, teniendo al paso del tiempo distinta relevancia y presencia. Para 1972, cuando se dividi√≥ la ganader√≠a entre los hijos de Viliulfo, hab√≠a descendencia de las diez familias de Saltillo. El oro siempre se cuid√≥ y conserv√≥. Ni en los a√Īos dif√≠ciles de la Revoluci√≥n, y luego de las invasiones, los ganaderos dejaron de visitar sus potreros y de llevar a cabo personalmente todas las faenas de la ganader√≠a, cuidando con estricto orden, empadres, tientas y herraderos.

4. LAS FAENAS DE CAMPO

El herradero se hace a principios de a√Īo. En la ganader√≠a no se deja al toro todo el a√Īo con las vacas. Los toros normalmente entran al empadre en el mes de junio y se retiran a finales de noviembre, por lo que las cr√≠as de una camada, al momento de destetar y herrar, actividades que se hacen al mismo tiempo, tendr√°n entre seis y nueve meses de vida. De esta forma se protege a las madres para que puedan afrontar el fin de la √©poca de estiaje sin el recental al pie.

Los becerros se herraban en un corral√≥n dentro de las instalaciones cercanas al casco. Resguardadas por vaqueros y bueyes, ah√≠ entraban todas las vacas con su cr√≠a. Con gran habilidad, los de a caballo separaban cr√≠a por cr√≠a de sus madres. Al quedar el becerro solo, se le tiraba un lazo a la cabeza para que, ya asegurado, fuera derribado por alg√ļn valiente a pie, barbeando al animalito para tirarlo al piso y ah√≠ asegurar patas y manos con reatas y proceder a marcar con fuego, del lado del ganadero, el n√ļmero que lo identificar√≠a toda su vida y el hierro de la casa; tambi√©n se les hac√≠a el curioso ¬ęcorte de la corbata¬Ľ, se√Īal √ļnica de Piedras Negras, que consist√≠a en que sobre la badana de la res se hac√≠a un tajo hacia abajo, quedando un pedazo de piel colgando. Esta se√Īal se comenz√≥ a hacer en el a√Īo de 1905 para distinguirlos de sus hermanos de Coaxamalucan, que durante un tiempo lidiaron en las plazas bajo el nombre de Piedras Negras, dada la copropiedad que exist√≠a entre los hermanos. En el video de la corrida de alternativa de Luis Freg en el a√Īo de 1910, claramente se ven los toros en los corrales y en la plaza con este distintivo. No obstante que al poco tiempo esta ganader√≠a ya se anunci√≥ con su propio nombre, la se√Īal qued√≥ para la posteridad y se sigue haciendo. Los becerros y becerras de simiente se herraban con n√ļmeros bajos, los primeros del herradero correspondiente. A las hembras se les marcaba a n√ļmero corrido, y a los machos con el primer n√ļmero de la decena par o non, de acuerdo al a√Īo de nacimiento. Al final de la faena, los becerros se quedaban en un corral√≥n donde pasar√≠an un par de meses al cuidado y ojo del mayoral, para despu√©s ser enviados al potrero que les correspondiese hasta que llegaba el momento de las faenas de tienta de hembras y machos. El herradero siempre ha sido una fiesta en esta casa. Participan las familias de los vaqueros, las de los ganaderos, y es la puerta de entrada a los ni√Īos, que despu√©s llevar√°n el destino de la ganader√≠a.

La tienta de hembras se llevaba a cabo en la plaza construida por José María. La placita tenía un amplio palco para los invitados, además de un carril para poder ejecutar las suertes charras, práctica efectuada por todos los González. En ese carril falleció Viliulfo González. Dejemos en letra de Paco Madrazo, de su libro, El color de la divisa (Font, 1986), el relato de este triste suceso:

El 21 de agosto de 1941, el d√≠a amaneci√≥ espl√©ndido en Piedras Negras. Hab√≠a llovido bien durante el a√Īo y los potreros de la finca luc√≠an preciosos, llenos de verde en donde los toros de piel lustrosa esperaban su almuerzo.

Montando su yegua retinta, el amo Viliulfo dio una vuelta por la finca viendo su camada de saca. Luego fue al cerrado en donde estaban las eralas que se tentarían el próximo invierno. El hombre sintió ganas de organizar un coleadero en el campo y para mediodía, él y sus vaqueros tenían un buen atajo de toretes en una punta del potrero.

Cuando le toc√≥ su turno, don Viliulfo le pidi√≥ a Filem√≥n Guevara que le apartara uno de los m√°s grandes. El estupendo vaquero, que a√ļn est√° en la casa, entr√≥ con su caballo tordillo y cort√≥, de la piara, un hosco golondrino que al sentirse solo sali√≥ corriendo en favor de la querencia. La collera se dispar√≥ tras √©l, y en la loca carrera, a campo abierto, el amo lo alcanz√≥ y agarr√≥ pelo. El torete quebr√≥ a su izquierda chocando brutalmente con los encuentros de la yegua.

Bestia y jinete salieron disparados, cayendo en tierra a varios metros de distancia. Don Viliulfo qued√≥ tirado con la cara al cielo. Filem√≥n Guevara desmont√≥ despavorido y contempl√≥ el cuerpo inerte de su amo. Volte√≥ su recia cara en direcci√≥n de sus compa√Īeros que ven√≠an ya al galope, no pudo m√°s, y grit√≥: ¬°El amo Viliulfo se ha matado... el amo Viliulfo se ha matado!

El llanto quebró y ahogó sus palabras que el viento helado esparció por la comarca. Al atardecer, a la hora del Alabado, las campanas de la iglesia de Piedras Negras tocaron a muerto.

El accidente no fue a campo abierto, sino en el carril de la plaza de tientas, pero la prosa con tanto sabor, que tanto me recuerda a mi gran y querido amigo, no tiene desperdicio.

El d√≠a de la tienta, el carril cumpl√≠a una funci√≥n adicional. Tlaxcala, adem√°s de tierra de toros, lo ha sido siempre de toreros. A las tientas invariablemente llegaba una buena cantidad de muchachos con la ilusi√≥n de ver sus sue√Īos hacerse realidad. Estos maletillas, al no tener turno, esperaban con paciencia la oportunidad de torear alguna de las becerras al final de la faena. Sin embargo, primero ten√≠an que pasar una prueba: el carril. Al terminar la faena formal de la becerra, esta no era retirada a una corraleta, como com√ļnmente se hace, sino que se le daba salida hacia el carril charro, donde los muchachos hac√≠an otra faena completa. Por ah√≠ pasaron todos los aspirantes, que al ir mostrando mejor√≠a podr√≠an aspirar a torear en la plaza. Los toreros viejos de confianza en la casa controlaban a quienes estaban ah√≠, j√≥venes ilusionados por ser toreros.

La plaza no tenía burladeros, sino troneras para ponerse a resguardo en caso necesario. La razón de esto fue la afición a la charrería de los González. Los burladeros estorbaban para la ejecución de varias de las suertes, que requieren que los animales puedan recorrer la circunferencia del ruedo sin distracciones.

La base para la selección durante mucho tiempo fue principalmente la bravura en el caballo y la exigencia vibrante que el animal presentara al torero en la muleta. En este laboratorio, el buscar esa carga de seriedad en el comportamiento pretendía cumplir con su concepto de bravura sobre cualquier otra característica, lo cual definió para siempre el juego de los toros en la plaza. Los toros aprobados para sementales y las vacas en la tienta tenían que cumplir sin clemencia alguna con la pelea en el caballo. Si no cubrían al ciento por ciento la exigencia del ganadero, no eran aprobados. El comportamiento noble con la muleta no era una cualidad suficiente para sobrevivir. La codicia y la emotividad, la casta sostenida, que a veces resultaban en peligro, eran y son condiciones esenciales en la selección en esta casa.

Más adelante abundaremos en este tema y sus consecuencias. Desde que se inició la ganadería, las notas fueron en la escala de regular a superior, y solo hasta después de la muerte de Viliulfo fue que se cambiaron a una notación numérica. Los sementales y las vacas de simiente siempre fueron solo los de notas más altas, y nunca se dejó en el hato un animal de nota menor como simiente, sin importar su procedencia. La familia no garantizaba la vida del animal. De los libros de la ganadería transcribo algunas notas de tienta, para que nos demos una idea de cómo se apreciaba el comportamiento de los animales en esta faena:

Toro n√ļmero 5, de nombre Fantas√≠o nacido en 1930. Hijo de Jalape√Īo y Fantas√≠a de 1915. Tentado por acoso. Retentado en la plaza, 15 puyazos en la plaza y siete a campo abierto, form√°ndole la plaza la gente de a pie. Superior. Banderilleado en el campo, superior. Vuelto a la plaza, dos puyazos m√°s. Notabil√≠simo ejemplar de toro de lidia. Destinado a Semental.

Vaca 462, de nombre Carrisana del a√Īo 1928, hija de Fontanero y Carriona de 1921. Tentada en abril de 1931, superior de salida, 12 puyazos, excelente estilo, noble, pastue√Īa, bien de fuerza.

Toro 9 Carrionero de 1930. Tentado por acoso, 6 puyazos superior. Retentado en la plaza. Primer cuarto superior, segundo cuarto, catorce puyazos, bueno, √ļltimo superior. Noble, estilo, alegre y muy resistente de patas. En resumen al de a pie superior y al de a caballo bueno.

Toro 12 Carri√≥n  de 1931. Retentado en el campo en 1933, d√°ndole lida completa. Primer cuarto superior, segundo muy bueno, veinte puyazos, tercero y cuarto superior. De estilo el m√°s estupendo, notable toro que se destina para semental.

 Para toda la descendencia de las vacas de origen espa√Īol, est√° en los libros descrito el comportamiento de cada animal con mucho detalle, pero tambi√©n queda el recuerdo de quienes vivieron √≠ntimamente la ganader√≠a. Carlos Hern√°ndez Gonz√°lez me lo ha contado muchas veces y lo escribi√≥ bien y largo en su libro. Pero sobre todo, lo comprendi√≥. Esa insistencia de guardar la bravura, que no es nuestra, que no es nata en el animal, es la clave de su subsistencia y de la raza misma. Manteniendo la bravura, se puede crear lo que se quiera; sin ella, solo es dejar pasar el tiempo y el toro. De la bravura hay matices, sin esta, desaparece todo. Hoy en d√≠a, muchos toreros apetecen ir a las tientas de esta casa. Varios se han hecho ah√≠, toreando ganado con exigencia. Sintiendo, templando y mandando la embestida del bravo que acomete y presenta manifiestamente un problema por solucionar: convertir la bravura en arte. Dec√≠a alg√ļn joven matador, amigo de la casa, que la mirada de las becerras en la tienta parec√≠a de humano. Que sab√≠an lo que hac√≠an como si ellas lo decidieran. Esas cualidades eran muy apreciadas para incrementar sus conocimientos de lidia, riqueza que al tiempo les permitir√≠a cosechar √©xitos ante el p√ļblico. Por desgracia, de todos ellos, pocos levantan la mano a la hora de pedir las corridas en la plaza.

Todos los Gonz√°lez toreaban y participaban directamente en las faenas de tienta. El padre de Viliulfo, Rom√°rico, de acuerdo con los periodistas de la √©poca, pudo haber sido un torero importante. Manuel, hijo de este, tom√≥ la alternativa de manos de Rodolfo Gaona, en el puerto de Tampico, con mucho √©xito; todos los dem√°s, primos, cu√Īados, hijos, participaban derribando, picando y toreando en las faenas de campo. A pesar del serio problema de visi√≥n que padec√≠a Viliulfo, quienes lo vieron en el campo me contaron que toreaba y banderilleaba como el mejor, aun con esta condici√≥n. En las pel√≠culas familiares se puede apreciar esta afirmaci√≥n. √Čl y su primo Felipe, el famoso Gallo Viejo, ganadero durante setenta a√Īos de la ganader√≠a de Coaxamalucan, alternaban en quites y banderillas con los profesionales que iban a la casa. Y fueron todas las figuras de la √©poca. Ellos pulsaron en su capote y su muleta las embestidas y la bravura de los animales que criaban. Tuvieron el cuidado de tentar pr√°cticamente todos los sementales que padrearon, la mayor√≠a por acoso y derribo, y despu√©s con la muleta. Los libros de la ganader√≠a, que no la tienta, los llev√≥ con orden y cuidado el hombre letrado, de toda la confianza de los amos, Isaac Morales, desde los tiempos de Lub√≠n. La tienta fue siempre dirigida y llevada a cabo por ellos mismos. Solo porque me parece curioso y siento que describe un poco lo que eran aquellos tiempos, transcribo la nota que aparece en la tarjeta de la vaca Pantera: "se vendi√≥ por vieja y al llevarla a Apizaco al matadero, se cort√≥ de los bueyes en Texcalac y mato a una viejita madre de Luis Morales y a un viejito apellidado Quintero. Hubo que pagar multa, curaciones y entierros". Gajes del oficio.

En el campo, el tiempo dura m√°s. Todo es despacio y al buen caminar. Durante muchos a√Īos, las tientas de todas las ganader√≠as hermanas eran en la plaza de Piedras Negras. As√≠, muy de ma√Īana, muchos d√≠as del a√Īo, llegaban las vacas propias y las de los dem√°s, arreadas por bueyes y vaqueros. Se disfrutaba la faena. Se hablaba de toros. De la temporada. Se recorr√≠an los potreros y se seleccionaban y apartaban las corridas, la mayor√≠a para la capital. Piedras Negras es la ganader√≠a que m√°s toros y novillos ha lidiado en la Ciudad de M√©xico. Y en los primeros a√Īos, m√°s. Esto fue resultado del manejo interno. Muchos ganaderos lo intentaron, algunos duraron unos a√Īos, pero la presencia constante y duradera en las principales plazas del pa√≠s fue resultado del cuidado, la crianza y la selecci√≥n de los amos de Piedras Negras. Y sobre todo, de respetar su concepto.

Transcribiré la voz El Eco Taurino, del 6 de febrero de 1936, de quien estuvo ahí, sobre cómo era una tienta en tiempos de Viliulfo:

Envueltos por un manto de sol pleno que al extenderse por el campo parec√≠a bru√Īirlo de oro, llegamos a Piedras Negras. Antes de la finca vimos caminar hasta la plaza de toros del lugar una piara de bueyes con cencerros al cuello, conduciendo seis becerras negras y c√°rdenas. La plaza de toros, en medio del monte lleno de aromas, cubierta de sol. Tras la barrera, Aurelio Carvajal, se√Īor de Zotoluca, Gabriel Aguilar, Filem√≥n Guevara, Ger√≥nimo Merch√°n, Danielito Mu√Īoz, don Isaac Morales, Gonzalo Iturbe, arrendatario de Zocac, y otros. En el ruedo, Viliulfo Gonz√°lez, Carlos Hern√°ndez y el novillero Gabino Aguilar. Don Isaac Morales, el administrador de Piedras Negras, con el libro de registro en las manos, dentro de un burladero. ¬°Esc√≥ndanse todos!... Los actuantes entran en las troneras y sale la primera becerra. Despu√©s de cinco puyazos la vaquilla escurre sangre que enrojece la piel y forma charquitos en la arena. En el d√©cimo tercer puyazo, Viliulfo cambia el tercio y le coloca Gabino Aguilar tres pares de banderillas. Este novillero agarra la muleta y torea por alto, al natural, de pecho y costado con aguante, valiente y temple torero. Despu√©s es lazada para curarla. La segunda vaca, despu√©s de tomar catorce puyazos es desechada por retroceder dos pasos. La tercera con encornadura de toro, hija de la vaca ¬ęGuapetona¬Ľ y el semental ¬ęPartidario¬Ľ, desde la primera arrancada mostr√≥ una codicia poco com√ļn. Embisti√≥ al capote con alegr√≠a, suavidad y bravura, y mientras m√°s avanzaba la lidia, m√°s bravura, alegr√≠a, codicia, nobleza. Quince puyazos y a lazarla para su curaci√≥n. ¬°Vaya canela y solera de bravura! La cuarta vaca fue castigada con quince puyazos y fue magn√≠fica, pero no como la anterior. La quinta fue desechada y la sexta aprobada con catorce puyazos.

La rese√Īa tiene comunes denominadores: la selecci√≥n, con base en su comportamiento al caballo y lo poco que se tomaba en cuenta la faena de muleta. Escasos o muy pocos eran los muletazos que se les daban a las vacas para calificarlas y dejarlas como madres en la ganader√≠a. Regresemos al relato:

El 16 de enero se tentaron seis preciosos becerros espa√Īoles, sangre pura del Marqu√©s de Saltillo, dedicados ‚Äďlos que aguantasen la terrible prueba‚Äď para sementales de la ganader√≠a tlaxcalteca... El primero, ¬ęCubero¬Ľ, tom√≥ 16 puyazos, siendo toreado de capa, banderilleado y pasado de muleta por Viliulfo Gonz√°lez, Carlos Hern√°ndez y Gabino Aguilar. Fue dedicado a padrear en Piedras Negras. El segundo, negro list√≥n conocido como ¬ęCarri√≥n¬Ľ, tentado por los mismos mencionados, recibi√≥ 17 puyazos y padrear√° en La Laguna. El tercero, c√°rdeno, ¬ęAfectuoso¬Ľ, rebos√≥ una bravura plena de alegr√≠a. Embisti√≥ deliciosamente, tom√≥ quince puyazos en un solo terreno, arranc√°ndose de largo, con la muleta fue a donde quisieron llevarlo sin mostrar el menor resabio. Este gran novillo fue destinado a Zotoluca.

Y as√≠ contin√ļa la descripci√≥n de esos d√≠as de campo.

El cambio de reglamentación que obliga el uso del peto como defensa de los caballos en la plaza es un punto de rompimiento clave para el devenir de la fiesta y la crianza y selección del toro bravo. Ya no era tan solo una cantidad interminable de puyazos con infinidad de caballos muertos en el ruedo, normalmente más que toros. Ahora el toro recibiría a ley un castigo más fuerte y prolongado, lo cual obligaría a sus criadores a evolucionar hacia estas nuevas exigencias. En el portal de La Fiesta Nacional encontré esta nota que detalla el origen de este cambio:

Fue a finales de los a√Īos 20, en plena dictadura del general Primo de Rivera, cuando se implant√≥ la protecci√≥n o petos a los caballos. La chispa que colm√≥ el vaso ocurri√≥ en una corrida de toros celebrada en Aranjuez a principios de temporada de 1928, a la que asisti√≥ el presidente del Gobierno Primo de Rivera acompa√Īado de una distinguida dama extranjera, ligada familiarmente a un ministro franc√©s. Ocupaban un asiento preferente de barrera y ocurri√≥ que unos de los toros, tras romanear y campanear a sus anchas a uno de aquellos escu√°lidos caballos, salpic√≥ con sus tripas y con parte de lo que estas conten√≠an a todos los espectadores que se hallaban presenciando el espect√°culo en la zona donde se encontraba la ilustre pareja. El dictador tuvo que pasar un mal rato tan grande, que tras el espect√°culo dio la orden tajante a su Ministro de la Gobernaci√≥n de que adoptara las medidas oportunas para acabar para siempre con tan salvaje y vomitivo espect√°culo. Y de ah√≠ vino directamente la imposici√≥n del peto en los caballos que practicaran la suerte de varas. Oficialmente se implant√≥ en el a√Īo 1928, estando como ministro de la Gobernaci√≥n el general Mart√≠nez Anido, que dispuso en ¬ęLa Gaceta de Madrid¬Ľ, que a partir del d√≠a 8 de abril de ese a√Īo se prescrib√≠a el uso obligatorio de los petos protectores para los caballos de picar en las plazas consideradas de primera categor√≠a, entre ellas la de Tetu√°n de las Victorias en Madrid, una plaza en la que anteriormente y durante un a√Īo se hab√≠an llevado a cabo las pruebas del peto. Esta disposici√≥n fue despu√©s ratificada por Real Orden de 13 de junio, que ya extend√≠a su obligatoriedad a todas las plazas de Espa√Īa.

El uso del peto se reglamentó en México a partir de 1930. El comportamiento en el caballo era y siguió siendo de suma importancia en Piedras Negras, sin embargo, comenzaba el cambio, al hilo de la evolución del toreo, al dársele ahora peso y validez al comportamiento en la muleta y tener que buscar la fuerza y la energía para acometer ahora con más bravura ante las nuevas exigencias.

Rom√°rico y Ra√ļl Gonz√°lez Gonz√°lez continuaron la obra de su padre. A partir de 1941 y hasta 1952, Rom√°rico qued√≥ al frente de la casa, siendo propietarios adem√°s su madre, Delfina, y sus hermanos. Carlos Hern√°ndez escribi√≥:

El Amo Maco es el mejor ganadero que haya conocido, el m√°s dedicado, tanto al campo como a los libros. Su pr√°ctica para elegir sementales consist√≠a en sacrificar un gran n√ļmero de toros... Para √©l, la elecci√≥n definitiva de un semental no solo consist√≠a en la selecci√≥n en los libros ni en una tienta exigente en pos de la bravura; se ten√≠a que apreciar la calidad, no solo en la primera camada de hembras, sino de los machos lidiados como novillos, si estos resultados no eran excelentes, se quitaba el candidato a semental y continuaba la prueba con otros, cuantos fueran necesario.

Con √©l se comenzaron a distinguir tres cualidades en las tientas y en las notas: la bravura, el estilo y la fuerza. La debilidad era un problema que ten√≠an las ganader√≠as de los Gonz√°lez, defecto que desde las tientas se empez√≥ a tratar de resolver. A partir del Amo Maco, el sistema de tienta cambio, dejando a la becerra en el tercio para irla abriendo conforme a sus condiciones y poder apreciar con m√°s detenimiento la calidad de la embestida. Se dejaron atr√°s los catorce puyazos para, haci√©ndoles la sangre necesaria, apreciar otras cualidades, sin perdonar jam√°s defectos que traicionaran la concepci√≥n original. Esto le pag√≥ con creces a Rom√°rico, que mand√≥ a las plazas toros de ambas casas que peleaban ya las figuras para faenas bajo los c√°nones del toreo moderno. Sin embargo, Piedras Negras ten√≠a su personalidad y su leyenda. En el herradero de 1940, decidieron marcar unos becerros de La Laguna con el hierro de Piedras Negras para ver si esto cambiaba la percepci√≥n de los toreros. No surti√≥ efecto, pues el nombre pesaba mucho en el √°nimo de los matadores de toros. Por otra parte, el modo de hacer las cosas por parte de Lub√≠n durante veinticinco a√Īos fue constante y sin cambio, y no se iba a poder modificar de un plumazo. Lub√≠n no toreaba; Rom√°rico grande y sus hijos, s√≠. ¬ŅHabr√° tenido que ver esto en la diferencia de comportamiento entre las dos ganader√≠as hermanas? ¬ŅHabr√°n apreciado m√°s los ¬ęlagunas¬Ľ el comportamiento en la muleta? ¬ŅLo reflejar√≠an en sus notas? No lo s√©, pero puede ser una explicaci√≥n.

Cada camada constaba de cerca de cincuenta hembras. Solo se aprobaba el mismo n√ļmero de vacas que se desviejaban ‚Äďalrededor de quince‚Äď, por lo que la selecci√≥n era muy estricta. Piedras Negras casi no vendi√≥ simiente a ninguna ganader√≠a que no fuera de la familia, por lo que se fueron al rastro vacas que en otros lados hubieran podido ser base fundacional, sin embargo, ellos no ten√≠an intenci√≥n de ser una ganader√≠a madre, sino simplemente de mejorar la suya. Lo que se compart√≠a eran sementales, por lo que sin duda se dej√≥ ir sangre muy buena.

La tienta de machos se hac√≠a a campo abierto en el potrero denominado el Derribadero, situado a un par de kil√≥metros al oriente del casco. D√≠as antes de la tienta, ah√≠ llevaban la camada completa de becerros, que iban soltando uno a uno el d√≠a de la faena para que amparador y derribador, en coordinada collera, templaran su galope y con certero golpe en la palomilla lo hicieran rodar en la zona donde se encontraba el picador, con su caballo protegido con un peque√Īo peto que le permit√≠a amplia movilidad para colocarse para el puyazo. Despu√©s del primer encuentro, toreando a la grupa, lo colocaban de nuevo hasta que se hubiera cumplido el objetivo de evaluar su bravura. Algunos becerros, los destinados a ser sementales, tambi√©n se toreaban a pie, con los invitados haciendo ruedo. Viliulfo, Rom√°rico y Ra√ļl participaron siempre en estas faenas. Esta pr√°ctica fue introducida en el a√Īo de 1926, por consejo del matador de toros espa√Īol Jos√© Garc√≠a Algabe√Īo II. Se tentaba toda la camada y a los de simiente; adem√°s, se hac√≠a una faena completa para ser aprobados como sementales, o muertos por estoque ah√≠ mismo.

Del Eco Taurino, de octubre de 1925, entresaco las siguientes líneas de una editorial firmada por Majito:

Caminaban por Madrid ¬ęel Algabe√Īo¬Ľ y Emilio Torres ¬ęBombita¬Ľ. Un viejo aficionado, al ver la cara de tristeza de Jos√© Garc√≠a, le cuestiona:

‚Äď¬ŅAlg√ļn robo?, ¬Ņalguna deuda?

‚ÄďNo ¬°peor, peor que eso ‚Äďresponde‚Äď. Mi hijo Pepe se ha vuelto loco. La locura peor, la de los toros. Haber amasado una fortuna pa'√©l. Haberle dado instrusi√≥n  en los mejores colegios. Tenerle los mejores cortijos. Poner en √©l la ilusi√≥n de un padre que le ha querido salvar de la √ļnica verg√ľenza del mundo, que es la de ser torero. Y de repente, cuando nadie lo espera, se me escapa, acepta un contrato en Barcelona, y esta tarde, si Dios no lo remedia, va a presentarse en p√ļblico... ¬°Antes lo mato!

Pues no lo mató. Y este evento de 1922 fue el inicio de la carrera del matador de toros que llegaría a Piedras Negras a dejar su huella con la faena de acoso y derribo. En noviembre de 1925 debutaría en la capital mexicana con toros de esta casa. Al perderse los terrenos de la hacienda, esta faena se dejó de hacer, y hoy Marco Antonio torea en su plaza los toros que destina para sementales.

En M√©xico, la tienta de machos todav√≠a se lleva a cabo en varias ganader√≠as, en las plazas de tienta, por colleras a pie. Tentar los machos aporta un dato m√°s que puede ser o no relevante: al final, la tienta m√°xima de un semental es su descendencia y la capacidad de ligar y transmitir lo que gen√©ticamente tiene dentro, de acuerdo al concepto de cada ganadero. El tipo, la familia, su tienta, su descendencia y su lidia en plaza, si acaso se diera, son las cinco tientas de un macho, seg√ļn el concepto de Oscar Gonz√°lez, quien durante varios a√Īos acompa√Ī√≥ a Ra√ļl Gonz√°lez en la conducci√≥n de la ganader√≠a, an√°lisis que hoy se sigue respetando.

Ra√ļl no abandon√≥ la definici√≥n de bravura de sus ancestros, sin embargo, busc√≥ tambi√©n, al igual que su hermano Rom√°rico, que el toro rompiera a m√°s en las plazas. Hizo los esfuerzos gen√©ticos necesarios para encontrar un grado m√°s de toreabilidad en la plaza. Varios a√Īos hizo empadres con un toro y muy pocas vacas, solo con la intenci√≥n de buscar una combinaci√≥n de sangre espec√≠fica con el cuidado adicional que una peque√Īa punta permite. Hoy en d√≠a, Marco Antonio, su hijo, lo hace con frecuencia y adem√°s en cuanto al comportamiento, mantiene el concepto y tienta con toda severidad. En pocos lados he visto la exigencia de Marco. La bravura sigue ondeando bandera en esta casa y la fuerza es una condici√≥n necesaria para aprobar las vacas y los sementales.

A Ra√ļl le toc√≥ luchar todav√≠a contra el problema de la debilidad que al paso del tiempo fue logrando erradicar. Durante a√Īos he escuchado una frase que considero un mito: la consanguinidad de Piedras Negras. Como mencion√© l√≠neas arriba, el planteamiento fue abrir la sangre. Y se logr√≥. Lo que menos hab√≠a en esta casa eran sementales consangu√≠neos, ya que se buscaba evitar esto.

Las caídas del toro durante la lidia tienen varias explicaciones y desde el punto de vista de los investigadores del tema, ninguna es concluyente; el hábitat, la alimentación, la sanidad, los genes como portadores del problema, el estado de las vacas madres y la consanguinidad, son algunas de las razones que lo explican, pero no así, en este caso, la consanguinidad, que en esta casa es muy baja. Las herramientas tecnológicas actuales permiten hacer los cálculos de manera rápida, y los datos históricos de los libros de Piedras Negras, ahora ordenados en un sistema, es lo que arrojan.

El problema se erradicó eliminado las vacas que lo mostraban en la tienta, así como los sementales que la trasmitían, dejando solo aquellos animales con la fuerza necesaria para cumplir su lidia completa, además de poner todos los cuidados necesarios en la sanidad, crianza y alimentación del ganado.

La consanguinidad resulta del apareamiento de animales que tienen uno o m√°s antepasados en com√ļn. Cuanto m√°s cercano sea el parentesco, m√°s alta ser√° la consanguinidad de las cr√≠as. Este sistema de cruzamiento como v√≠a para la b√ļsqueda de reproductores superiores ha sido muy exitoso en la ganader√≠a mundial, y lo que se busca a trav√©s de cruzamientos en l√≠nea, o sea entre hermanos o inbreedings de padres a hijas, o de hijos a madres, es fijar, por medio de la repetici√≥n de genes, las caracter√≠sticas deseables en la ganader√≠a. La tienta y la observaci√≥n fenot√≠pica de los productos ayudan a eliminar lo que a ojos vistas no se desea mantener, sin embargo, las combinaciones de genes en un animal son casi imposibles de controlar, por lo que, aun y cuando las condiciones no deseadas se eliminen del hato, estas permanecen aunque sea en forma recesiva y pueden reaparecer en cualquier momento. En un principio, en Piedras Negras la consanguinidad de los sementales era del 12.5%, ya que la descendencia de Fantas√≠o con las vacas puras espa√Īolas fue con sus hermanas, y tuvieron como ancestro com√ļn a Tabaquero. Para las siguientes generaciones fueron evitando cerrar estos toros, de tal forma que, para la d√©cada de los a√Īos sesenta, los siguientes reproductores relevantes fueron bajando su √≠ndice de consanguinidad a niveles de 6% en promedio. El Chocolatero es la √ļnica excepci√≥n, pues con 19.35% de consanguinidad, dio una progenie excepcional. Quiz√° la cr√≠tica debiera de ser en el sentido de no haber utilizado m√°s esta t√©cnica de cruzamiento, m√°s que en decir con tanta facilidad que la consanguinidad hab√≠a da√Īado esta sangre. En ganader√≠as tan cortas como esta, la endogamia y la variabilidad gen√©tica son aspectos que hay que observar muy de cerca para prevenir la p√©rdida de l√≠neas de sangre.

Los toros de este encaste son muy nerviosos en el campo, por lo que embarcar las corridas de toros es una faena de alto riesgo y muy vistosa. En tiempos de Lub√≠n se apartaban las corridas a principios de octubre. Normalmente, la camada pastaba en el potrero de la Troje, muy cerca de La Laguna. Ah√≠ hab√≠a que ir separando las corridas buscando igualarlas en pelo, tipo y alzada. Amos y vaqueros a caballo ejecutaban con sigilo la faena. Los c√°rdenos de origen Saltillo eran los primeros en ser separados para ser alojados en el potrero contiguo, llamado quiz√° por esto, Los Espa√Īoles. Los dem√°s eran separados de acuerdo con las instrucciones del ganadero y eran hospedados en los potreros que est√°n rumbo al casco. En aquel tiempo, el embarcadero estaba junto a la vieja plaza de tientas.

Hoy en día, en Piedras Negras hay dos embarcaderos cercanos a los cerrados donde pastan las corridas. El primero es uno de campo, el embarcadero viejo de Zotoluca, y el segundo es una instalación contigua a la actual plaza de tientas. A esos potreros llegan los vaqueros de la casa y las casas vecinas, con paradas de bueyes para ir a caballo embarcando toro por toro. Es un terreno ondulado en el que hay que arropar al toro para conducirlo al embarcadero más cercano. Así, uno a uno van subiendo al camión, en una faena que ya poco se ve. Hombres de a caballo templando bueyes y toros que con toda calma los llevan rumbo a su destino.

Desde un inicio, en Piedras Negras, cada a√Īo se han embarcado cerca de cincuenta machos para las plazas. Hasta los a√Īos ochenta, principalmente para la Ciudad de M√©xico, sin embargo, la ganader√≠a tambi√©n triunf√≥ en todo el pa√≠s y en Sudam√©rica. En el siguiente cap√≠tulo hablaremos de ello. Se lidian pocas novilladas. Un encaste tan exigente dificulta mucho a novilleros sin experiencia resolver el planteamiento que la bravura supone. Recientemente, los triunfos en plazas como Guadalajara, Tlaxcala y Texcoco han sido con toros que han conjuntado en su comportamiento la casta, acometividad y la nobleza necesarias en el toro bravo actual.

El toro de Piedras Negras es un animal de preciosas hechuras, extraordinariamente armonioso. Bajos en su mayor√≠a, recogidos de cuerna, predominando los bien puestos y algunos delanteros con poca pala. Poco se ve el toro cornal√≥n o el veleto, y nunca el cornipaso. Degollados de papada, con ojos vivaces, predomina el c√°rdeno en todos sus matices, sin dejar de existir el negro. Porque la fuerza gen√©tica existe, hoy est√°n saliendo en animales puros de este encaste con pelos colorados en distintas proporciones. Regres√≥ la pinta que Viliulfo con tanto af√°n intent√≥ quitar. ¬ę ¬°Ha de tener de Piedras!¬Ľ, dec√≠a Ra√ļl cada vez que un toro c√°rdeno de otra casa daba bravo juego en la plaza, con el consabido disgusto de nuestros amigos ganaderos, que dec√≠an: ¬ę ¬°Si nunca hemos tenido de eso!¬Ľ. Pues no, de ¬ęeso¬Ľ, fuera de la familia y de algunas ganader√≠as cercanas, pr√°cticamente todas tlaxcaltecas, fueron dos casas importantes las que tuvieron: San Antonio de Triana, propiedad de don Manuel Ibarg√ľengoytia Llaguno, quien se llev√≥ el toro n√ļmero 78 de nombre Dantesco, hijo de Macetero, n√ļmero 114, con el hierro de La Laguna, que se hab√≠a vendido en 1958 al Ing. Mariano Ram√≠rez, junto con el toro Barrico, n√ļmero 87, con el hierro de Piedras Negras. Dantesco, seg√ļn s√© por comentarios de quienes conocen esa brava casa ganadera, no le lig√≥ a don Manuel, sin embargo, aguantando las fuertes cr√≠ticas de sus paisanos y familiares, dej√≥ en la ganader√≠a cerca de sesenta vacas nacidas entre los a√Īos 1962 y 1967, que empadr√≥ con toros de su casa en los potreros zacatecanos. Algo les habr√° visto, que aun y no siendo vacas superiores, tuvo la paciencia de esperar los resultados de esta sangre a trav√©s de las hijas de este semental. Al paso del tiempo, la sangre de Dantesco dej√≥ un importante legado en San Antonio de Triana. Pr√°cticamente, todos los machos nacidos en esos a√Īos se lidiaron en novilladas, sin haber dejado ninguno con las vacas. La otra casa fue La Punta, que en el a√Īo de 1967, cuando Paco Madrazo Sol√≥rzano, entra√Īable amigo de Ra√ļl, en esa √©poca ya al frente de la casa de su padre, decidi√≥ mezclar su tequila jalisciense con el pulque tlaxcalteca y adquiri√≥ dos novillos: el n√ļmero 50, Tinajito, c√°rdeno oscuro, bragado, coletero con el hierro de Piedras Negras, y el 17, Seda Fina, c√°rdeno, con el hierro de La Laguna, combinaci√≥n explosiva que seg√ļn don Paco no le result√≥ y tuvo que retirar los toros del empadre. Adem√°s, habr√≠a que sumar los toros indultados en Colombia y algunos m√°s que se vendieron a ganaderos del Cono Sur y a otras ganader√≠as mexicanas de menor importancia, que al paso del tiempo no siguieron esta l√≠nea. Piedras Negras fue una ganader√≠a de los Gonz√°lez para los Gonz√°lez. Algunos, con el tiempo prefirieron buscar sangre en otros lados. No son m√°s de ciento diez vacas y cuarenta sementales vendidos a veinticinco ganader√≠as distintas a las hermanas y las hijas de Piedras Negras en toda su historia.

Piedras Negras se dividi√≥ en el a√Īo de 1972. Dentro de las ganader√≠as de la familia hay dos grupos en los que esta casa es principal aporte de sangre: las ganader√≠as hermanas, que fueron fundadas a principios de siglo XX: La Laguna, Zotoluca, Coaxamalucan, Rancho Seco y Zacatepec, a las cuales fueron vacas puras Saltillo y muchos sementales; y las ganader√≠as hijas, producto de la divisi√≥n de la ganader√≠a que se hizo a la muerte de do√Īa Delfina, y como resultado de la p√©rdida de los terrenos de la hacienda.

As√≠, en esta divisi√≥n nacieron: Tepeyahualco, nombre que restableci√≥, con todo y su antig√ľedad, Manuel de Haro con las vacas y sementales que hered√≥ Marta, su esposa; Iturbe Hermanos, herencia de Magdalena; la Antigua, herencia de Susana, y  Piedras Negras, cuyo hierro y divisa quedaron en manos de Ra√ļl. Rom√°rico recibi√≥ becerras de dos camadas que vendi√≥ a los entonces nuevos due√Īos de La Laguna. El hierro que por herencia de su quinta parte correspondi√≥ a Rom√°rico, fue adquirido por don Jorge Mart√≠nez G√≥mez del Campo cuando funda su ganader√≠a "Los Mart√≠nez".

En 1982, Susana vendi√≥ el rancho que hab√≠a comprado junto con las vacas que a√ļn conservaba en Quer√©taro a su sobrino Jorge de Haro, quien las acompa√Ī√≥ con dos camadas y varios toros de la casa de su madre. Al paso del tiempo, Jorge encast√≥ su ganader√≠a en las sangres de San Mateo y Garfias. Tepeyahualco est√° en manos de Ignacio de Haro ‚Äďsu hermano Manuel reci√©n falleci√≥‚Äď, ubicada tambi√©n en ese estado y los Iturbe mantienen dos hierros: Gonzalo Iturbe, propiedad de √©l mismo, y Magdalena Gonz√°lez, que dirige Javier Iturbe, ambas situadas en el municipio de Amealco, Quer√©taro. Y ah√≠ contin√ļa la historia bajo los mismos c√°nones. De la sangre de La Laguna, junto con la de Piedras Negras, est√° la ganader√≠a de De Haro, propiedad de Antonio y Vicente, la cual ya hemos mencionado, y la de Xalmonto, que es de Pablo, su hermano, con este mismo encaste, ubicada en los Altos de Jalisco. Magdalena Iturbe, con su esposo, el matador de toros Gabino Aguilar, actualmente tambi√©n son criadores de toros de lidia.

Se mantienen las l√≠neas de sangre y hoy en d√≠a se est√°n volviendo a compartir sementales y vacas, pr√°ctica que se hab√≠a dejado de hacer por alg√ļn tiempo, con resultados muy positivos.

Marco Antonio, los hermanos De Haro y los hermanos Iturbe, nietos de Viliulfo, conservan en sus casas esta sangre √ļnica. Ocho ganader√≠as con sangre Gonz√°lez-Piedras Negras. En sus manos, el Encaste Piedras Negras sigue vivo. En la actualidad, Marco Antonio empadra cerca de ciento cincuenta vacas cada a√Īo, herrando un poco m√°s de cien animales por camada. En los √ļltimos diecisiete a√Īos que lleva al frente de la casa ha hecho un cambio fundamental en el manejo de su sangre: ha buscado, conservado y empadrado sementales consangu√≠neos con las vacas, ahora s√≠, cerrando la sangre, estrategia que en realidad en esta ganader√≠a hay que entenderla como un refresco, ya que al padrear toros consangu√≠neos, despu√©s de muchos a√Īos de no hacerlo, estos no refrescan diluyendo la sangre original, sino que lo hacen regresando sobre s√≠ misma, haciendo presentes con m√°s importancia gen√©tica las cualidades de los reproductores seleccionados y las de sus ancestros. Abri√©ndose as√≠, en forma autosuficiente. Un hato seleccionado sobre un concepto y con un mismo m√©todo por tantos a√Īos, dif√≠cilmente acepta o liga con animales seleccionados de otra manera y menos de otro encaste. Esta sangre domina. Y de forma sencilla se refresca sola. Es la ventaja y quiz√° la √ļnica opci√≥n de las ganader√≠as que son en s√≠ mismas un encaste. Por otra parte, Marco Antonio conserva e incrementa cada a√Īo un banco de semen congelado que le permite regresar a sementales espec√≠ficos cuando as√≠ es necesario.  Este planteamiento y su desarrollo han dado gran resultado. Con el toro en la plaza ‚Äďadem√°s de la exigencia ya innata en esta sangre que existe a base de buscarla y no perderla‚Äď, con mucha frecuencia est√° logrando una duraci√≥n y calidad en la embestida excepcionales. Para algunos sorprendentes. Lo mismo con las vacas. Y no busco una fuente para respaldar esto, puesto que me ha tocado vivirlo con √©l. En una corrida tras otra, en una y muchas tientas, cada vez m√°s califican con alta bravura muchos animales con esta condici√≥n. De la bravura siempre habr√° resultados; de su ausencia, el olvido del origen de esta fiesta. Se sigue manteniendo el orden gen√©tico, del cual, alguien valientemente dijo que en esta casa no existi√≥. Valor entendido como el abuso de la ignorancia conceptual y el desconocimiento de la ganader√≠a que durante m√°s a√Īos ha mantenido su misma sangre, due√Īos y tradiciones en este pa√≠s, y junto con Miura, en el mundo.

De Marco muchos dudaron; no solo de que pudiera con la ganader√≠a, sino simplemente de que continuara con ella. Pues aqu√≠ est√° la rojo y negro en manos del sexto amo, triunfando fuerte como anta√Īo, esperando que crezcan los reci√©n nacidos c√°rdenos para ondear sobre sobre sus lomos en las plazas cuatro a√Īos despu√©s. De corbata y traje gris, ante la mirada desconcertada de quienes han dado por muerto este encaste y su concepto desde hace muchos a√Īos.

Jos√© Mar√≠a, Lub√≠n, Viliulfo, Rom√°rico, Ra√ļl y Marco Antonio Gonz√°lez: los seis amos de Piedras Negras.

Ahora, ¡vamos a los toros!, ¡a la plaza!, a recorrer la historia del toreo en México en la sangre de los toros de Piedras Negras.

III. LA PLAZA

1. EL INICIO

Como ya comentamos, Piedras Negras naci√≥ en el entorno adverso de la prohibici√≥n de las corridas de toros en la Ciudad de M√©xico, por lo que sus primeras corridas se dieron en el √°mbito regional, principalmente en Texcoco, en la ciudad de Puebla y en los poblados cercanos a la finca. En distintas publicaciones encontramos los carteles con los que Piedras Negras se present√≥ en los cosos del Huisachal y Tlalnepantla, refugios alternos de la afici√≥n capitalina, y los primeros de los que se tiene registro. Las corridas fueron estoqueadas por las dos figuras alrededor de quienes giraba la fiesta de los toros en ese momento: Bernardo Gavi√Īo y Ponciano D√≠az. Los siguientes tres carteles son ejemplo de ello; el primero corresponde a El Diario del Hogar; el segundo a Francisco Coello (in√©dito), y el tercero a El Arte de la Lidia (a√Īo 1, n. ¬ļ 8, 18 de enero de 1885):

PLAZA DE TOROS DEL HUISACHAL, ESTADO DE MEXICO

15 de febrero de 1882

Ponciano Díaz, con 4 toros de Piedras Negras

PLAZA DEL HUISACHAL, ESTADO DE M√ČXICO

5 de marzo de 1882

Bernardo Gavi√Īo y su cuadrilla con 5 toros de Piedras Negras

√öltima corrida de la temporada. Sobresalientes toros de la afamada hacienda de Piedras Negras. Cuadrilla de Bernardo Gavi√Īo. Dos toros de cola ‚Äďgraciosa mojiganga‚Äď

El casamiento de los indios de Tehuantepec ‚Äďun toro de fuego‚Äď toro embolado

PLAZA DE TOROS DE TEXCOCO, ESTADO DE M√ČXICO

1885

Se preparan en estas ciudades grandes espect√°culos con motivo de la feria que anualmente se celebra. Habr√° corridas de toros y se lidiar√° la afamada ganader√≠a de la hacienda de Piedras Negras. Cuadrilla lidiadora escogida por el primer espada Bernardo Gavi√Īo. ¬°Grandes novedades! ¬°Corrida monstruo! Las corridas se celebrar√°n los d√≠as 25 y 29 de enero; tambi√©n el 1¬ļ de febrero

Bernardo Gavi√Īo hab√≠a nacido en Puerto Real, C√°diz, el 20 de agosto de 1813 y lleg√≥ a M√©xico en 1835. ¬°Las corridas mencionadas arriba son casi cincuenta a√Īos despu√©s! Se dice que en ese tiempo mat√≥ en nuestro pa√≠s m√°s de mil corridas, actuando sobre todo en el centro de la Rep√ļblica. Primero habr√≠a que poner en contexto estos n√ļmeros y el tipo de espect√°culo que se presentaba. Pr√°cticamente en esos a√Īos no hab√≠a ferrocarriles, por lo tanto, quiz√° en sus √ļltimas corridas se pudo haber transportado con comodidad, pero solo por esto el n√ļmero de corridas es en s√≠ toda una haza√Īa. Jos√© Francisco Coello relat√≥ que, sin alejarse de sus ra√≠ces ¬ęasimil√≥ y aprendi√≥ el car√°cter del toreo practicado por los espadas nacionales, como los hermanos √Āvila o Andr√©s Ch√°vez, que mezclaban sus tauromaquias con quehaceres campiranos y una serie de divertimentos, parte complementaria del espect√°culo que encontr√≥ a su paso el gaditano¬Ľ.

Gavi√Īo incorpor√≥ la ¬ęmexicanidad¬Ľ a su hacer espa√Īol, o √©l se incorpor√≥ a esta, creando un espect√°culo puramente nacional. En Los ases del toreo (Lux, 1920), Uno al Sesgo menciona que Gavi√Īo

Suple con su propia inventiva sus deficiencias t√©cnicas. Sobre la base de su formaci√≥n espa√Īola cre√≥ un toreo en gran parte personal, ejecutando los lances a su manera, modific√°ndolos a su capricho, atento a sacar el mayor partido de sus condiciones f√≠sicas y con toros muy diferentes a los de hoy.

Monopolizaba la fiesta sin dejar pasar pr√°cticamente a ning√ļn otro coleta espa√Īol, lo cual, de acuerdo a los cr√≠ticos de la √©poca, originaba una tediosa monoton√≠a y deten√≠a su evoluci√≥n. Mando puro en plazas y despachos. M√©xico lo hizo suyo y fue √©l quien dio la primera forma a la fiesta en nuestro pa√≠s. El espect√°culo presentado al p√ļblico en ese tiempo era muy variado; salto sobre los toros, banderillas colocadas de muy diversas maneras, toros embolados, matar sentado en una silla, fuegos artificiales, en fin... muchos aditamentos para la diversi√≥n de la gente. No siempre se corr√≠an seis toros y, como sabemos, estos no eran de casta. El espect√°culo taurino se centraba en el tercio de varas, en un muy lucido tercio de banderillas, que es quiz√° lo √ļnico que ha permanecido en el toreo, y la muerte del toro a espada como un mero fin de faena.

En el momento de la prohibici√≥n, Ponciano D√≠az surgi√≥ como un rostro fresco y totalmente nacional. Trat√≥ de mantener la hegemon√≠a de su maestro Gavi√Īo, pero ya empezaban a llegar espadas espa√Īoles, no siempre bien aceptados por la afici√≥n, pero comenzaban a tener importancia. Ponciano intent√≥ mantener pura la identidad nacional, sin embargo, la fiesta ya estaba tomando otro camino. Las suertes charras que √©l acostumbraba intercalar en los espect√°culos desaparecer√≠an en poco tiempo. Recibi√≥ la alternativa en Espa√Īa en 1889 y regres√≥ a M√©xico a pasar sus √ļltimos a√Īos sin la gloria de la que hab√≠a gozado. Los d√≠as 15 de febrero y 5 de abril de 1895, ya en su ocaso, enfrentar√≠a dos corridas de Piedras Negras en la plaza del Huisachal.

La llegada de Mazzantini en 1887 ocasion√≥ el gran cambio en M√©xico, no solo en las plazas, tambi√©n en las ganader√≠as. Se pasaba de admirar la valent√≠a y la habilidad del torero, a entender los principios fundamentales del toreo, todos ellos plasmados en diversas tauromaquias dictadas por los grandes en Espa√Īa, de nula o poca aplicaci√≥n en nuestra fiesta hasta ese momento. El vasco aconsej√≥ a los Gonz√°lez que compraran sementales espa√Īoles, y les vendi√≥ para Piedras Negras el primer semental de casta. Tambi√©n fue el primero que import√≥ corridas completas de Espa√Īa y ense√Ī√≥ al p√ļblico mexicano lo que era una corrida de toros, sin el complemento de divertimento acostumbrado aqu√≠.

Mazzantini naci√≥ en el a√Īo de 1856 en Elgoibar, Guip√ļzcoa (Pa√≠s Vasco, Espa√Īa). Hijo de padre italiano, residi√≥ algunos a√Īos en ese pa√≠s, de donde regres√≥ a Espa√Īa en 1870. Fue telegrafista y trabaj√≥ en la estaci√≥n de ferrocarril de Santa Olaya; quiso tambi√©n ser cantante de √≥pera y en el a√Īo de 1880 finalmente se present√≥ como novillero en Madrid. Recibi√≥ la alternativa de manos de Salvador S√°nchez Frascuelo en la plaza de Sevilla el 13 de abril de 1884, confirm√°ndola de manos de Rafael Molina Lagartijo, en Madrid, el 29 de mayo del mismo a√Īo con el toro Morito, de la ganader√≠a de Murube. En 1886, el empresario de la plaza de toros San Rafael de la Ciudad de M√©xico, don Ram√≥n L√≥pez, lo contrat√≥, a pesar de tener firmada una exclusiva con los empresarios de Puebla, donde ya hab√≠a debutado, y se present√≥ en la capital el 16 de marzo de 1887; en esta, su primera tarde, brind√≥ un toro a Ponciano D√≠az, de quien junto con sus partidarios recibir√≠a siempre un trato muy duro. La tarde fue de gran bronca, al no tener la empresa la corrida cubierta, teniendo que ir a completarla al rastro de la ciudad. El resultado incluye la huida de Mazzantini hacia la estaci√≥n de tren, escoltado por la polic√≠a y seguido por los partidarios de Ponciano, quienes lo apedreaban, y por el mismo D√≠az, de quien se dice que, reata en mano, intentaba lazarlo. Desde ese a√Īo hasta 1890, y de 1894 a 1905 har√≠a temporada en M√©xico pr√°cticamente todos los a√Īos, acompa√Īado de su cuadrilla, siendo adem√°s el principal intermediario para la importaci√≥n de corridas espa√Īolas para las plazas de la capital, que, como veremos m√°s adelante, llegaron a ser cinco, en las que, al mismo tiempo se dio una gran cantidad de festejos en todas ellas. Retirado de los toros, fue concejal mon√°rquico y diputado provincial en Madrid, as√≠ como gobernador civil en Guadalajara y √Āvila. Hombre elegante en la plaza y en la calle, activo todav√≠a como matador de toros, lleg√≥ a ejercer su antigua profesi√≥n de cantante de √≥pera actuando con gran √©xito en tres funciones en el a√Īo de 1888 en los teatros Principal y Nacional de la Ciudad de M√©xico. La pugna que hab√≠a entre poncianistas y mazzantinistas le impidi√≥ torear m√°s corridas en nuestro pa√≠s, donde actu√≥ por √ļltima vez en 1905, a√Īo en el que se despidi√≥ definitivamente de los toros, lidiando en Madrid una corrida del Duque de Veragua la tarde del 16 de septiembre.

Al igual que la historia de México, la del toreo corre por las venas de Piedras Negras, o esta es su sangre, la cual lleva y conserva la información más íntima del desarrollo de los toros en México.

El ganado criollo para la fiesta inicial encuadrada en las corridas ¬ęa la mexicana¬Ľ, el toro cruzado de vaca criolla y toro espa√Īol en la transici√≥n de un hacer a otro, y el toro puro, en la consolidaci√≥n hacia la modernidad de la fiesta y de la ganader√≠a ‚Äďpropia como nacional‚Äď, existen claramente identificados en Piedras Negras. Ning√ļn ganadero de entre quienes trascendieron en estas tres √©pocas, o que se haya unido en las √ļltimas dos, se pod√≠a quedar fuera. Crecer el prestigio ganadero sin sangre espa√Īola y sin acoplar la ganader√≠a al nuevo espect√°culo quedaba fuera de toda posibilidad.

La corrida que tradicionalmente se ha mencionado como la primera de Piedras Negras en la Ciudad de M√©xico, cuando Porfirio D√≠az reci√©n levant√≥ la prohibici√≥n de Ju√°rez, es la que se celebr√≥ en la plaza de toros San Rafael el d√≠a 30 de octubre de 1887, en donde alternaron Diego Prieto Cuatro Dedos y Carlos Borrero Zocato; matando tres de Piedras Negras y tres de Arribas Hermanos, ganader√≠a espa√Īola; en la cual, Zocato result√≥ herido en la entrepierna al parar al toro.

En 1890 hubo otra prohibici√≥n en la Ciudad de M√©xico provocada por el esc√°ndalo en la corrida del 2 de noviembre, en donde, con toros de Guanam√©, el desastre fue may√ļsculo. El primer toro fue devuelto al corral y tuvieron que salir seis sustitutos, pues cada uno era igual de manso que el anterior. Al saltar el segundo a la plaza, despu√©s de siete, y tambi√©n ser devuelto, la empresa decidi√≥ volver a soltar los toros que acababan de regresar por mansos, cosa de la que los aficionados se percataron y comenzaron a lanzar todo tipo de objetos al ruedo y a destruir la plaza.

Este receso termin√≥ en 1894 y la ganader√≠a regres√≥ a la capital, a la plaza de Bucareli, el 17 de febrero de 1895; alternaron Ecijano, que se desped√≠a, y Jos√© Palomar Caro. Se lidiaron tres toros de Piedras Negras y tres de Tepeyahualco, combinaci√≥n que se har√≠a usual hasta la desaparici√≥n de la segunda casa, en la primera d√©cada del siglo XX. Estaba ¬ęrequetres piedras¬Ľ, dice la canci√≥n, refiri√©ndose a la calidad superior de los Piedras sobre los Tepeyahualcos, la mayor√≠a de las veces que alternaron estas ganader√≠as hermanas. La prensa de ese tiempo era lapidaria; aqu√≠ un ejemplo tomado de El Nacional, del 20 de febrero de 1895, en donde Pata Larga escribi√≥:

La despedida del ¬ęEcijano¬Ľ, dos espadas sin conciencia. ¬°Ni hace falta el que se va, ni sobra el que viene!, no se sabe la causa verdadera por la que se va el Ecijano; pero sea la que sea, no nos incumbe a nosotros averiguarla: lo positivo es que ya se marcha y que cambia el estoque por el olivo. ¬°Vaya con Dios¬° ¬°Que el cielo le d√© larga vida y que no vuelva!

Otra publicación en El Monitor Republicano, del 19 de febrero de 1895, así lo expresó:

Los toros de Piedras Negras, de la cual se lidiaron cuatro, cumplieron y no dejaron mal puesto el nombre de la ganader√≠a. Los de Tepeyahualco que se corrieron fueron muy buenos, sobre todo el primero que se lidi√≥, que era bravo, duro, seco y de poder; pero que fue despiadadamente alanceado por los picadores. El Ecijano nunca mostr√≥ deseos de agradar ni se distingui√≥ por su valent√≠a ante la fiera. A su primer toro lo hiri√≥ varias veces y entraba en cualquier momento de cabeza al callej√≥n. Los otros dos toros a los que le tocaba dar muerte fueron devueltos al corral porque el espada no pudo consumar la suerte. En su segundo de la tarde fue desarmado por un buey con el que intentaban retirar al toro que se le iba vivo, con el delirio de los aficionados ante la valent√≠a del buey. Jos√© Palomar ¬ęCaro¬Ľ confirm√≥ esta su segunda vez en que se presentaba ante el p√ļblico, la opini√≥n que no tiene m√°s que valor, pero que carece por completo de arte. Los dos toros que mat√≥ los estoque√≥ a traici√≥n y al torear con el capote y la muleta mov√≠a mucho los pies adem√°s de que abus√≥ de los recortes. Como incidente se menciona que el primer toro se meti√≥ dentro del burladero que mand√≥ instalar la empresa y ante las protestas del p√ļblico, este fue retirado a la muerte de este toro.

Recortar en exceso a los toros en aquellos a√Īos se consideraba una mala pr√°ctica, que solo era aplaudida si el ejemplar lo exig√≠a por su clara dificultad. Incluso estaba prohibida por el reglamento. Era m√°s apreciado dejar venir a los toros de largo para esquivarlos con rapidez mostrando el enga√Īo. Los matadores se luc√≠an con el capote, en tanto que los banderilleros y picadores no solo eran anunciados en los carteles como un atractivo importante, sino que en las cr√≥nicas se describ√≠a a detalle su hacer.

Ese mismo a√Īo, a los pocos d√≠as, el 24 de marzo, de nuevo se lidiaron en la plaza de Tacubaya tres de Tepeyahualco y tres de Piedras, en una corrida a beneficio de los damnificados de Temamatla, con gran √©xito; destac√≥ la presencia de los de Tepeyahualco, ¬ęclaramente de cruza espa√Īola¬Ľ. Esta calificaci√≥n en el tipo de los toros comenz√≥ a aparecer en esos a√Īos cuando los Gonz√°lez lidiaron los primeros productos de los toros espa√Īoles. Ya veremos en las siguientes cr√≥nicas lo variopinta que era Piedras Negras en esos a√Īos, cuando la sangre Vazque√Īa dejaba sus primeros resultados.

El 21 de junio de 1887 se hab√≠a publicado el primer proyecto de reglamento para las corridas de toros. Describ√≠a las obligaciones de los distintos participantes en el espect√°culo. Se obligaba a inspecciones previas a la plaza para verificar su solidez para garantizar la seguridad del p√ļblico y de los lidiadores. Se solicitaba a la empresa definir el aforo del coso, para impedir la sobreventa de entradas. Los regidores del ayuntamiento fueron designados presidentes de la corrida y deb√≠an ir acompa√Īados de un suplente y de un asesor experto en el tema. El programa de la corrida deb√≠a publicarse al menos veinticuatro horas antes de celebrarse, con cambios, con el aviso respectivo, solo en casos de que existiera causa justificada. Transcribo el art√≠culo 12 casi completo porque me parece singular:

... adem√°s de los toros anunciados, la empresa deber√° de contar con dos toros de reserva. Cuando ninguno de los toros o solamente uno o dos den juego, inclusive los de reserva, el empresario devolver√° el importe de las entradas a los espectadores.

Se exig√≠a al due√Īo del ganado ‚Äďel t√©rmino 'ganadero' todav√≠a no se usaba‚Äď que asegurara por escrito que los toros no hab√≠an sido previamente lidiados y estos ten√≠an que tener entre 4 y 7 a√Īos cumplidos. El art√≠culo 19 dec√≠a a la letra: ¬ęSe proh√≠be maltratar de palabra a los diestros, as√≠ como arrojarles frutas, c√°scaras, jarros, tiestos o alg√ļn otro objeto¬Ľ. El redondel deb√≠a tener al menos cuatro puertas; como vimos en la cr√≥nica, el uso de burladeros no era com√ļn. Las puyas, las banderillas y los estoques deb√≠an ser exhibidos al p√ļblico antes de la corrida y deb√≠a de haberlos en cantidades suficientes. La cuadra de caballos deber√≠a ser de al menos cuatro caballos por cada toro lidiado. Para no ser devuelto al corral, el toro ten√≠a que tomar al menos tres varas; si este sal√≠a boyante, buscando pelea, el picador ten√≠a prohibido correr detr√°s de √©l evitando el encuentro. Los banderilleros contaban con tres minutos para colocar cada par de banderillas, y los matadores con quince para la parte final de la faena. Tambi√©n estaban descritas las labores de mozos, dependientes y carpinteros. Se obligaba la presencia de al menos un m√©dico cirujano y sus ayudantes.

La lista de implementos médicos detallada en el reglamento solo me hace reflexionar en el enorme riesgo que corrían los toreros en aquella época. Un botiquín casero hoy tiene mejores elementos para atender un accidente que lo que tenían los doctores en ese tiempo.

Este era el planteamiento de la autoridad para el orden de las corridas de toros en ese tiempo. Ya se nota un cambio radical de lo que había sido la fiesta hasta antes de las prohibiciones.

La corrida con la que adquiri√≥ antig√ľedad Piedras Negras en la Ciudad de M√©xico fue el 8 de noviembre de 1896. En el El Mundo del s√°bado 7 de noviembre de ese a√Īo se anunciaba:

Ma√Īana ser√°n sacrificados en la plaza de toros de Bucareli, por los espadas Ecijano, Quinito y Silverio Chico, 5 toros de Piedras Negras y un toro negro zaino de la ganader√≠a espa√Īola de Ibarra, que responde al nombre de ¬ęCabrito¬Ľ. Parece que ya hizo testamento legando sus cuernos a sus parientes atribulados.

Formalmente no se anunci√≥ ¬ęen busca de cartel¬Ľ, ya que la reglamentaci√≥n para este efecto no se dio sino hasta la publicaci√≥n del reglamento de 1898, que sustituir√≠a al ya comentado. El empresario de esa corrida fue el mismo Juan Jim√©nez el Ecijano, quien har√≠a la torear√≠a y regresar√≠a a la capital despu√©s del sonado fracaso del a√Īo anterior. En la corrida hubo lluvia y granizo, pero una muy buena entrada. Meses antes, en febrero de ese a√Īo, hab√≠a matado una corrida de Piedras Negras en Puebla con un resultado muy desafortunado. El primer toro de la tarde derrib√≥ al picador Garc√≠a; el caballo cay√≥ sobre √©l destroz√°ndole el pecho con la silla, y al parecer, por lo escrito en la cr√≥nica, fue de consecuencias fatales. Al Ecijano, su primer toro lo oblig√≥ a saltar la barrera, con tan mala suerte que el animal, al hacer por √©l, rompi√≥ las tablas hiri√©ndolo gravemente.

El 21 de febrero de 1897 se presentaron en la plaza de Bucareli, Antonio Escobar el Boto, y José Palomar Caro. La corrida fue muy bien presentada, pero solo lució el segundo toro. Entre los seis lidiados recibieron veinticuatro puyazos, causaron diez tumbos y mataron cinco caballos.

En 1899, todav√≠a Piedras Negras lidiar√≠a su √ļltima corrida: ocho toros, en la plaza de Bucareli, misma que fue derruida ese a√Īo y que hab√≠a sido construida por Ponciano D√≠az en el a√Īo de 1888. Hasta esos a√Īos, Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez segu√≠a al frente de la ganader√≠a, y ya se estaba lidiando lo cruzado con lo espa√Īol. Como vimos, Mazzantini ya hab√≠a sentado las bases de una nueva tauromaquia, pero todav√≠a las figuras del toreo espa√Īolas no ven√≠an a M√©xico.

La ganader√≠a rompe el siglo en la reci√©n construida Plaza M√©xico en la inauguraci√≥n de la temporada de 1900. El 9 de octubre, El Popular rese√Ī√≥ el evento del d√≠a 7:

Bajo la direcci√≥n de Fernando Guti√©rrez ¬ęel Ni√Īo¬Ľ, y con lleno en sol y numeros√≠sima concurrencia en sombra, se presentaron Diego Prieto ¬ęCuatro Dedos¬Ľ y Antonio Arana ¬ęJarana¬Ľ, con sus respectivas cuadrillas. La plaza presentaba un aspecto deslumbrador, pues el p√ļblico que asisti√≥ en esta corrida era selecto, como si se tratase de una de esas corridas, en las que figuran notables diestros... Los toros de Piedras Negras un tantico mal criados o descuidados, cumplieron en todos los tercios y hubo uno que recibiera hasta ocho puyazos, cosa rara en estos tiempos. En la lidia sobresali√≥ el lidiado en quinto lugar, llegando noble y boyante a la muerte. En carnes y de hermosa l√°mina, se gan√≥ la palma el sexto que fue un animal precioso. L√°stima de la infinidad de trapazos con los que fue acosado.

Los toros fueron tres negros, dos chorreados en verdugo y un berrendo en negro. El primer toro de la tarde recibi√≥ seis puyazos, le colocaron tres pares de banderillas y Diego Prieto, de rojo y oro, despu√©s de brindar al tendido de sombra, salud√≥ al bicho con un buen cambio, dos naturales y uno de pecho, para terminar de una estocada baja con la vida del animal. Como el matador entr√≥ bien, en corto y por derecho, recibi√≥ una ovaci√≥n de parte del p√ļblico. Esa era una faena completa. Las corridas duraban escasos noventa minutos en la mayor√≠a de los casos.

La sequ√≠a de tantos a√Īos, producto de la prohibici√≥n de Ju√°rez, se llevaba ahora al extremo contrario y en muy poco tiempo se construyeron cinco plazas de toros en la ciudad, con festejos en todas ellas. En los cosos de San Rafael, Paseo, Coliseo, Col√≥n y Bucareli, de enero de 1888 a enero de 1889, en que las cinco plazas estuvieron funcionando, se dieron ciento cincuenta y un festejos taurinos, lo que equivale a casi tres corridas por semana, con todo tipo de resultados y con no pocos desmanes en el tendido. El ritmo no se sostuvo, pero se daban muchos festejos en cualquier fecha y de cualquier forma. No hab√≠a ganado suficiente en el pa√≠s que garantizara el √©xito del espect√°culo. La ganader√≠a nacional como tal estaba a√ļn en formaci√≥n. Al paso del tiempo, esto oblig√≥ a las autoridades a reformar el reglamento, introduciendo el concepto de ganader√≠as de cartel en el a√Īo de 1898, el primero publicado despu√©s de la segunda prohibici√≥n en la ciudad, que dur√≥ de 1890 a 1894. Las primeras ganader√≠as con este reconocimiento fueron: Atenco, San Diego de los Padres, Sant√≠n, Cazadero, Parangueo, Guanam√©, Cieneguilla, Venadero, Comalco, Guantimp√©, Tepeyahualco y Piedras Negras. El reglamento obligaba que si estas ganader√≠as lidiaban juntas, este orden deb√≠a ser respetado, para que la m√°s antigua abriera y cerrara plaza, adem√°s de tener que llevar cada una igual n√ļmero de toros de reserva que toros por lidiar de su propia ganader√≠a. Para que una ganader√≠a fuera incluida en esta lista, antes de poder lidiar una corrida era necesario que presentara cuando menos seis novilladas en la capital. Hoy en d√≠a, solo queda Piedras Negras, con su sangre y due√Īos originales. Los hierros de los se√Īores Barbabosa, que son los primeros tres de esa lista, existen en otras manos y con otra sangre, a excepci√≥n del de Sant√≠n. Las dem√°s ganader√≠as ah√≠ mencionadas desaparecieron al poco tiempo, sin dejar ninguna huella en el √°mbito nacional.

Este es otro de los grandes logros de los Gonz√°lez: el haber sido capaces de crecer con la fiesta y criar un toro para tres √©pocas distintas del toreo. Consiguieron la evoluci√≥n del toro que se apreciaba por su acometividad a los caballos, al toro que con fijeza y entrega desarrollara su bravura en una lidia m√°s exigente para el animal. En la plaza triunfaron desde 1884, manteniendo siempre un concepto de bravura centrado en la exigencia que el toro debe mostrar en su lidia. Piedras Negras no regalaba la tarde, y los toreros lo sab√≠an; sin embargo, todas las figuras de esos tiempos se anunciaron con ellos. Para Gaona, esta casa y San Diego de los Padres fueron sus preferidas en el pa√≠s, sobre todo en los √ļltimos a√Īos de su vida activa, en los cuales ya poco tore√≥ en Espa√Īa y ejerci√≥ aqu√≠ su mando.

Adem√°s, como hab√≠amos comentado, nunca faltaron a la cita. Piedras Negras lidi√≥ m√°s toros que cualquiera otra ganader√≠a en el siglo XX ‚Äďincluidos los √ļltimos treinta a√Īos‚Äď en las distintas plazas de la Ciudad de M√©xico, durante los cuales ya poco lo hizo.

2. EL PRINCIPIO DEL SIGLO XX

Entrando el siglo XX, comenzaron a venir con constancia los espadas espa√Īoles a torear, pero tambi√©n a hacer empresa. La afici√≥n de la Rep√ļblica ten√≠a por primera vez la oportunidad de ver las corridas de toros bajo los c√°nones de la tauromaquia espa√Īola. As√≠ fueron llegando Antonio Fuentes, Joaqu√≠n Hern√°ndez Parrao, Jos√© Garc√≠a el Algabe√Īo, Antonio Reverte, Rafael G√≥mez el Gallo, Rafael Gonz√°lez Machaquito, Antonio Montes, Manuel Gonz√°lez Chicuelo padre, Vicente Pastor, Enrique Torres Bombita, entre muchos otros, que con toda su cuadrilla llegaron a hacer todo el invierno en la capital y en las plazas de provincia. Los arropaba el ala de la Colonia espa√Īola, y la capital no paraba en atenciones y festejos para todos ellos. En muchos casos fijaban residencia en elegantes casonas o en los mejores hoteles de la ciudad, atendiendo desde ah√≠ los negocios taurinos. Ya para esos a√Īos, los empresarios y directores art√≠sticos de las plazas de la capital acud√≠an a Espa√Īa a comprar corridas de toros, las cuales normalmente ven√≠an acompa√Īadas por alguno de estos toreros, que buscaban garantizar su √©xito en la plaza al traer lotes de las ganader√≠as m√°s prestigiadas de su pa√≠s. Llegaron toros de Ibarra, Saltillo, Veragua, Pablo Romero y Miura, entre otras, que causaban siempre gran expectaci√≥n. Algunos hac√≠an campo en Piedras Negras esperando ser lidiados, pero la mayor√≠a se transportaba por tren directo a la capital, donde se desembarcaban, o en la plaza, o en distintos ranchos cercanos a la Ciudad de M√©xico, donde dependiendo de la √©poca, los principales fueron el de Margeli y Casillas, en la zona de Iztapalapa y en la Hacienda de los Morales. La fiesta en Espa√Īa a√ļn no cambiaba, sin embargo, para el p√ļblico nacional, en t√©rminos taurinos se estaba viviendo una revoluci√≥n, con una condici√≥n particular: sin toreros mexicanos.

El 26 de enero de 1902 se anunciaron seis toros de Piedras Negras para Antonio Fuentes y Joaqu√≠n Hern√°ndez Parrao, que a la postre ser√≠an ocho, ya que hubo dos de regalo. En el Diario del Hogar del 28 de enero se public√≥ la siguiente rese√Īa:

Inusitado entusiasmo despert√≥ el beneficio de Antonio Fuentes... su corrida de gracia dif√≠cilmente se olvidar√°. Hizo derroche de valor y destreza. En banderillas estuvo a gran altura. Coloc√≥ seis pares al quiebro y seis al cuarteo, habiendo un solo toro al que coloc√≥ cuatro pares al quiebro. En su trabajo con la muleta ya no hay m√°s qu√© pedir: todos saben lo que vale la mano izquierda de Fuentes. En quites espl√©ndidos, consumando dos verdaderamente de m√©rito. Con el acero, despach√≥ a sus cuatro bichos de cuatro volapi√©s, un pinchazo y un descabello a la primera. Toda la tarde fue de aplausos para el diestro, recibi√≥ valiosos regalos y fue al fin sacado en hombros por sus admiradores hasta su carretela. Piedras Negras ha colocado ya muy alta su divisa. Sus toros han dado juego muy bueno todas las veces que se han lidiado, y en lo sucesivo su solo anuncio llenar√° los tendidos, pues ya se ha formado el p√ļblico juicio exacto de esa ganader√≠a.

Esta corrida fue la que sigui√≥ a la del 6 de enero de ese mismo a√Īo, donde, junto con tres de Veragua, se hab√≠an presentado Mazzantini, Rafael Molina Lagartijillo y Fuentes, en el primer cartel de tron√≠o de Piedras Negras en la capital y el inicio de su larga cadena de triunfos. En El Popular del 7 de enero de 1902, se dijo que esa tarde, ¬ęlos de Piedras Negras, cruza de Murube, dieron un juego magn√≠fico, dejando bien puesto el nombre de la ganader√≠a¬Ľ. Eran los primeros toros que se lidiaban de la cruza con los sementales comprados en 1895 y comenzaba a dar buenos resultados. Esa ocasi√≥n, el toro lidiado en quinto lugar ¬ęera un soberbio ejemplar, por lo bien criado. Ensabanado, capirote y perfectamente armado que sembr√≥ el terror entre los piqueros a causa de su poder¬Ľ. Era evidente que no descend√≠a de lo Murube, sino de lo anterior, que todav√≠a segu√≠a presente en la sangre de los toros tlaxcaltecas.

La prensa taurina jugaba un papel did√°ctico esencial en la adaptaci√≥n del p√ļblico capitalino a las nuevas formas. En las cr√≥nicas se describ√≠a y criticaba con mucho detalle el orden de la lidia y el respeto al reglamento vigente. La actuaci√≥n del presidente de la corrida ‚Äďhoy juez de plaza‚Äď fue puntualmente calificada cada tarde, as√≠ como la colocaci√≥n en la plaza y el orden de los participantes en la lidia. Se contaban por n√ļmero los puyazos, los caballos muertos y los pares de banderillas. Poco a poco, los primeros periodistas fueron apreciando las diferentes formas art√≠sticas de cada lidiador, describi√©ndola en detalle, por lo que el p√ļblico empez√≥ a formar su criterio y tambi√©n a tener favoritismo por sus nuevos √≠dolos. Entre la prensa, los propios toreros tambi√©n se fueron creando partidarios reales o dirigidos para defender sus intereses. El momento de los ganaderos con la prensa vendr√≠a despu√©s, cuando se present√≥ la lucha por la supremac√≠a entre las ganader√≠as del pa√≠s.

En los a√Īos de 1901 y 1902, Piedras Negras mand√≥ cincuenta y tres toros a las plazas de la capital. Sus corridas ya se esperaban con expectaci√≥n y cierta garant√≠a de triunfo. Del Diario del Hogar, del 5 de diciembre de 1902, es el siguiente fragmento:

Ahora presenta un cartel la Plaza M√©xico para la quinta corrida, de gran atractivo, que seguramente llenar√° con el ¬ęAlgabe√Īo¬Ľ, ¬ęChicuelo¬Ľ, la presentaci√≥n de ¬ęGallito¬Ľ, quien es una leg√≠tima esperanza y ganado de Piedras Negras; es decir, los toros que mejor cartel tuvieron en la temporada del a√Īo pasado.

El activo empresario Ram√≥n L√≥pez, de la Plaza de Toros M√©xico, nos presentar√° el pr√≥ximo domingo a Rafael G√≥mez ¬ęel Gallito¬Ľ, hijo del c√©lebre ¬ęGallo¬Ľ, torero de fama que floreci√≥ en el siglo pasado, y que fue el inventor de la suerte al cambio de rodillas, en la que el hijo ha aventajado al padre. El ¬ęGallito¬Ľ, tanto en banderillas como en el capote y la muleta, est√° considerado como el mejor torero y de m√°s lucimiento en toda Espa√Īa, y eso que no cuenta m√°s de diez y nueve a√Īos de edad, pues naci√≥ en Madrid en el a√Īo de 1883.

Relata el art√≠culo de La Patria, Diario de M√©xico, del 5 de diciembre de 1902, que la contrataci√≥n se hab√≠a dado en Sevilla el d√≠a de la alternativa que recibi√≥ Rafael, durante la feria de San Miguel, de manos de Emilio Torres Bombita, estando de testigo su hermano Enrique. Fue tal el √©xito y las maneras del novel coleta, que Ram√≥n L√≥pez decidi√≥ firmarlo y traerlo a M√©xico: ¬ęel domingo pr√≥ximo lo veremos en el coso de la Piedad, donde se lidiar√°n seis magn√≠ficos toros de Piedras Negras, cruza espa√Īola de Murube, ganader√≠a considerada como la mejor del pa√≠s¬Ľ.

Pepe Andaluc√≠a as√≠ lo expresaba en El Correo Espa√Īol, el 8 de diciembre de 1902:

Plaza México, Quinta de la Temporada. Corrida Superior

Bien se√Īor de Piedras Negras;

si sigue usted de este modo,

dando toros de respeto,

dando bichos codiciosos,

como los ayer lidiados,

de los ganaderos todos

va usted a ser el que m√°s corte

el bacalao en los cosos

En pocas letras, este fue el resultado de la corrida. Los tres espadas triunfaron; Gallito se llev√≥ un fuerte golpe en la cara que le impidi√≥ matar a su segundo toro, de lo cual el cronista escribi√≥: ¬ę ¬ŅY del torero bonito, qu√© dice el p√ļblico entero?, que Rafael G√≥mez, "Gallito", es un colosal torero¬Ľ.

De este pedestal ya no se bajar√≠a a Piedras Negras. Con mejores o peores encierros como todas las ganader√≠as, estar√≠a a la vanguardia en el √°mbito nacional en esta naciente fiesta. Adem√°s de triunfos, con esta casa, la bravura reparti√≥ muchas cornadas. Ese a√Īo, el 9 de noviembre, Parrao recibi√≥ una herida muy fuerte en la ingle derecha al entrar a matar por segunda vez a su enemigo en una corrida que hab√≠a sido muy mal lidiada y que recibi√≥ treinta y tres puyazos.

Rafael Gonz√°lez Machaquito obtuvo un gran triunfo el 20 de diciembre de 1903 alternando con Chicuelo padre. Esa temporada, el 15 de noviembre, hab√≠a matado una corrida mal presentada de esta casa que caus√≥ una gran bronca. Sin embargo, en este mano a mano, ambos toreros obtuvieron un buen triunfo, de lo cual dio cuenta El Correo Espa√Īol, el 21 de diciembre de 1903:

La corrida de ayer fue espl√©ndida. Siete toros, siete estocadas y casi todas magn√≠ficas, no se puede pedir m√°s para que todo fuera completo; el ganado tambi√©n bueno. El cartel de Piedras Negras sigue en alza. En el primero, el beneficiado ¬ęMachaquito¬Ľ, que vest√≠a de lila y oro, coge los trastos y el delirio ¬°emple√≥ pases naturales, un redondo, y uno sobre todo, de pecho que val√≠a un Per√ļ! Estocada recogiendo sombreros y tabacos.

Al día siguiente, El Tiempo publicó lo siguiente:

¬ęChicuelo¬Ľ por su parte, se llev√≥ el √©xito art√≠stico: de tres toros que mat√≥ se llev√≥ dos orejas y oy√≥ las m√°s ruidosas y merecidas ovaciones. En sus lances de capa estuvo inmejorable y en las banderillas produjo un positivo delirio de entusiasmo. Con la muleta se port√≥ como un maestro. Fue el h√©roe de la corrida.

Y as√≠, a√Īo con a√Īo, en cada temporada se lidiaban entre treinta y cincuenta toros de la divisa roja y negra. Un resumen de la temporada lo podemos encontrar en El Popular, del 23 de abril de 1906, rese√Īa que nos da una buena idea de lo que ya era Piedras Negras en ese momento:

Estad√≠stica Taurina, temporada de 1905 a 1906. Durante la temporada formal se dieron en la Plaza de la Piedad, propiedad del empresario se√Īor Ram√≥n L√≥pez, 24 corridas, lidi√°ndose 153 toros, los cuales mataron 227 caballos. En las corridas de la temporada jugaron toros de las ganader√≠as mexicanas y espa√Īolas siguientes: de San Diego de los Padres, Murube, Marqu√©s de Saltillo y del Duque de Veragua en una corrida; de Atenco y San Nicol√°s Peralta en dos; de Sant√≠n y Atlanga en tres; de Tepeyahualco en cinco, y de Piedras Negras en siete corridas.

La temporada de 1907 estuvo marcada por la muerte de Antonio Montes, el 17 de enero de ese a√Īo, como resultado de la cornada recibida el domingo 13 de enero al entrar a matar al segundo de la tarde, Matajaca, n√ļmero 42, c√°rdeno oscuro, bien puesto, de la ganader√≠a de Tepeyahualco. Ese d√≠a, en la plaza M√©xico alternaban Antonio Fuentes, Antonio Montes y Ricardo Torres Bombita, con tres de Saltillo y tres de Tepeyahualco, el mismo cartel de su alternativa, que hab√≠a recibido en Sevilla el 2 de abril de 1899. La corrida se hab√≠a lidiado con lleno absoluto a la vez de generar gran expectaci√≥n. Antonio, de azul turquesa y oro, har√≠a esa tarde su √ļltimo pase√≠llo.

Montes fue el primer √≠dolo de la afici√≥n capitalina. Desde el a√Īo de 1903 no hab√≠a faltado a ninguna temporada, y era admirado por su quietud y valor. Fue un torero que por su propio esfuerzo logr√≥ hacerse de inmenso cartel en estas tierras. El 12 de enero de 1926, casi veinte a√Īos despu√©s, El Eco Taurino public√≥ una editorial que recoge muy bien lo que fue este espada para la fiesta en M√©xico:

Montes vino al pa√≠s como torero modesto. No obstante que como novillero, su nombre son√≥ en Espa√Īa, al cambiar de categor√≠a fue releg√°ndose al olvido, pero vino a M√©xico y el p√ļblico lo enfrent√≥ con ¬ęMachaco¬Ľ. Este cobraba trece mil pesetas por corrida, soldada m√°xima hasta entonces en nuestro medio taurino. Rafael Gonz√°lez era joven, simp√°tico, valiente y adem√°s formaba con ¬ęBombita¬Ľ la pareja de moda en Espa√Īa. Montes, con todos sus defectos era m√°s torero que ¬ęMachaquito¬Ľ y venci√≥ en toda la l√≠nea ayudado tambi√©n por su modestia y por la simpat√≠a calurosa del p√ļblico de sol. En los siguientes a√Īos vino acompa√Īado de Antonio Fuentes y de ¬ęBombita¬Ľ. Entonces sucedi√≥ algo curioso. El p√ļblico se dividi√≥ en dos bandos, ¬ęmontistas¬Ľ y ¬ębombistas¬Ľ, dejando al maestro Fuentes en terreno aparte. Por aquel entonces se acaloraron los √°nimos y creci√≥ la afici√≥n. Puede decirse propiamente que entonces naci√≥ la ¬ęporra¬Ľ. Ocasi√≥n hubo en que el p√ļblico de sol arremeti√≥ contra el de sombra, primero con frutas diversas, y luego con botellas y otros objetos de peligro. Montes fue uno de los paladines de la afici√≥n y mucho del auge que hoy alcanzan entre nosotros las corridas de toros se debe al ¬ęSacrist√°n¬Ľ, aquel hombre de cara inexpresiva y fr√≠a que todas las tardes sal√≠a a partirse el pecho con los toros.

La fat√≠dica tarde fue como sigue, seg√ļn lo relat√≥ El Correo Espa√Īol, el 14 de enero de 1907:

La mejor de la temporada, lástima que nos viniera a amargar la fiesta la cogida grave sufrida por Montes en su primer toro. El pobre diestro salió ayer con muchas ganas de torear y puede decirse por exceso de valentía le ocurrió el serio percance que todos lamentamos, ¡pobre Montes!

Antonio recibi√≥ dos cornadas, una durante la lidia en el muslo derecho, adem√°s de una fuerte golpiza en el vientre y el t√≥rax, y la segunda, mortal, en la regi√≥n gl√ļtea izquierda, penetrando la cavidad p√©lvica y contusionando el peritoneo y los intestinos. La cornada caus√≥ una grave hemorragia y fue atendido en la enfermer√≠a de la plaza por el Dr. Carlos Cuesta Baquero y su equipo de m√©dicos. Al terminar las curaciones, fue trasladado al hotel Edison, donde habitaba, para ah√≠ iniciar una recuperaci√≥n que ya no se dar√≠a. La herida, seg√ļn el parte m√©dico, era muy grave y pon√≠a en peligro la vida. La calle de Dolores tuvo que ser cerrada al tr√°nsito debido a la gran cantidad de p√ļblico y personalidades que acud√≠an a enterarse de la salud del diestro.

Fuentes, Bombita y Calder√≥n, su pe√≥n de confianza quien despu√©s lo ser√≠a de Juan Belmonte, junto con su apoderado, Jos√© Garc√≠a, no se separaron de √©l. Sin embargo, ya no mejorar√≠a. A la una y media de la ma√Īana del d√≠a 17 de enero, el cura de la Santa Veracruz, Jos√© Santos, le impuso los santos √≥leos ante la gravedad de su estado. Ese d√≠a por la tarde dictar√≠a su testamento dejando todo su estado a su madre, Emilia Vico, despu√©s de cubrir los sueldos de su cuadrilla devengados esa temporada en M√©xico, y tres mil pesos, un alfiler de corbata y su anillo a su pareja sentimental, una americana de nombre Grace. Nombr√≥ como albacea a Blanquito, a quien le encarg√≥ un beso muy cari√Īoso para su madre, quien a√Īos antes le hab√≠a pedido que no viniera nunca a estas tierras. Fuentes, Bombita, Calder√≥n y los doctores Cuesta, Villafuerte y Castillo atestiguaron su √ļltima voluntad. Ese d√≠a, a las siete treinta de la noche dej√≥ de existir.

Montes mat√≥ ocho corridas de Piedras Negras entre 1904 y 1906, siendo la de m√°s √©xito la del d√≠a 14 de enero de 1906, en la cual bordar√≠a uno de los toros m√°s bravos de la temporada, lidiado en quinto lugar, acompa√Īado de nuevo por Fuentes y Bombita. Ese d√≠a, Enrique recibir√≠a una grav√≠sima cornada por el toro que cerraba plaza.

La √ļltima corrida con toros de la casa tlaxcalteca que matar√≠a Antonio hab√≠a sido el domingo anterior al de la fatal cornada, el 30 de diciembre de 1906. El Tiempo rese√Ī√≥ esta nota el 1 de enero de 1907:

Montes como siempre que tiene o presume tener competidor (alternaba mano a mano con ¬ęParrao¬Ľ) apret√≥ duro e hizo gala de su valent√≠a y serenidad luci√©ndose con la capa y haciendo faenas que fueron coreadas por bravos aplausos de la entusiasmada multitud. Ya se sabe que cuando Montes quiere es dif√≠cil que se anuble su trabajo.

Entre 1896 y 1907, Piedras Negras recorri√≥ el camino a la cima. Hasta ese √ļltimo a√Īo, la casa tlaxcalteca hab√≠a lidiado cerca de cincuenta corridas de toros en la Ciudad de M√©xico y sus plazas alternas, siempre con carteles de primera categor√≠a, logrando el distintivo de ser la mejor ganader√≠a del pa√≠s. Ahora vendr√≠an los a√Īos de la plaza que m√°s triunfos le dieron y donde Lub√≠n y Viliulfo coronaron el prestigio de la divisa rojo y negro. El 22 de septiembre de 1907 se inaugur√≥ la plaza de toros el Toreo, que durante cuarenta a√Īos ser√≠a el principal coso de la ciudad. Por alg√ļn tiempo se dar√≠an corridas en otras plazas, pero ya la n√ļmero uno del pa√≠s ser√≠a la reci√©n terminada por Fern√°ndez del Castillo.

La primera corrida que lidi√≥ Piedras Negras en el coso de la Condesa fue el d√≠a 20 de octubre de 1907, con la participaci√≥n de Miguel B√°ez Litri, el Valenciano y Corcha√≠to. El Popular del 21 de octubre mencion√≥: ¬ęEl ganado es lo de menos que ha de ocuparme. Fue mal presentado, feo y sin denotar en lo m√°s m√≠nimo el sello de la vacada de Piedras Negras. Fue en general blando y huido¬Ľ. Fue un mal debut en la plaza de sus grandes triunfos.

En esos a√Īos surgi√≥ el primer matador de toros mexicano del siglo XX: Vicente Segura. De √©l se dec√≠a que hab√≠a que aplaudirle la afici√≥n desmedida que ten√≠a para el dif√≠cil arte. Hombre nacido en el seno de una familia muy rica, qued√≥ hu√©rfano muy joven; tom√≥ la alternativa el 27 de enero de 1907 en la Ciudad de M√©xico, de manos de Antonio Fuentes, junto a Bombita, con toros de San Nicol√°s Peralta. En La Iberia apareci√≥ esta publicaci√≥n, el 29 de enero:

Es de figura arrogante y viste con gusto y soltura el traje clásico. Es valiente y muy reposado. Le tocaron lo mejores toros y se portó con guapeza. Claro que le falta muchísimo; pero para matar tiene lo principal, se perfila bien y se tira recto. Si persiste en dedicarse a la espinosa carrera, con la práctica vendrá lo demás.

Vicente Segura construy√≥ la plaza de toros de Pachuca; fue general revolucionario, lo cual lo alej√≥ diez a√Īos de los cosos taurinos, a donde regres√≥ en 1921. Tore√≥ de luces por primera vez en Orizaba, alternando con Rom√°rico Gonz√°lez, el querido Maco. De El Eco Taurino transcribo este fragmento de una serie titulada: ¬ęMi vida taurina y revolucionaria. Vicente Segura, 1931¬Ľ:

Con Rom√°rico inaugur√© la plaza de Tulancingo, ambos matando toros de Piedras Negras. ¬ęMaco¬Ľ ten√≠a una extraordinaria facilidad para ¬ęquebrar¬Ľ o ¬ęcambiar¬Ľ y por una iron√≠a, esta fue la causa de su muerte durante la tienta de una de sus becerras. C√≥mo recuerdo ahora aquellas alegres novilladas que los dos toreamos en Quer√©taro en los a√Īos de 1905 y 1906. Vistiendo el traje de luces, pero siempre como ¬ęsportman¬Ľ, como entonces se dec√≠a, fui a torear la mayor√≠a de las veces con Rom√°rico Gonz√°lez, a Celaya, a Quer√©taro, a Fresnillo, a Zacatecas, procurando siempre matar toros grandes, pues era precisamente en lo que hallaba mayor satisfacci√≥n.

Confirm√≥ su alternativa en Madrid en junio de 1907 e hizo tres temporadas seguidas en Espa√Īa, siendo as√≠ el primer mexicano en presentarse con √©xito del otro lado del oc√©ano en el siglo XX. Con Vicente Segura, acompa√Īado en los carteles por Manuel Mej√≠as Bienvenida, que en la temporada de 1908 se present√≥ en M√©xico, ese a√Īo Piedras Negras obtuvo dos tardes de triunfo, que anteceden a la primera en el Toreo, el 24 de octubre de 1909 en la cuarta corrida de la temporada. Las primeras tres corridas de ese a√Īo hab√≠an causado gran disgusto en la afici√≥n y duras cr√≠ticas al empresario Alfonso E. Bravo, tal como lo manifest√≥ La Patria, el 25 de octubre:

La tarde de ayer fue para la pundonorosa empresa del Toreo un desquite de los fracasos anteriores y un mentis a los cronistas de ciertos diarios que est√°n acostumbrados a prodigar alabanzas o a atacar sin ton ni son, no porque el espect√°culo salga bueno o malo, sino seg√ļn les conviene.

Estaban anunciados Castor Ibarra Cocherito de Bilbao, y Jos√© Claro Pepete. Fue una tarde redonda en donde se lidiaron los seis toros de compromiso, que se anunci√≥ hab√≠an sido pagados a ¬ę500 pesos¬Ľ, cifra muy alta para aquel tiempo, y tres m√°s de regalo, dos por parte de la empresa, y el tercero por el ganadero. En El Tiempo del 27 de octubre se dijo: ¬ę¬°A√ļn no se han acabado los toros de lidia! Esta exclamaci√≥n la o√≠mos el domingo un sinn√ļmero de veces, y a decir verdad que no deja de ser cierta¬Ľ. Los nueve toros bien presentados fueron superiores, por lo cual, don Lub√≠n Gonz√°lez sali√≥ al ruedo a recibir una muy merecida ovaci√≥n, ya que los toros fueron soberbios, con mucho poder, de preciosa l√°mina y con la edad reglamentaria. Este fue el primer gran triunfo de Lub√≠n en el Toreo de la Condesa. Nueve toros negros y un triunfo inobjetable de los dos espadas. El 7 de noviembre, Lub√≠n asegund√≥ con otra gran corrida de toros, con la que por primera vez triunf√≥ Manuel Rodr√≠guez Manolete padre, en la capital, alternando con Cocherito de Bilbao. Una vez m√°s, El Tiempo lo rese√Ī√≥, el 9 de noviembre de 1909:

Desde hace varias temporadas la ganadería de Piedras Negras viene ganándose la supremacía entre las ganaderías del país, pues si alguna le aventaja en presentación, ninguna le ha ganado en sangre y buenas condiciones, que es lo más importante para que las corridas dejen satisfechos a los aficionados.

Y en La Patria, el 29 de ese mismo mes y a√Īo, apareci√≥ esto: ¬ęDecididamente para que el espect√°culo taurino resulte en M√©xico, es necesario lidiar toros espa√Īoles o de Piedras Negras, pues son los √ļnicos que dan juego y con los que pueden lucirse los toreros¬Ľ. As√≠ inici√≥ la cr√≥nica del noveno festejo de la temporada en la cual Piedras Negras conquist√≥ definitivamente el reci√©n nacido coso, haciendo ondear para siempre sus pendones rojo y negro en el m√°stil m√°s alto de la plaza m√°s importante de Am√©rica. Lagartijo Chico y Rodolfo Gaona ‚Äď en febrero de ese a√Īo, Gaona ya hab√≠a triunfado fuerte con la rojinegra‚Äď fueron fuertemente aplaudidos, sobre todo Gaona con el sexto, que fue el mejor toro de la temporada. Esta fue la tercera corrida que mat√≥ Rodolfo de una de las casas con las que m√°s triunfos obtendr√≠a. Este cierre de a√Īo con tanto √©xito vendr√≠a precedido de un sonoro fracaso por la p√©sima presentaci√≥n de la corrida del 3 de enero de 1909, a finales de la temporada anterior. El resultado de la combinaci√≥n, ganader√≠a de prestigio con figuras del toreo, fue el que casi siempre se da cuando juntamos estos dos ingredientes: toros chicos, aficionados defraudados. Sin embargo, ya desde ese tiempo hab√≠a quien no lo dejaba pasar in√©dito, en este caso, El Pa√≠s, al d√≠a siguiente, el 4 de enero:

Becerros indecentes ‚Äď El p√ļblico asume una actitud en√©rgica ‚Äď Ineptitud manifiesta del veterinario e inspector de diversiones ‚Äď ¬ŅNo ser√° posible reprimir estos abusos en lo sucesivo?

Si no hay toros en las condiciones que marca el Reglamento, por alg√ļn tiempo supr√≠mase el espect√°culo y de esta manera saldremos ganando los pacientes aficionados que estamos ya hartos de soportar camelos de gran magnitud. Los se√Īores Gonz√°lez Mu√Īoz en otras ocasiones han merecido en mi concepto el calificativo de concienzudos criadores de reses bravas... pero lo acaecido la tarde de autos echa por tierra todos los merecimientos a que en otro tiempo se hicieron acreedores los due√Īos de una de nuestras mejores vacadas. Dejen los propietarios de Piedras Negras de vender toros chicos, y a la vuelta de un par de a√Īos y as√≠ que suelten toros con toda la barba aplaudiremos su conducta, pues sabemos que las reses que pastan en sus dehesas son de las que poseen m√°s sangre y por lo mismo son de las que por lo general dan una pelea brava durante su lidia.

Alternaban el Gallo y Bienvenida. La misma cr√≥nica tambi√©n los recrimina fuertemente, y detalla la hostil actitud del p√ļblico hacia ellos:

Estos diestros que ocupan alto sitial en la torer√≠a modernista y que cobran un enorme dineral no exponen ni una lentejuela, concret√°ndose las m√°s veces a torear chotos, favor que el aficionado no toma en serio, como lo hizo el p√ļblico de esta tarde que se hart√≥ de burlarse de todo lo que ellos hicieron en el ruedo.

El s√°bado 9 de enero, ambos matadores publicaron una carta dirigida al director general del diario El Imparcial para expresar que las manifestaciones del p√ļblico hab√≠an sido injustas y provocadas por f√°bulas y consejas propaladas por ¬ęmalquerientes nuestros¬Ľ:

... no es cierto, como se cuenta, que en nuestros contratos con la empresa se se√Īale clase, condici√≥n, edad y tama√Īo de los toros que hemos de lidiar; ni es tampoco cierto que exijamos toros peque√Īos y con pocos pitones, y mucho menos es cierto que hayamos rechazado o rechacemos toros de alzada y de respeto. Los toros que envi√≥ el ganadero que por cierto no fueron m√°s chicos que algunos lidiados en la d√©cima corrida, fueron enviados atendiendo a sus buenas notas de bravura no desmentidas al ser lidiados, teniendo tal vez en cuenta que, por la escasez de sangre en las reses mexicanas, es frecuente que sean mansos los toros grandes.

Ese a√Īo tambi√©n est√° marcado por una nota muy triste, cuando al ser desembarcada una corrida de esta casa el d√≠a 18 de julio, el toro n√ļmero 81, negro zaino, le propin√≥ una mortal cornada al famosos torilero Miguel Bello, aquel que a√Īos antes hab√≠a amaestrado, y por este hecho indultado a Bonito, de la ganader√≠a de Arribas. El toro lo parti√≥ y en su lecho de muerte le pidi√≥ a Frascuelillo, que no se separ√≥ de √©l, que le dijera a su hijo que no fuera torero. A los pocos d√≠as falleci√≥ este que fue un popular personaje.

En esta √ļltima temporada de 1909-1910, Piedras Negras lidi√≥ treinta y ocho toros en cinco corridas; dej√≥ ya abierta la puerta de los triunfos y borr√≥ las sonoras broncas de la temporada anterior.

Rodolfo Gaona fue el primer torero universal no nacido en Espa√Īa. Era originario de Le√≥n, Guanajuato, y naci√≥ el 22 de enero de 1888. Recibi√≥ sus primeras lecciones de tauromaquia de Saturnino Frutos Ojitos, otrora banderillero de Frascuelo, radicado en M√©xico desde hac√≠a algunos a√Īos que, en el a√Īo de 1904 busc√≥ en la ciudad de Le√≥n j√≥venes que tuvieran inter√©s en torear. As√≠, en el billar Montecarlo, propiedad de Timoteo Carpio, vio a este joven altivo, callado, que al paso del tiempo ser√≠a m√°xima figura del toreo en el mundo. Con √©l y un par de decenas m√°s de muchachos, el 1 de marzo de 1905 form√≥ la primera escuela de tauromaquia. Ah√≠, Gaona aprendi√≥ desde cero la t√©cnica del toreo con los c√°nones de los viejos maestros espa√Īoles a trav√©s de la gu√≠a y ense√Īanzas de Ojitos, que en sus primeros cuatro a√Īos de actividad lo acompa√Īar√≠a hasta llevarlo a la alternativa en Espa√Īa, donde la afici√≥n, la cr√≠tica y el medio taurino constitu√≠an verdaderos diques para cualquier torero no espa√Īol. Este aprendizaje fue clave en la vida taurina del Califa de Le√≥n, del Indio Grande. Su formaci√≥n no fue apegada a la norma anterior de aprender en los rastros, de participar en mojigangas, para despu√©s ser banderillero, y finalmente matador de toros. El naci√≥ como torero de escuela, acompa√Īado, adem√°s, de condiciones innatas que lo distinguir√≠an toda su vida, con su elegante hacer y andar en los ruedos y una personalidad que le permiti√≥ vencer los retos dentro y fuera de la plaza.

La presentaci√≥n de la cuadrilla juvenil fue en la ciudad de Le√≥n el d√≠a 1 de octubre de 1905 en la que Rodolfo Gaona y Pr√≥coro Rodr√≠guez, acompa√Īados de sobresalientes y de cuadrillas completas, integradas por j√≥venes compa√Īeros de la escuela, se enfrentar√≠an a cuatro becerros de la hacienda de Jalpa.

Para 1907, Rodolfo ya era un popular y consumado becerrista al que se le exig√≠a como novillero formal. Se hab√≠a presentado en M√©xico con sus compa√Īeros en la corrida de la Covadonga de septiembre de 1907. Contaba con 19 a√Īos y tanto al p√ļblico como a la cr√≠tica les parec√≠a un exceso aquello de ¬ęcuadrilla juvenil¬Ľ, por lo que en varias ocasiones fue tratado con mucha exigencia. As√≠ lo explicaba El Popular, el 5 de diciembre:

Las cuadrillas juveniles y los toros despuntados. En nuestra cr√≥nica pasada asentamos que el matador mexicano Rodolfo Gaona se decida de una vez a no torear los toros despuntados. Tiene 26 a√Īos [esto es equivocado, ya que contaba con 19], torea muy bien, maneja a√ļn mejor la muleta, coloca muy buenos pares de banderillas, lo ejecuta todo a la perfecci√≥n; pero con toros despuntados, desaparecido todo peligro, sin ilusi√≥n para el p√ļblico, pues se figura estarlo viendo en un sal√≥n fuera de cacho y sin las peripecias y emociones propias de la lidia. ¬ŅSer√° posible que Rodolfo Gaona, el mejor de todos los juveniles, sea el √ļnico que tenga jinda? Basta ya de ¬ęjonjana¬Ľ, compadre; si hay ¬ęgarlochi¬Ľ, hay que torear, como los hombrecitos, y si no los hay, nos dedicamos a otra cosa.

La tarde del 8 de diciembre en que alternaban Diego Rodas Moreno de Alcalá y el Valenciano con toros de Piedras Negras hubo de todo, incluida una cornada en el muslo izquierdo al Valenciano. Gaona, vestido de rosa y oro con medias blancas, enfrentó dos novillos de Cieneguilla que fueron mansos y en los que no pudo lucir más que en un par de banderillas cortas.

Con la corrida de Piedras Negras del 9 de febrero de 1908 en la que alternaban Minuto y Vicente Segura, se despedir√≠a esta gran figura futura del p√ļblico de M√©xico matando tres toros de Piedras Negras, en condiciones por dem√°s interesantes, como lo cont√≥ La Iberia, al d√≠a siguiente:

Vicente Segura, aparte de su faena como torero, tuvo el √ļltimo domingo rasgos muy buenos. Consigui√≥ de ¬ęMinuto¬Ľ permiso para que Gaona no se retirase del ruedo durante la lidia de los cuatro primeros toros, y pag√≥ de su peculio un toro extraordinario, para que el muchacho matador, disc√≠pulo de ¬ęOjitos¬Ľ, se luciese m√°s... A Rodolfo le tocaron los mejores toros y claro est√° que supo aprovecharlos derrochando garbo y valent√≠a. Vimos al chico leon√©s, ce√Īido, elegante y valiente. Gaona es un torero completo de grandes facultades.

Gaona estaba anunciado con dos ¬ętoros puntales de edad reglamentaria¬Ľ que matar√≠a al fin del festejo. La empresa del Toreo le ofreci√≥ tomar la alternativa en el propio coso en condiciones inmejorables: cobrar√≠a $8 000 escogiendo √©l toros y alternantes, condiciones que ning√ļn torero espa√Īol ten√≠a. Ojitos y √©l decidieron apostar en grande y se marcharon a Espa√Īa para doctorarse all√°. Conoc√≠an lo dif√≠cil de la aventura que estaban corriendo y sab√≠an del duro trato que les esperaba. De los toreros mexicanos solo dos hab√≠an actuado en Espa√Īa con √©xito y en condiciones especiales: Ponciano D√≠az, al que presentaban como un ex√≥tico, y Vicente Segura, que ten√≠a el capital suficiente para costearse sus actuaciones. Gaona iba por todo, acompa√Īado de su maestro y mentor. Sin saberlo, fue a abrir las puertas del mundo del toreo.

Al llegar a Espa√Īa, pr√°cticamente tuvo que presentar un examen de suficiencia ante diversos diestros y la prensa espa√Īola en una peque√Īa plaza en Puerta de Hierro, cercana a Madrid, donde dio lidia completa a dos toros de Ba√Īuelos. De esa tarde salt√≥ inmediatamente a la alternativa, que tomar√≠a en la plaza de Tetu√°n de las Victorias, el 31 de mayo de 1908, tres meses despu√©s de haber matado tan solo tres novillos en la capital mexicana. Manuel Lara Jerezano, quien en 1912 fallecer√≠a por cornada de un toro de Nopalapan en el puerto de Veracruz, ser√≠a su padrino, cedi√©ndole el toro Rabanero, berrendo en negro, de la ganader√≠a de Bertolez, propiedad de don Basilio Pe√Īalver. El 5 de julio de ese mismo a√Īo confirmar√≠a en Madrid, de manos de Juan Sal Saleri, estando como testigo Tom√°s Alarc√≥n Mazzantini, lidi√°ndose toros de Juan Gonz√°lez Nad√≠n.

Y aqu√≠ empezar√≠a la formaci√≥n de la leyenda del Indio Grande, quien compiti√≥ y triunf√≥ muchas tardes frente a los dos reformadores del toreo: Joselito y Belmonte. Hace a√Īos le√≠ una frase que atribu√≠an al pol√≠tico tamaulipeco Marte R. G√≥mez: ¬ęM√©xico tiene tres celebridades fuera de discusi√≥n, Pancho Villa, Rodolfo Gaona y la Virgen de Guadalupe¬Ľ. El indiscutible Rodolfo fue el primer torero en ir de la mano con Piedras Negras en una larga cadena de triunfos. Debido a la lucha revolucionaria y a la prohibici√≥n de Carranza, tore√≥ en Espa√Īa de 1914 a 1921, a√Īo en que regres√≥ a M√©xico. Antes de partir tuvo muchas tardes muy importantes con toros de Lub√≠n Gonz√°lez, de quien fue gran amigo. A Lub√≠n lo apodaban cari√Īosamente el Gachup√≠n, entre otras cosas porque estaba muy enterado de la fiesta y la vida en Espa√Īa. Con √©l, Rodolfo pas√≥ varias temporadas en el casco de Piedras Negras discutiendo y analizando las corridas en Espa√Īa y el entorno que el de Le√≥n encontrar√≠a al torear all√°. A√ļn despu√©s de muerto Lub√≠n, Gaona sigui√≥ yendo a los tentaderos tlaxcaltecas donde satisfac√≠a el ansia de torear. Retirado, jam√°s volvi√≥ a partir plaza vestido de luces, pero en el llano del Derribadero sigui√≥ dejando huella de su arte y estilo inigualables. En las viejas pel√≠culas es dif√≠cil reconocer a los personajes, sin embargo √©l no pasa inadvertido; vestido de corto en un tono marr√≥n, con su sombrero de ala ancha, es imposible equivocar el nombre que le pertenece a esa figura. Es la de ese al que Joselito tanto admir√≥ en la plaza.

Las tardes del 17 de enero y del 7 de febrero de 1909 fueron de triunfos inobjetables tanto para el torero como para el ganadero. El 18 de enero de ese a√Īo, El Correo Espa√Īol mencion√≥: ¬ęLa entrada fue fenomenal, como pocas veces se ha visto en esta plaza; al hacer el paseo las cuadrillas, la ovaci√≥n a Gaona, fue colosal¬Ľ. En la segunda, alternaban Gallito, Segura y Gaona. La misma fuente rese√Ī√≥ el 8 de febrero:

Ha sido ayer una de las mejores corridas de la temporada. La corrida le agrad√≥ mucho a la afici√≥n y ya quisi√©ramos muchas tardes como la de ayer. En el tercer toro, negro list√≥n, buen mozo y con bastantes pitones, Gaona da dos ver√≥nicas soberbias y cuatro de frente por detr√°s, alborotando al p√ļblico. Gaona trastea con much√≠simo lucimiento siendo sus mejores pases uno ayudado por bajo y dos de pecho superiores y tir√°ndose muy bien, coloca media estocada superior siendo muy justamente ovacionado. En su segundo recibe una ovaci√≥n colosal. Para los tres matadores hubo grandes ovaciones durante toda la corrida. Los toros, a excepci√≥n del quinto y el noveno, dieron todos los dem√°s un gran juego.

El corte de orejas no era todav√≠a una costumbre como en la actualidad, y los toreros, en premio, recib√≠an gran cantidad de obsequios por parte del p√ļblico, desde tabaco hasta joyas.

Para esa d√©cada de 1910, Piedras Negras todav√≠a no lidiaba animales con la nueva sangre de Saltillo. En un principio, todos los machos espa√Īoles se tentaron en casa y/o se desecharon o se usaron como sementales. Faltar√≠an todav√≠a m√°s de diez a√Īos para que aparecieran en los ruedos los tradicionales c√°rdenos tlaxcaltecas. Algunos toros de este origen se tentaron a caballo, se padrearon y despu√©s lidiaron en distintas plazas. En el a√Īo de 1918, los toros de esta casa que mat√≥ Joselito en Per√ļ ‚Äďnunca pis√≥ M√©xico‚Äď eran de sangre Saltillo, as√≠ como algunos toros de la corrida que mandaron a Tampico para la alternativa de Manuel Gonz√°lez, sobrino de Lub√≠n.

Pocos hijos Saltillo del Tabaquero llegaron a las plazas. Faltaban por llegar los del Fantas√≠o, que inclusive lleg√≥ a ser famoso en las cr√≥nicas de la √©poca, al anunciarse los toros en los carteles como hijos de este n√ļmero 7.

El 23 de octubre de 1910 tom√≥ la alternativa el valent√≠simo Luis Freg, de manos de Jos√© Moreno Lagartijillo Chico, con toros de Piedras Negras. Al d√≠a siguiente, La Patria public√≥ la rese√Īa:

... el p√ļblico acudi√≥ en gran n√ļmero a la plaza del Toreo, se trataba nada menos de doctorar a un joven mexicano, valiente, con muchos ri√Īones y sobre todo con mucha voluntad y con grandes deseos de agradar.

No le faltaba visi√≥n a quien eso escribi√≥. Luis Freg, Don Valor, el Rey del Acero, el valent√≠simo torero que recibi√≥ cerca de sesenta cornadas en sus veinticinco a√Īos como matador de toros, que triunf√≥ de forma intermitente en ambos lados del Atl√°ntico debido a esta cantidad impresionante de percances.

Piedras Negras continuaba a la cabeza. Esa temporada de 1910-1911 lidió cuarenta y seis toros en la capital, con sonoros triunfos, y ahora, ya México contaba con una figura del toreo muy de esta casa: Rodolfo Gaona.

Por otra parte, Antonio Fuentes, de quien Gaona hered√≥ muchas formas y conceptos, torear√≠a la √ļltima corrida de esta casa el 15 de enero de 1911, despu√©s de haber triunfado desde 1902 en esta ciudad, donde lleg√≥ a ser un gran √≠dolo. La tarde fue redonda, tal como lo describi√≥ El Correo Espa√Īol en la edici√≥n del siguiente d√≠a:

La tarde de ayer de Fuentes ha sido sencillamente colosal. De lo que se ve muy pocas veces. ¬°¬°Vaya un Fuentes!! En el primero de la tarde va Fuentes, coge los trastos y se hace en la plaza un silencio. ¬ŅQu√© iremos a ver? Nos preguntamos todos, y desde los primeros pases sobreviene el entusiasmo y m√°s tarde la locura, y por √ļltimo, ¬°el delirio! Fuentes en la arena hecho un Fen√≥meno y nosotros desga√Īit√°ndonos a gritar. ¬°Qu√© faena, se√Īores, qu√© faena, inenarrable. Ya no se puede, ni tener m√°s inteligencia ni demostrar m√°s elegancia!

Antonio hab√≠a decido retirarse de los toros en el a√Īo de 1908, pero una cornada primero y un accidente de autom√≥vil despu√©s se lo impidieron. Ya fuera de forma, en 1911 Fuentes dej√≥ de torear; aquel de quien alg√ļn d√≠a dijo El Guerra: ¬ęDespu√©s de m√≠, naide, y despu√©s de naide, Fuentes¬Ľ.

Durante las temporadas de 1911 a 1914, Piedras Negras volvi√≥ a lidiar m√°s toros que ninguna otra ganader√≠a. El 28 de enero de 1912, Rodolfo Gaona se encerr√≥ con tres de San Diego de los Padres y tres de Piedras Negras, lidiados estos en segundo, tercero y cuarto lugar, haciendo el leon√©s con este √ļltimo una gran faena:

Gaona lo espera en el tercio con las rodillas en tierra, para darle un cambio que resulta admirable [...] varias verónicas, varias de frente, por detrás y una larga. La muchedumbre aplaude de un modo ensordecedor. Los picadores reciben formidables tumbos no sin antes haber mojado la pica en la sangre del burel cuatro veces. Con la espada agarra un volapié que es premiado con una ovación delirante.

La tarde, de gran expectación, pues la encerrona se rumoreaba y se esperaba desde noviembre, fue también de gran éxito para el espada y los ganaderos. Eran, sin duda, las tres joyas de la fiesta en México: nuestra gran figura del toreo y las dos casas que peleaban el sitio de privilegio.

Juan Belmonte, nacido en Sevilla el 14 de abril de 1892, pas√≥ sus primeros a√Īos en el taurino barrio de Triana, donde su padre se ganaba la vida negociando quincalla. Se form√≥ como torero a la antigua, acompa√Ī√°ndose de otros j√≥venes con la misma afici√≥n en correr√≠as nocturnas por los cerrados de las ganader√≠as contiguas a Sevilla y en las capeas de los pueblos aleda√Īos. F√≠sicamente de mermada condici√≥n, asombraba a sus compa√Īeros por el valor que mostraba con tan pocos conocimientos t√©cnicos. Quiz√° ninguno de ellos vislumbr√≥ que estaban frente al torero que iba a parar el toreo. El que se iba a quedar quieto para con los brazos citar, templar y mandar al toro; el que con sus formas distintas nunca antes vistas inspir√≥ en Joselito la tauromaquia que regir√≠a el toreo hasta nuestros d√≠as. Porque Juan no fue ni el primero, y por supuesto tampoco el √ļltimo, en torear en redondo. Sin embargo, √©l fue quien puso ah√≠ la sustancia para que Jos√© la volviera norma.

Despu√©s de una exitosa carrera como novillero, al final de la cual dir√≠a El Guerra: ¬ęEl que a√ļn no lo haya visto que se d√© prisa¬Ľ, tom√≥ la alternativa en Madrid el 16 de octubre de 1913 de manos de Rafael Gonz√°lez Machaquito, que esa tarde se desped√≠a de los ruedos, completando la tercia Rafael G√≥mez el Gallo, con toros de Olea. Reci√©n que hubo tomado la alternativa viaj√≥ a M√©xico para presentarse en el Toreo el 9 de noviembre de ese a√Īo en un mano a mano con Vicente Pastor, con toros de San Diego de los Padres. En La Patria, del 10 de noviembre, se dijo:

¬°Belmonte, con solo este nombre el p√ļblico acudi√≥ en masa al despacho de la empresa en demanda de boletos! ¬°Y c√≥mo no, el fen√≥meno, el famos√≠simo trianero debuta! El p√ļblico impaciente grita y espera el momento de ver salir a la cuadrilla. ¬ŅPodremos admirar las famosas medias ver√≥nicas de Belmonte? ¬ŅPases admirables y de molinete?...

Expectaci√≥n al m√°ximo por un torero que no ten√≠a ni un mes de haber tomado la alternativa. De azul y oro triunf√≥ con su primer toro dejando una gran expectaci√≥n para la corrida del siguiente domingo, con toros de Piedras Negras, en la que dar√≠a la alternativa a Samuel Sol√≠s, antiguo compa√Īero de Gaona en la cuadrilla juvenil de Ojitos.

Veamos lo publicado en El Correo Espa√Īol, el d√≠a 17 de noviembre:

Antes de comenzar esta crónica voy a recomendar a los lectores que tengan el vicio de fumar cigarros puros, que hagan de ellos buena provisión, pues tengo mis sospechas [de] que tal mercancía va a subir de precio... Si Belmonte sigue haciendo lo que hizo ayer, los productores no van a dar abasto a tanta elegante tagarnina como van a echar al ruedo los belmontistas, o sea, los habitantes de México, que ambas cosas son sinónimas.

Con una corrida hab√≠a nacido el ¬ębelmontismo¬Ľ en la ciudad. Inmediatamente se convirti√≥ en el contrapeso de Gaona. Esta ser√≠a la tercera corrida de Belmonte como matador de toros en su vida y la primera de seis de Piedras Negras que matar√≠a en su temporada de presentaci√≥n en M√©xico. Continuemos con la cr√≥nica:

El primero de la tarde, el de la alternativa de Sol√≠s, era un berrendo en casta√Īo por cuyas venas corr√≠a la sangre de Veragua con que inici√≥ Piedras Negras. Quite de Belmonte de dos ver√≥nicas y una media levantando una gran ovaci√≥n. En el segundo, su primero, siete ver√≥nicas, un farol y dos recortes, despampanante todo ello. La quinta de las ver√≥nicas de esta serie es sencillamente brutal; no se puede pedir m√°s elegancia, ni m√°s arte, ni m√°s valor, ni m√°s quietud en el comp√°s. Belmonte mueve los brazos como nadie los ha movido, y despide con tal naturalidad que parece que el diestro est√° en un sal√≥n ensayando suertes. La ovaci√≥n es despiporrante... En una de las varas hace un quite ¬ębelmontesco¬Ľ, recortando rodilla en tierra y qued√°ndose tan fresco en la misma cuna. El delirio de las masas... Don Juan se arrima al toro y larga cuatro pases naturales, pero tan naturales, que yo no he visto nunca tanta naturalidad. Belmonte no hace m√°s que correr la mano, con elegancia suprema, y girar nuevamente sobre los talones con los pies juntos. Y para poner digno remate a esta sarta inconmensurable, propina el m√°s emocionante pase de pecho que se ha dado en la plaza del Toreo. Despu√©s de tres pinchazos y un descabello da la vuelta al ruedo ¬ęcon el p√ļblico de pie, gritando a rabiar¬Ľ. El quinto toro es negro de color y uno de los animales m√°s preciosos que se han criado en las dehesas mexicanas. Y ahora, se√Īores, yo quisiera describiros la faena que en este noble y bravo animal hizo el fen√≥meno de Triana. Pero no puedo... todo fue tan r√°pido, tan emocionante, tan colosal. La faena fue inaugurada con un pase de pecho, ayudado, brutal; m√°s tarde dio el fen√≥meno dos de molinete dentro de la cuna, y al sufrir la acometida de la res, que se revolvi√≥ r√°pida y enfurecida, el trianero larg√≥ en los mismos hocicos del animal, dos muletazos secos y en√©rgicos, y se qued√≥ a un palmo del testuz, erguido y arrogante. En los tendidos reina un entusiasmo delirante. Se perfila y entrando al volapi√© y vaciando bien, mete todo el acero en lo m√°s alto del morrillo. Dobla el toro y la ovaci√≥n es tal que el ni√Īo tiene que dar dos vueltas al anillo. Por unanimidad se le concede la oreja al matador.

Con dos tardes, Belmonte ya estaba en el corazón de la afición de la capital.

A los quince d√≠as, el 30 de noviembre de 1913, hizo su debut en el Toreo la ganader√≠a que ser√≠a la principal rival de Piedras Negras en los ruedos de la capital: La Laguna. Gaona, Belmonte y Pastor enfrentaron una brava corrida de la casa de Rom√°rico. Cuando los Gonz√°lez compraron Tepeyahualco a Fern√°ndez del Castillo en 1908, lo herrado por √©l que se vendi√≥ a las plazas en los siguientes a√Īos lo siguieron lidiando con el antiguo nombre, y fue hasta 1913 cuando los cinque√Īos tlaxcaltecas lucieron hierro y divisa propios. Y de aqu√≠ en adelante, teniendo la misma sangre que la casa grande, se convirti√≥, en manos de Rom√°rico y despu√©s de Viliulfo, en un inc√≥modo competidor. Por los extra√Īos misterios de la gen√©tica y la selecci√≥n, La Laguna tiene un grado de nobleza mayor que Piedras Negras, y los toreros lo perciben de inmediato. No pod√≠an dejar de matar las ganader√≠as de primera, pero con la incorporaci√≥n a la baraja ganadera de La Laguna y Zotoluca naci√≥ esta fraternal competencia. La lucha ya no solo era con las ganader√≠as del Estado de M√©xico, ahora tambi√©n lo era con los de casa, adem√°s de que en 1912 ya hab√≠a debutado la que a la postre ser√≠a la gran oponente: San Mateo.

Cambiaba el toreo y, a la par, la ganader√≠a. La prohibici√≥n del presidente Carranza estuvo vigente en todo el pa√≠s del 7 de octubre de 1916 al 16 mayo de 1920, lo cual impide que conozcamos por medio de las cr√≥nicas el avance de las ganader√≠as, ya que la cobertura de prensa en los estados, donde de forma clandestina se dieron algunas corridas, no es suficientemente expl√≠cita. En su art√≠culo segundo, el decreto dec√≠a: ¬ęSe proh√≠ben as√≠ mismo en toda la rep√ļblica las corridas de toros hasta que se restablezca el orden constitucional en los diversos Estados que la forman¬Ľ. El art√≠culo primero se refer√≠a al Distrito Federal. Adem√°s, en los a√Īos 1913-14, la guerra revolucionaria afect√≥ de manera importante la producci√≥n de todas las ganader√≠as, e hizo que disminuyera la venta de ganado para corridas de toros. Este descanso obligado permiti√≥ que el mar se retirara hacia adentro, para regresar con olas de bravura jam√°s vistas. Fueron casi seis a√Īos en los que los ganaderos nacionales, ahora ya todos con pie de simiente puramente espa√Īol incorporado a su sangre original, dieron la vuelta por completo al comportamiento del toro nacional. Se empez√≥ a gestar el ¬ętoro mexicano¬Ľ, ese que naci√≥ de la mezcla √ļnica y constante de sangre Saltillo, cuidada y seleccionada por los propios ganaderos, a los hatos de San Diego de los Padres, Piedras Negras y San Mateo, que llevaban sangre de la tierra y, en diferentes proporciones, simiente de distintas ganader√≠as espa√Īolas. La Punta, que es otra historia, llegar√≠a a√Īos despu√©s.

El 13 de diciembre de 1913 Belmonte realiza otra gran faena a un Piedras Negras: ¬ęBelmonte muletea con un valor muy grande. A dos dedos de los pitones. Unos naturales muy buenos sobresalen en la faena. Pincha, descabellando a la primera. Ovaci√≥n, oreja y vuelta al ruedo¬Ľ. Esta faena la detall√≥ Roque Solares Tacubac en El Pa√≠s, del d√≠a 14, y describi√≥ c√≥mo Juan lig√≥ ¬ęocho naturales en redondo¬Ľ. Ya ven√≠a el cambio, pero por desgracia, Jos√© G√≥mez Gallito, Joselito el Gallo, jam√°s pisar√≠a nuestro pa√≠s y fue solo a trav√©s de las cr√≥nicas que el p√ļblico y la prensa pudieron entender c√≥mo se fue dando esta evoluci√≥n.

Otra aportación de Belmonte a la Ciudad de México fueron los burladeros. El 1 de febrero de 1914, por primera vez se colocaron seis burladeros en el ruedo del Toreo, ya que las mermadas facultades de Belmonte le impedían saltar las tablas. Y ahí se quedaron para siempre, a pesar de las quejas de la afición. Alternaba con Gaona y Pastor, con toros de esta casa.

El √ļltimo torero nacional en nacer antes de la prohibici√≥n con toros de esta casa fue Juan Silveti el Tigre de Guanajuato. De novillero lo anunciaban con el apodo de Belmonte. Con ese mote, el d√≠a de su presentaci√≥n novilleril en el Toreo, El Pa√≠s recogi√≥ los siguientes comentarios, el 4 de mayo de 1914:

Si logra quitarse ciertos defectos que tiene, sobre todo matando, no cabe duda [de] que va a traer de cabeza a muchos toreros de primera. Voluntad le sobra, valentía la tiene, entrega no se diga, además es un torero que no sale a la plaza a robar el sueldo, sino a desquitarlo.

Pues al paso del tiempo se quit√≥ los defectos y el apodo, que en nada le ayudaba. Valent√≠simo torero, tom√≥ la alternativa de manos de Luis Freg, con toros de Piedras Negras, un 15 de enero de 1916, en la Ciudad de M√©xico, y la refrendar√≠a en Barcelona el 18 de junio de ese mismo a√Īo. Como no hab√≠a corridas de toros, se vio afectado inmediatamente, raz√≥n por la cual se march√≥ a Espa√Īa. Sin embargo, tras el levantamiento del veto tuvo un papel muy importante.

El 4 de diciembre de 1918, el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados publicó el siguiente acuerdo:

Despu√©s de que la Secretar√≠a ley√≥ el art√≠culo 195 Reglamentario y de que la Presidencia exhort√≥ a los ciudadanos diputados y al p√ļblico de las galer√≠as a que guardaran compostura y ley√≥ las listas de los oradores inscriptos, se abri√≥ el debate del dictamen que presenta la mayor√≠a de las Comisiones unidas 2.a de Gobernaci√≥n y 2.a de Puntos Constitucionales que termina con las proposiciones siguientes:

Primera: No es de tomarse en consideración la iniciativa presentada por varios ciudadanos diputados a la pasada Legislatura, que para que sea derogado el decreto expedido por el ciudadano Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, que prohíbe la fiesta de toros en el Distrito y Territorios Federales.

Segunda: No es de concederse al C. Juan Silveti, matador de toros, el permiso que solicita para celebrar dos corridas de toros de beneficencia, en la plaza ¬ęel Toreo¬Ľ de esta capital, por existir prohibici√≥n legal absoluta acerca de esta clase de espect√°culos.

Aquí empezó la lucha ininterrumpida de Juan Silveti por encabezar un movimiento ciudadano en favor del levantamiento de la prohibición existente. La primera votación fue de noventa diputados en contra, y ochenta a favor.

La prohibición de las corridas de toros era algo siempre latente entre los legisladores. Cuando se estaba redactando la Constitución de 1917, se intentó suprimir el espectáculo desde la Carta Magna, propuesta que no prosperó porque noventa y ocho diputados votaron en contra de esta iniciativa, contra cincuenta y cuatro que la apoyaban. Aquí se hubiera acabado todo.

El diputado Trinidad O. Velázquez, junto con varios miembros de la XXVII Legislatura, el día 25 de noviembre de 1918 había presentado un proyecto de decreto para que se derogara el expedido por el presidente. Tenía como base los ingresos a la Federación y a los municipios que generaban los impuestos derivados del espectáculo:

Es, desgraciadamente, a todas luces, vista la penuria por que atraviesa el Erario Nacional. Las corridas estaban antiguamente gravadas con el quince por ciento sobre las entradas brutas; posteriormente este impuesto se elev√≥ al veinte por ciento; pero ahora, en nuestro actual r√©gimen constitucionalista, creador del Municipio Libre, grava doblemente este espect√°culo con el veinte por ciento sobre la entrada bruta por impuesto municipal, es decir, para el Ayuntamiento Libre de la Ciudad de M√©xico, y el sesenta por ciento federal para el Gobierno General; de manera que financieramente hablando, al derogarse el decreto de la Primera Jefatura, los ingresos sobre el particular tienen positivo inter√©s, pues las empresas que exploten este negocio deber√°n pagar en total un treinta y dos por ciento sobre sus entradas brutas, resultado, conforme al c√°lculo de lo que produc√≠a anteriormente por impuesto este espect√°culo, que el Ayuntamiento percibir√° alrededor de doscientos mil pesos al a√Īo y la Tesorer√≠a de la Naci√≥n sobre ciento veinte mil pesos, tambi√©n al a√Īo, o sea un total que dar√°n por impuestos las corridas de toros de trescientos veinte mil pesos anuales, o sea mil pesos diarios, que ning√ļn espect√°culo produce este contingente al Erario, y como este c√°lculo est√° basado en los precios de los boletos de entrada en √©pocas anteriores, es de suponerse que en la actualidad ascender√° a mucho m√°s, dado el que todas las diversiones en lo general han alcanzado un precio mucho m√°s elevado;

Es notorio, y en este sentido se est√° atacando actualmente al Ayuntamiento de la capital, el que esta Corporaci√≥n no pueda proveer a su subsistencia econ√≥mica; consiguientemente, ha estado necesitando la ayuda pecuniaria del Gobierno General, y es por esto por lo que dicho Ayuntamiento se ha visto en la imprescindible y dolorosa necesidad de abandonar el ramo de instrucci√≥n p√ļblica, por no poder pagar cumplidamente los sueldos de los profesores del ramo;

La pompa con que se verifica este espect√°culo demanda fuertes gastos para la empresa y para los espectadores, y por esto vemos que se ocupan veh√≠culos y todos los medios de transporte, se establecen vendimias y, en general, especulan por este medio un n√ļmero crecido de familias a quienes indiscutiblemente hay que proteger desechando la mala impresi√≥n que causa la muerte de unos cuantos toros y caballos. Por lo que toca a los accidentes causados con este motivo, es inferior el porcentaje a los que ocasionan los deportes aceptados en toda Europa, como son carreras de autom√≥viles, de caballos, foot-ball y el pugilato. Es de tenerse en muy alta consideraci√≥n la disminuci√≥n de criminalidad en los d√≠as feriados en que se celebran las corridas de toros, pues las estad√≠sticas nos demuestran de una manera elocuente que tanto las comisar√≠as como los hospitales de sangre reciben para su conocimiento y en su seno menor n√ļmero de corrigendos y lesionados.

Por lo que respecta a la solicitud que el C. Juan Silveti, matador de toros, eleva a esta honorable Asamblea pidiendo permiso para verificar exclusivamente dos corridas de toros con el nobil√≠simo objeto de dedicarlos a la Beneficencia P√ļblica, ahora que esta grande instituci√≥n demanda el auxilio de todos los buenos mexicanos, el que subscribe no ha vacilado en poner a la consideraci√≥n de esta honorable Asamblea el siguiente proyecto de decreto:

Art√≠culo √ļnico.- Se deroga el decreto expedido por el ciudadano Primer Jefe del Ej√©rcito Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo de la Uni√≥n, fechado el 11 de octubre de 1916, que prohibi√≥ la fiesta de toros en el Distrito y Territorios Federales.

As√≠ empez√≥ la lucha de varios diputados y de un grupo dirigido por Silveti para lograr que volvieran a celebrarse corridas de toros en todo el pa√≠s. En varias ocasiones lleg√≥ armado el torero a la C√°mara y fue desalojado junto con el resto del p√ļblico que lo acompa√Īaba. Para poder volver a entrar se registr√≥ como periodista de una influyente publicaci√≥n. En fin, hizo una gran cantidad de actividades para lograr su objetivo.

Ser√≠a muy largo seguir citando discursos completos de un proceso que dur√≥ casi dos a√Īos y que en realidad prosper√≥ a la muerte del presidente Carranza, pero quiero compartir la siguiente participaci√≥n del diputado Fern√°ndez Mart√≠nez:

El C. Fernández Martínez: Ruego atentamente al orador que acaba de hacer uso de la palabra y que ha asentado aquí que las corridas de toros no son fiesta nacional y en cambio el jaripeo sí, me diga si Cuauhtémoc o algunos de su época colearon coyotes montados en un perro. (Aplausos y risas.)

Por fin, en la sesión del día 2 de diciembre de 1919, con una votación de noventa y cuatro a favor y treinta y siete en contra, se permitieron las corridas de toros en el país. El argumento final fue la independencia que constitucionalmente tenían los municipios para decidir respecto a la autorización de espectáculos, incluyendo al Distrito Federal. Son varias discusiones muy amplias con argumentos culturales, morales, religiosos y políticos a favor y en contra que debiéramos de recoger hoy.

Estos a√Īos de prohibici√≥n impidieron a Joselito torear en M√©xico. Jos√© fue a Per√ļ. De all√° comisionaron a una persona para que hiciera la compra de varias corridas mexicanas. En plena primera Guerra Mundial era muy riesgoso importar corridas de Espa√Īa. As√≠, adquirieron seis encierros: tres de San Mateo, y uno de cada una de las casas de Tlaxcala: Piedras Negras, La Laguna y Zotoluca, lo mejor que hab√≠a en el campo. El Universal Taurino lo precis√≥ el 25 de marzo de 1924:

La primera piara embarcada fue la de San Mateo, estando los toros en condiciones desfavorables para hacer el viaje porque eran peque√Īos y mal encornados. En la segunda remesa embarcaron los de las ganader√≠as tlaxcaltecas, que ten√≠an excelente presentaci√≥n y magn√≠ficas carnes para resistir la larga traves√≠a. Llegadas a Lima, ambas camadas estuvieron alojadas para que se repusieran del viaje en las dehesas de un feudo nombrado ¬ęMatute¬Ľ. En la sexta corrida de Abono se anuncian ¬ęSeis Toros Mexicanos¬Ľ sin especificar la ganader√≠a, para Mart√≠n V√°zquez y Joselito. Los que inauguraban la odisea eran los de San Mateo. El primero corniapretado y bizco, joven de apariencia, fue toreado lucidamente por Mart√≠n V√°zquez. El segundo, tambi√©n defectuoso, fue devuelto al corral por chico. Con el sustituto, Joselito se limit√≥ a cumplir, aunque el toro fue bravo. El tercero tambi√©n se fue al corral. El p√ļblico ya estaba muy molesto, por lo que a la salida del cuarto, la corrida tuvo que ser suspendida porque estall√≥ francamente la tremolina. Hici√©ronse un√°nimes los gritos de protesta, formando un√≠sonos un alarido gigantesco.

Al d√≠a siguiente por la ma√Īana se lidiaron toros de las cuatro ganader√≠as a puerta cerrada ante la prensa. De ellos, uno de San Mateo, brav√≠simo, fue elegido para semental de la ganader√≠a de don Augusto Legu√≠a, presidente de Per√ļ en turno. Uno de La Laguna y uno de Piedras Negras tambi√©n fueron separados como reproductores. Con estos toros ‚Äďcontin√ļa El Universal Taurino‚Äď, Joselito dio una excelsa ma√Īana taurina:

Fue sesión inolvidable porque el de Gelves toreó con igual afán y maestría que si hubiera estado con millares de personas, y tuvo la gentileza de explicar el porqué de cada una de las suertes que practicaba y decir cuáles transformaciones y qué modificaciones iban ofreciendo los toros al ser lidiados.

Fray Negr√≥n termin√≥ la cr√≥nica diciendo que los dem√°s toros por all√° hab√≠an quedado para ser lidiados en futuras temporadas: ¬ęBuena prole han dejado los tres toros sementales mexicanos y esa descendencia reivindicar√° el lustre de sus antepasados¬Ľ.

Ese fue el contacto del gran revolucionario con el ganado de nuestro pa√≠s. Se abrieron entonces de nuevo las plazas de la ciudad en el a√Īo de 1920. El 16 de mayo de ese a√Īo, d√≠a de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina, Silveti y Corcito matar√≠an en el Toreo una corrida de San Mateo.

Ya se hab√≠an dado dos corridas en noviembre de 1919 y una en enero de 1920 en el Toreo, pero con problemas administrativos, por no estar todav√≠a publicado oficialmente el decreto. Hasta esa fecha, en las plazas de la Ciudad de M√©xico y en las cercanas, Piedras Negras hab√≠a lidiado cerca de seiscientos cincuenta toros en veinte temporadas efectivas desde 1884. En treinta y seis a√Īos, ninguna otra alcanz√≥ este n√ļmero, en promedio: cinco corridas por temporada. Se dice f√°cil, pero hab√≠a que cumplir con √©xito la mayor√≠a de las tardes para seguir volviendo.

El primer gran triunfo de Lub√≠n, resultado de su trabajo con la sangre de Saltillo adquirida en 1908, fue el 23 de enero de 1921. Se anunciaron los ¬ę8 C√°rdenos de Piedras Negras¬Ľ. Alternaban esa tarde, Rodolfo Gaona, Domingo Gonz√°lez Domingu√≠n, Ignacio S√°nchez Mej√≠as y Ernesto Pastor. Para ese a√Īo, ya todos los animales del hierro andaluz hab√≠an muerto, dejando una inmejorable descendencia. Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez hab√≠a fallecido en 1914 y ya no gozar√≠a esta gran tarde. Piedras Negras segu√≠a defendiendo el basti√≥n de la ganader√≠a n√ļmero uno en el pa√≠s. Este encierro fue el primero que se lidi√≥, en el que todos los toros ten√≠an sangre de Saltillo. De los ocho toros, siete fueron brav√≠simos, aqu√≠ su orden de salida y resultado:

N√öMERO         NOMBRE         PINTA      PREMIO

75     Espa√Īol    C√°rdeno oscuro       

8       Mueganero        C√°rdeno 

27     Zorrillo     C√°rdeno oscuro         Orejas y rabo

58     Calendario        C√°rdeno 

94     Corte√Īo    C√°rdeno   Orejas y rabo

71     Ciervo       C√°rdeno 

40     Barrileto   C√°rdeno claro  Orejas y rabo

93     Pambacero        C√°rdeno claro  Orejas y rabo

Al día siguiente, Excélsior publicó una nota de elogio a aquella tarde:

Rese√Īar para qu√©, dicho est√° todo en la mejor corrida de la temporada. Solo creemos de justicia dar una felicitaci√≥n muy merecida a don Lub√≠n Gonz√°lez. Sus toros han sido lo mejor de la temporada. Bravos, nobles y de hermosa presentaci√≥n, que se arrancaron de largo sobre los del castore√Īo y que jam√°s volvieron la cara, no obstante que se les pic√≥ con puyas espa√Īolas. Una tarde memorable, en la que Lub√≠n Gonz√°lez toc√≥ el timbre de la gloria, en la que pese a su modestia, el p√ļblico en pleno pidi√≥ que saliera al ruedo para dedicarle una estruendosa ovaci√≥n.

Lub√≠n triunfaba muy fuerte con los Saltillos criados por √©l, as√≠ como Jos√© Mar√≠a lo vivi√≥ con la llegada de la sangre Murube. Pero lo de Lub√≠n era el despegue definitivo de la ganader√≠a con la sangre de origen espa√Īol que dominar√≠a el campo mexicano de aqu√≠ en adelante. El campo nacional se regar√≠a con gran fecundidad y √©xito desde Tlaxcala, a trav√©s de las casas de los Gonz√°lez con gran lustre, y tambi√©n desde Zacatecas, con los Llaguno, que ya lidiaban toros con esta sangre. Sin adjetivos. Al paso del tiempo, el Encaste Llaguno ser√≠a sin duda el m√°s extendido en la ganader√≠a mexicana.

A los pocos días, el 6 de febrero, alternaron Rodolfo y Ricardo Anlló Nacional, con toros de Lubín. En el Excélsior del 24 de octubre de 1921, Don Verdades mencionaba que en el tercero de la tarde:

... lleva la muleta a la izquierda y realiza una gran proeza, una gran proeza, una proeza que largo tiempo no veíamos: da un pase natural, templando y mandando divinamente, gira sobre los talones y sin despegar la roja franela de la cara del animal, da otro natural y sigue con otro en la misma forma. Rodolfo dio el verdadero pase en redondo, que el animal debe haber escuchado los latidos del corazón del gran torero.

Se refería a este toreo en redondo, que en largo tiempo no se veía, y cuya sublimación estaba por venir. Cuatro naturales en redondo, un pinchazo y las orejas y el rabo.

El 5 de noviembre de 1922 se anunci√≥ un mano a mano entre Gaona y Silveti. Los toros, de Piedras Negras. La corrida estaba muy bien presentada: Silveti cort√≥ orejas en el segundo y el cuarto, mientras que Gaona realiz√≥ una faena colosal al tercero, Pavito, n√ļmero 31, negro lucero. As√≠ lo plasm√≥ Verduguillo, de El Universal Taurino, al d√≠a siguiente:

Gaona derrocha arte y valor por toneladas. Le vemos tres pases cambi√°ndose de mano la muleta, dos molinetes en la misma cara, un natural, un muletazo rodilla en tierra y tres forzados de pecho colosales.

El primero, Cubeto de nombre, se le había ido vivo a Gaona.

Con Gaona y Silveti, dando la cara todas las tardes, comenzaba a forjarse un serio nacionalismo. ¬ęSe√Īores: ¬°Que no estamos emplumados!¬Ľ, se titula una editorial firmada por Carlos Quir√≥s Monosabio, el cr√≠tico m√°s influyente en ese momento, en respuesta a unas declaraciones de S√°nchez Mej√≠as al regresar a Espa√Īa en 1922, despu√©s de haber tenido √©xito en contra de todo. Ignacio triunf√≥, pero nunca fue querido en M√©xico. Gaona se encarg√≥ de fustigarlo en la prensa tarde tras tarde. Con toros de esta casa, en esa temporada obtuvo grandes triunfos, tal y como lo hab√≠a hecho el a√Īo anterior, cuando cort√≥ dos rabos la tarde de los famosos c√°rdenos. Dos m√°s cortar√≠a la tarde del 18 de diciembre de 1921 a Vanidoso y a Grullo, el 5 de febrero de 1922. La siguiente es una editorial publicada en el mismo medio, que remata el art√≠culo del cr√≠tico de la semana anterior:

Nosotros desear√≠amos que los toreros espa√Īoles que nos llegan, trayendo el prejuicio que es muy f√°cil deslumbrarnos, se dieran cuenta de su equivocaci√≥n desde la primera corrida que torean. Que no pretendan pues, nuestros visitantes peninsulares ¬ędarnos camelo¬Ľ. Que no crean pues el decir de S√°nchez Mej√≠as, sino el de ¬ęMonosabio¬Ľ: Se√Īores: ¬°Que no estamos emplumados!

Todav√≠a no llegaba Chicuelo, pero ya el p√ļblico y la cr√≠tica estaban cambiando. Despu√©s de la prohibici√≥n se comenzaron a dar orejas en forma continua como premio a la faena y a la estocada del matador. El mismo cr√≠tico Carlos Quir√≥s hizo un an√°lisis profundo de cu√°ndo y por qu√© se deben dar estos trofeos, as√≠ como su valor:

¬ŅQuer√©is un ejemplo de c√≥mo debe darse una oreja? Est√° muy reciente la que se le dio a Lalanda por la muerte del sexto toro de Atenco. Con la oreja deben premiarse aquellas dos maravillosas series de pases naturales, ligados hasta constituir el toreo en redondo. Y sobre todo premiemos con oreja las faenas que demuestren inequ√≠voca maestr√≠a y valor portentoso, y mientras m√°s dificultades se presenten al lidiador, tanto mayor que sea el galard√≥n que reciba.

El comportamiento de los toros comenzaba a cambiar y cada vez m√°s saltaban a la arena corn√ļpetas que permit√≠an faenas con este nuevo hacer. Gaona lidi√≥ una hist√≥rica faena a Bordador, de Piedras Negras, el 5 de febrero de 1922; cort√≥ el rabo, mismo premio que obtendr√≠a esa tarde S√°nchez Mej√≠as, sin embargo hay una reflexi√≥n interesante de Monosabio, del 1 de enero de 1923.

Salta al ruedo ¬ęBordador¬Ľ, bravo y nobil√≠simo, que lleva pitones en la cabeza, pero que no parece saber hacer uso de ellos, y entonces, cuando el diestro Gaona lo torea primorosamente, con toda la gentileza de que es capaz, derrochando habilidad, confianza, dominio, gracia, no falta qui√©n exclame desde√Īosamente: ¬ęTorear bichos de tan inocente candidez, que carecen de malicia y de poder, no tiene m√©rito alguno¬Ľ. ¬ŅQu√© prefieren, toros bravos, aun cuando de escaso respeto, o bichos grandulones y con abundantes defensas que no permitan floreos ni clasicismos?

Que el torero sepa chupar los caramelos que le depare su buena suerte, pero que también sepa roer los huesos que lo toquen. Y que no confunda la clase, porque entonces no solo demostrará que de toros entiende poco, sino que en el pecado llevará la penitencia.

Este es el encabezado de la crónica de la corrida del 31 de diciembre de 1922:

Ayer fue Domingo de Resurrecci√≥n. Rodolfo Gaona tore√≥ de capa y de muleta tan estupendamente y banderille√≥ tan maravillosamente, que ha reconquistado su airoso puesto de artista m√°ximo de la torer√≠a. El torero de Le√≥n gan√≥ una oreja, perfectamente bien ganada, con ¬ęHuasteco¬Ľ. Marcial Lalanda fue ayer un torero exquisito y con gran dosis de agallas. La bandera de Piedras Negras onde√≥ muy alto.

Una semana antes, ambos se habían enfrentado en un encierro de San Diego de los Padres, con fenomenal bronca como resultado.

El 28 de enero de 1923 se anunciaron una vez m√°s los ¬ęC√°rdenos de Piedras Negras¬Ľ. Se buscaba lograr el √©xito de dos a√Īos atr√°s. El empresario Carre√Īo quer√≠a repetir la misma f√≥rmula de √©xito que √©l se hab√≠a apropiado con la corrida de 1921, repetida en 1922, para la que hizo todo un bombo de su ¬ęojo cl√≠nico¬Ľ en materia de toros. Ahora presentaba por tercera vez un cartel redondo para la corrida, a beneficio de la Casa de Salud del Periodista. El mejor que se pod√≠a presentar en ese momento. Verduguillo escribi√≥ una cr√≥nica para El Universal Taurino, el 29 de enero de 1923.

Luego de que B√©jar ha dado el toque de reglamento, desfila la comparser√≠a al frente de la cual marchan Rodolfo Gaona, de tabaco y oro; Juan Silveti, de rosa y negro; Manuel Garc√≠a ¬ęMaera¬Ľ, de azul y oro; y Marcial Lalanda, tambi√©n de azul con adornos en el mismo metal. El ganado de Piedras Negras fue duro para los de a caballo, pero mucho m√°s duro para los de a pie. Fue una corrida nerviosa y de mucho poder, que de haber sido otros diestros los encargados de lidiarla, no pocos disgustos se habr√≠an llevado. Muy bravos, segundo, tercero y cuarto. ¬ęMaera¬Ľ cort√≥ dos orejas, Silveti una que nadie le concedi√≥, Lalanda se llev√≥ el hueso, y Gaona provoc√≥ aburrimiento y pitos.

En otra crónica, el resultado en cuanto a trofeos fue así: el rabo del tercero, de nombre Nevero, a Maera, y el rabo del séptimo, de nombre Pajarito, a él mismo.

El cuarto toro de esa tarde, Conductor, fue el √ļltimo hijo de la vaca Conductora ‚Äďn√ļmero 544 de Saltillo‚Äď, que hab√≠a nacido en 1915 y que estuvo como semental durante tres veranos en las dehesas tlaxcaltecas.

Al embarcar esta corrida en Piedras Negras, don Isaac Morales se encontraba encajonando, cuando repentinamente se le arrancó un buey, dándole una terrible cornada en la parte exterior del muslo derecho. Se le hizo la primera curación en la ganadería y fue transportado en tren a la Ciudad de México, donde fue atendido en el Sanatorio Moderno. Estaría ahí por quince días, sin embargo, las secuelas del percance le durarían toda la vida.

Para finalizar la temporada de 1923-24, el 18 de noviembre recibieron el honor de la vuelta al ruedo Pirinolo, al que le cortó el rabo Mariano Montes, y Colchón, al que también le cortó el rabo Diego Mazquiarán Fortuna.

El 17 de febrero de 1924, Varetazo firm√≥ este encabezado: ¬ę ¬ŅQu√© es una faena cumbre? La de Rodolfo, con "Revenido", en el beneficio de "Nacional II". ¬ŅCu√°l es el m√©rito? ¬ŅCu√°les sus defectos? ¬°Yo soy el √ļnico amo!¬Ľ.

Revenido, n√ļmero 34, c√°rdeno oscuro, vuelto de cuerna, no luci√≥ demasiado durante el primer tercio. Tom√≥ las tres varas de rigor con codicia, pero no tom√≥ muy bien el enga√Īo. Rodolfo lance√≥ sin mayor √©xito y no luci√≥ en las banderillas. Comenz√≥ la faena de rodillas, dando un pase por alto que levant√≥ al p√ļblico. Aqu√≠ la rese√Īa de El Universal Taurino, el 19 de febrero de 1924:

Ahora va erguido, sereno, elegante, al toro; con pasmosa suavidad, con temple indescriptible, lo pasa ante s√≠, y sale majestuosamente paso a paso. Y el toro lo mira ir y se queda inm√≥vil, recre√°ndose tambi√©n con aquellos andares de felino aristocr√°tico. Mientras el toro, pasmado, se embriaga de elegancia, el ¬ęCalifa¬Ľ va a las tablas. Se encara con ¬ęNacional II¬Ľ y ruge como un tigre golpe√°ndose el pecho: ¬ę¬°¬°Yo, yo!! ¬°¬°Yo soy el √ļnico, el n√ļmero uno!! ¬ęNacional¬Ľ desde el estribo parece asentir. Ser√≠a rid√≠culo no rendirse ante la evidencia. Otro muletazo, luego un natural con la derecha y un molinete estupendo. Los pies del torero est√°n juntos y quietos. No hay m√°s que brazos. ¬°Qu√© maravilla! La ovaci√≥n es de lo m√°s grande que he o√≠do en mi vida. Los m√ļsicos ya no tocan, porque los pobres, en el paroxismo del entusiasmo, est√°n aplaudiendo.

Un pinchazo muy aplaudido y un volapi√© perfecto coronaron la faena por la cual el Indio recibi√≥ dos orejas y rabo. Esa tarde, el toro anterior, Veguero, n√ļmero 56, negro bragado, as√≠ como Tinajero, lidiado en segundo lugar, tambi√©n merecieron el honor de la vuelta al ruedo.

El 7 de diciembre de 1924 se present√≥ en M√©xico quien cambiar√≠a para siempre la fiesta en M√©xico: Manuel Jim√©nez Chicuelo. Mano a mano con Victoriano Roger Valencia II, estoquearon un encierro de Piedras Negras, del cual destac√≥ el sexto, Hortelano, n√ļmero 45, berrendo en casta√Īo capirote, al que Valencia le cortar√≠a, despu√©s de una valiente y emocionante faena, las orejas y el rabo, mereciendo el toro la vuelta al ruedo. Chicuelo no mostr√≥ sus credenciales debutando con Aguacate, n√ļmero 28 de esta casa. Faltar√≠a poco para que este torero recibiera de Gaona las llaves de la puerta del toreo en M√©xico, y con ellas la cerrara por fuera, dejando atr√°s una gran historia, con un hacer distinto, para caminar hacia el inalcanzable horizonte del futuro del toreo en el mundo. La revoluci√≥n iniciada por Juan y Jos√©, solo en esbozos vista en M√©xico, ser√≠a presentada con un lujo magistral por este sevillano, cuyo mayor triunfo fue el cambio. Con √©l, en M√©xico, se transform√≥ el hacer de los toreros, el entendimiento y la expresi√≥n del sentimiento del p√ļblico, que pas√≥ del grito de guerra brav√≠o, a la entrega absoluta ante la nueva expresi√≥n art√≠stica, pero sobre todo, inici√≥ el cambio en el toro. La cr√≥nica, el p√ļblico y los ganaderos se dieron cuenta de inmediato. No fue un parteaguas visto en retrospectiva, fue un r√≠o que cambi√≥ de cauce, con todos ellos a bordo de la barca de la tauromaquia mexicana.

El domingo 21 de diciembre mat√≥ la corrida de la divisa bolchevique, curioso apelativo que le dio Verduguillo a los colores de Piedras Negras, mano a mano con Gaona, corrida que para el de Le√≥n trajo su √ļltimo gran triunfo con toros de esta casa. Desde el 17 de febrero de 1909, fecha en que mat√≥ la primera corrida de esta casa, el Califa nunca dej√≥ de pedir los toros de Lub√≠n. Triunf√≥ con ellos en la capital y en los estados, y en los compromisos clave siempre cont√≥ con ellos. Esa tarde cort√≥ las orejas y el rabo de Jorobado, n√ļmero 8, negro bragado, bien puesto de pitones: ¬ęOtro par al sesgo por las afueras, que no sabemos qu√© aplaudir: si el arte o la guapeza del artistazo¬Ľ. Escribir√≠a Alameda a√Īos despu√©s: ¬ę... te da los palos Jos√©, las banderillas tu suerte; √©l lo sabe, yo lo s√©, no por competir, por verte¬Ľ.

No cesa a√ļn la ovaci√≥n. Comienza con un pase de pecho con la derecha estatuario, majestuoso; sigue un natural con la misma diestra, luego tres naturales aut√©nticos, superior√≠simos, girando el diestro hasta consumar lo que se llama el toreo en redondo. Y de ah√≠ en adelante, el leon√©s suelta el repertorio de los d√≠as grandes.

Pareciera que quer√≠a firmar sus √ļltimas p√°ginas uniendo las dos formas: la que √©l se llevaba y la que nac√≠a. El 12 de abril de 1925 se despedir√≠a de los ruedos matando dos toros de Atenco, dos de San Diego de los Padres y dos de Piedras Negras.

Estaba por comenzar una revoluci√≥n taurina en M√©xico. Y al igual que la anterior, sin un general mexicano. Silveti daba la cara y el cuerpo todas las tardes. El Torero de la Regadera pod√≠a y pudo con todos. Jam√°s rehuy√≥ una pelea en el ruedo ni fuera de √©l. Era un torero hombre. Basaba su dominio sobre los toros en un valor indomable, en un toreo sin florituras. Pero no ten√≠a en sus manos la onza del cambio. Faltaba por llegar el m√°s grande de los toreros de M√©xico: Ferm√≠n Espinosa Armillita Chico. En el tiempo de la retirada de Gaona, empezaba su carrera como becerrista, y a los pocos a√Īos ser√≠a novillero non. Llegar√≠a al toreo y a su cima bajo los c√°nones reci√©n establecidos por Chicuelo.

Manuel Jim√©nez tom√≥ la alternativa de manos de Juan Belmonte en su natal Sevilla el d√≠a 28 de septiembre de 1919, misma que le confirmar√≠a Rafael G√≥mez el Gallo, el 18 de junio del siguiente a√Īo. Art√≠stico, elegante y pinturero, poseedor de una gran t√©cnica, fue sin embargo, un torero de muchos altibajos.

Con Lapicero, de San Mateo, en febrero de 1925 puso de cabeza a la plaza. Tres tandas de naturales en redondo, ¬ęcomo no hab√≠amos visto torear nunca¬Ľ. Faltaba Dentista. Octubre de 1925, domingo 25. La corriente del r√≠o tomar√≠a otro cauce. Ojo, de El Eco Taurino, escribi√≥ lo siguiente nota el 27 de octubre de 1925: ¬ęno contamos los pases, pero hubo momentos en que el diestro giraba lentamente, mientras el toro, embebido en la m√°gica muletilla, describ√≠a c√≠rculos y m√°s c√≠rculos alrededor de la agigantada figura del coloso sevillano¬Ľ.

Había sido una tarde aciaga para San Mateo, dos al corral y este quinto duramente protestado, gracias que no recibió el mismo castigo. En Madrid, el 24 de mayo de 1928 haría lo mismo el sevillano con el toro Corchaíto, de Graciliano Pérez Tabernero. Dos faenas de época y de épocas. O más bien, atemporales, eternas, reflejadas en el toreo de hoy.

No era torero de todas las tardes ni de todos los toros. Cuando los toros no le tomaban el trapo a gusto, o no se arrancaban desde el terreno apropiado para dar y ligar naturales, quedaba convertido en un torero fino y vistoso, pero sin gran relieve y a veces ineficaz. Una editorial de El Eco Taurino dice:

Ha recibido en esta temporada una consagraci√≥n definitiva. Dicen que en Espa√Īa todos lo consideran un gran torero, pero si as√≠ no fuera, ser√≠amos los mexicanos los que una vez m√°s descubri√©ramos el diamante precioso, elevando a la categor√≠a de √≠dolo a un torero grande, a quien ya se mima y consiente con particular cari√Īo... y nuestra opini√≥n vale: ¬°En M√©xico sabemos ver toros!¬Ľ.

El 15 de noviembre de ese a√Īo triunf√≥ rotundamente con Testafuerte, de la rojo y negro. As√≠ lo escribi√≥ Ojo, de El Eco Taurino, el 17 de noviembre de 1925:

C√°rdeno claro con bragas, ojalao y bien puesto de pitones. Suave como la seda de principio a fin. ¬°Qu√© manera de tomar el capote! Y luego la muleta. Bueno, un toro como para armar el esc√°ndalo. Con el capote no est√° a la altura pero... Comienza su estupenda labor con el pase de la firma al que sigue uno de costado que se aplaude. Cambia de mano la muleta y torea al natural mejor de lo que jam√°s ha toreado. As√≠ como suena. Fueron tres pases monumentales, y de ellos, el primero un asombro por lo ce√Īido. Sigue toreando entre el entusiasmo del concurso. Un pinchazo en buen sitio... y finalmente una entera por todo lo alto. Orejas y rabo.

Remat√≥ la cr√≥nica Alfonso de Icaza diciendo: ¬ęLa faena de muleta fue un portento por lo valiente y por lo torera. Digna hermana de la de "Dentista", pero hecha ante un toro¬Ľ. El astado recibi√≥ la vuelta al ruedo.

Piedras Negras segu√≠a triunfando y cada vez m√°s saltaban a la plaza toros para las nuevas formas. El 6 de diciembre de 1925, S√°nchez Mej√≠as dej√≥ ir in√©dito a Hortelano, negro zaino, que fue bravo, noble y boyante, un toro ¬ęd√≥cil, obediente, de seda¬Ľ. Vuelta al ruedo para el burel.

Mezcalero, el toro n√ļmero 84 de Piedras Negras lidiado en tercer lugar el primer domingo de noviembre de 1926, merece ante la posteridad el prestigio de Revenido, aquel memorable toro con el cual ¬ęGaona encorajinado y babeando de rabia, realiz√≥ memorable faena... Con ¬ęMezcalero¬Ľ se hizo el prodigio de despertar el instinto dormido del torero, del torero de raza y de sangre que sac√≥ de s√≠ mismo toda la esencia torera de la inspiraci√≥n culminante y, con desesperaci√≥n, con rabia, con un apetito cordial de dar de s√≠ todo lo posible, hizo la faena de prodigio¬Ľ. Esto lo escribi√≥ Xavier Ozamendi, de El Eco Taurino, el 9 de noviembre de 1926.

Chicuelo había sido acicateado por Valencia II, como Nacional lo hizo con Gaona. Lo obligó a reivindicar su prestigio, ese que lo llevó a torear en la temporada anterior dieciséis tardes consecutivas en la plaza del Toreo, marca que está ahí para la posteridad. Mezcalero, como Revenido en su momento, hizo rugir al monstruo.

Esa tarde, Chicuelo, valeroso torero, dio una cátedra en distintos tonos y en varias tauromaquias, la suya y la anterior. Tirando del toro, dando naturales en redondo, molinetes, pases por alto, pero sobre todo con una enjundia que parecía alguien que buscaba un hueco en la fiesta. Al final de la faena no hubo trofeos, tan solo porque él no quiso. Se quedó sentado en el estribo observando la locura en el tendido. Y quizá el futuro del toreo en México al que él gallardamente le había definido el rumbo para siempre.

Con Chicuelo y Mezcalero cerramos esta tercera √©poca de Piedras Negras en la capital. En estos veintiocho a√Īos estuvieron al frente de la ganader√≠a nacional, pero ya con otros retos de crianza y selecci√≥n y con otros competidores: San Mateo, que ya no se bajar√≠a del ring y la reci√©n debutada la Punta, adem√°s con San Diego los Padres, todav√≠a pisando fuerte. Grandes tardes con todas las figuras, desde Fuentes hasta Chicuelo. Cornadas muchas, fracasos varios. Un cuarto de siglo triunfal de cabeza a rabo. Una √©poca que resumo en una frase de Lub√≠n Gonz√°lez: ¬ęYo cr√≠o toros para toreros que sepan torear. Para enfrentar un toro bravo y codicioso como el m√≠o, hay que ser torero¬Ľ.

3. EL M√ČXICO INDEPENDIENTE

Lub√≠n fue el primero de los Gonz√°lez que fij√≥ residencia en M√©xico. En una elegante casona ubicada en la colonia San Rafael, en Serapio Rend√≥n 99, atend√≠a los asuntos taurinos durante la temporada. Fumador empedernido, vicio que lo llevar√≠a a la tumba, ven√≠a con frecuencia a la capital siendo un hombre respetado y querido. Dec√≠a el que se hab√≠a fumado m√°s de quinientos mil cigarrillos: ¬ęMenuda publicidad le hubiera hecho yo a las tabacaleras¬Ľ. Junto con los se√Īores Barbabosa defendi√≥ ante los empresarios los intereses de los ganaderos mexicanos y llev√≥ y aplic√≥ en Piedras Negras todo el nuevo conocimiento que adquiri√≥ de los toreros espa√Īoles que invit√≥ a la ganader√≠a. Fue el gran estratega de este hierro. Con √©l se cerr√≥ este ciclo de consolidaci√≥n de la casa tlaxcalteca en las plazas, en las que a partir del a√Īo 1921, los toros de Piedras Negras, ahora fortalecidos con la solera de Saltillo, empezaron a cambiar para permitir la ejecuci√≥n de las suertes bajo los nuevos c√°nones. Inici√≥ la evoluci√≥n del toro, que se apreciaba que viniera de largo, boyante, que consent√≠a el toreo anterior, el del par√≥n, rematado por alto y sin comp√°s entre pase y pase, al toro que con incipientes caracter√≠sticas de nobleza permitir√≠a el toreo ligado. Comenzaba la aparici√≥n de la expresi√≥n de la bravura integral del toro, que al tiempo desplazar√≠a de su comportamiento la fiereza que brotaba de una bravura que se buscaba, y poco a poco se encontraba, y la cobard√≠a violenta emanada del criollo.

La cr√≠tica tard√≥ en entender este ajuste. Cuando el toro no arrancaba de largo, como era la costumbre, se usaba el calificativo de burriciego. Se atribu√≠a a la vista un cambio en la acometida que nada ten√≠a que ver con eso. Por otra parte, cuando hubo que empezar a ir por el toro, a dejarle la muleta en la cara para tirar de √©l, los propios toreros los calificaban como toros de ¬ępaja¬Ľ, sin fondo, sin emotividad. Este ep√≠teto se extend√≠a a todas las ganader√≠as mexicanas.

Lo cercano de la sangre de la tierra en su genealog√≠a todav√≠a ten√≠a un peso grande en su comportamiento. Por eso no dejaban de tentar ning√ļn macho, y a√ļn as√≠, los toros fogueados y los que eran regresados al corral segu√≠an abundando en todas las casas. Aun y cuando todav√≠a el caballo no era el que paraba al toro, la propia selecci√≥n y manejo gen√©tico estaba dando el resultado.

Lub√≠n dej√≥ el material gen√©tico suficiente en Piedras Negras para poder terminar esta evoluci√≥n, misma que a los pocos a√Īos culminar√≠a en un toro para el toreo moderno, ese que Chicuelo hab√≠a dejado el d√≠a que, sentado en el estribo, admirado, ve√≠a al p√ļblico gritar de emoci√≥n.

La √©poca de oro del toreo en M√©xico siempre la hemos ligado con el surgimiento de la primera gran generaci√≥n de toreros nacionales. Sin embargo, esta no se hubiera dado si ese oro no hubiera sido sacado tambi√©n de las minas ganaderas. Lub√≠n se lo dej√≥ a Viliulfo a boca de t√ļnel. Y el amo Viliulfo no lo desperdiciar√≠a. Viv√≠a en Piedras Negras, no obstante que  el casco de La Laguna ‚Äďfinca de su abuelo y de su padre‚Äď estaba en funcionamiento. Desde 1908 dirig√≠a con su padre la ganader√≠a hermana con gran √©xito. Ahora llevar√≠a hasta el a√Īo de 1941 ambas casas en la misma mano. Como Lub√≠n encontr√≥ en el camino a Gaona, Viliulfo encontrar√≠a en el suyo a la gran figura mexicana, Ferm√≠n Espinosa Armillita Chico, el joven genio que har√≠a la ¬ęrevoluci√≥n taurina mexicana¬Ľ. Gaona, figura mundial indiscutible, tore√≥ con maestr√≠a de la forma como lo hac√≠an los genios de su √©poca, pero no cre√≥ ni gest√≥ un cambio en M√©xico. Ferm√≠n s√≠. Ferm√≠n se par√≥ y par√≥ al toro. Y lo que Chicuelo dej√≥ como muestra, √©l lo culmin√≥ como tauromaquia, misma que su generaci√≥n absorbi√≥ con distintas y personal√≠simas formas de expresi√≥n.

Ferm√≠n Espinosa naci√≥ el 3 de mayo de 1911 en Saltillo Coahuila, en el seno de una familia de toreros. Ah√≠, con su padre y hermanos, recibi√≥ la educaci√≥n taurina que con el tiempo lo llevar√≠a a la cima del toreo. Debut√≥ como becerrista en la capital, en el Toreo, el 3 de agosto de 1924. Con el tiempo, el p√ļblico lo comenz√≥ a nombrar el Ni√Īo Sabio, por la innata claridad que ten√≠a para resolver el reto que cada novillo le presentaba. Jos√© Carlos Ar√©valo, en su libro, El secreto de Armillita, lo dice magistralmente:

El don de aquel ni√Īo torero ocultaba eso que los aficionados llamamos ¬ęt√©cnica de torear¬Ľ, pues Armillita la ten√≠a en tal grado que parec√≠a olvidarla, cuando precisamente era todo lo contrario. De tan asumida, le brotaba como de manera inconsciente. Tan pasmosa virtud tuvo para ¬ęArmillita¬Ľ, a lo largo de toda su vida, un alto precio: la superficial consideraci√≥n que su toreo era fr√≠o.

Se present√≥ como novillero en el Toreo el 18 de julio de 1926, alternando con Tato y Juli√°n Pastor, con novillos de San Mateo. El Eco Taurino del 15 de septiembre de 1926 dijo: ¬ę"Armillita" sabe m√°s de lo que le han ense√Īado. Demostr√≥ en sus dos toretes lo que nadie ignora: que en √©l hay un torero de cabeza¬Ľ. En la corrida de la Covadonga, en septiembre de ese a√Īo, gan√≥ la Oreja de Plata, que estaba en disputa; la nota tambi√©n es del Eco Taurino: ¬ęPaso a paso, el joven Ferm√≠n se va haciendo, ¬Ņlo digo?, el ¬ęJoselito¬Ľ de M√©xico. Si no, al tiempo¬Ľ.

Armillita Chico lleg√≥ al toreo en momentos en que la cr√≠tica empezaba a exigir toros con trap√≠o y poder, cuando todav√≠a, con los caballos sin peto, se acusaba a los picadores de romanear en exceso a los toros dej√°ndolos agotados para el √ļltimo tercio. En el Universal Taurino, el 17 de agosto de 1926 apareci√≥ la siguiente nota:

La esencia de la fiesta, cuando estuvo en su pleno esplendor, fue el peligro real y efectivo, superado por el valor, efectivo y real de los lidiadores... iniciada la decadencia. Ha venido a ocupar los primeros puestos en la preferencia de la neo-afici√≥n una serie de lances vistosos, pero desprovistos de efectivo riesgo, un c√ļmulo de pinturer√≠as equ√≠vocas, cuya realizaci√≥n exige bichos de poco peso y escaso respeto. El p√ļblico se va fastidiando de la farsa empalagosa que se le ofrece, en lugar de su espect√°culo favorito. Hay que volver al toro grande, poderoso y con pitones.

El 29 de agosto de 1926, el joven de Saltillo obtuvo su primer gran triunfo con toros todavía de Lubín. En la novillada, a beneficio del Montepío de Toreros de México, cortó el rabo a su primero de esa tarde. Fue un novillo fuerte, con dos pitones imponentes, ante el cual culminó una faena de dominio que convenció a todos. El arte y la sabiduría de Fermín se presentaban en México con una ganadería que le deparaba grandes triunfos. Fue el primer rabo que un novillero cortaba en México.

Tom√≥ la alternativa el 23 de octubre de 1927 de manos de Antonio Posada, con Pepe Ortiz en el cartel, estoqueando toros de San Diego de los Padres. Vestido de azul cobalto y oro, brind√≥ su segundo toro a Rodolfo Gaona, como pidiendo y recibiendo la estafeta del toreo nacional. De ah√≠ en adelante emprender√≠a el vuelo a todo el mundo taurino, triunfando a carta cabal en M√©xico y en Espa√Īa, de donde lo desterrar√≠an en 1936. En su primer a√Īo de alternativa mat√≥ cincuenta y nueve corridas, las primeras doce en nuestro pa√≠s, de las cuales diez ser√≠an en la capital. En Espa√Īa tore√≥ cuarenta y cinco tardes, faltando solo Sevilla en su calendario. El 30 de octubre de 1927 matar√≠a su primera corrida de Piedras Negras: ¬ęLos toros de Piedras Negras que se lidiaron la tarde del domingo 30 tuvieron bravura, tuvieron nobleza, y tuvieron tambi√©n la fuerza y el nervio que debe caracterizar siempre al toro de lidia. Bien por don Lub√≠n Gonz√°lez¬Ľ. El comentario se public√≥ en El Eco Taurino, el 1 de noviembre de 1927. Esa tarde se presentar√≠a en M√©xico el valenciano Enrique Torres, quien lleg√≥ a ser muy querido y admirado por la afici√≥n capitalina. El primero de la tarde, n√ļmero 46, negro bragado, de nombre Rex, fue un toro muy bravo que toc√≥ en suerte a Fuentes Bejarano, y que cuando fue arrastrado hizo estallar la ovaci√≥n clamorosa en honor de don Lub√≠n Gonz√°lez, quien ¬ęsabe criar toros bravos¬Ľ.

El análisis y comportamiento de sus toros lo tenían muy claro los González. Lo que pasaba en las plazas no era producto de la casualidad ni del desorden. Era la expresión de un concepto ganadero nunca traicionado en aras de la comercialización.

¬ęEn defensa del toro¬Ľ es la cabeza de un art√≠culo publicado en Toros y Deportes el 2 de enero de 1928. Es una entrevista a los principales ganaderos mexicanos, entre ellos Lub√≠n y Viliulfo Gonz√°lez. Dijo Lub√≠n:

‚ÄĒLa lidia, como usted sabe, ha evolucionado mucho; hoy se hacen muchas cosas que antes no se hac√≠an, y aunque actualmente son los toros m√°s bravos que antes, se les exige much√≠simo m√°s. Desde que sale el toro comienzan los toreros a hacerle cosas que tienden a agotarlo; los matadores no se preocupan porque conserven su poder y bravura, y cuando llegan al tercio final, se dedican a torearlos por la cara, diciendo al p√ļblico que no pasa. Si el p√ļblico no aplaudiera esta tipo de faenas, muy distinta ser√≠a la cosa, entonces los matadores no tendr√≠an m√°s remedio que meter en cintura a los peones y obligarlos a llevar una lidia ordenada, lo que dar√≠a como resultado que el toro llegara al √ļltimo tercio m√°s entero.

‚ÄĒ¬ŅQu√© est√° haciendo para mejorar su ganader√≠a?

‚ÄĒSelecci√≥n minuciosa, que es el √ļnico procedimiento por el cual se logra mejorar la casta. Algunos aficionados hablan de refrescar la sangre: ¬Ņcon que? ¬ŅVoy a traer de Espa√Īa un semental cualquiera que me descomponga la ganader√≠a? Yo tengo en Piedras Negras una punta de vacas de la pura simiente de Saltillo; esta es la familia de donde salen los sementales. Ustedes han visto las tientas en la hacienda, se les pega fuerte, a muchos se les dan hasta veintisiete puyazos, como a aquel ¬ęCarri√≥n¬Ľ que ustedes vieron. A las vacas tambi√©n se les castiga sin piedad. ¬ŅUstedes han o√≠do decir que Saltillo est√© haciendo alguna cruza? No, se√Īor, conserva su sangre pura, pues tan pura como Saltillo, la conservo yo en Piedras Negras; por eso no pienso hacer ninguna cruza ni meter sangre que, aunque aparentemente igual, resulte distinta y se descomponga todo.

A la pregunta de por qué los toros que tienen magníficas notas de tienta no cumplen en el ruedo a su satisfacción, Viliulfo expresó los siguientes conceptos:

Este es un asunto delicado, pero hay que decirlo con claridad. La lidia en la mayor√≠a de los casos no se lleva como debe ser. Los herraderos, los capotazos sin ton ni son, los recortes y doblones, los lanzazos a donde cae la puya, la entrega y romaneo de los caballos, las salidas en falso de los banderilleros son las que acaban con ellos. El mejor toro sale al ruedo y como los peones se propongan acabar con √©l, lo acaban, no les quepa la menor duda. La lidia debe ser fija, los capotazos que sean necesarios deben darse en orden, siguiendo un plan determinado. Yo les aseguro que vacas de La Laguna que han hecho magn√≠fica pelea en la tienta, donde yo dirijo todos los movimientos y cuido que la faena se lleve en orden, las suelto en la plaza del Toreo y no pelear√≠an ni la mitad de lo bien que pelearon all√°. Recientemente tentamos un becerro a campo abierto. Me dej√≥ satisfecho, pero no conforme todav√≠a con esa prueba, lo encerramos en la plaza para hacerle una lidia formal. Recibi√≥ doce puyazos arranc√°ndose, se le hicieron doce quites. Fuentes Bejarano le hizo una gran faena de muleta; lo dejamos que se repusiera un poco y despu√©s le hice yo otra faena larga, de castigo. El becerro fue noble y bravo hasta el √ļltimo momento; no aprendi√≥; nada, no hizo absolutamente nada feo; embisti√≥ con suavidad, con temple de principio a fin. Fuentes Bejarano, entusiasmado, me dijo: ¬ęEste animal en cualquier ganader√≠a de Espa√Īa no valdr√≠a menos de treinta mil pesetas. Este becerro se le echar√° a las vacas el a√Īo entrante y estoy segur√≠simo de que me dar√° magn√≠ficos toros.

Las declaraciones  est√°n llenas de actualidad, casi cien a√Īos despu√©s.

Rex, Avispo, Zagalito, Yucateco, otro Avispo, Perdig√≥n, Carabinero y Trepador, en la temporada de 1927, corroboraron que Piedras Negras a√ļn conservaba el envidiable puesto conquistado tres d√©cadas antes. Fue la √ļltima temporada de Lub√≠n al frente de la casa madre tlaxcalteca.

Lub√≠n Gonz√°lez falleci√≥ el 2 de agosto de 1928, v√≠ctima de un enfisema pulmonar, a los 54 a√Īos de edad. Del art√≠culo publicado en Toros y Deportes extraje las siguientes l√≠neas:

Su muerte fue sentidísima por la afición, pero en especial por todas las personas que cultivaron una amistad estrecha con el desaparecido, cuya norma, durante su vida, fue la bondad y estar siempre dispuesto a socorrer al necesitado. Caballeroso y amable, dejó recuerdos imborrables como ganadero y aficionado. Al adquirir Piedras Negras se hizo el firme propósito de hacer de aquella vacada la mejor de México, siguió firme en su idea al ver que se cristalizaban sus intenciones, su alegría no tuvo límite. Don Lubín ha legado a México una ganadería de abolengo.

Fueron veinticuatro a√Īos de trabajo y triunfos y de una incansable labor de selecci√≥n y crianza que tuvo la satisfacci√≥n de gozar. Lidi√≥ setecientos treinta machos en corrida de toros en la Ciudad de M√©xico, cifra que, como ganadero de Piedras Negras, ning√ļn Gonz√°lez superar√≠a.

En 1913, en El País del día 3 de febrero, se publicó la siguiente nota:

El empresario de la plaza de toros de Madrid, accediendo a los deseos expresados por varios aficionados, ha adquirido dos corridas de toros mejicanos, de Piedras Negras y Tepeyahualco para lidiarlas en esa plaza la temporada próxima.

Esto no sucedi√≥, pero Piedras Negras lidiar√≠a en Espa√Īa en el a√Īo de 1929.

El 28 de junio de ese a√Īo se public√≥ en el diario ABC de Madrid:

San Sebasti√°n. 27, dos tarde. Han llegado a Santander, a bordo del vapor ¬ęLa France¬Ľ, los toros mejicanos de Piedras Negras que se lidiar√°n el 21 de julio. Han sido transportados al campo donde permanecer√°n hasta el d√≠a de la corrida. La fiesta ha despertado expectaci√≥n.

Se anunciaba la corrida hispanoamericana con cuatro toros de Piedras Negras y cuatro de Clairac para Marcial Lalanda Cagancho, Manuel Bienvenida y Heriberto Garc√≠a. Ser√≠an lidiados en la vieja plaza del Chofre, hoy desaparecida. Se embarcaron en la ganader√≠a cinco toros, los cuales se vendieron en quinientos d√≥lares, cada uno. El empresario Eduardo Pag√©s comision√≥ a Eduardo Margeli para que llevara a cabo todas las actividades necesarias para el embarque, para lo cual le gir√≥ tres mil quinientos d√≥lares para cubrir, entre otros gastos, los cajones, permisos aduanales, pastura para el viaje, certificados veterinarios y fotograf√≠as. El costo total de la operaci√≥n ascendi√≥ a tres mil cien d√≥lares. Esta informaci√≥n la obtuve de un documento firmado por Eduardo Margeli, que me comparti√≥ Jorge de Haro: ¬ęPagos y cobros hechos por cuenta y orden del se√Īor Eduardo Pag√©s para la compra y embarque de cinco toros de Piedras Negras, 17 de junio 1929. Eduardo Margeli¬Ľ.

La corrida tuvo lugar en la fecha prevista. Los cuatro toros dieron cuatrocientos cincuenta kilos en promedio, resultando bien presentada; sin embargo, el resultado no fue el esperado. Heriberto García fue quien tuvo la mejor tarde; en ambos toros pidieron para él la oreja.

El diario ABC dio la crónica detallada de cada toro:

Se lidiaron cuatro toros mejicanos de Piedras Negras que, en general, resultaron sosos y después otros cuatro de Clairac, bravos y muy finos.

Primero: Marcial da unos lances y Manolo ¬ęBienvenida¬Ľ se luce en quites. Toma el bicho, tres varas sin consecuencias y Marcial coloca un par de poder a poder y otro de frente. Coge la muleta y solo y valiente inicia la faena, con algunos pases buenos de cabeza a rabo, deshaci√©ndose de su enemigo de un pinchazo bien se√Īalado y media, buena.

Segundo: ¬ęCagancho¬Ľ da tres ver√≥nicas, embarullado y Heriberto hace un quite oportuno. ¬ęCagancho¬Ľ hace una faena valiente, en la que destacan dos pases de pecho, un afarolado y un estatuario; deja un pinchazo y media desprendidilla oyendo palmas.

Tercero: Heriberto veroniquea ce√Īido, cuatro varas sin consecuencias. Heriberto inicia la faena con pases de tir√≥n y coloca una atravesada con salida del estoque, sufriendo desarme. Un pinchazo hondo que mata.

Cuarto: Manolito ¬ęBienvenida¬Ľ da tres ver√≥nicas superiores, y en quites se adorna con un farol, una revolera y la suerte del delantal. Coge los palos y deja un gran par al cambio, otro de frente y otro de dentro a fuera escuchando palmas. Toma la muleta y en los medios con la izquierda da tres pases naturales, otros cambiando la muleta por la espalda, de molinete, de cabeza a rabo, cambiando de mano y de pecho y el p√ļblico de pie entusiasmado le ovaciona. Con el estoque despacha con una delanterilla despu√©s de algunos pinchazos. Ovaci√≥n, petici√≥n de oreja y vuelta al ruedo.

Los toros mexicanos fueron los primeros cuatro de esa tarde.

Javier González Fischer publicó en su blog La Aldea de Tauro, estas líneas del crítico Juanito Sincero, del diario El País Vasco, de San Sebastián:

No ten√≠amos esperanza de que los toros de Piedras Negras, tra√≠dos de M√©jico para la corrida de anteayer, fuesen buenos. No creemos en los toros de M√©jico, como apenas hemos podido creer en los toreros mejicanos, salvo un caso. Adem√°s, ¬Ņtraer toros de M√©jico a la tierra de los toros bravos, a la tierra de donde se los llevan a M√©jico? El p√ļblico no tuvo tragaderas como para tolerar ‚Äאּeste buen p√ļblico donostiarra que jam√°s protesta a los toros!‚Äď que de los cuatro bichos, tres resultaran blandos, y sobre todo mansos. Y a los tres los silb√≥ furiosamente al ser arrastrados.

Las otras crónicas que encontré coinciden en lo mismo. Qué más hubieran querido Lubín, ya fallecido, y Viliulfo, que una tarde triunfal que no se dio. Del quinto toro, no hay información de cuándo se lidió. Es probable que haya sido estoqueado por el novillero norteamericano Sidney Franklin esa misma tarde como noveno del festejo. Hay una confusión de que se dieron dos corridas, una en Santander y otra en San Sebastián, pero solo se llevó a cabo esta segunda. Los toros llegaron a Santander y en los libros de la ganadería están anotados como vendidos para esa ciudad; sin embargo, fue en el Chofre donde se lidiaron.

Heriberto Garc√≠a, en su √©poca de novillero, hab√≠a triunfado con mucha fuerza con varias novilladas de esta casa. Junto con √©l ya ven√≠an Alberto Balderas, Jes√ļs Sol√≥rzano y Carmelo P√©rez. El 1 de julio de 1928, al moreliano le toc√≥ en suerte el sexto novillo de la tarde en que alternaba con Heriberto y Jos√© el Negro Mu√Īoz:

El sexto fue el tipo de toro que necesitan los buenos toreros para armar el esc√°ndalo. ¬°Qu√© gran toro! ¬°Qu√© enorme toro!, suave, manejable, d√≥cil, acudiendo a todas partes con el temperamento necesario para tomar el enga√Īo con codicia, pero dejando reponer al torero; pasando derecho sin derrotar, metiendo la cabeza en el enga√Īo... un toro ideal. Hay expectaci√≥n cuando Sol√≥rzano sale con la muleta. El toro pasa divinamente. Cuatro pases naturales con la derecha, perfectamente ligados, templando, mandando, haciendo al toro que describiera un c√≠rculo en derredor del torero.

Este era el √ļltimo gran novillo de Lub√≠n, que fallecer√≠a a los pocos d√≠as.

La aventura europea no pagó y la guerra ganadera en México estaba en su punto más alto.

San Mateo, en manos de Antonio y Juli√°n Llaguno, de entrada, lleg√≥ a ocupar un puesto de primac√≠a. Desde 1912 con Gaona. Y de ese sitio ya tampoco se bajar√≠a nunca. Sin embargo, a los j√≥venes Llaguno no les iba a ser f√°cil. San Diego de los Padres, Piedras Negras y La Punta no los dejar√≠an pasar con visado gratuito. El toreo cambi√≥ con San Mateo, que no tuvo que evolucionar, no tuvo que buscar un toro para el nuevo toreo, naci√≥ con √©l y se acopl√≥ de inmediato. Sus toros fueron demandados por todas las figuras del toreo y con ellos se llevaron a cabo faenas hist√≥ricas. Lidiaba pr√°cticamente las camadas completas en las plazas de la capital con √©xitos may√ļsculos. Se les criticaba la poca presencia de algunas tardes y con su aparici√≥n se parti√≥ el mundo taurino nacional. Toreros, empresarios, periodistas tomaron partido. Comenzaba la √©poca de oro del toreo en M√©xico con una lucha sin cuartel entre dos bandos.

La Asociaci√≥n Nacional de Criadores de Toros de Lidia se fund√≥ en la Ciudad de M√©xico el 16 de octubre de 1930 como la Uni√≥n Nacional de Criadores de Toros de Lidia. En un inicio, su principal objetivo fue reunirse para prevenir y defender problemas agrarios y aumentar su presencia en la fiesta en M√©xico, ya que por esa √©poca a√ļn se importaba gran cantidad de ganado espa√Īol para las corridas de toros. Sus fundadores fueron: Manuel Barbabosa, de Atenco; Juan de Dios Barbabosa, de San Diego de los Padres; Francisco y Jos√© C. Madrazo, ganaderos de la Punta y Matancillas; Viliulfo Gonz√°lez, de Piedras Negras y La Laguna; Aurelio Carvajal, por Zotoluca, y Edmundo y Jorge Guerrero, por Xajay. Adem√°s, Jorge y Eduardo Jim√©nez del Moral, due√Īos de Quiriceo, y Antonio G√≥mez Gordoa, de Malpaso. Al poco tiempo se unieron Carlos Hern√°ndez, de Rancho Seco, y Felipe Gonz√°lez, de Coaxamalucan.

Para 1931, la Uni√≥n contaba con quince socios, y de muchas formas, har√≠a frente a los Llaguno y sus allegados en las plazas y fuera de ellas. La primera acci√≥n de la Uni√≥n fue firmar con los empresarios un acuerdo por medio del cual se imped√≠a que ganader√≠as no afiliadas lidiaran donde lo hac√≠an los socios de la reci√©n formada agrupaci√≥n. Por ejemplo, en la nota de El Eco Taurino del 28 de agosto de 1930 se advierte lo anterior: ¬ęPuede darse como cierto que durante la temporada pr√≥xima no se correr√°n toros de San Mateo y Zacatepec, lo que seguramente causar√° no poco disgusto a los aficionados¬Ľ. Como vimos, la sociedad formada por iniciativa de Viliulfo Gonz√°lez y Jos√© C. Madrazo se formalizar√≠a en octubre de ese a√Īo. La novillada de la Oreja de Plata de ese a√Īo estaba programada con novillos de San Mateo el domingo 28 de septiembre, sin embargo, en un cambio poco usual, se adquiri√≥ una corrida de Piedras Negras, graciosamente cedida por su propietario.

Los hermanos Llaguno no participaron en la Unión, y no lo harían nunca.

El 3 de noviembre de 1929 tom√≥ la alternativa Carmelo P√©rez, de manos de Cagancho, con toros de esta casa, con Heriberto Garc√≠a en el cartel. El toro de la ceremonia fue Granado, n√ļmero 40, berrendo en negro. Al sexto de esa tarde, Madrile√Īo, n√ļmero 60, casta√Īo claro, le cort√≥ una oreja despu√©s de una faena de valor temerario. Jes√ļs Sol√≥rzano har√≠a lo mismo el 15 de diciembre de 1929, de manos de F√©lix Rodr√≠guez, con Heriberto Garc√≠a de testigo. Fue una gran tarde de Rodr√≠guez, ante Conde y Cafetero, de Piedras Negras, seg√ļn lo relat√≥ El Eco Taurino, el 17 de diciembre:

... no estuvo mal en su primero, lo que hizo con su segundo no solo borr√≥ cuanto esta tarde se hizo en el ruedo, sino que opac√≥ cuanto se lleva hecho en la temporada. Sale ¬ęCafetero¬Ľ n√ļmero 27, c√°rdeno oscuro, morcillo, bragado. Heriberto muy torero y Sol√≥rzano hace el gran quite de la tarde embarr√°ndose materialmente el toro a la cintura. Toma F√©lix la muleta y ante nuestros ojos at√≥nitos, no incr√©dulos, va desenvolviendo la pel√≠cula lenta de un inacabable pase natural, que liga con otro, con otro y con otro, hasta sumar seis que remata con uno de pecho, prodigio de sencillez y de emoci√≥n. Y sigue la faena, con el toro brav√≠simo que se ha encontrado a un torero... y sigue por naturales. Como un creador que arrojara sobre el tapiz azul del cielo pu√Īados de luceros, as√≠ F√©lix Rodr√≠guez sigue toreando al natural. ¬°De once pases naturales se compuso la segunda parte de esta faena, una de las m√°s grandes y desde luego la m√°s cl√°sica que se ha hecho en la plaza del Toreo. Una estocada atacando de fe, y las dos orejas, el rabo y dos vueltas al ruedo. Ya es matador de toros Chucho Sol√≥rzano y en breve ser√° uno de los mejores toreros que ha producido y hecho M√©xico. Cubano fue el toro de la alternativa en el que recogi√≥ sonoras ovaciones dando la vuelta al ruedo.

As√≠, entre 1927 y 1931 tomar√≠an la alternativa quienes iniciaron la √©poca dorada, la generaci√≥n de la independencia taurina de M√©xico que se dio por un c√ļmulo de razones. Armillita en 1927, Heriberto Garc√≠a en 1928, Carmelo y Sol√≥rzano en 1929, Alberto Balderas en 1930 y Carnicerito en 1931, fueron los primeros seis integrantes de la gran baraja que se estaba formando. Garza y el Soldado la tomar√≠an en 1934-35; Silverio en 1938, mismo a√Īo para David Liceaga, y el Calesero en 1939. Carlos Arruza lo har√≠a en 1940, cerr√°ndose as√≠ la docena m√°gica que dio guerra sin cuartel a los toreros espa√Īoles aqu√≠ y all√°. Juan Silveti y Pepe Ortiz siguieron activos con conceptos propios y distintos a lo que se hizo de 1930 en adelante. Pepe Ortiz, el orfebre tapat√≠o, figura, sin duda alguna, de quien Jos√© Carlos Ar√©valo en su obra citada escribe:

Buscaba en la indome√Īable agresividad del toro un resquicio de comp√°s, la apertura de nuevos caminos a la embestida, la conjunci√≥n de la quietud y el movimiento, la quietud para provocar la embestida y el movimiento para prolongarla, lo que dio origen a la creaci√≥n de ut√≥picas suertes. Al principio le interes√≥ m√°s el toreo que el toro: la creaci√≥n de nuevas suertes y su interpretaci√≥n m√°s depurada. Lo ins√≥lito de este singular diestro es que ten√≠a un enorme valor. Un torero de hierro hijo de su tiempo.

√Čl vio nacer a esta pl√©yade de estrellas nacionales, compiti√≥ con ellos y form√≥ parte fundamental de esta √©poca, hasta su retirada en 1943, en el apogeo de lo que Armillita Chico inici√≥ y todos los dem√°s firmaron con sangre propia. El Eco Taurino del 9 de diciembre de 1930 as√≠ los elogi√≥:

¬°Toreros mexicanos! ¬°Toreros de esta tierra bendita de la raza de bronce y la sangre brav√≠a! Toreros que hab√©is demostrado aqu√≠ y all√°, con triunfos leg√≠timos, que M√©xico es la cuna del arte y del valor; la afici√≥n mexicana exclama con el coraz√≥n lleno de orgullo y alegr√≠a: ¬ę¬°¬°Arriba los nuestros!!¬Ľ.

En las revistas y peri√≥dicos tambi√©n hay un cambio en los reportajes gr√°ficos. Normalmente las fotograf√≠as que se publicaban eran de los diestros ejecutando lances con el capote, banderilleando o en el momento de la estocada. Eran raras las fotos con la muleta. Aqu√≠ tambi√©n hubo un giro importante. A partir de esos a√Īos fueron m√°s y m√°s las fotos de naturales con ambas manos donde el toro est√° rematando el muletazo despu√©s de un recorrido muy largo. Ya hab√≠a cambiado tambi√©n la comunicaci√≥n y el entendimiento de las faenas.

Para la temporada de 1931, Antonio Llaguno, respaldado por Daniel Mu√Īoz, due√Īo de Zacatepec, el 10 de febrero de 1931 declar√≥ en una entrevista para El Eco Taurino que:

Los toros de las ganader√≠as no asociadas costar√°n la mitad de lo que cuestan los de la Asociaci√≥n. Hemos acordado ofrecer los nuestros toros en la cantidad de cuatrocientos pesos, la mitad, poco m√°s o menos de lo que cuestan los de la Asociaci√≥n. Si la empresa acepta la proposici√≥n vendr√°n ocho corridas de los se√Īores Llaguno [Juli√°n debutaba como Torrecilla] y la de Daniel Mu√Īoz. Con las ocho corridas y con otras tantas de reses espa√Īolas, podr√≠a celebrarse tranquilamente la temporada en M√©xico.

Emilio Huerta Corujo y Benjam√≠n Padilla, en ese momento empresarios del Toreo, visitaron los ranchos de Tlaxcala; llegaron a un acuerdo con la Uni√≥n, representada por Viliulfo Gonz√°lez, en el cual se compromet√≠an a adquirir una corrida de cada una de las ganader√≠as de Tlaxcala, del Estado de M√©xico y de las de los se√Īores Madrazo, quedando en libertad de repetir la que ellos desearan. Tambi√©n podr√≠an lidiar una corrida de San Mateo y una de Zacatepec. Finalmente, San Mateo lidiar√≠a tres corridas, y Zacatepec dos. Pero la guerra estaba abierta. Por otra parte, Antonio ya hab√≠a puesto la bandera rosa y blanca en el campo tlaxcalteca; Daniel Mu√Īoz le hab√≠a comprado cuatro sementales, triunfo de orgullo que doli√≥, y mucho, en la tierra de los Gonz√°lez.

La guerra se segu√≠a paso a paso en la prensa, donde cada grupo ten√≠a sus medios de comunicaci√≥n. En El Taurino, semanario dirigido por Verduguillo, se public√≥ una editorial titulada ¬ęLos efectos del monopolio¬Ľ. Revista af√≠n a los Llaguno, hizo un an√°lisis muy fuerte contra Viliulfo Gonz√°lez:

Fuimos los primeros en se√Īalar el grave peligro que entra√Īaba para la fiesta de toros en M√©xico la formaci√≥n de la llamada ¬ęSociedad de Criadores de Reses Bravas¬Ľ, sobre las bases que desde un principio se le dieron, que no son otras que las de un verdadero monopolio. Ha pretendido convertirse en el √°rbitro de los destinos de la fiesta, llevando sus pretensiones hasta prohibir que lidien en nuestra plaza toros que procedan de las dehesas cuyos propietarios no han querido doblar la cerviz ante el dictador de asuntos pitonudos. ¬ŅQu√© beneficios ha tra√≠do al p√ļblico? ¬ŅQu√© han sacado de ella sus propios miembros? Viliulfo Gonz√°lez ha sido el √ļnico beneficiado, utilizando la fuerza que le dan los dem√°s ganaderos, ha logrado que este a√Īo se lidien mayor n√ļmero de corridas laguneras que las de todas las ganader√≠as juntas. ¬ŅCon qu√© derecho se impide al aficionado ver lidiar toros como los de San Mateo y Zacatepec? La empresa debe meditar muy seriamente los perjuicios que resentir√° la afici√≥n.

Jos√© C. Madrazo, presidente de la Uni√≥n declar√≥ que exist√≠an cordiales relaciones con la empresa del Toreo y que hab√≠a acuerdos alcanzados para firmar el contrato de condiciones generales para la siguiente temporada. Sin mencionar un veto para nadie, el empresario habl√≥ de la libertad que ten√≠an para contratar las corridas de San Mateo y Zacatepec. Sin embargo, lo rico de la entrevista ‚Äďpublicada en El Eco Taurino el 11 de agosto de 1932‚Äď es que la Uni√≥n quer√≠a extender su control en todos los niveles comerciales.

Al fundarse nuestra Uni√≥n, se principiaron las gestiones para ser admitidos como miembros de la Uni√≥n de Criadores de Espa√Īa: todo indica que lograremos nuestro prop√≥sito. Las ventajas ser√≠an para los ganaderos espa√Īoles, tener la seguridad de que sus reses ser√°n lidiadas y muertas en el ruedo, sin que pudieran quedarse rezagadas con fines ulteriores, la posibilidad de vender sementales y tal vez, m√°s corridas de toros. Para nosotros, la de adquirir simiente sin restricciones, ya que cada ganadero podr√° comprar de la vacada que m√°s le agrade.

Esto, claro, solo era para los socios, con la supervisi√≥n de la Uni√≥n. Esta pelea ser√≠a sin cuartel y desembocar√≠a en el pacto de San Mart√≠n Texmelucan ocho a√Īos despu√©s.

El 24 de agosto de 1931 se aprob√≥ el nuevo reglamento taurino, que sustitu√≠a al de 1924. El principal cambio se refer√≠a a las alternativas: √ļnicamente ser√≠an respetadas las de la Plaza de Madrid. As√≠ que de aqu√≠ en adelante comenzar√≠an las confirmaciones de alternativa en la capital. Los columnistas de la √©poca siempre pelearon que las alternativas nacionales fueran v√°lidas en Espa√Īa, disposici√≥n que no se hab√≠a podido instaurar, y esta fue la medida en respuesta al desd√©n de los profesionales espa√Īoles por nuestra fiesta.

La tarde del 24 de enero de 1932 lidiaron Cagancho, Vicente Barrera y Armillita Chico, seis toros de esta casa. La rese√Īa de El Eco Taurino, dos d√≠as despu√©s, fue elocuente:

... lo fueron de verdad, por su peso, por su edad, por su resistencia, y toros bravos por su bravura ‚Äďvalga la redundancia‚Äď y nobleza. Una gran corrida que deja al final de la temporada la divisa rojo y negro a la estimable altura que le corresponde. Ferm√≠n tuvo una tarde completa, redonda, absoluta. Sobrio, con la sobriedad que da la maestr√≠a, toreando lo justo ‚Äďni m√°s ni menos‚Äď Ferm√≠n Espinosa demostr√≥ una vez m√°s que es un torero completo, maestro en los tres tercios de la lidia.

Esta corrida fue la primera de Piedras Negras que mat√≥ Ferm√≠n despu√©s del ¬ęboicot de celos¬Ľ que le fue aplicado por el Califa de Le√≥n. En la temporada de 1929-30, Rodolfo Gaona se volvi√≥ empresario. Lo ser√≠a solo por dos temporadas. La primera contrataci√≥n que se complic√≥ fue la de Pepe Ortiz, con quien finalmente llegar√≠a a un acuerdo de matar cuatro corridas a ¬ęsu dinero¬Ľ. Con Ferm√≠n no hubo negociaci√≥n y al parecer, tampoco intenci√≥n de lograrla, por lo que mientras Gaona dirigi√≥ la empresa en el Toreo, el de Saltillo emigr√≥ a Espa√Īa. De marzo de 1929 a noviembre de 1931 solo tore√≥ en la Pen√≠nsula Ib√©rica. Gaona, ni retirado, quer√≠a la m√°s m√≠nima sombra a su alrededor.

Alberto Balderas se hab√≠a presentado en M√©xico en la temporada de 1930 despu√©s de haber tomado la alternativa en Mor√≥n de la Frontera, Sevilla, en Espa√Īa. Hab√≠a tenido una muy exitosa campa√Īa de novillero tanto aqu√≠ como all√°, donde en mayo del a√Īo de su alternativa cort√≥ un rabo a un novillo en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Ya habiendo tomado la alternativa entr√≥ de lleno a la pelea por los primeros puestos de la torer√≠a nacional; lleg√≥ a ser un √≠dolo importante y se gan√≥ el mote de El Torero de M√©xico. El d√≠a de su presentaci√≥n, 5 de noviembre de 1930, en el Toreo, el Duque de Veragua escribi√≥ en El Eco Taurino:

Con admiraciones y may√ļsculas escribimos el nombre de este torero, en quien cre√≠mos y en quien confiamos, no ahora, que ha demostrado hasta a los m√°s ciegos que lleva en s√≠ el oro de ley de una figura del toreo, sino cuando hace a√Īo y pico se present√≥; desde entonces lo dijimos. En Balderas no s√≥lo hay un torero, hay un gran torero.

22 de enero de 1933. Fermín Espinosa Armillita Chico y Alberto Balderas, mano a mano con seis toros de Piedras Negras. Balderas fue cornado por su primero, Carrocero, al que cortó una oreja. La crónica para El Eco Taurino del Duque de Veragua describe la tarde de Fermín:

Tengo para m√≠ que entre ¬ęArmillita Chico¬Ľ y el ganadero don Viliulfo hab√≠a un pacto de honor que se liquid√≥ con la corrida del 22 de enero. No s√© por qu√© me imagino que Ferm√≠n Espinosa fue a donde don Viliulfo Gonz√°lez y le dijo: Deseo que en la primera oportunidad me env√≠e usted una colecci√≥n de toros con distintos estilos de embestir. Deseo un toro extraordinariamente bravo, otro singularmente d√≥cil, uno con templado arranque en la embestida, otro que se defienda y tire cornadas, y que no falte el aplomado al que hay que ense√Īar a embestir, para que yo pueda demostrar que lo mismo a uno que a otro, y al pinto de la paloma, le hago lo que me da la gana. Pero oye Ferm√≠n ‚Äďnos suponemos que contest√≥ el ganadero‚Äď, eso no es tan f√°cil como t√ļ crees. Pues usted ve lo que hace, ¬°yo quiero demostrar que se puede torear a todos los toros, con tal [de] que embistan un poco! Y don Viliulfo mand√≥ una preciosa corrida de la que fueron tres toros brav√≠simos y tres con los tres estilos distintos que Ferm√≠n deseaba para lucir su escuela larga y eficaz que le permite triunfar con cualquier clase de toros. Y as√≠ fue como Ferm√≠n Espinosa tore√≥ mano a mano con ¬ęArmillita Chico¬Ľ y cort√≥ orejas y sali√≥ en hombros. Con el primero, ¬ęPesti√Īo¬Ľ, esta cumbre, y al sexto de la tarde ¬ęAlgarrobo¬Ľ n√ļmero 36, le cort√≥ las orejas y el rabo, saliendo a hombros de la plaza. ¬°¬ęArmillita Chico¬Ľ, vencedor de s√≠ mismo!

El siguiente domingo lidiaría de nuevo Piedras Negras. La nota nuevamente es de El Eco Taurino, del 29 de enero de 1933:

Solera de ganado bravo, con sangre, genio y temperamento, ganado para toreros que de verdad lo sean. Los toros, arrancaban, embestían siempre dándole a la reunión ese sacudimiento emocionante que es el nervio de esta fiesta de peligro, de gracia y de color.

De 1933 a 1942, Ferm√≠n Espinosa matar√≠a diez y ocho de los veintid√≥s encierros que Piedras Negras mand√≥ a la plaza de la Condesa en esos a√Īos. Una ganader√≠a para un torero como √©l.

Para Alberto Balderas, su primer gran triunfo con esta casa vendr√≠a el 26 de noviembre de 1933, cuando cort√≥ el rabo al sexto de la tarde, Gre√Īudo de nombre, alternando de nuevo mano a mano con Ferm√≠n.

Buscando estas cr√≥nicas, he de decir que los triunfos grandes de Viliulfo estaban siendo con La Laguna, temporada tras temporada. Por otra parte, Torrecilla, propiedad de Juli√°n Llaguno, cuando Antonio se qued√≥ como √ļnico propietario de San Mateo, tambi√©n comenzaba a triunfar muy fuerte y muy seguido. Iron√≠as de la fiesta; ambas casas, hermanas directas de las fundacionales, al poco tiempo gozar√≠an de mayor cartel entre la torer√≠a nacional y extranjera que sus mayores, siendo mucho m√°s solicitadas y dando m√°s tardes triunfales a sus due√Īos domingo tras domingo.

En el periodo 1934-1935, Piedras Negras lleg√≥ a mil toros lidiados en la capital y plazas vecinas durante las prohibiciones. En treinta y cuatro temporadas lleg√≥ a este n√ļmero. El toro milenario fue Barquero, n√ļmero 42, negro de pinta, al que el maestro de Saltillo cort√≥ las orejas y el rabo el a√Īo anterior al de su cumbre definitiva en Espa√Īa. En mil toros no ha faltado una figura, ni temporada sin triunfo, para la casa tlaxcalteca. Ciento cincuenta y dos reses lidiadas en la √©poca de Jos√© Mar√≠a, el fundador, setecientos treinta lucieron la divisa roja y negra con Lub√≠n, el estratega al frente, y hasta ese momento, ciento dieciocho lidiados bajo el cuidado de Viliulfo, el gran capit√°n. De la mano de las figuras, en primer√≠sima fila seguir√≠a la casa en la √©poca de oro del toreo en un M√©xico, ahora, a punto de ser independiente.

El 3 de marzo de 1935, por primera vez se present√≥ con toros de Piedras Negras Lorenzo Garza, alternando con Armillita Chico. Mano a mano del torero de don Antonio, con el torero de don Viliulfo. Garza hab√≠a tomado la alternativa de manos de Juan Belmonte el 5 de septiembre de 1934 en la plaza de toros de Aranjuez. Destinado a ser quien m√°s pelea plantara a Ferm√≠n, con una expresi√≥n muy distinta en su toreo, pr√°cticamente alcanz√≥ de inmediato la categor√≠a de figura y tom√≥ el bast√≥n de mando en la fiesta nacional. Lorenzo el Magn√≠fico, El Ave de las Tempestades, ven√≠a de Espa√Īa precedido de gran fama. Y faltaba el rabo por Guitarrero en Madrid. Pero ten√≠a que enfrentar a Ferm√≠n, el gran triunfador de M√©xico y Espa√Īa. Tal disputa durar√≠a para siempre en las plazas. De esa tarde el 7 de marzo la narr√≥ El Eco Taurino:

Garza obtuvo otra tarde triunfal. Ovaciones, orejas, rabos, salida en hombros. No detallemos... pero hablemos de √©l como s√≠ntoma de la fiesta. Belmonte fue el genio creador y revolucionario de la tauromaquia moderna. Al cabo de veinte a√Īos, Lorenzo Garza significa el punto culminante de avance de aquella revoluci√≥n taurina... Belmonte trajo al toreo moderno el secreto del temple, clave y norma del bien torear. Para ¬ętemplar¬Ľ, que precede a ¬ęmandar¬Ľ en el toro, es necesario ¬ęparar¬Ľ. Lorenzo Garza ha dado al ¬ęparar¬Ľ un ritmo y una gracia nuevos, un bello motivo art√≠stico, porque al cortar el arranque brutal del toro, el mexicano lleva engendrado, iniciado, ¬ęhecho¬Ľ el lance o el muletazo armonioso, r√≠tmico, lento, templado, supremamente art√≠stico.

Lorenzo cort√≥ el rabo a Regio, n√ļmero 5, negro de pinta, mientras que Ferm√≠n cort√≥ las orejas al que abri√≥ plaza, Negro de nombre y pinta, ante el cual

Sali√≥ a triunfar y triunf√≥. Una faena igualmente grande con el capote, con las banderillas, la muleta y con el acero. ¬ęArmillita¬Ľ, torero largo, torero ancho. ¬°Torero! La corrida fue muy bien presentada con dos bravos de magn√≠fico estilo: Se√Īores, hay que descubrirse ante este ganadero que en cuantas corridas env√≠a, vienen, por partes iguales la nobleza, la bravura y la excelente presentaci√≥n.

Comenzaba esta rivalidad y faltaban por llegar el Soldado y Silverio Pérez.

¬ęLa tercera de la temporada, $94 500 de entrada. Armillita y Garza realizaron el estupendo milagro y dieron, adem√°s, excelente tarde de toros. Muy buenos toros de Piedras Negras¬Ľ es el encabezado de la cr√≥nica de la corrida del 1 de diciembre de 1935, en un nuevo mano a mano entre el de Monterrey y el de Saltillo. En El Eco Taurino del 5 de diciembre la rese√Īa fue as√≠:

¬°Se acab√≥ el papel! ¬ŅCu√°ndo antes de ahora dos lidiadores mexicanos hab√≠an realizado tan portentoso milagro? Ni en los tiempos m√°s enconados de Segura y Gaona, que era una lucha de clases. Ni en los tiempos de Gaona y Mej√≠as, que era un M√©xico y Espa√Īa. Nunca antes de ahora. No morir√° la fiesta taurina en M√©xico, en tanto alienten Armillita y Garza. ¬°El papel se agot√≥! Lo agotaron Armillita y Garza, los toreros mexicanos que m√°s cobran, los toreros mexicanos m√°s baratos. Una buena corrida de Piedras Negras.

Creo yo que el Duque de Veragua, quien escribe esas l√≠neas a√ļn no med√≠a los a√Īos por venir: ¬ęArmillita es el primer torero de su √©poca, si su √©poca se alarga, lo ser√° todo el tiempo que le d√© la gana¬Ľ. Y se alarg√≥ y lo fue. En todo el mundo. La cr√≥nica termina diciendo:

Arte, valor y coraje, otra cualidad de Garza. Sale a no dejarse ganar la pelea. Con su segundo empezó toreando, muy bien, como el mejor. Como se iba ajustando más en cada pase, ya al tercer muletazo el toro no tenía por dónde pasar. Y pasó gracias a la muleta maravillosa de Garza, en el cuarto, en el quinto y en el sexto. Milagroso.

En menos de un mes, el 2 de enero de 1936, otra tarde de gran triunfo para la rojinegra. Ahora con Ortiz, Cagancho, y Garza. La rese√Īa es de El Eco Taurino:

¬ęCagancho¬Ľ y Ortiz torearon en forma inenarrable. Ortiz y Garza salieron en hombros. Se lidi√≥ el toro de Piedras Negras m√°s bravo que ha salido de las dehesas Tlaxcaltecas. Imposible dar una impresi√≥n de lo que con el quinto toro, de nombre ¬ęMo√Īudo¬Ľ, hizo el mejor torero de la √©poca: ¬ęCagancho¬Ľ, o lo que cuaj√≥ con el sexto, de nombre ¬ęArgentino¬Ľ, el torero m√°s valiente, m√°s espectacular y m√°s artista que ha parido la fiesta taurina. Y luego la gracia sencilla y fina que Pepe Ortiz derram√≥ durante toda la corrida. Y todav√≠a m√°s, la bravura inolvidable de ¬ęArgentino¬Ľ, el m√°s noble, el de mejor temple que ha lidiado Viliulfo de quince a√Īos a la fecha. Toro de alegre codicia, de pegajosa nobleza, de bravura sin par, capaz, √©l solo, de cubrir de gloria, de hacer historia de una ganader√≠a. Gracias, Viliulfo.

Para cerrar la temporada de 1936, Viliulfo mandó una corrida cuyo cartel componían Cagancho y Solórzano, que nuevamente narró El Eco Taurino el 2 de abril:

... la corrida m√°s en√©rgica de la temporada. Una corrida como las que se lidiaban todav√≠a hace quince a√Īos, pero quince a√Īos el p√ļblico ha cambiado de ideas respecto al toro y ahora lo quieren muy f√°cil, muy noble, muy suave, muy inofensivo. Y de ese estilo no sali√≥ ninguno. En cambio, qu√© peleadores en el primer tercio, tanto que los picadores salieron a tumbo por encuentro. Y esto ¬°no pod√≠an tolerarlo los de a pie! Porque ahora, apenas un toro derriba, el espanto cunde entre los subalternos, y sin ton ni son, como los del domingo, de los de la segunda fila m√°s y m√°s capotazos por aqu√≠, capotazos por all√°, y los de Piedras Negras, m√°s y m√°s bravos y peleadores. Rindieron a una docena de peones, voltearon veintitantos caballos, aporrearon a todos los picadores y murieron ¬°pidiendo pelea!, ¬°derrochando bravura seca y retadora!

Esa bravura nunca se les fue de las manos a los Gonz√°lez.

Se fue la tropa taurina mexicana al finalizar la temporada, encabezados por Ferm√≠n Espinosa. Y vendr√≠a el vergonzoso veto impuesto por los toreros espa√Īoles, denominado por Belmonte ¬ęel boicot del miedo¬Ľ, y encabezado por Lalanda, Fortuna, Fuentes Bejarano y Ortega. Cosas de la vida, Ferm√≠n, que se asil√≥ en Espa√Īa porque Gaona lo vet√≥ en M√©xico, ahora regresar√≠a a nuestro pa√≠s, porque las figuras del momento lo vetar√≠an en Espa√Īa. El problema inici√≥ en el mes de abril. La prensa espa√Īola lo cubri√≥ ampliamente. Aqu√≠ transcribo parte de las notas publicadas en El Eco Taurino de la Ciudad de M√©xico:

Madrid, abril 18. Los toreros extranjeros que act√ļen en Espa√Īa tendr√°n que obtener permisos de trabajo semejantes a los que solicitan los dem√°s extranjeros empleados aqu√≠. El Ministro de Trabajo hizo la declaraci√≥n despu√©s de recibir una comisi√≥n de toreros espa√Īoles encabezados por ¬ęFortuna¬Ľ, comisi√≥n que fue a protestar contra la competencia que hacen los extranjeros. Dijo el ministro que el trato dado a los matadores espa√Īoles en los pa√≠ses extranjeros servir√≠a para dictaminar sobre los permisos solicitados por toreros de esos pa√≠ses. La limitaci√≥n afectar√° especialmente a los mexicanos, ya que en cada temporada se presentan m√°s de veinte de ellos en cosos espa√Īoles.

Madrid, abril 23. En la corrida de beneficencia celebrada aqu√≠, el torero mexicano ¬ęArmillita¬Ľ, que estaba contratado, fue sustituido por ¬ęCurro Caro¬Ľ. El p√ļblico protest√≥ contra la sustituci√≥n. Los toreros espa√Īoles se negaron a alternar con ¬ęArmillita¬Ľ, no obstante que el mexicano tiene carta de trabajo y ha formado una cuadrilla con una mayor√≠a de espa√Īoles. ¬ęArmillita¬Ľ se mostr√≥ profundamente disgustado y anunci√≥ que regresar√° a M√©xico en caso de que se le siga tratando como ahora. De esta manera, tendr√≠a que renunciar a 78 corridas que ha contratado.

Madrid, abril 23. El embajador mexicano, se√Īor Manuel P√©rez Trevi√Īo, protest√≥ formalmente contra el acto de los toreros espa√Īoles en la corrida de hoy. El embajador tiene hoy una cita con el Ministro de la Gobernaci√≥n.

Madrid, abril 24. El Ministro de la Gobernación, Amós Salvador, expidió hoy un decreto en virtud del cual se prohíbe a los diestros extranjeros tomar parte en las corridas de toros, a menos que obtengan un permiso de su ministerio para hacerlo durante la actual temporada.

Madrid, abril 25. Los miembros de la embajada mexicana continuaron hoy sus gestiones a fin de celebrar un arreglo.

Por su parte, Eduardo Margeli, gerente de la plaza del Toreo public√≥ una carta en la que aclaraba: ¬ęEste asunto de los toreros mexicanos en Espa√Īa es completamente ajeno a la empresa del Toreo¬Ľ.

Madrid abril 26. Ni un solo torero mexicano actu√≥ en las plazas espa√Īolas el d√≠a de hoy.

Madrid abril 27. Se constituye la Unión de Aficionados Pro-toreros Mexicanos.

El crítico del prestigiado diario ABC de Madrid dijo:

No entiendo mucho de estos problemas de trabajo, cada vez más arbitrarios y amparadores de la mediocridad. Porque una cosa es el abuso de los innominados, que deben de quedarse en sus países a hacer la experiencia y otra la prohibición de los consagrados.

Contin√ļa la prensa espa√Īola:

Madrid, mayo 17. ¬ęArmillita¬Ľ declara despu√©s de la entrevista que con los toreros espa√Īoles celebraron los mexicanos: ¬ęNo deseo otra cosa sino que esto se arregle cordialmente, como corresponde a hermanos de raza. Por mi parte, estoy dispuesto a acatar las leyes, siempre y cuando estas sean justas¬Ľ.

Madrid, mayo 24. Ferm√≠n env√≠a un telegrama: ¬ęHoy toreaba Madrid. Suspendi√©ronme tercera vez. Urge Gobierno tome medidas. Embajador lleva asunto encauzado. Creo dif√≠cil arreglo. Huelga planteada. Abrazos. Ferm√≠n¬Ľ.

Finalmente, el 31 de mayo de 1936 se emiti√≥ el decreto en el cual la cl√°usula m√°s importante, la II inciso c), dec√≠a: ¬ęEl tanto por ciento de actuaciones de los toreros extranjeros no ser√° superior al porcentaje de corridas que los espa√Īoles hayan toreado en el pa√≠s respectivo en el a√Īo precedente¬Ľ.

Pues as√≠, gestionando con los pol√≠ticos, los encabezados por Lalanda lloraron en los despachos, lo que no pudieron defender en la plaza. Veto absoluto. Hay muchos an√°lisis respecto al fondo del asunto. En conclusi√≥n, fue la impotencia, capote y muleta en mano, ante una presencia de buenos toreros, que interesaban a las empresas y sobre todo al p√ļblico. Hay corridas con solo tres mexicanos en los carteles, y fue una exageraci√≥n por parte de los toreros espa√Īoles el reclamo respecto al n√ļmero de corridas que toreaban los mexicanos. Por desgracia vendr√≠a la Guerra Civil Espa√Īola, que hubiera dado un resultado similar para los mexicanos, pero muy distinto para los espa√Īoles, que ahora en reciprocidad no podr√≠an torear en nuestro pa√≠s. Para junio de 1936 regresaron a M√©xico matadores, novilleros y subalternos, encabezados por Ferm√≠n. Veinticuatro en total, que llegaron a continuar con m√°s fuerza la √©poca de oro en M√©xico, y la independencia taurina nacional.

Con Benjam√≠n Padilla al frente de la empresa, la temporada de 1936-37 se anunci√≥ con Armillita, Balderas, Sol√≥rzano, Garza y Luis Castro el Soldado, como √ļnicos toreros contratados. Sobre ellos recaer√≠a ese a√Īo la responsabilidad de demostrar que la independencia era posible, que pod√≠an sostener la temporada sin espa√Īoles. Garza actu√≥ en once tardes, y Ferm√≠n en nueve.

Cinco orejas y un rabo cort√≥ Ferm√≠n a Gre√Īudo, toro de vuelta al ruedo, a Tilapo tercero, y a Castellano, quinto de la tarde, en el mano a mano que tore√≥ con el Soldado, el otro gran torero de don Antonio, en la temporada de la Independencia, con toros de Piedras Negras, el 27 de diciembre de 1936. Aqu√≠, la rese√Īa de Verduguillo para El Universal, al d√≠a siguiente:

El Maestro de Saltillo cort√≥ otras cinco orejas y un rabo. Luis Castro mantuvo al p√ļblico de pie durante sus escalofriantes faenas. Brava corrida de Piedras Negras. Lleno sin precedente. No cab√≠a un alfiler. No decay√≥ el entusiasmo un solo momento. Tardes grandiosas seguiremos teniendo. Est√°n los ganaderos dispuestos a enviar a nuestra plaza lo mejor de sus dehesas; est√°n los toreros que echan lumbre. Tendremos una gran temporada. ¬ęArmillita¬Ľ es la aplanadora, el tanque, el cicl√≥n que arrasa y tritura lo que a su paso encuentra. Las tardes tibias aquellas en que imperaba la ley del menor esfuerzo pasaron a la historia, y conserv√°ndose Ferm√≠n en esa tesitura ¬Ņqui√©n habr√° que piense en ganarle la pelea? Once orejas, cuatro rabos y una pata, todo esto en dos corridas. A ver qui√©n lo alcanza. ¬ęGre√Īudo¬Ľ lleg√≥ al √ļltimo tercio embistiendo con alegr√≠a, suave, d√≥cil y con una nobleza que no le cab√≠a en el cuerpo. Y Ferm√≠n aprovech√≥ esas magn√≠ficas condiciones para dibujar, para esculpir una faena art√≠stica, vistosa, de perfiles deslumbrantes.

El Soldado se presentaba esa tarde en la Ciudad de México.

Dos semanas antes, Balderas, mano a mano con Garza, hab√≠a cortado el rabo a Caparota, de esta casa. La rese√Īa es de Verduguillo para El Universal, el 14 de diciembre de 1936:

Es un fin√≠simo animal, c√°rdeno bragado, lucero. Dobla sobre los infantes de una forma deliciosa. Nos frotamos las manos de entusiasmo. Toros que embisten con esta gracia, invitan a cortarles algo y a hacer las grandes faenas. Larga Alberto cinco imponent√≠simas ver√≥nicas, cargando la suerte, bajando la mano... en lentitud, en aguante, en finura, en clase, nada puede encontrarse que lo aventaje. Pide banderillas. ¬°M√ļsica, sombreros, flores! Alberto liga tres naturales derechistas, ce√Īid√≠simos. Entre una lluvia de sombreros, pincha y acaba con media enormemente colocada. El toro abatido por el rayo azota en la arena estrepitosamente. Los seis c√°rdenos de Piedras Negras dieron una brav√≠sima pelea, fueron todos nobles y f√°ciles y si los matadores no lucieron lo debido, culpa de ellos fue. Merece el propietario de Piedras Negras un aplauso muy efusivo por esta ejemplar corrida, modelo de bravura y de nobleza.

Ferm√≠n hab√≠a demostrado en el mano a mano que segu√≠a siendo el n√ļmero uno, sin embargo, claramente vio que la guerra aqu√≠ ven√≠a en serio. Con todos. El 14 de febrero de 1937, con una corrida de Piedras Negras, cort√≥ otro rabo a Algabe√Īo, cuarto de la tarde; sin embargo, la muestra de c√≥mo vendr√≠an los siguientes a√Īos en M√©xico la dio Balderas, quien mat√≥ al quinto de la tarde, Malague√Īo, n√ļmero 56, c√°rdeno de pinta, para el cual el p√ļblico exigi√≥ el indulto. Alberto no se quer√≠a dejar ganar la pelea. √Čl hab√≠a estado vetado los a√Īos anteriores por la empresa manejada por Margeli y Domingu√≠n, y un rabo val√≠a m√°s en su lucha con Ferm√≠n que un indulto. Se tir√≥ a matar, con malos resultados, y el toro mereci√≥ la vuelta al ruedo.

Ferm√≠n y Balderas alternar√≠an juntos por √ļltima vez con toros de esta casa el 22 de enero de 1939. Manuel Horta escribi√≥ para Exc√©lsior el 23 de diciembre de 1939:

Se present√≥ Balderas cortando rabos y orejas. ¬ęArmillita¬Ľ realiz√≥ ayer una enorme faena con el tercer bicho de la tarde. El ¬ęTorero de M√©xico¬Ľ viene matando superiormente, cort√≥ seis orejas y tres rabos, saliendo en hombros de sus partidarios. Brav√≠simos toros de Piedras Negras. Una corrida brava y con trap√≠o vimos ayer. Piedras Negras envi√≥ seis buenos mozos, todos hicieron pelea brava, alegre, con temperamento, se arrancaron de largo a los picadores y fueron aplaudidos por su l√°mina impecable. La sangre del Marqu√©s de Saltillo que impera en las dehesas de Tlaxcala surgi√≥ ayer con toda su potencia, y la suavidad, temple y estilo de algunos de los bichos dieron margen a los diestros de sacar el repertorio de los grandes d√≠as.

En Historia de la plaza el Toreo: 1907-1968 (Imprenta Monterrey, 1970), Guillermo E. Padilla escribió:

Balderas tuvo aquella tarde su m√°xima consagraci√≥n en el ruedo capitalino, al cortar apote√≥sicamente las orejas y el rabo de sus tres toros en medio de un entusiasmo y una emoci√≥n indescriptibles. Tore√≥ cl√°sicamente con el capote, sent√≥ c√°tedra de gran rehiletero, cuaj√≥ tres faenones de esc√°ndalo y dio la gran sorpresa revel√°ndose como un gran matador de toros en tres impecables volapi√©s. Los nombres de aquellos tres bureles inmortalizados por ¬ęel Torero de M√©xico¬Ľ fueron ¬ęGallareto¬Ľ, ¬ęLucerito¬Ľ y ¬ęMarinero¬Ľ. Al final del festejo sali√≥ Alberto en hombros de una multitud delirante.

Ser√≠a la pen√ļltima actuaci√≥n de Balderas con toros de esta casa. Balderas lidi√≥ en la Ciudad de M√©xico nueve corridas de Piedras Negras, con triunfos muy fuertes en seis de ellas. A seis toros les cort√≥ el rabo, m√°s el de petici√≥n de indulto, que tambi√©n le permiti√≥ salir en hombros de la plaza. Fue un torero valiente, artista y completo, con mucha personalidad y fuerza dentro y fuera del ruedo. Nunca se dej√≥ ganar la pelea y enfrent√≥ toros de todas las ganader√≠as y dio la cara a figuras nacionales y extranjeras. Con Domingo Ortega, mantuvo una peculiar rivalidad, llevada a los medios escritos, con retos de ambos lados. Balderas ret√≥ a Ortega ¬ęcomo torero y como hombre¬Ľ, a lo que Domingo contest√≥ que levanta y enfrenta con gusto el reto en la plaza, pero lo de 'como hombre' no lo estimaba conveniente, ya que √©l ven√≠a contratado ¬ęexclusivamente¬Ľ para matar toros.

Casi para terminar esa temporada, el 19 de febrero de 1939 se present√≥ un mano a mano entre el maestro de Saltillo y el Soldado. En el segundo de la tarde, despu√©s de un lucido primer tercio, Luis Castro recibi√≥ una muy grave cornada de Joyero, por lo cual Ferm√≠n as√≠ se qued√≥ con los ocho toros. Esta era la sexta versi√≥n del famoso cartel de los ¬ęOcho C√°rdenos de Piedras Negras¬Ľ que se hab√≠a presentado por √ļltima ocasi√≥n en 1929.

Excélsior publicó la nota el 20 de febrero 1939:

Un primoroso lote mand√≥ D. Viliulfo. Si en una corrida salen dos toros bravos, nobles, claros, se arma el alboroto, pero ayer se cubri√≥ de gloria la ganader√≠a tlaxcalteca de Piedras Negras. ¬°Ocho c√°rdenos brav√≠simos, alegres y claros! Desde ¬ęRapi√Īero¬Ľ, que sali√≥ comi√©ndose los capotes y embistiendo los burladeros, hasta ¬ęLimoncito¬Ľ, que se fue al destazadero sin orejas, todos fueron ejemplares de maravilla. Claro, brav√≠simo y noble fue ¬ęJoyero¬Ľ. Nos deslumbr√≥ Luis Castro con la mejor tanda de ver√≥nicas de la temporada, con las manos bajas y la figura majestuosa, parando, templando y mandando cl√°sicamente. Esas ver√≥nicas y ese remate merecen una placa de m√°rmol en la catedral del toreo. Despu√©s de la cornada pr√°cticamente Ferm√≠n se encerr√≥ con ocho toros. Torero mand√≥n, lidiador, consumado maestro de maestros, cort√≥ rabos (3) y orejas, escuch√≥ toda la tarde aplausos y dianas y lleg√≥ a la suntuosa residencia en hombros del gent√≠o.

Cort√≥ los rabos a Capa Rota; Jumao recibi√≥ la vuelta al ruedo, que acompa√Ī√≥ Viliulfo, y Limoncito, que cerr√≥ plaza. La temporada de 1939-40 se empez√≥ a cocinar en los despachos en octubre de 1939 con muchas dificultades. Primero, la Empresa Taurina Mexicana, arrendataria del coso, fue demandada por la anterior, que hab√≠a sido liberada de la quiebra por la restituci√≥n del contrato de arrendamiento. Sin embargo, logr√≥ ganar en los juzgados la posesi√≥n y se aboc√≥ a la contrataci√≥n de los matadores. La primera reacci√≥n ante las ¬ęincre√≠bles exigencias de los toreros¬Ľ fue anunciar que abandonaba el negocio de los toros. El gerente Benjam√≠n Padilla denunci√≥ las sumas fabulosas que no se pod√≠an pagar. Por su parte, los ganaderos de la Uni√≥n le exigieron que les firmara un m√≠nimo de dieciocho corridas de sus agremiados, a lo que la empresa respondi√≥ negativamente, acordando que solo dar√≠a doce, y cuatro ser√≠an de los se√Īores Llaguno. Segu√≠a la guerra. Pero ahora ser√≠a p√ļblica y con m√°s encono. Garza pidi√≥ seis corridas por una cantidad de $25 000, por cada una. ¬ęArmillita¬Ľ, siete de $23 000, m√°s $5 000 en las tardes que toreara mano a mano con Garza, adem√°s de que √©l definir√≠a los carteles en los que participara. Balderas solicit√≥ cuatro, a $13 500 cada una, y el Soldado, dos por $45 000. Las figuras apretaban en la plaza y en los despachos. Para fin de mes, la empresa aplaz√≥ el aviso de su decisi√≥n en cuanto a continuar o no adelante. Sin embargo, el domingo 5 de noviembre de 1939, El Redondel public√≥ esta nota:

Trascendental pacto entre tres matadores y ganaderos. Sensacional pacto firmaron ¬ęArmillita¬Ľ, Balderas y Sol√≥rzano con los ganaderos. Se comprometen a no torear y a no dar toros. ¬ŅCon qu√© elementos cuenta la empresa de Torres Caballero? El negocio taurino se embrolla m√°s cada d√≠a por culpa de quienes no saben manejarlo, ignor√°ndose cuando se inaugure la temporada; en virtud de que el a√Īo pasado tuvo notorias preferencias por ciertos diestros y determinados ganaderos, misma pol√≠tica que, seg√ļn todos los indicios pensaba seguir durante la temporada en puerta. Pero no alteremos el orden cronol√≥gico de las cosas. Desde el lunes √ļltimo corrieron los rumores de que Jes√ļs Torres Caballero hab√≠a entrado en combinaci√≥n con el diestro Lorenzo Garza y con los ganaderos, se√Īores Llaguno, para formar entre todos la empresa de 1939-1940, afirm√°ndose que el espada regiomontano llevar√≠a un tanto por ciento de las entradas de sus actuaciones. Despu√©s se dijo que Garza cobrar√≠a 18 000 pesos y que ni √©l ni los Llaguno participar√≠an en la empresa. As√≠ las cosas, Ferm√≠n telegrafi√≥ a Alberto Balderas y a Jes√ļs Sol√≥rzano, que se encontraban en Le√≥n, para que vinieran a M√©xico, habiendo celebrado una junta los tres m√°s el representante de Silverio P√©rez, junta en la que acordaron no contratarse con la empresa de Torres Caballero, en virtud de que este obr√≥ el a√Īo pasado en favor de ciertos elementos, perjudicando a los otros, como lo prueba que a ¬ęArmillita¬Ľ le acept√≥ la rescisi√≥n del contrato; de que a Balderas le qued√≥ a deber una corrida y de que a Sol√≥rzano lo dej√≥ fuera de la temporada sin raz√≥n alguna para ello. Pero estos tres diestros no pararon ah√≠. Reunidos la ma√Īana del viernes 3 con los principales miembros de la Uni√≥n de Criadores de Toros de Lidia, firmaron el pacto de que hemos venido hablando y en el cual los ganaderos se comprometen a no vender ni un solo toro ni novillo a la empresa tantas veces citada, la que tambi√©n a varios de ellos les caus√≥ perjuicios, puesto que lidiaba sus toros en carteles flojos en tanto que para los de la casa siempre hab√≠a ¬ęmanos a manos¬Ľ sensacionales.

Este es el acuerdo que conocemos como el Pacto de San Martín Texmelucan. En esta población, los ganaderos de la Unión se reunieron para tomar el acuerdo. El mando del toreo estaba en juego entre matadores y entre ganaderos.

La temporada se dio partida. Primero, la empresa de Torres Caballero, apoyada por los hermanos Llaguno que lidiaron setenta y tres toros entre los dos, m√°s quince de Garza y Carlos Cuevas. Las presiones en los medios y en los tendidos fueron fuertes. Broncas, reales o dirigidas, se dieron por la presentaci√≥n de los toros, y las pasiones por los toreros dentro y fuera del ruedo se desbordaron. El 10 de diciembre dio comienzo la primera parte con la empresa y a partir del 24 de marzo se dieron seis corridas con los miembros del pacto, con Jorge Jim√©nez del Moral al frente. En esa primera tarde, Ferm√≠n, Sol√≥rzano y Viliulfo triunfaron rotundamente. La rese√Īa siguiente es de El Universal, del 25 de marzo de 1940:

El maestro Ferm√≠n corta la oreja al quinto toro. Chucho Sol√≥rzano fue orejeado por su gran faena al segundo. El ganadero de Piedras Negras fue aclamado por la afici√≥n. El p√ļblico sali√≥ muy complacido. ¬°Domingo de Resurrecci√≥n!, como en Madrid se ha inaugurado hoy aqu√≠ en una fecha que se consideraba muy mala. La plaza se ha visto a reventar como pocas tardes. Viliulfo, ganadero conocedor, consciente de su responsabilidad, envi√≥ una corrida, fuerte, gorda, fina, bien armada y sobre todo con muy buen estilo en lo general. Nobleza, bravura derrocharon casi todos los piedrenegrinos, mucha alegr√≠a en el primer tercio y luego el asentamiento natural en los toros que pelean duramente con el caballo, que se dejan pegar duramente por los caballeros, que derriban, que romanean, que desbaratan los petos a cornadas. El lote m√°s encastado para Sol√≥rzano, el m√°s suave le correspondi√≥ a Ferm√≠n. Casi todos los toros de don Viliulfo fueron recibidos con aplausos, y tres de ellos despedidos con palmas, adem√°s de haberse tributado el honor m√°ximo a ¬ęel Breva¬Ľ. Enhorabuena se√Īor Gonz√°lez.

La guerra taurina continuaba y apareci√≥ en escena Alfonso Gaona, el famoso Dr. Gaona, quien llevar√≠a los destinos de la fiesta en la Ciudad de M√©xico durante m√°s de cincuenta a√Īos. Fue un hombre con gran capacidad de negociaci√≥n y experto en limar asperezas. Recuerdo la an√©cdota que contaba don Valent√≠n Rivero respecto de una deuda por una corrida que tuvo Gaona con don Chucho Cabrera. Este √ļltimo, muy molesto, tomaba una copa con varios amigos ganaderos en el bar del Hotel Ritz, en la calle de Madero, ubicado frente a la √≥ptica de Gaona. Don Jes√ļs, armado, cruz√≥ la calle para exigir el pago de sus toros y un rato despu√©s regres√≥ al Ritz. Valent√≠n amigablemente le pregunt√≥: ¬ę¬ŅCobraste, Jes√ļs?¬Ľ, a lo que respondi√≥ apesadumbrado: ¬ęNo, le prest√© un dinero¬Ľ.

Con esa habilidad negociadora de Gaona arrancó la temporada 1940-41, asociado con Anarcarsis Peralta, acaudalado industrial muy aficionado a los toros. En la primera corrida, Carlos Arruza recibió la alternativa de manos de Armillita con el toro Oncito de esta casa, del cual cortó una oreja, y recibió una cornada al entrar a matar.

Las cornadas son parte de la vida de esta casa. La bravura da éxitos y también el doloroso trance de ver a un torero en la arena. Desde un principio fueron muchos los que cayeron heridos por las astas de los toros de la corbata, pero la cornada que más marcó la vida de Piedras Negras fue la de Balderas, que le causó la muerte. Un matador que triunfó fuerte con toros de la casa y que en un accidente un ejemplar que no era de él, Cobijero, lo dejó sin vida en el ruedo de la plaza de la Condesa.

La historia de la fiesta est√° llena de cornadas. Es parte esencial de la misma. Montes, Joselito, S√°nchez Mej√≠as, Balderas, Manolete, Paquirri, el Yiyo, Montoliu, entre otros muchos, dejaron su vida en el ruedo como una muestra eterna del peligro que ah√≠ existe. Seguro azar del toreo (Salamanca Ed., 1984), t√≠tulo de uno de los libros de Alameda, tiene palabras contrastantes que son opuestas en s√≠. No hay nada seguro en el azar m√°s que el azar mismo. El juego de la vida y la muerte. La fortuna da vueltas, y viene en los pitones de los toros. Riesgo y peligro no son sin√≥nimos; riesgo es la posibilidad de que se produzca un contratiempo o una desgracia, de que alguien o algo sufran perjuicio o da√Īo; peligro es el riesgo extremo, la contingencia inminente de que suceda, que existe en los toros cuando la bravura est√° presente. Y como hemos le√≠do en las cr√≥nicas, con Piedras Negras existi√≥ siempre.

Perdonar√°n mis lectores que por esta vez, la rese√Īa no se vista de colores fuertes ni de oros brillantes. Con los ojos h√ļmedos y el pensamiento ensombrecido escribo deshilvanadamente. Contraste de luz y tinieblas es la fiesta. Ayer mismo, a los pocos minutos que el pundonoroso diestro cortaba una oreja y saludaba desde los medios apretando entre sus manos dos manojos de flores rojas, ca√≠a herido de muerte, destrozado como un pelele de seda y plata. Aquellos claveles reventones fueron como un s√≠mbolo. Alberto Balderas ofrec√≠a al p√ļblico que tanto lo quer√≠a y ovacionaba la sangre de su propio coraz√≥n.

Así inicia la crónica de Manuel Horta en el periódico Excélsior del lunes 30 de diciembre de 1940.

La tauromaquia moderna ha perdido una de sus figuras m√°s honradas y viriles. De ah√≠ su arraigo en los p√ļblicos. Jam√°s perdi√≥ el sitio, porque jam√°s defraud√≥ a sus admiradores. Daba en el ruedo cuanto ten√≠a y tanto que hasta la propia vida sacrific√≥ en plenitud. Duerma en paz el diestro valeroso, el amigo franco y noble.

Esta es la cr√≥nica de la √ļltima faena de Balderas.

El encierro de Piedras Negras sac√≥ bravura, fuerza y alegr√≠a. Fue un lote de respeto y trap√≠o, especialmente ¬ęRayao¬Ľ, corrido en segundo lugar. Balderas, ¬ęel Torero de M√©xico¬Ľ, alivia un tumbo con apretadas gaoneras que remata con art√≠stica y alegre rebolera. El entusiasmo se enciende y la multitud no se cansa de aplaudir. Alberto ejecuta la mariposa de su predilecci√≥n para rematar rodilla en tierra y con un desplante dando la espalda al enemigo; por dos veces clava las banderillas al cambio y termina el adorno del morrillo, igualando un superior cuarteo. Principia su faena con majestuosos ayudados por alto que se corean. Liga valientes derechazos, llev√°ndose al burel entre los vuelos de la franela, templando a ley. Alberto contin√ļa su labor cada vez m√°s cerca y tranquilo, se adorna con un molinete excepcional y en cuanto el bicho junta las manos, Balderas se va tras del acero y agarra un estoconazo hasta el pomo que pulveriza al bravo y alegre ¬ęRayao¬Ľ. Se desencadena la ovaci√≥n de la tarde, corta la oreja, da la vuelta al anillo recibiendo flores y devolviendo sombreros y sale a los medios con un ramo de claveles en cada mano. ¬°Y la muerte espiaba arteramente al triunfador!

El tercero de la tarde, Cobijero de nombre, n√ļmero 53, al que el cronista llama Cortijero a ocho columnas, fue un toro negro, grande, apretado de pitones. Correspond√≠a a Carnicerito. Tom√≥ las varas de reglamento, una muy buena de Conejo Chico.

Ya hab√≠an clavado los zarcillos Mariano Rivera y F√©lix Romero cuando Alberto Balderas, haciendo gala siempre de compa√Īerismo, se dio a componer al toro para llevarlo a jurisdicci√≥n del matador. Fue la tragedia tan inesperada, tan a traici√≥n, que muchos espectadores se fijaban en todas partes menos en lo que suced√≠a sobre la arena. Alberto tendi√≥ el percal, el toro prob√≥ y col√°ndose por el lado izquierdo prendi√≥ a Balderas. Dos, tres veces lo zarande√≥ en forma espantable, pero sin soltarlo. Entre las astas apretadas, el cuerpo del hombre sufr√≠a destrozos internos de muerte. Todav√≠a pudo Balderas dar unos pasos hasta la barrera, donde la servidumbre lo llev√≥ en hombros hasta la enfermer√≠a. Pr√°cticamente Balderas lleg√≥ sin vida. Alberto lleg√≥ a la mesa de operaci√≥n moribundo. La hemorragia era espantosa y el pulso estaba casi perdido. Se le dio respiraci√≥n artificial y se le inyectaron sustancias para vigorizar el coraz√≥n. Todo in√ļtil hasta la transfusi√≥n de sangre, como recurso desesperado. La vida se escapaba del pecho, y la ciencia era impotente para derrotar al destino.

Las √ļltimas palabras de Alberto Balderas, momentos antes de morir, fueron dirigidas a su hermano Francisco: ¬ęMe siento muy mal¬Ľ. Jer√≥nimo Merch√°n, gran amigo de Balderas, nos proporcion√≥ algunos informes acerca de los √ļltimos momentos del matador.

En cuanto ocurri√≥ la cogida, corr√≠ a la enfermer√≠a. No me permitieron entrar, pero me qued√© escuchando tras de la puerta, porque comprend√≠ que el percance era grave. Se est√° muriendo, escuch√© que dec√≠a un m√©dico. Y en seguida comprend√≠, porque conoc√≠ √≠ntimamente a Balderas, que era mi deber llevarle un sacerdote. Corr√≠ a la Coronaci√≥n y el vicario de este templo me hizo el favor de acompa√Īarme. No obstante que no se permit√≠a la entrada a nadie a la enfermer√≠a, en cuanto el se√Īor Sordo Noriega, que acompa√Īaba al amigo en sus √ļltimos momentos, se enter√≥ de la presencia del sacerdote, orden√≥ que se le franqueara la entrada. Alberto no pod√≠a hablar, pero a se√Īas se confes√≥; el sacerdote cumpli√≥ su ministerio, absolvi√≥ al moribundo y le administr√≥ los santos oleos.

La cornada fue perfectamente certera, ya que de acuerdo al parte médico no fue grande:

Herida por cuerno de toro, de cinco centímetros de extensión, en el noveno espacio intercostal del hemitórax derecho, en la intersección con la línea axilar anterior, fracturando el octavo, noveno y décimo cartílagos costales. Penetró en la cavidad abdominal desgarrando el hígado. Intensa hemorragia con cuadro de muerte aparente. Segunda herida, por cuerno de toro, en el hueco axilar derecho, de tres centímetros de extensión por cuatro de profundidad. Inmediatamente que entró a la enfermería se le aplicó inyección intracardiaca de adrenalina, vendaje compresivo de extremidades, inyecciones cardiotónicas subcutáneas con canfoesparteína y transfusión de 300 cc. Trasladado a su lecho, entró en agonía rápida y murió a las 17 horas 43 minutos. Dr. Xavier Ibarra, Dr. Rojo de la Vega.

Una ambulancia recogi√≥ el cuerpo y lo traslad√≥ al domicilio de la familia, en Copenhague 23, donde varios toreros, aficionados y familiares hicieron guardia junto al f√©retro. As√≠ muri√≥ Balderas, de quien Gaona alguna vez dijo: ¬ęBalderas es un torero de mucha clase y el d√≠a que agarre el sitio ser√° el amo¬Ľ. La cobertura del desgraciado suceso fue muy amplia en los medios impresos, de donde rescato como fin de este relato una de frase de Alberto: ¬ęYo era un torero muy fino, y decid√≠ cambiar las formas. Ya lo ves, antes era yo muy fino, pero apenas viv√≠a. Ahora dicen que estoy loco, que soy un suicida, pero tengo autom√≥vil y muy buenos pesos en el banco¬Ľ. Sin embargo, muri√≥ sin fortuna. Todos sus bienes eran su casa y su autom√≥vil.

Por fin se atemperaron los ánimos, que no la rivalidad, entre los dos grupos en la fiesta, y toreros y ganaderos lograron llevar la fiesta en México a su punto más alto en la historia. Toreros de Antonio con toros de Viliulfo y viceversa dieron grandiosas tardes en el coso de la Condesa.

Sin embargo, ya solo dos corridas m√°s de la rojinegra ver√≠a Viliulfo en la Ciudad de M√©xico. La √ļltima, curiosamente formada por un lote de seis colorados en distintas variantes. La pinta que tanto se hab√≠a esmerado en quitar ser√≠a la √ļnica en su √ļltima corrida al frente de la casa de Jos√© Mar√≠a y Lub√≠n. La nota es de Verduguillo para El Universal:

30 de marzo de 1941. El Maestro obtuvo un gran triunfo con el toro ¬ęRondero¬Ľ. La corrida de Piedras Negras muy bien presentada. Tres toros sacaron muy buen estilo. Ocho toros, entre ellos los seis llamados ¬ęcolorados¬Ľ para Conchita Cintr√≥n, ¬ęArmillita¬Ľ y Sol√≥rzano. Conchita y el maestro, que sali√≥ muy bien vestido de verde obscuro y oro, fueron muy ovacionados en el paseo. Tambi√©n hubo palmas para Sol√≥rzano, que sac√≥ un trajecito de color indefinido, pobre de presentaci√≥n y rico en manchas. Caprichos de los toreros, vestirse mal de vez en cuando.

Doscientos cincuenta y cinco toros embarc√≥ Viliulfo a la Ciudad de M√©xico. El √ļltimo fue el 111, casta√Īo aldinegro, Mandar√≠n de nombre, estoqueado por Jes√ļs Sol√≥rzano. Curiosamente Piedras Negras solo lidiar√≠a dos toros m√°s de esa pinta en los siguientes cincuenta a√Īos en las plazas de la capital. Pareciera que Viliulfo se la llev√≥ con √©l. Esa fue la √ļltima tarde de este gran criador de toros bravos, carism√°tico l√≠der ganadero, impresionante negociador y quiz√° lo m√°s admirable: rival de s√≠ mismo. Triunf√≥ con ambas casas y supo llevar un equilibrio comercial de manera envidiable. Su casa original fue La Laguna y durante veinte a√Īos, junto con su padre, la manej√≥ de forma distinta de la que Lub√≠n manejaba Piedras Negras, logrando una personalidad y una calidad muy apetecidas por los toreros. √Čl y su hijo Rom√°rico ‚ÄďRa√ļl era muy peque√Īo‚Äď buscaron de todas las formas posibles acercar el comportamiento de los piedrenegrinos al de los laguneros, sin embargo, Lub√≠n la hab√≠a dejado perfectamente bien encastada. La Laguna tambi√©n, en el canon del bravo, ten√≠a una calidad fuera de serie y durante los trece a√Īos que llev√≥ ambas casas fue sin duda la principal rival de Piedras Negras. A Rom√°rico, su hijo, le tocar√≠a cosechar innumerables tardes triunfales en los cosos de la capital durante veinticinco a√Īos en que estuvo al frente antes de su venta, en 1966. Rom√°rico, el Amo Maco, fue el ganadero Gonz√°lez que, llevando ambas casas juntas, m√°s √©xito logr√≥ en las plazas. Con la rojinegra y la tabaco y rojo dio gran cantidad de vueltas al ruedo y vio arrastrar con lentitud, o recorrer el anillo, a muchos de sus toros.

Con escasos 21 a√Īos quedar√≠a al frente de las dos casas de los Gonz√°lez. Era el primero en l√≠nea recta en recibir Piedras Negras. Jos√© Mar√≠a la vendi√≥ a su sobrino Lub√≠n, quien la hered√≥ a su sobrino Viliulfo, y ahora Maco la recibir√≠a de su padre.

Así relató Ernesto Carrasco Zanini, de El Universal, el deceso, el 22 de agosto de 1941:

D. Viliulfo Gonz√°lez, due√Īo de las ganader√≠as de Piedras Negras y La Laguna, muri√≥ ayer accidentalmente en un coleadero. Con frecuencia se reun√≠a en Piedras Negras un grupo de amigos del finado Don Viliulfo, con objeto de dedicarse a la charrer√≠a, ya sea dibujando manganas, tirando piales, coleando reses, etc√©tera, en cuyas faenas ten√≠a gran habilidad el extinto ganadero, quien tambi√©n conoc√≠a y practicaba todas las suertes del toreo. Ayer por la ma√Īana se efectuaba una de esas frecuentes fiestas charras en el lienzo para colear de la hacienda de Piedras Negras, en donde estaban reunidos y muy bien montados, Viliulfo, en su primorosa yegua que √©l llamaba ¬ęGolondrina¬Ľ, retinta golondrina, y sus amigos, los se√Īores Rub√©n Carvajal, ganadero de Zotoluca, Filem√≥n Guevara, Gonzalo Iturbe, Lauro S√°nchez y Miguel Zamora, y adem√°s, los caporales de la hacienda. Poco despu√©s de las once horas soltaron un toro para que don Viliulfo lo coleara y cuando la briosa yegua lleg√≥ encarrerada para pasar la res, esta se le ¬ęvare√≥¬Ľ haciendo que tropezara ¬ęGolondrina¬Ľ y cayera dando una voltereta con todo y jinete, quien qued√≥ debajo del animal; este se levant√≥ r√°pidamente, dada su clase, dejando a don Viliulfo tirado y privado de sentido. Inmediatamente bajaron de sus caballos los se√Īores Don Rub√©n Carvajal y Filem√≥n Guevara, quienes al acercarse al ca√≠do advirtieron que sangraba abundantemente por boca, nariz y o√≠dos; sin p√©rdida de tiempo lo levantaron y lo subieron a un autom√≥vil que los llev√≥ a la poblaci√≥n de Apizaco, en donde los esperaba el doctor Ram√≠rez Flores, que fue avisado por tel√©fono. El citado facultativo procedi√≥ a inyectar al herido con aceite alcanforado para reanimarlo, pero todo fue in√ļtil, don Viliulfo dej√≥ de existir durante las primeras atenciones m√©dicas que le fueron impartidas. En aquellos angustiosos momentos se encontraban ah√≠ la esposa del finado se√Īor Gonz√°lez, Do√Īa Delfina Gonz√°lez de Gonz√°lez, y sus hijas Marta y Magdalena, y los se√Īores a que hemos hecho referencia y que tomaban parte en el ¬ęjaripeo¬Ľ. Se acord√≥ regresar con el cad√°ver de don Viliulfo a Piedras Negras, lugar de su residencia. En la sala de la casa, se instal√≥ una capilla ardiente donde est√° siendo velado el cad√°ver. La infausta noticia le fue comunicada por la v√≠a telef√≥nica a los hijos e hija del extinto se√Īor Gonz√°lez; Rom√°rico, Javier, Ra√ļl y Susana, quienes a bordo de un auto salieron de esta capital violentamente para la citada finca. Los funerales se realizar√°n en el pante√≥n de la hacienda, donde reposan los ascendientes de los se√Īores Gonz√°lez, hoy a las cuatro de la tarde.

4. EL FIN DE LA √ČPOCA DE ORO. RUMBO AL TOREO MODERNO

Ahora comienzan los a√Īos del Amo Maco, el triunfador. La estrategia y el mando ya lo hab√≠an desarrollado los Gonz√°lez. A Maco le tocaba cosechar lo sembrado as√≠ como mantener y mejorar ambas casas. Hab√≠a en el campo cuatro camadas de machos por lidiar, herradas por su padre, y una todav√≠a por nacer, de sus propios empadres. A partir de la nacencia de 1942 hasta la de 1953, √©l fue el responsable de Piedras Negras. El primer triunfo de Rom√°rico fue la tarde del 22 de febrero en que Silverio P√©rez cort√≥ el rabo a Pescador, n√ļmero 68, primer toro de esta casa que mataba el Fara√≥n de Texcoco. Recurro de nuevo a la prosa sin par de mi amigo Jos√© Carlos Ar√©valo:

En aquellos a√Īos grandes del maestro (Ferm√≠n), le apasionaba lo que el novillero Silverio P√©rez tra√≠a entre manos. Una utop√≠a. La de su hermano, el malogrado Carmelo. M√°s que el par√≥n, el toreo parado, sostenido, reunido y ligado. Y una inspiraci√≥n de origen belmontino, trasvasada por el arte de retumbantes sonidos negros, que as√≠ era el arte de los gitanos abelmontados. Y ligando las suertes en redondo o de pit√≥n a pit√≥n. Y llorando con un quejido hondo, el del sentir que aparentemente desconoce la t√©cnica de torear o sufre porque la olvida y porque el toro mata.

El gran ¬ęCompadre¬Ľ, azteca y espa√Īol, dec√≠a Lara, el torero con la expresi√≥n absoluta del sentimiento de la fiesta en M√©xico. Porque siempre hemos sido distintos, y con Silverio esta diferencia se hac√≠a m√°s clara. El ol√© cantado tan nuestro, los saltos del p√ļblico en el tendido el volar de los sombreros al ruedo, el vibrar de la plaza, parecen interminables en los trasteos que podemos admirar en las pel√≠culas. Su forma de torear tanto en el toreo al natural, recostando la cabeza sobre su hombro en pases interminables, como en el toreo cambiado, cuando metiendo la barbilla en el pecho emerg√≠a cual volc√°n el trincherazo m√°s sonoro de la torer√≠a nacional, provocaron el grito: "¬°Asilveriarse o morir¬°".

 Manuel Horta, en el Exc√©lsior, del 23 de febrero escribe:

¬ęArmillita¬Ľ se hizo aplaudir durante toda la corrida de ayer. Tuvo una tarde redonda el diestro de Texcoco, consagrado ya como un muletero emotivo y de clase. Decir c√°rdenos de Piedras Negras y acordarse de tardes triunfales para la vacada de Tlaxcala es la misma cosa. Parece que los de esa pinta se han encargado de mantener con orgullo los fueros de la divisa que tanto cuid√≥ Viliulfo Gonz√°lez. Ayer sin ir muy lejos hemos visto casta, alegr√≠a y estilo. ¬ęAndaluz¬Ľ, que correspondi√≥ a Pepe Ortiz, toro de bandera, fue ovacionado largamente en el arrastre. Fue uno de esos ejemplares que rara vez salen de los chiqueros. Bravos y claros fueron ¬ęHortelano¬Ľ y ¬ęSand√≠o¬Ľ. La corrida de ayer debe de tener satisfecho al joven ganadero Rom√°rico Gonz√°lez, encargado de velar por los prestigios de la dehesa. El tercero, ¬ęPescador¬Ľ, c√°rdeno, de respeto, bien armado, sac√≥ un lado derecho peligroso. Con un toro de temperamento y fuerza, Silverio P√©rez cuaj√≥ en un palmo de terreno una faena memorable. Aprovechando a maravilla el lado toreable, se ajust√≥ en forma tan honrada, templ√≥ tan soberanamente, expuso con tan di√°fano valor que no pecamos de hip√©rbole al asegurar que ha sido la faena cumbre de la temporada. Faena de hondura y de mando. De temple y valor innegables. Dramatismo, saber, sello propio. Con media delantera fulmin√≥ al bovino y cort√≥ la oreja y el rabo y dio tres vueltas al redondel.

En la temporada de novilladas del siguiente a√Īo ser√≠a indultado por Luis Procuna el novillo de nombre Arriero. El 9 de febrero de 1943, la tarde en que alternaba con Felipe Gonz√°lez, Tacho Campos y Conchita Cintr√≥n, novillada a beneficio de la Uni√≥n de Matadores, la relat√≥ Exc√©lsior:

Los toros que envi√≥ ayer Piedras Negras han vuelto por los fueros del enemigo poderoso, encastado, y de trap√≠o que sirve mucho m√°s a los toreros para hacerse de una personalidad, que los becerros y utreros que restan emoci√≥n a las corridas. Los sucesores de Viliulfo Gonz√°lez han alcanzado ayer un triunfo sonado. Hac√≠a muchos a√Īos que el p√ļblico en masa no indultaba un toro de bandera. Y ese honor fue para ¬ęArriero¬Ľ, ideal en bravura, en estilo, en alegr√≠a, en nobleza, que aprovech√≥ Luis Procuna para afianzarse en un sitio que iba perdiendo a ojos vistas. ¬°Qu√© emocionante ese par√©ntesis cuando veinte mil espectadores hicieron flamear los pa√Īuelos para pedir la salvaci√≥n de ese c√°rdeno fin√≠simo! El amo tlaxcalteca, aficionado ejemplar, hubiera llorado de alegr√≠a, y su hijo Rom√°rico, al dar la vuelta al redondel, debi√≥ pensar sin duda en el hombre fuerte y sincero que le arrebat√≥ la muerte en un accidente tr√°gico. El resto del lote merec√≠a un cap√≠tulo largo, si tuvi√©ramos espacio para escribirlo. ¬ęCanalejo¬Ľ y ¬ęCig√ľe√Īo¬Ľ fueron dignos hermanos de ¬ęArriero¬Ľ, cuyo nombre ha recogido ya la historia de la tauromaquia en la plaza m√°s m√°xima de Am√©rica¬Ľ.

Arriero hab√≠a nacido en abril de 1938, por lo que para la fecha de su lidia rebasaba ya los cinco a√Īos. Era hijo del semental Barrileto, nieto de Jarocho, que mencionamos en el cap√≠tulo anterior. La madre era de origen Saltillo, sin embargo, no de la ¬ęsimiente¬Ľ, por lo que al toro, aunque padre√≥ tanto en Piedras Negras como en La Laguna, no se le sigui√≥ un solo hijo como semental.

La √ļltima gran tarde en la plaza donde m√°s triunf√≥ esta casa fue la del 11 de febrero de 1945, despu√©s de haber lidiado cerca de mil toros, y que en breve ser√≠a derribada. La casa de Piedras Negras.

Despu√©s de seis a√Īos, el conflicto con los toreros espa√Īoles se arregl√≥, en mucho por la intervenci√≥n de Antonio Algara, empresario y ganadero que ten√≠a la firme intenci√≥n de traer a Manolete a M√©xico.

Pepe Luis V√°zquez, Rafael Ortega y Luis Procuna alternaban esa tarde. Procuna hab√≠a triunfado el a√Īo anterior al cortarle el rabo a Meloncito en una faena llena de color y valent√≠a, y ese a√Īo volv√≠a a tratar de refrendar su triunfo con la rojinegra. Pepe Luis no hab√≠a triunfado todav√≠a en la capital mexicana. La cr√≥nica del T√≠o Carlos, del 12 de febrero en El Universal dice:

Piedras Negras envi√≥ la mejor corrida de la temporada. El sevillano Pepe Luis cort√≥ su primera oreja en ¬ęel Toreo¬Ľ haciendo un faen√≥n por naturales. Luis Procuna cort√≥ oreja y rabo al sexto por un trasteo superior. ¬ęGallito¬Ľ bien en su primero, y fatal en su segundo, oyendo avisos. Una corrida pareja y brava de los Gonz√°lez.

[...]

Sobre el ruedo, azotado por la borrasca, se volcaron impetuosamente dos faenas. Era un aire fren√©tico de febrero empe√Īado en llevarse entre un torbellino la tarde de toros; pero el arte ‚Äďen una de sus raras paradojas‚Äď hab√≠a decretado que este segundo domingo del mes loco ser√≠a su fecha de asombros. Y no hubo viento capaz de impedir que las dos muletillas rojas avanzaran, como ondeantes banderas de gloria de cara al temporal... De rasgos cl√°sicos la una, de l√≠ricos arranques la otra, las dos faenas tuvieron en com√ļn los mismos fervores de haza√Īa. Porque Pepe Luis V√°zquez y Luis Procuna pusieron en sus toros la vida de por medio. ¬°Solo diez muletazos! Lo digo con positivo asombro: solo diez muletazos bastaron a Pepe Luis V√°zquez para cuajar lo m√°s esencialmente torero que llevamos visto en la temporada. No lo m√°s pinturero, ni lo m√°s bonito, ni lo m√°s dram√°tico: no. Lo m√°s esencial, enti√©ndase bien. Solo diez muletazos. Pero es que en esa decena de pases se fundieron toda la recia y eterna verdad del toreo con la izquierda y toda la √≠ntima esencia alquitarada de la sevillan√≠a; todo el valor impetuoso de un torero en trance de vida o de muerte, y toda la diamantina finura inmortal de lo castizo. Labrado de gracia impalpable sobre la dura cantera fundamental de los pases naturales. Le dieron la oreja. Con esta faena inolvidable de ¬ęAnillito¬Ľ, de Piedras Negras, ha venido a confirmar lo que hemos sostenido, que es un gran torero. Procuna es el heredero de Silverio P√©rez. Dentro de la l√≠nea torera del texcocano que junta los pies y quiebra la cintura para alargar el pase y lograr la m√°xima cercan√≠a de los cuerpos, se encuentra Luis. Un torero en el que se rompe la cl√°sica pureza para descomponerse en el barroco de la angustia ‚ÄďSilverio‚Äď o en el barroco de la gracia ‚ÄďProcuna‚Äď; un torero deslumbrante como retablo de templo colonial; caprichoso y lleno de fulgores como un ¬ęcastillo¬Ľ de feria provinciana. As√≠ fueron los pases por alto, las innovaciones del lasernista que Procuna ha tra√≠do, las manoletinas, los giros, los afarolados. Y junto a ese derroche de multicolor coheter√≠a, los derechazos terribles jugando a la muerte y los pases de la firma, graciosamente imperiosos. Tal la faena de Luis Procuna a ¬ęPeregrino¬Ľ de Piedras Negras. Oreja y rabo, siendo paseado en hombros por las calles. ¬°Vaya una corrida que nos ha llegado de Tlaxcala!, s√≠, del calumniado Tlaxcala. Y precisamente de la m√°s a√Īeja de sus ganader√≠as. La corrida m√°s pareja en presentaci√≥n y bravura de esta temporada ha sido la que ayer envi√≥ la decano Piedras Negras al Toreo. Y en esta tarde, la linajuda ganader√≠a ha vuelto totalmente por largos prestigios. Los seis toros fueron bravos. Con cierto sentido el primero, nobil√≠simo aunque d√©bil el segundo, bravo el tercero, y extraordinarios cuarto y sexto, sin olvidar el quinto. Duramente y con codicia, pelearon en varas y llegaron al tercio final muy propicios. Cuando la multitud fue al palco del ganadero y levant√≥ en hombros al joven heredero de don Viliulfo Gonz√°lez, se izaba sobre el coso, para una nueva √©poca la bandera triunfal de los toros de Piedras Negras.

Mejor dicho, imposible lo escrito por Carlos Septién García.

La √ļltima corrida de esta casa en el Toreo fue el 24 de marzo de 1946, alternando David Liceaga, Carlos Vera Ca√Īitas, Juan Estrada y Angelete. Fueron siete toros c√°rdenos y un negro el octavo de la tarde, n√ļmero 95, Zafre√Īo de nombre, con el que se cerr√≥ el exitos√≠simo andar de la divisa roja y negra en la catedral del toreo en Am√©rica. Se acababa una √©poca pol√≠tica y social en el pa√≠s. La jam√°s terminada plaza de Fern√°ndez del Castillo cerraba sus puertas, y junto con ello todo el ambiente que la rodeaba. Los paseos por las avenidas Durango y √Ālvaro Obreg√≥n, las tertulias con Pepe el Catal√°n, la visita a la Casa de la Bandida que estaba a dos cuadras, quedaban ya en el ba√ļl de los recuerdos. Vendr√≠a ahora la modernidad. Los militares dejaban el poder y M√©xico iniciaba su gran etapa de desarrollo econ√≥mico. Y el toreo tambi√©n dar√≠a un giro. Hab√≠a sido mucha la alegr√≠a, la explosi√≥n y la expresi√≥n de los √ļltimos veinte a√Īos con Ferm√≠n y Garza al frente. Vendr√≠an los a√Īos de la monumental Plaza de Toros M√©xico, de los cuales el primero fue iluminado por Manolete y por los √ļltimos jalones de nuestra docena m√°gica. Poco a poco, estos astros, glorias del toreo nacional, ir√≠an disminuyendo su luminosidad y llegar√≠an otros muy buenos toreros. Pero estos a√Īos de la Independencia, los de la √©poca de oro del toreo en M√©xico, ser√≠an irrepetibles.

Neguib Sim√≥n inaugur√≥ la plaza M√©xico el 5 de febrero de 1946, con Luis Castro el Soldado, Manuel Rodr√≠guez Manolete y Luis Procuna en el cartel, para matar una corrida de San Mateo. Piedras Negras debut√≥ hasta la siguiente temporada, el d√≠a 15 de diciembre de 1946, alternando Armillita, Manolete y Alfonso Ram√≠rez el Calesero. La empresa hab√≠a anunciado un lote de Zacatepec, pero dificultades de √ļltima hora obligaron a Tono Algara a marchar precipitadamente a las dehesas de Rom√°rico Gonz√°lez.

Los de Piedras Negras pelearon con los de a√ļpa; fue un encierro disparejo en presentaci√≥n, tama√Īo y bravura. Sobresali√≥ el primero por su bravura y nobleza, y el quinto tambi√©n por su bravura, aunque desarroll√≥ casta. Era la tarde de Nacarillo y Ferm√≠n. La faena con la cual le dar√≠a las gracias el maestro de Saltillo a la casa de los Gonz√°lez. Con esta gran tarde cerrar√≠a una incre√≠ble cadena de triunfos de una sociedad que fue muy fruct√≠fera y que dej√≥ en el recuerdo del p√ļblico y las p√°ginas de la historia memorias y letras inscritas para siempre en el muro de la bravura mexicana. No de la torer√≠a ni de la fiesta. De la bravura que esta casa le entreg√≥ a Ferm√≠n y que √©l transform√≥ en letra y ley, forma y fondo. Sobre ella ciment√≥ el nacimiento del toreo mexicano como hoy lo conocemos. Forjador, base y columna del toreo, Ferm√≠n Espinosa Armillita Chico.

Nacarillo, n√ļmero 37, c√°rdeno oscuro, un poco bizco del pit√≥n izquierdo, fue un toro soso, y hasta muy soso, en los dos primeros tercios; tardo en la acometida, aplomado, lleg√≥ al tercio final punteando y gazapeando; y en este √ļltimo sufri√≥ notable transformaci√≥n, a tal grado que despu√©s embisti√≥, suave, noble y francamente. El T√≠o Carlos, escribi√≥ la siguiente rese√Īa para El Universal, el 16 de diciembre de 1946:

Estamos ante la faena perfecta. Y no nos atrevemos a tocarla. Ser√≠a un desacato rozar siquiera el contorno venerable de sus m√°rmoles. Ser√≠a una mancha el querer reducir a yerta medida la armon√≠a de su arquitectura serena y triunfal. Y ser√≠a un atentado el querer desmontar el ensamble prodigioso de sus partes para someterlas a un estudio prosaico y vulgar. Mejor ve√°mosla as√≠, tal como la vimos desde el grader√≠o sobrecogido de belleza, de clamor y de respeto. Mir√©mosla en toda su deslumbrante simetr√≠a; faena de arco y columna. Arco de pase natural, columna cl√°sica. Arco que apenas muere, hace ‚Äďde su misma muerte‚Äď brotar otro m√°s gallardo y airoso, m√°s limpio y audaz. Columna cubierta de oro, refulgente de espadas que lanza y soporta a la vez la gracia y el peso de su cl√°sica arquer√≠a. Y mir√©mosla con toda la fuerza de su genuino valer. Ve√°mosla hecha de los m√°s puros y firmes elementos que la tauromaquia ha creado en siglos de lucha, de dolor y de triunfo contra los toros bravos; admir√©mosla como expresi√≥n s√≥lida, cabal, perfecta, de la m√°s rancia y la m√°s limpia doctrina torera; esa que formaran y probaran en mil tardes de sol y de hachazos, los Romeros, los Paquiros y los Guerras; esa que sellaran con su sangre los Tatos y los Esparteros; esa que mantuvo en luchas de decenios a los Frascuelos y los Lagartijos. Esa que ‚Äďen fin‚Äď hace hoy de Ferm√≠n Espinosa, como entonces de aquellos definidores de la tauromaquia, el torero en el que se depositan la mayor ciencia y la m√°s ilustre escuela. Y gust√©mosla tambi√©n, en su profunda y exquisita suavidad. Sabore√©mosla en esa delicadeza, en ese tacto, en esa gentileza con que arrop√≥ al endeble torillo de Piedras Negras que ‚Äďnacido para seis naturales y una estocada‚Äď tom√≥ d√≥cilmente, transformando como una obra de cera calentada a fuego, el milagro eslabonado de esos 21 naturales inmortales. Gocemos de ese temple magistral y cuidadoso, exigente y esmerado con el que el torero fue ¬ęeducando¬Ľ al toro, mostr√°ndole el camino del pase natural, ense√Ī√°ndole a embestir y a tomar con af√°n encendido la roja muleta, a repetir sobre ella el empuje, a graduar su marcha y su arrojo. Saci√©monos en el aroma y en el sabor de este negro racimo soleado que es el fruto de un mejor Ferm√≠n Espinosa en la cumbre de su madurez. Y no toquemos la faena perfecta. Dej√©mosla all√≠. Y rompamos el asombro enmudecido para gritar a su autor con toda la pasi√≥n de aficionados sacudidos hasta la m√©dula: ¬ęTorero, Torero, Torero¬Ľ. Torero, s√≠. Torero inmortal este Ferm√≠n Espinosa, de Saltillo, con el que M√©xico se incrusta triunfalmente en la historia del toreo universal.

Y ser√≠a el √ļltimo, junto con Carlos Arruza, quien tendr√≠a a√Īos de grandes triunfos y se insertar√≠a al lado "Manolete" y Domingo Ortega, en la c√ļspide del toreo espa√Īol en la d√©cada de los cuarenta, con sitio y condiciones de figura del toreo. Como lo fue tambi√©n en M√©xico. Con el tiempo, Juan Silveti, Jos√© Huerta, Manolo Mart√≠nez, Curro Rivera y Eloy Cavazos tendr√≠an temporadas y triunfos importantes, pero sin constancia ni duraci√≥n. Jam√°s se lograron incrustar en la fiesta espa√Īola. El M√©xico independiente cre√≥ una fiesta puramente nacional, atractiva y rentable. Las ganader√≠as se multiplicaron y el mercado sudamericano ser√≠a nuestro durante muchos a√Īos. Pero la universalizaci√≥n se detuvo y nos quedamos en casa, recibiendo a las figuras espa√Īolas, plant√°ndoles cara y peleando las palmas tarde a tarde. Pero all√° ya no. M√©xico fue para los mexicanos y algunos espa√Īoles. Y con esto, el toro cambi√≥. Se busc√≥ el toro del arte, el toro f√°cil, de docilidad extrema, que llev√≥ la ruta de la bravura por otro lado.

Piedras Negras sigui√≥ lidiando hasta 1970 en la M√©xico, pero ya no con la frecuencia ni en la cantidad con que lo hizo en el Toreo. De la inauguraci√≥n en 1946, a 1995 que lidi√≥ hasta hoy su √ļltima corrida, mand√≥ tan solo ciento noventa y un toros; pero de 1971 a 1981, as√≠ como de 1984 a 1994, no envi√≥ ninguno. De 1971 a 1995 tan solo lidi√≥ cinco encierros. El desd√©n de los empresarios por el toro encastado lo pag√≥ Piedras Negras, en manos de Ra√ļl, como tambi√©n lo pagaron San Mateo y La Punta. √Čl se mantuvo firme en su concepto y lidi√≥ con √©xito en provincia y en el extranjero, como lo veremos m√°s adelante. Pero el cambio en los gustos de los toreros hizo que el p√ļblico no pudiera volver a apreciar el espect√°culo del toro bravo, que expresa su bravura con el peligro manifiesto que da la casta, con las dificultades que esto implica. Pero regresemos al final de la d√©cada de los a√Īos cuarenta a revivir las √ļltimas grandes tardes de la casa madre en la Ciudad de M√©xico. Veinte a√Īos m√°s de triunfos.

Los integrantes de la docena mágica se fueron retirando poco a poco y surgió un nuevo grupo que constituiría el puente de la época de oro a la modernidad. Antonio Velázquez, Luis Procuna, primero, y posteriormente Rafael Rodríguez, Manuel Capetillo, Juan Silveti y Jorge Aguilar el Ranchero, para terminar con Joselito Huerta, sería la generación de toreros que enfrentarían los toros de la rojinegra en sus tardes de triunfo en la monumental México.

El 28 de febrero de 1947, Antonio Velázquez arrancó un rabo a un Piedras Negras en una faena todo valor. De nuevo, apelamos a la pluma del Tío Carlos, en El Universal, del siguiente día de la corrida:

De las fuentes oscuras de la raza; de all√° donde lo m√°gico palpita sorprendentemente bajo la sombra espesa de la selva y donde la mirada silenciosa del nativo es luz trenzada en tiniebla, arranca el destino misterioso de nuestros grandes toreros tr√°gicos. ¬°Qu√© bien se vio ayer esta estampa del arte mestizo de torear en la prieta figura de Antonio Vel√°zquez! ¬°Qu√© fatalismo de indio en sacrificio y qu√© √°gil dominio de occidental en triunfo! ¬°Qu√© humilde entrega del propio coraz√≥n y qu√© gallarda burla de la asechanza de la bestia! ¬°Qu√© tiniebla en la entrega racial de cada cite y qu√© luz en la victoria de cada remate!... Selva y planicie; magia y ciencia; caverna y luz; natura y cultura. Y en la espuma del dramaturgo hervor de esta lucha, una figura que viene a situar su desgarbo, su borrasca y su coraz√≥n entre los grandes tr√°gicos de nuestra tauromaquia: Antonio Vel√°zquez ¬ęCoraz√≥n de Le√≥n¬Ľ.

Amapolo se llam√≥ el cuarto, n√ļmero 62, de 426 kilos, c√°rdeno oscuro, vuelto de pitones. Orejas y rabo; cuatro vueltas al ruedo. Y la plaza era un grito inacabable de emoci√≥n, de alivio, de retribuci√≥n a quien hab√≠a sabido entregarse en cada muletazo. No transcribo la cr√≥nica puntual porque con lo escrito por Carlos Septi√©n queda claro lo que sucedi√≥ en el ruedo. Un rabo cortado en la lucha por figurar y ser el n√ļmero uno, sin importar la condici√≥n de un toro que vino a menos y vendi√≥ cara su vida. Sin embargo, la emoci√≥n de la faena ah√≠ qued√≥ en una tarde donde los dos mejores toros, segundo y sexto ‚Äďsobre todo este, que correspondi√≥ a Procuna‚Äď fueron alegres, nobles y suaves para los de a pie.

Vel√°zquez cortar√≠a otro rabo a un Piedras Negras el 6 de febrero de 1949, fecha en la que altern√≥ con Armillita, y √ļltima tarde del maestro con esta casa en la capital; y Jes√ļs C√≥rdoba, quien se llev√≥ una dur√≠sima cornada. El T√≠o Carlos dej√≥ plasmados los hechos:

Antonio Vel√°zquez, torero toda la tarde, triunf√≥ con sus dos enemigos cuajando un faen√≥n al quinto. A ese toro le hizo una faena muy grande; tanto que con ella borr√≥ el cuento de que el toreo actual s√≥lo es posible en terreno corto y anulando el primer tiempo de los pases. El torero cit√≥ de largo, adelant√≥ la muleta, como hace mucho no se ve adelantarla a los toreros formados dentro de lo tradicional, lo cual quiere decir que marc√≥ notablemente el primer tiempo del muletazo; empap√≥ al animal en el trapo, lo hizo pasar templadamente en el segundo tiempo y lo despidi√≥ magistralmente en el tercero y √ļltimo tiempo que el toro tuvo empuje suficiente para seguir el trazo de la muleta... Y esto repiti√≥ Vel√°zquez una y otra vez, siempre con el mismo aguante de que hace gala cuando torea en corto y erigiendo en el tercio una soberana naturalidad y un espl√©ndido saber hacer con fluidez y soltura. La oreja y el rabo, y todo lo que ustedes quieran, que con ello o sin ello, aqu√≠ est√° Antonio Vel√°zquez, el mejor torero de hoy.

El toro fue Bandido, n√ļmero 32, de 460 kilos, c√°rdeno oscuro. Astado muy bravo, muy noble, acab√≥ sus d√≠as acusando suprema suavidad, no obstante que al salir de los toriles salt√≥ al callej√≥n y se astill√≥ ambos pitones.

El 15 de marzo de 1954, es otra gran tarde para la ganadería tlaxcalteca, En El Universal, Josene escribe la siguiente crónica.

Rodr√≠guez y Aparicio triunfaron con orejas, rabos y en hombros. El torerazo de Aguascalientes lleg√≥ a la cumbre de su carrera, con una tarde redonda en la que cort√≥ oreja en un toro y todos los ap√©ndices ‚Äďotorgados por primera vez en esta temporada‚Äď en el otro, despu√©s de hacerle una gran faena con derroche de valor y de maestr√≠a. Aparicio dio estupendos naturales y arm√≥ un esc√°ndalo con ellos, aunque tambi√©n con sus desplantes ante el toro y ante el p√ļblico. ¬ęEl Ranchero¬Ľ tore√≥ bien a un noble Zotoluca de regalo, pero durante toda la tarde anduvo totalmente falto de √°nimo. Fue bravo en general el encierro de Piedras Negras; el primer toro se escap√≥ al ruedo cinco minutos antes de la corrida, con la consiguiente expectaci√≥n y sobresalto entre los pobladores del callej√≥n. ¬°Bravo, as√≠ se triunfa, Rodr√≠guez! La base de los √©xitos de Rafael, a lo largo de toda su historia taurina, ha sido su f√©rrea voluntad, su ind√≥mito af√°n de vencer, su inquebrantable energ√≠a; algo tan seguro y tan firme como un camino llano, absolutamente recto; como una l√≠nea horizontal trazada a nivel; al nivel de la gigantesca decisi√≥n de un esp√≠ritu que quiere, tensamente, llegar a la meta... ¬°Queda hoy cerrado, concluido, perfecto, el tri√°ngulo de la voluntad, el valor y la maestr√≠a de Rafael Rodr√≠guez¬° ¬°Qued√≥ hoy plenamente trazada su figura de inmenso torero!

Queden ah√≠ estas l√≠neas de quien fue un inmenso torero, un torero macho, triunfador, que le pudo a todos y con todo. Los toros fueron Morcillero, el de Rafael, y Ratero, el de Aparicio, y fue la primera tarde triunfal de Ra√ļl Gonz√°lez al frente de su casa, en una tarde que su gran amigo Jorge Aguilar dijo no.

El 27 de enero de 1956 salieron en hombros César Girón y Joselito Huerta. Escribió Manuel Horta en el Excélsior el día siguiente:

El poblano cort√≥ rabo y orejas oyendo ovaciones. Bronca, pitos y un ap√©ndice para el diestro venezolano. Un lleno hasta el reloj, una competencia caballerosa en el ruedo, la consagraci√≥n de una figura nuestra, la revancha de C√©sar que hab√≠a tenido una actuaci√≥n infortunada. En resumen: todas las emociones de la m√°s bella de nuestras fiestas. Joselito Huerta, arrollador, con desbordada afici√≥n, ya tiene un sitio envidiable. Mete√≥rica ha sido su carrera. Desde los surcos de Tetela de Ocampo salt√≥ a la plaza de la Maestranza, donde gan√≥ el doctorado. Piedras Negras mand√≥ un lote fino de trap√≠o, con los ri√Īones bien cubiertos, brav√≠simo y fuerte. Todos acudieron fieramente al castigo, prodigaron porrazos a los del castore√Īo y llegaron a la muerte desarrollando genio. Magn√≠ficos por su estilo y claridad fueron ¬ęTalism√°n¬Ľ, para el que se pidi√≥ con insistencia la vuelta al redondel, y ¬ęComodino¬Ľ, obsequiado por C√©sar Gir√≥n, nombre que enriquecer√° la historia de esa prestigiada cantera de Tlaxcala. Ovacionados en el arrastre fueron ¬ęLuminoso¬Ľ y ¬ęPirrimpl√≠n¬Ľ. El sitio que ha conquistado C√©sar Gir√≥n en la fiesta tiene gran responsabilidad. La gente se meti√≥ duro con √©l. El panorama se ensombreci√≥ con ¬ęPirrimpl√≠n¬Ľ, quinto de la tarde. Le llovieron almohadillas, lo increparon con gesto aterrador los inconformes. La bronca tom√≥ caracteres inquietantes hasta que el diestro regal√≥ un s√©ptimo bovino de la misma ganader√≠a. Lance√≥ a pies juntos, seguido de ver√≥nicas perfectas, cargando la suerte, abriendo el comp√°s, dejando que los pitones rozaran su ropa tabaco y oro. Ya con el p√ļblico en el bolsillo, brind√≥ al m√ļsico poeta naturales largos, cl√°sicos, sentidos y pases de vuelta entera que dibujaron c√≠rculos rojos sobre el ocre de la arena. Dos pinchazos y una estocada con traves√≠a y media en buen lugar, cortando una oreja, recibiendo una ovaci√≥n inolvidable y saliendo en hombros al lado de Joselito Huerta, revelaci√≥n de 1956. Pero la consagraci√≥n vino con el sexto, ¬ęTalism√°n¬Ľ, de 462 kilos, enlutado de pelaje, muy bravo, alegre y noble. ¬°Cu√°nta emoci√≥n puso en su quite por ver√≥nicas, fundi√©ndose al enemigo codicioso! Brind√≥ a toda la plaza, ligando un trasteo para las antolog√≠as. Cl√°sico, profundo, de incre√≠ble maestr√≠a. Ayudados por abajo and√°ndole al burel en forma indescriptible. Largos derechazos y naturales de cadencia insospechada. Molinetes entre los pu√Īales, rematando tandas con la zurda. Siempre mandando sobre el bovino, pisando sombreros y entre sonoras ovaciones. ¬°Torero! ¬°Torero! Un natural de vuelta entera y otro, y uno m√°s, provocaron la locura de la multitud.

Estocada, las orejas y el rabo.

En abril de 1956, Juan Silveti cort√≥ dos orejas a Guerrista en una faena de mucha calidad, con la fineza que siempre tuvo. Toreo de la casa, del carril y gran amigo de Rom√°rico. Amistad recordada y apreciada a la fecha, cuando al preguntarle por √©l, vi claramente c√≥mo se le iluminaban los ojos la ma√Īana que a puerta cerrada vimos por primera vez a Diego, su nieto, vestido de luces, matar un novillo de Jorge de Haro en la plaza de Juriquilla.

Ahora toca el turno a la tarde de Litri y Capetillo. El 4 de febrero de 1957, Manuel Horta, escribió para Excélsior:

Grandes faenas de Litri y Capetillo premiadas con ap√©ndices. Ayer por fin, hemos visto a Miguel B√°ez ¬ęLitri¬Ľ en todas sus dimensiones. Como un chaval llor√≥ ante cuarenta mil espectadores, mostrando la oreja que hab√≠a cortado por una faena del m√°s puro arte y transparente clasicismo. ¬ęDancero¬Ľ se llam√≥ el segundo bicho de la divisa tlaxcalteca rojinegra, pesaba 436 kilos y era c√°rdeno de pinta. El de Huelva brind√≥ a todo el p√ļblico, clav√≥ los pies en la arena y sin enmendarse un mil√≠metro, se pas√≥ al de Piedras Negras en escult√≥ricos ayudados por alto. Cit√≥ de largo, de tercio a tercio, se le arranc√≥ ¬ęDancero¬Ľ y lo aguant√≥ a ley para correr la mano en cuatro naturales. Otra vez cit√≥ de lejos, torn√≥ a ligar portentosos pases con la zurda y barri√≥ el lomo del enemigo en interminable forzado. Entonces se encendi√≥ la locura en el grader√≠o. Entre ol√©s y gritos se engolosin√≥ el hombre, ligando derechazos perfectos y manoletinas viendo al tendido... y cuando complet√≥ la magistral arquitectura que a mi juicio ha sido la mejor de lo que va de la temporada, se volc√≥ sobre el morrillo, cal√≥ al astado. Volvi√≥ a herir dejando una estocada hasta la gamuza, una oreja. Hab√≠a triunfado en M√©xico, pero en forma rotunda y arrolladora. Los despojos del alegre bicho fueron aplaudidos en el arrastre lento. La perita en dulce sali√≥ en cuarto lugar. ¬ęRecluta¬Ľ pes√≥ 452 kilos en la b√°scula. Cort√≥, Manuel, dos orejas, dio vueltas al ruedo y sac√≥ al ganadero. El entusiasmo tricolor ped√≠a una corona de tabachines para el de Guadalajara.

Con el sexto, Guardacostas, Jorge Aguilar logró una faena muy emotiva, con largos, profundos y dramáticos derechazos, enroscándose al burel entre las piernas... naturales torerísimos, fue despedido entre fuertes aplausos. El Ranchero, el torero de Piedras Negras, casa en la que nació a la vida y la tauromaquia, nunca tuvo suerte con la rojinegra en México. Trasteos emotivos los tuvo por su propia forma de torear, llena del sentimiento que tanto gusta aquí, sin embargo, triunfó con toros de otras casas, La Laguna entre ellas. Torero de todas las casas de su tierra, derribador consumado, amigo y querido por todos, no fue su casa madre la que le daría los triunfos en la capital. Murió tentando en Coaxamalucan, en su casa, con su sangre, con su gente. Hoy su leyenda vive y crece todos los días, con cada vaca y cada toro que se lidia de esa tierra brava.

Con Capetillo mandar√≠a Ra√ļl una muy buena corrida en febrero de 1959; esta faena cumbre la brind√≥ a sus detractores; el primero de la tarde fue Sonajero, un toro de estilo espl√©ndido, de muy clara embestida y gran alegr√≠a, que acudi√≥ de lejos y tom√≥ el enga√Īo con admirable nobleza. Lo pinch√≥ el de Guadalajara en una de sus muchas grandes tardes en la M√©xico.

El 5 de abril de ese mismo 1959, un cartel que se hab√≠a presentado treinta y dos a√Īos antes el 31 de noviembre de 1937 en el Toreo: Lorenzo Garza y Luis Castro el Soldado, mano a mano con toros de Piedras Negras. Los toreros de don Antonio, ahora en su ocaso, con los toros de don Viliulfo, ya con Ra√ļl. ¬ŅQu√© les habr√° hecho matar esa corrida? ¬ŅPor qu√© no una de los Llaguno, de los descendientes de Juli√°n, que estaban en la cima de la ganader√≠a nacional, de Torrecilla, la n√ļmero uno en ese momento? ¬ŅDe Jos√© Juli√°n, de Valpara√≠so? No lo sabemos. A Cupletero, cuarto de la tarde, Luis le cort√≥ una oreja, y al quinto, Pajarito, Lorenzo le hizo una muy buena faena, aunque pasando despu√©s a la enfermer√≠a con un puntazo. Ambos toros recibieron el arrastre lento. El Exc√©lsior del d√≠a siguiente public√≥ que:

... adem√°s de bravos y enjundiosos en su pelea con los montados, con el celo peculiar de su casta, los pupilos de don Ra√ļl Gonz√°lez denotaron condiciones magn√≠ficas, sobresaliendo su estilo claro, sin problemas, que se acentu√≥ en cuatro de los estupendos ejemplares que ayer salieron al ruedo de Insurgentes.

El celo peculiar de su casta, ¬ęel Sobresaliente¬Ľ, firm√≥ la cr√≥nica. Celo tan importante para la fiesta y su validez. Faltaba muy poco para que fuera desplazado por la graciosa entrega y la apasionada huida de muchos de los toros de nuestro pa√≠s. Disculpar√° usted, maestro Alameda, el uso inverso de su frase.

Al a√Īo siguiente, el 1 de mayo, se dio la corrida por el noventa aniversario de la fundaci√≥n de la ganader√≠a. As√≠ la rese√Ī√≥ Exc√©lsior:

Brillante faena de Joselito fue premiada con una oreja. Grandes trasteos de Dos Santos pasaron incomprendidos. ¬ęEl Ranchero¬Ľ Aguilar dio una vuelta al ruedo en su primero. Justamente ayer se celebraron los noventa a√Īos del nacimiento de tan ilustre vacada. Ayer, todos embistieron con fuerza. Por su calidad, nobleza y gran estilo fue ovacionado en el arrastre el cuarto ¬ęCampeador¬Ľ y fue muy bueno el sexto ¬ęCampi√Īo¬Ľ, con el que realiz√≥ alegre y pl√°stica faena el poblano Huerta.

Las dos √ļltimas tardes triunfales antes del exilio de Piedras Negras de la gran cazuela, tuvieron nueve a√Īos de distancia entre s√≠: el 5 de junio de 1960 y el 11 de abril de 1969. En la primera alternaron Procuna, Rodr√≠guez y Huerta; Rafael cort√≥ dos orejas al segundo de la tarde:

¬ęCaminante¬Ľ, negro, con 440 kilos, al cual le sac√≥ ¬ęderechazos primorosos y apretados que fren√©ticamente premi√≥ la multitud. Rafael dibuj√≥ naturales eternos en c√°mara lenta, haciendo el c√≠rculo, con un aguante y una pupila que encendieron el c√≠rculo del fuego de la admiraci√≥n en el grader√≠o. ¬ęJoselito¬Ľ, muy tranquilo, muy puesto y vertical da derechazos mandones, aguantando las fuertes embestidas del tlaxcalteca que se revuelve en un palmo de terreno. Entre m√ļsica y ol√©s sigue ¬ęJoselito¬Ľ por naturales, adornos del mejor gusto. El rabo.

Procuna se llev√≥ una fuerte cornada: ¬ęel Berrendito de San Juan¬Ľ no es un alba√Īil del toreo, ni un bur√≥crata rutinario y puntual. Como Rafael G√≥mez, como ¬ęCagancho¬Ľ, como ¬ęCurro Puya¬Ľ, no es un torero de receta, sino artista que no puede modelar la obra si no le viene la inspiraci√≥n indispensable. Marchoso como un gitano, supersticioso como un ¬ęcal√©¬Ľ puede cuando menos se piensa, volver al pedestal o salir de la plaza bajo una lluvia de almohadillas. Ayer se colg√≥ de los pitones y, a los gritos de ¬°torero!, ¬°torero!, fue llevado a la enfermer√≠a con las carnes desgarradas por los pitones de ¬ęPlateado¬Ľ de Piedras Negras.

Ambas rese√Īas son de Manuel Horta para Exc√©lsior, el 6 de junio de 1960.

La √ļltima tarde de Piedras Negras en el Toreo ‚Äďahora, de Cuatro Caminos‚Äď fue el 6 de marzo de 1966, con tres toros de La Laguna; estando en el cartel : Juan Ca√Īedo, a caballo y a pie, el Estudiante, Jos√© Fuentes, y Paco Pallar√©s. La ocasi√≥n fue de triunfo para estos dos. Fuentes cort√≥ la oreja a Danzante, al que tore√≥ con suavidad, cadencia y arte. La √ļltima oreja de Piedras Negras en su plaza.

La √ļltima gran tarde de Ra√ļl en M√©xico es de la mano de Curro Rivera. El Exc√©lsior, del 21 de abril de 1969 se detalla la tarde:

Orejas, rabo y estoque de oro para ¬ęCurro¬Ľ Rivera. Mauro Liceaga se llev√≥ dos ap√©ndices, y ¬ęArmillita¬Ľ otro. Los toros de Piedras Negras propiciaron el √©xito. Aunque los dos primeros toros manifestaron debilidad de remos y acabaron con poco gas, en general, el encierro de Piedras Negras propici√≥ el √©xito que alcanz√≥ esta corrida y don Ra√ļl Gonz√°lez merece los parabienes de los aficionados. Present√≥ un lote fino, parejo, de buen peso y precioso. Seis ejemplares c√°rdenos, de la misma pinta de aquellos ocho memorables piedrenegrinos, de los que se sigue hablando despu√©s de m√°s de nueve lustros. Todos los que vimos ayer fueron bravos, empujaron con codicia en varas y en su mayor√≠a, resultaron nobles en el tercio final, destacando el tercero, ¬ęAbejorro¬Ľ, el encastado ¬ęPescador¬Ľ, que ocup√≥ el quinto lugar, y especialmente el sexto, bautizado como ¬ęSoy de Seda¬Ľ, extraordinario por su bravura, alegr√≠a y estilo, siendo premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Con el cuarto de la tarde, ¬ęAlamar¬Ľ de nombre, se anot√≥ un nuevo triunfo Manolo Espinosa. Entendi√≥ a su enemigo y lo tore√≥ con tacto, con notable acierto, para conservarlo y poder sacarle el mayor partido posible. Lig√≥ los derechazos que fueron en creciente tono de brillantez y calidad. Hubo mando, limpieza y hondura en sus naturales que hicieron caer sombreros a la arena. Los repiti√≥ citando de frente. Pincha a un tiempo y una estocada hasta la gamuza, enmedio de una algarab√≠a indescriptible. Con ¬ęSoy de Seda¬Ľ, el magn√≠fico y noble sexto ejemplar de Piedras Negras, ¬ęCurro¬Ľ Rivera se convirti√≥ en el ganador del trofeo en disputa... Una faena de esc√°ndalo, con cites de largo, con adornos de los suyos, con muletazos prolongados, sentidos, saturados de juvenil alegr√≠a, de personalidad, de contagioso entusiasmo. Derechazos enrosc√°ndose al toro, el trincherazo, naturales a ritmo lento y prolongado, cambio por la espalda. Arte, pinturer√≠a y gracia. Dos orejas y rabo. Y el ganadero de Piedras Negras, don Ra√ļl Gonz√°lez, particip√≥ merecidamente del triunfo, dando la vuelta al ruedo.

El toro fue premiado por la casa Domecq como el mejor de la temporada. Con la tecnolog√≠a actual es muy f√°cil acceder a videos de muchas faenas hist√≥ricas. Yo vi a Soy de Seda. Faena exacta, sin un pase de m√°s ni de menos, minutos muy intensos y el √ļltimo gran triunfo de Ra√ļl y la ganader√≠a en la capital.

En enero de 1970 matar√≠an en mano a mano √Āngel Teruel y Curro la √ļltima de esta casa, antes del primer gran par√©ntesis.

5. EL EXILIO

Veamos primero un poco de n√ļmeros de la plaza M√©xico, gracias al an√°lisis de Antonio Villanueva Lagar, publicado por Bibli√≥filos Taurinos de M√©xico en su Colecci√≥n de Lecturas Taurinas, La trayectoria ganadera en la Plaza M√©xico (1946-1999). En ese periodo, Piedras Negras lidi√≥ ciento noventa y un toros, y fue la s√©ptima ganader√≠a que m√°s bovinos envi√≥ al coso de Insurgentes. La Laguna ostenta el tercer lugar, con doscientos sesenta y tres toros lidiados, y Torrecilla el primero, con trescientos uno. Si reducimos el periodo de an√°lisis haciendo un corte en el a√Īo de 1972, La Laguna es la que m√°s lidi√≥, seguida por Torrecilla, Tequisquiapan, Coaxamalucan, y Piedras Negras est√° en quinto lugar. En los a√Īos que lidi√≥ con constancia en la M√©xico, solo la superaron en orejas cortadas Torrecilla que es la n√ļmero uno con 78 orejas y Tequisquiapan con 51. En cuanto a rabos es la tercera en la historia de la plaza con 8 rabos, rengl√≥n que encabeza de nuevo Torrecilla con 15 seguida de Pastej√©, que lidi√≥ muy poco, con 9. En toros de vuelta al ruedo San Mateo es la l√≠der de aquellos a√Īos con 6, seguida de Torrecilla con 5 y Piedras Negras con 4. En arrastres lentos, de nuevo en los a√Īos que lidi√≥ continuamente, es la n√ļmero uno con 11, seguida de Torrecilla con 7 y San Mateo con 6. ¬ŅQu√© pas√≥ en los siguientes a√Īos? Desde mi punto de vista, la fiesta pas√≥ de una pel√≠cula a colores, con matices, emociones, calidez y variedad, a una filmaci√≥n en blanco y negro. Semejante, llana, sin diferencias, que olvid√≥ su pasado heroico y tr√°gico, para convertirse en una igualdad pasmosa. Un blanco y negro, luminoso en muchas tardes, pero gris en muchas otras. Mon√≥tono. El toro que pidieron las figuras en la modernidad de la fiesta nos llev√≥ a este extremo, y la independencia real, absoluta, que hab√≠amos logrado, conquistada por toreros diferentes y toros de distinto comportamiento, tuvo como consecuencia la tiran√≠a de la homogeneidad. Hab√≠an desaparecido las ganader√≠as de encaste Parlad√©-Murube. La Punta y Pastej√© dejaron de existir ante la exigencia de bajar la casta y la edad de los toros. Paco Madrazo prefiri√≥ matarlos que traicionar su concepto. Piedras Negras y la propia San Mateo se quedaron solas en el mar de la bravura. Cada una con su forma, concepto y comportamiento. El mismo que hab√≠an tenido siempre y que las hizo distintas aun proviniendo de la misma sangre: Saltillo. En las plazas se distingu√≠an sin duda una de la otra, e incre√≠blemente tambi√©n de sus hermanas, Torrecilla y La Laguna. La selecci√≥n de cada casa era con notoriedad perceptible en el ruedo. Los toreros lo sab√≠an y escog√≠an sus preferidas. La similitud quit√≥ la variedad y la emoci√≥n distinta que permit√≠a triunfos al valor y la genialidad, al poder y al arte, dejando las posibilidades de √©xito √ļnicamente a quienes ‚Äďganader√≠as y toreros‚Äď cab√≠an en la simetr√≠a de las faenas modernas. No hab√≠a conciliaci√≥n posible. Igualarse o morir. O buscar mantener por sobre el valor comercial y la sanidad financiera de las ganader√≠as un concepto vivo en ahora ya tres siglos: la bravura. Piedras Negras lo mantuvo y se aisl√≥. San Mateo sigui√≥ siendo fuente de bravura para otras casas, sin embargo, su presencia en las plazas disminuy√≥.

La faena de Mariano Ramos a Timbalero de Piedras Negras el 21 de marzo de 1982 representa hoy una faena de culto; si hubiera sido todav√≠a en la d√©cada de los cincuenta no tendr√≠a la relevancia hist√≥rica que tiene hoy. ¬ŅQu√© pas√≥ esa tarde? Piedras Negras ten√≠a m√°s de diez a√Īos de no lidiar en M√©xico, a excepci√≥n de la tarde del 11 de enero de 1981, en la que Pepe Luis Vargas cort√≥ una oreja al toro de su confirmaci√≥n por una muy buena estocada, y Curro Rivera y Mariano Ramos desorejaron al tercero y al cuarto. Esa tarde, la de Timbalero ‚Äďdice Francisco Lazo, cronista del diario Esto‚Äď: Mariano ¬ęuni√≥ de manera brillante el toreo de ayer y hoy. Una lidia a sangre y fuego. Un toreo temerario pero lleno de belleza y emoci√≥n¬Ľ. Eso fue lo que pas√≥. Timbalero logr√≥ llevar a la plaza no solo la belleza que sin duda hab√≠a en el blanco y negro nacional, sino el color de la emoci√≥n que da el peligro, el peligro que emana de la bravura cuando esta no se va solo por el camino de la nobleza. Cuando se manifiestan la fiereza, la casta que adem√°s, debe tener la bravura como expresi√≥n m√°xima de las dos cualidades juntas. Nobleza y acometividad constante, con la latencia inequ√≠voca de la tragedia, si el lidiador, el torero, el artista, no resuelve el misterio adecuadamente. Contin√ļa Lazo:

¬ęTimbalero¬Ľ ten√≠a mucho sentido y poder, que le daba su edad, lo que fue incrementando mientras avanzaba la faena. Bravo pele√≥ en la caballer√≠a, queri√©ndose ir en el primer puyazo, pero volviendo pronto a pegarse al peto, a empujar a despecho de la herida. Arremeti√≥ con fuerza a los capotes y Mariano le lig√≥ siete lances entre ver√≥nicas y mandiles, para rematar en el centro del anillo. Con la muleta desarroll√≥ pronto sentido, mucho, ligado a la aspereza natural de su temperamento. Probaba y buscaba embistiendo, que no es lo mismo que pasando solamente.

La gente ve√≠a, despu√©s de muchos a√Īos y para algunos por primera vez, un toro con muchos defectos, pero embistiendo, atacando, acometiendo, no dejando en la est√©tica del torero toda la responsabilidad de la creaci√≥n de la obra. Esos toros del blanco y negro tambi√©n tienen la capacidad de descubrir a quienes no tienen la solvencia para resolver el problema que plantea la monoton√≠a.

Luego se quedaba por las espinillas y tiraba el derrote o se iba de plano sobre el torero, ignorando la muleta. Era un mal p√°jaro para lidiar y matar r√°pidamente adem√°s. Mariano le dio primeramente pases para medir el viaje. Le pas√≥ luego en ayudados y al tercero ten√≠a por el cuello los pitones de ¬ęTimbalero¬Ľ. Se dobl√≥ entonces, tres, cuatro veces en breve lidia para no quebrantarlo del todo y con tal maestr√≠a que corrigi√≥ uno de los peores defectos que no fue resuelto en la puya: el alzar la cabeza constantemente. De ah√≠ pas√≥ Mariano a ligar una serie de naturales con mucho temple y de tal ejecuci√≥n que resultaron art√≠sticos, solo que no se entregaba el toro y volv√≠a a las andanzas, prob√≥n.

No he querido quitar una palabra a la cr√≥nica, porque de estas faenas, de los setenta para ac√°, hay muy pocas. Al p√ļblico se le priv√≥ de este espect√°culo y del que tambi√©n dieron los toros de esta casa cuando sal√≠an con todas las cualidades propias de su selecci√≥n y encaste, no solo con la cantidad completa de defectos que tuvo Timbalero.

Nuevos muletazos de castigo para volverle a sacar ayudados tersos, en series de dos o tres emocionantes por el peligro constante de la res que se revolv√≠a y peleaba descompuesta. Y todo eso entre el tercio y los medios, all√≠ donde ¬ęTimbalero¬Ľ se sent√≠a m√°s a gusto y donde Mariano hac√≠a alarde de valor dando mayor relieve a su faena. En el centro del ruedo entr√≥ a herir, dejando tres cuartos de acero en todo lo alto que hizo bambolear de inmediato al toro, que se aferraba a la vida y a√ļn busc√≥ al hombre vestido de luces para caer espectacularmente. L√≥pez Anaya otorg√≥ una oreja. La deposit√≥ Mariano en la arena.

Esta faena la recuerdo v√≠vidamente, fue la primera en mi vida de aficionado en la que vi un hacer distinto. La bronca al juez no la comprend√≠a. ¬ęSi no tore√≥ bonito, si no tore√≥ como siempre ‚Äďpensaba yo y lo comentaba con Oscar Meade, con quien disfrut√© esa y muchas tardes‚Äď, ¬°no entienden nada, ni el juez, ni el p√ļblico! ¬°La faena es hist√≥rica! ‚Äďdec√≠a molesto mi gran amigo despu√©s de la corrida¬Ľ. Y as√≠ fue, mi querido Oscar, hoy se cantan las historias de Timbalero y Mariano, porque son las que m√°s cerca quedan de esas tardes, donde la emoci√≥n, la t√©cnica y el valor ten√≠an la misma relevancia que la simetr√≠a exacta y mon√≥tona de la fiesta en blanco y negro.

En 1983, Ra√ļl lidi√≥ una corrida m√°s. Y no volvi√≥ sino hasta 1995 con dos corridas, las √ļltimas que llevar√≠a a la plaza grande.

David Silveti y Miguel Espinosa Armillita, decidieron matar una corrida de Piedras Negras en un gesto de honor a sus apellidos, a sus dinastías.

Los toros de Piedras Negras provocaron expectaci√≥n, de eso no hay duda; no se comieron a nadie. Sin embargo, el inter√©s en volver a ver esta famosa divisa tlaxcalteca, con colores rojo y negro y propiedad de Ra√ļl Gonz√°lez, queda [de] manifiesto en el casi lleno que registr√≥ el coso de Insurgentes. La memoria colectiva no olvida. El grueso del p√ļblico nos dio la impresi√≥n, llevaba otra idea en la mente de que los bureles se iban a comer a los toreros. No fue as√≠, reiteramos.

As√≠ inicia la cr√≥nica de Guillermo Salas para El Universal, de la corrida del d√≠a 15 de enero de 1995. Oscar Higares, que completaba el cartel, cort√≥ una oreja por una estocada y el p√ļblico estuvo en extremo duro con los mexicanos. Recuerdo que la corrida camin√≥ toda, con poca emoci√≥n, sin la dureza esperada y esto puso a la plaza en contra de David y Miguel, quienes pagaron el costo de la ¬ęigualidad¬Ľ de tantos a√Īos. La gente quer√≠a guerra y emoci√≥n, y seguro estoy de que ellos dos la hubieran dado, pero esta tarde los piedras dijeron: ¬ęno hay¬Ľ.

Dos meses despu√©s se lidiaron los hermanos de camada de estos, solo que m√°s hechos, m√°s ofensivos y con otro comportamiento. Cosas de la vida o de los veedores. Humberto Flores, Eulalio L√≥pez Zotoluco y Rafael Ortega, con Eduardo Funtanet, por delante, conformaron el √ļltimo cartel de Piedras Negras en la M√©xico el 5 de marzo de 1995. Flores cort√≥ la oreja de Flor de N√°car, lidiado en cuarto lugar, toro muy en tipo de la casa y el mejor de la tarde.

Con Arturo Gilio y Reportero, toro de regalo, se cerró el brillante historial de esta casa en la México. El de Torreón hizo una faena alegre, con muletazos estupendos, y cortó una oreja.

Este es el recorrido, de Nacarillo a Reportero. Ciento noventa y un toros lidiados en la gran plaza, a donde la rojinegra no va desde ese a√Īo, hace ya diecinueve.

Me he concentrado en las cr√≥nicas de la Ciudad de M√©xico, y me qued√© con muchas cosas en el archivo. Sin embargo quisiera tan solo recordar la tarde de gran √©xito en Colombia, la tarde que all√° llamaron ¬ęla corrida del siglo¬Ľ. La cr√≥nica, que transcribo, casi √≠ntegra, es de Jos√© Arturo D√≠az Reyes:

Ca√Īaveralejo, 1¬ļ de enero de 1972, sol, calor y lleno. Siete toros mexicanos de Piedras Negras; 7¬ļ regalo, en Saltillo, nobles y bravos todos; indultados 1¬ļ y 6¬ļ, ¬ęPostinero¬Ľ y ¬ęPluma Blanca¬Ľ, vuelta para 3¬ļ y 4¬ļ, los otros tres ovacionados. Pepe C√°ceres, dos orejas y dos orejas simb√≥licas. Palomo Linares, oreja, palmas y dos orejas en el de regalo. Eloy Cavazos, oreja, con fuerte petici√≥n de otra, y dos orejas simb√≥licas.

Pepe C√°ceres. No brind√≥. Al p√ļblico se le hab√≠a ido pasando el rencor, pero al parecer a √©l no. Sin pre√°mbulos, en el tercio, de frente se cruz√≥ con el toro, erguido, lo cit√≥ de una vez por naturales, nada de pases de tanteo, con la espada en la derecha, tras el cuerpo y la izquierda por delante balanceando el estaquillador en la punta de los dedos, estremeci√≥ el trapo y el animal se arranc√≥ tras √©l a galope, y lo sigui√≥, y lo sigui√≥, y lo sigui√≥ codicioso, pero sin tocarlo. Solo girando sobre su pie derecho clavado a la arena como la punta de un comp√°s, Pepe dio veinti√ļn naturales bajos, cargados, lentos, largos, majestuosos, ligados en tres tandas de siete, sin enmendar el terreno y todas tres rematadas con el forzado de pecho pa'dentro. Despu√©s de la primera, casi todo el p√ļblico olvid√≥ los agravios, la bronca, el pasado y la sinraz√≥n. La banda de m√ļsicos, alebrestada, suspendi√≥ el pasodoble y sopl√≥, a todo pulm√≥n, el ¬ęBunde tolimense¬Ľ.

Sol general pel√≥ el cobre del nacionalismo y la plaza vibr√≥, tras cada pase, con ol√©s retumbantes. Pepe no levant√≥ la mirada, no sonri√≥, solos el toro y √©l se trenzaron en una brega en la que uno no paraba de embestir y el otro no paraba de cargar las suertes de su largo repertorio. La faena sigui√≥, ¬ęin crescendo¬Ľ, m√°s all√° del reglamento. El p√ļblico comenz√≥ a pedir indulto, la cosa continuaba, la petici√≥n se generaliz√≥, discusiones en el palco presidencial; ¬Ņperd√≥n o aviso? Apremios en el callej√≥n y en el tendido, pa√Īuelos blancos, griter√≠o. El indulto para ¬ęPostinero¬Ľ. S√≠. Apoteosis. Las dos orejas simb√≥licas, la locura del p√ļblico. Entre clamor y m√ļsica, √©l, camin√≥ ceremonioso, frente a la barrera se inclin√≥, recogi√≥ mi sombrero, y sigui√≥ con √©l en la mano, dando la vuelta despacito, en medio de aplausos, flores, prendas, y gritos de ¬°torero! ¬°torero! Sin alardes, sin concesiones, tan enfurru√Īado como sus recalcitrantes detractores que rumiaban amargura objetando el triunfo.

Con el cuarto, ¬ęSoy de seda¬Ľ, Pepe arras√≥ a sus malquerientes, crecido, tore√≥ m√°s y m√°s, para s√≠, soberbio y jaleado mostrando la casta del animal. Repiti√≥ su apoteosis del primero y aunque no hubo indulto, con capa y muleta, esculpi√≥ una obra de arte, en esa piedra del clasicismo sobre la que hab√≠a levantado el credo ¬ęcacerista¬Ľ. Remat√≥ con estocada perfecta, como pocas veces, que le vali√≥ las dos orejas y dos vueltas al ruedo. Pero ni as√≠ se content√≥ con sus malquerientes.

Eloy Cavazos, diminuto con su toreo barroco, alegre y tan mejicano, puso la plaza pata arriba, hizo sonar los corridos rancheros, en medio de furiosa petición de dos orejas recibió solo una, que tiró al suelo, y arrancó ruidosa vuelta al ruedo por el otro lado.

Euf√≥rico, se super√≥ a s√≠ mismo con el quinto, ¬ęPluma Banca¬Ľ, brav√≠simo, motivando su indulto para recibir trofeos simb√≥licos en medio del delirio, los sones de ¬ęAdelita¬Ľ y el coro ¬°M√©jico! ¬°M√©jico!

Palomo Linares, capaz de cualquier cosa por no dejarse ganar, arm√≥ un esc√°ndalo con su toreo valiente, tremendista, de rodillas, de desplantes, pero con la espada malogr√≥ la faena del tercero. El √≠dolo de la grey palomista, que tantos feligreses apacienta en Cali, picado, vehemente al ver que en un cartel trinacional, Espa√Īa, representada por √©l, quedaba en minusval√≠a, se arrim√≥ como un poseso y arriesg√≥ todo en el sexto, para terminar, otra vez, tardando con el estoque y recibir solo una oreja. Con desesperaci√≥n pide otra oportunidad y permiso para lidiar el sobrero que, fiero, parte plaza y remata contra el burladero arranc√°ndose el pit√≥n derecho por la cepa.

Frustraci√≥n y rabia. Definitivamente no estaba de suerte Sebasti√°n. En gesto de hombr√≠a hace toda la faena a mil√≠metros del indemne pit√≥n izquierdo, el trasteo es impecable, pero la estampa del toro, con la cara y el mu√Ī√≥n del cuerno ensangrentados, impide que haya emoci√≥n diferente a la compasi√≥n por el animal. Mata en sitio, y recibe dos orejas del maltrecho.

De los siete c√°rdenos Piedras Negras que abrieron el a√Īo, tres fueron aplaudidos en el arrastre, dos dieron la vuelta al ruedo y dos se fueron indultados. Como en los viejos carteles: 7 toro bravos, 7.

Cavazos fue poco afecto a matar toros de la rojinegra. En toda su vida de torero tan solo mat√≥ veintisiete toros entre los m√°s de dos mil que lleg√≥ a estoquear. Al lado de Manolo Mart√≠nez, quien en su carrera mat√≥ treinta y nueve ejemplares de esta casa, y de Curro Rivera, que √ļnicamente mat√≥ doce, fueron factor principal del exilio de la casa de las principales plazas. Los tres baluartes de la √©poca moderna del toreo en M√©xico.

6. LOS √öLTIMOS A√ĎOS Y EL FUTURO

Hemos llegado al final del viaje a través de los carteles y las crónicas con corridas de esta casa que ha estado viva y en manos de los González al paso de tres siglos. En ellas hemos podido leer el desarrollo de la fiesta en México, de la cual Piedras Negras ha sido integrante fundamental. Hemos hablado de todas las figuras de cada época; encontramos descripciones maravillosas que claramente reflejan los distintos momentos del toreo, su ejecución y la valoración del toro.

La ausencia de Piedras Negras en las plazas de la capital en los √ļltimos veinte a√Īos no la podemos obviar. Los toreros mexicanos de la √©poca moderna marcaron con claridad gustos y preferencias, adem√°s de que la independencia taurina lograda en los a√Īos treinta, y sostenida hasta la retirada de Manolo Mart√≠nez, se fue perdiendo poco a poco, siendo los toreros espa√Īoles una necesidad imperiosa para llenar la plaza o al menos para generar una buena entrada. La figura espa√Īola no viene ya a hacer temporada. Se contrata por una o dos corridas en la M√©xico y, excepcionalmente, algunos matadores de gran im√°n taquillero firman algunas tardes en cosos de importancia en el pa√≠s. No existe una rivalidad cara a cara con ellos, pues no hemos tenido quien tenga la fuerza en los despachos, que emana de la taquilla, para tratar de imponer alguna condici√≥n en los enfrentamientos. Y los espa√Īoles ni tienen por qu√©, ni quieren buscar en el campo un toro con un comportamiento distinto que brinde otro tipo de espect√°culo; y los mexicanos, a su sombra, se han ido acomodando. Hoy, Joselito Adame, Arturo Sald√≠var, Diego Silveti, Juan Pablo S√°nchez, integrantes de nuestra nueva generaci√≥n de toreros, est√°n haciendo alg√ļn intento por lidiar corridas de ganader√≠as de encaste Parlad√©, que volvi√≥ a M√©xico a finales de los a√Īos noventa, como un contrapeso o como una gesta para diferenciarse de quienes hoy mandan en M√©xico. Pero tampoco ellos han volteado al encaste de Piedras Negras. ¬ŅTendr√≠a alg√ļn sentido? ¬°Claro que s√≠! Las √ļltimas dos corridas lidiadas por Ra√ļl en 1995 demostraron en la taquilla que hay inter√©s por ver este tipo de toros. Los triunfos logrados en provincia en los √ļltimos a√Īos lo justifican. El nombre y la historia no se olvidan. El p√ļblico los ver√≠a con gusto, y admirar√≠a sin duda a nuestra primera l√≠nea, si los enfrentara en la gran plaza. Sin embargo, la leyenda entre los toreros sigue pesando y estos no la piden. Ya no existen vetos derivados de luchas entre ganaderos, eso se perdi√≥ hace muchos a√Īos con la multiplicaci√≥n de las ganader√≠as, donde en muchos casos, el objetivo puramente arrogante es, para algunos ganaderos, lidiar en M√©xico con una figura espa√Īola en el cartel, en b√ļsqueda de obtener, como dir√≠a mi amigo Ramiro Alatorre Rivero, ¬ęuna importancia muy mediocre¬Ľ.

En los a√Īos de Marco Antonio Gonz√°lez ha habido tardes muy importantes en Guadalajara. De la del 16 de marzo de 1997, apunta el estricto cr√≠tico Francisco Baruqui lo siguiente:

Piedras Negras ha venido a Guadalajara con una corrida de toros; y entre estos toros, los de m√°s peso, sobrepasando todos los 500 kilos, acusaron condiciones de excepci√≥n para brindar la posibilidad de triunfo. Encierro que cumpli√≥ en caballos, metiendo los ri√Īones y empujando con enjundia al penco, cuando severamente castigados, hay que ver la sangre que se les hizo, llegaron al √ļltimo tercio con nobleza, clase y recorrido y estilo de primera. Destaco por sobre todos los √ļltimos cuatro, y por sobre de ellos ese extraordinario quinto, un toro de vacas que por su fijeza y bravura recibi√≥ los honores del arrastre lento. Mi enhorabuena al criador de la divisa rojo y negra que con una tradici√≥n hist√≥rica y en una plaza del fuste de la tapat√≠a vuelve por sus fueros, y a reverdecer viejas glorias... ¬°Hay figurillas que repudian los piedrenegrinos acostumbrados al becerrote afeitado! Pepe Murillo, Arturo D√≠az ¬ęel Coyo¬Ľ y Carlos Alberto Barbosa alternaron esa tarde, cuya cr√≥nica se titula: ¬ęPiedras Negras por sus fueros¬Ľ.

Baruqui lo anota exacto. Simplemente el toro de Piedras Negras no estaba en el camino de los toreros de ese momento.

Tres a√Īos despu√©s, con el indulto de Forjador, de manos de Rafael Ortega, el 5 de noviembre del a√Īo 2000, Piedras Negras volvi√≥ a triunfar en el coso construido por Leodegario Hern√°ndez. Faena de la que Baruqui escribi√≥ en El Informador:

El piedrenegrino tuvo nobleza, calidad, fijeza y buen estilo, estando muy por encima de su toreador, que no matador, pero sin entregarse a fondo en el caballo, llegando a la muleta por un solo lado, el derecho, cuando por el izquierdo no se empleaba, habría sido justo reconocimiento a sus condiciones un arrastre lento y hasta extremosamente la vuelta al ruedo, pero de eso a indultar...

Estos √©xitos no tuvieron repercusi√≥n. En los a√Īos recientes, triunfos inobjetables en Tlaxcala con toros verdaderamente bravos adecuados a las faenas de hoy no han sido suficientes para que nuestra torer√≠a los pida. Hace unos d√≠as vi en Santa Ana Chiautempan el indulto de Joronguito, un toro bravo y noble que formaba parte de un lote que hubiera sido de triunfo en cualquier plaza del pa√≠s, por su trap√≠o, edad y comportamiento, como lo fue tambi√©n el de hace dos a√Īos en San Francisco Ixtacamaxtitl√°n. Pero esas plazas no son la M√©xico.

Al paso de tres siglos, desde el a√Īo de 1882 en que encontr√© la primera corrida anunciada en el √°rea de la capital, Piedras Negras mand√≥ a las plazas de la Ciudad de M√©xico: mil cuatrocientos cincuenta y cuatro toros y seiscientos ochenta novillos; dos mil ciento treinta y cuatro machos, cantidad que, creo, ninguna otra casa alcanzar√° en la historia. De los toros lidiados tengo en mi archivo las fechas, los carteles y casi todas las cr√≥nicas. El dato de los novillos lo obtuve de la mejor investigaci√≥n que existe respecto sobre la historia del toreo en M√©xico, que es la de don Heriberto Lanfranchi; maestro a quien se le debe un gran homenaje. Desde aqu√≠ mi agradecimiento y admiraci√≥n.

Piedras Negras es una ganader√≠a muy corta, muy seleccionada, como lo son las otras pocas que mantienen en pureza la sangre original: De Haro, Xalmonto, Tepeyahualco, Gonzalo Iturbe, Javier Iturbe y Tenexac. Y si revisamos los resultados de las √ļltimas corridas de estas ganader√≠as, confirmar√≠amos que el encaste est√° vivo y a la altura de cualquiera otra. Sin embargo, la bravura complica todo. Transcribo parte de una conferencia de Antonio de Haro en el a√Īo 2013, en la ciudad de Puebla, donde quedan claros varios conceptos que se integran o complementan perfectamente con los expresados por Lub√≠n y por su abuelo, Viliulfo, ochenta a√Īos atr√°s:

En la actualidad y por parad√≥jico que parezca, el verdadero toro bravo se ha convertido en el principal enemigo de la fiesta brava, porque cuando este aparece en las plazas se acaba el actual negocio en el que se encuentra soterrada la tauromaquia nacional. La bravura es el √ļnico elemento que debe prevalecer intacto en la tauromaquia del pa√≠s.

Por desgracia, en la fiesta taurina en M√©xico, esa caracter√≠stica de la bravura en el principal actor del toreo se ha reducido a su m√≠nima expresi√≥n y ello tiene dos motivos y una simple justificaci√≥n: el negocio y la comodidad, que llevan a desembocar en las ganancias econ√≥micas. Cuando sale el toro verdaderamente bravo se acaba todo, incluso el torero, porque algunos toros bravos han acabado por retirar a uno que otro torero. Mientras el toro es m√°s bravo tambi√©n el caballo es m√°s grande, el peto es m√°s gordo y la puya m√°s larga y gruesa, las trampas de los picadores se pulen. El toro bravo es un mal para la fiesta, porque ojal√° saliera el toro mansito que con un pellizco est√° listo para ser lidiado, pero eso no es la esencia de la fiesta, no hay emoci√≥n. A lo largo de los √ļltimos a√Īos, los empresarios y la gente del toro han llevado a reducir al m√≠nimo la bravura de los toros, con la finalidad de que les redit√ļe mayores dividendos, porque, cuando hay un astado bravo, los m√©dicos trabajan m√°s, se necesitan pagar m√°s p√≥lizas de seguros, necesitan asegurar la existencia de quir√≥fanos, y eso es dinero. Pero tambi√©n los profesionales, o mejor dicho los que viven de la fiesta brava, cuando el toro bravo aparece en las arenas, la pasan mal, ya que las cuadrillas (subalternos, picadores, monosabios) sufren m√°s, y lidian peor; cuando est√°n con novilleros o j√≥venes que apenas empiezan, los peones transmiten pavor, la pasan mal. Entonces el toro bravo se convierte en un mal para la fiesta, hasta maldicen: ¬°pinche bravura! Mientras m√°s bravo es el toro hay menos orejas, hay menos triunfos, pero cuando los hay, son contundentes y de lanzallamas. La bravura desgasta. Por ello, la bravura es un mal para la fiesta, porque no hay negocio, hay m√°s exigencia. Es preferible la bravura y la integridad de los astados por encima de lo comercial, aunque eso represente no vender, no vivir de esto y que nos cueste mucho dinero, pero esto es un gusto, una vocaci√≥n.

Sin embargo, no todo est√° perdido y en ese t√ļnel de la monoton√≠a del toro que se le ha llegado a etiquetar como ¬ęmanso menso¬Ľ, hay una luz, centrada en esa esencia llamada bravura.

No hemos perdido la batalla, porque si bien la bravura en el toro es un mal para la fiesta, este mal es necesario, porque es esencial para su subsistencia.

Lo más importante en una plaza es la transmisión y la emoción y eso lo da la bravura; cuando hay la sensación en el ruedo de que algo importante va a pasar, la gente queda impregnada y regresa, lo que no ocurre en otro espectáculo. Por eso hay que regresar a la esencia de la fiesta del toro que es la emoción, y esa sólo la da la bravura, aunque con ello acabemos con las carreras de algunos toreros o personajes que viven de esto.

Pocos se atreven a expresarlo as√≠, adem√°s de respaldarlo con el comportamiento de sus toros en la plaza. El resultado de esta verdad son los largos a√Īos en que estas casas no han ido a la Ciudad de M√©xico. Parece que los vientos cambian y los triunfos reiterados en provincia est√°n haciendo que los toreros y las empresas volteen hacia ac√°. Y tambi√©n la necesidad de los j√≥venes de obtener un triunfo resonante que valdr√≠a oro con toros de un encaste que mantiene su autenticidad original. Ya veremos...

Rematemos ahora la faena con el concepto de la bravura, que est√° presente en todas las cr√≥nicas que le√≠mos, con distinta expresi√≥n en cada √©poca. Ese concepto que aqu√≠ no se perdi√≥ y se sigue conservando. El del toro de Piedras Negras. Vamos a analizar la frase que hoy en d√≠a es bandera y ruta de Marco Antonio Gonz√°lez: ¬ę¬°La bravura por delante!¬Ľ.

IV. ¬ę ¬°LA BRAVURA POR DELANTE!¬Ľ

A lo largo de estas l√≠neas hemos le√≠do cr√≥nicas de un periodo de m√°s de cien a√Īos, y en ellas podemos distinguir claramente el cambio en la apreciaci√≥n de la bravura en la medida en que el toreo ha evolucionado. Piedras Negras particip√≥ como actor principal en este cambio vivo y continuado, descrito en las cr√≥nicas de las corridas en las que se lidiaron toros criados por los Gonz√°lez en la capital de la Rep√ļblica.

Comenzamos con la fiesta donde en la suerte de varas se le exig√≠a al toro la acometividad suficiente para acudir al cite ocho o diez veces, en las cuales recib√≠a infinidad de lanzazos, sin recargar en ninguno de ellos. Se apreciaba la boyant√≠a del toro para ir una y otra vez a los montados, cuya mayor habilidad era la de ser buen jinete y saber apretar el brazo para defender la cabalgadura, no siempre con √©xito. El tercio de varas ten√≠a una duraci√≥n desproporcionada respecto al total de la lidia. Imaginemos el tiempo que se tardaban en llevar al caballo al burel, sacarlo, hacerle un quite o dos en algunas ocasiones, volverlo a poner, y as√≠ hasta diez veces en ciertos casos. Pero siempre, al menos en tres. Con la cantidad de caballos que mor√≠an se requer√≠a ir a los patios a montarse en otro jamelgo y volver a salir. La mayor parte de la lidia del toro se concentraba en este tercio. A continuaci√≥n ven√≠a el tercio de banderillas en el cual casi todos los toreros eran h√°biles y art√≠sticos exponentes y ante quienes el toro ten√≠a que seguir acometiendo. La faena de muleta era exclusivamente un momento para parar el toro y poder volcarse sobre √©l. Del torero: destreza, valor e inteligencia; del toro: pujanza y fiereza eran las cualidades m√°s apreciadas. En nuestro pa√≠s, en el toro poco aparec√≠an estas cualidades. Los criadores, todos, buscaron en sus hatos de ganado criollo aquellas reses que mostraran alg√ļn intento por atacar, pero al tiempo se dieron cuenta de que esto no iba a ser suficiente. Que la bravura, sin importar la √©poca en la que nos situemos, no es una condici√≥n natural. El instinto de ataque o la capacidad de defensa de cualquier animal dura hasta que se ve avasallado por su contrincante y el resultado final, al que se llega muy pronto, es la huida.

Había que buscar y encontrar el elemento que evitara la fuga del animal de la pelea que se le planteaba para lograr mantener la emoción a lo largo del espectáculo. Y esto se hacía cada vez más necesario, en la medida en que, de acuerdo a la evolución de las distintas tauromaquias, se dejaban de usar los pies y burlar al toro, para ahora usar los brazos para parar y templar la embestida.

En su primera etapa, Piedras Negras incorpor√≥ toros espa√Īoles a la ganader√≠a con el af√°n de buscar el poder y la constancia que da la casta. Y lo logr√≥ casi de inmediato en un entorno donde la mansedumbre abundaba. Sin embargo, lo importante de este paso para Piedras Negras fue fijar un concepto propio: el toro ten√≠a que ser bravo para el caballo, parte central del espect√°culo en la plaza. Y Jos√© Mar√≠a lo inici√≥ y lo logr√≥ en los primeros veinte a√Īos de cruza con ganado espa√Īol. Como vimos, tom√≥ mucho tiempo, pero consigui√≥ fijar esta condici√≥n. La bravura en los toros de la divisa de los Gonz√°lez fue reconocida de inmediato por la cr√≠tica, el p√ļblico y los matadores, por lo que en esos a√Īos iniciales, esta ganader√≠a fue sin duda la primera en el pa√≠s.

La evoluci√≥n en la ganader√≠a nacional no se detuvo, y la influencia de los toreros espa√Īoles, al entrar el siglo veinte, fue fundamental. Guerrita, que no vino a M√©xico, impuso en su tierra condiciones a los ganaderos, mismas que en mayor o menor medida se empezaron a aplicar en M√©xico, respecto a trap√≠o, encornadura, peso, edad y sobre todo, comportamiento. Pasamos de la etapa en que el toro determinaba las formas del toreo a la nueva, en la cual ser√° el toreo el que obligue la selecci√≥n del toro y su desarrollo futuro. La adaptaci√≥n inmediata y el buen manejo de la sangre de Saltillo, tanto en Zacatecas como en Tlaxcala, permiti√≥ que la b√ļsqueda de la bravura demandada por la propia fiesta, surgiera con relativa velocidad.

A mediados de los a√Īos veinte, que es cuando se dio la transformaci√≥n de la lidia en nuestro pa√≠s, los ganaderos mexicanos ya estaban listos para presentar el toro que el toreo necesitaba. Comenzaba la selecci√≥n de ejemplares para faenas m√°s largas, m√°s duras para el propio toro, que en poco tiempo, con la aparici√≥n del peto, tendr√≠a que pelear de firme durante toda la lidia, ya no tan solo acometer a los cites en m√ļltiples ocasiones y sin mayor entrega.

Pepe Alameda cita en su libro La Historia Verdadera de la Evoluci√≥n del Toreo un texto del Dr. Gregorio Mara√Īon: "A medida que se van formando y perfeccionando las ganader√≠as especiales de toros de lidia, el misterioso influjo de la especializaci√≥n se infiltra en los fen√≥menos de la herencia, y los toros y las vacas, toreados en los tentaderos seg√ļn un arte a trav√©s de generaciones, empiezan a engendrar cuadr√ļpedos astados, todav√≠a peligrosos, pero con reflejos previstos y, por lo tanto colaboradores con el diestro. Este proceso de colaboraci√≥n, ya no de pelea, culmina en la √©poca actual...Es posible ‚Äď es seguro ‚Äď que la belleza de los lances sea ahora mayor que nunca. Pero que una corrida de toros es ahora profundamente distinta de lo que antes era, no se puede dudar. El toro sabe ya su papel y ello disminuye, no solo el peligro, sino el rapto, la posibilidad de inspiraci√≥n del lidiador. Es un problema biol√≥gico, como el de las naranjas sin pepitas"

Piedras Negras mantuvo el concepto de la selecci√≥n con una base primordial en el comportamiento en el caballo. Lub√≠n se apeg√≥ al concepto planteado por Jos√© Mar√≠a, y aunque ya su hato ten√≠a en cantidad suficiente la casta y calidad que desarroll√≥ Saltillo, √©l no afloj√≥ en cuanto al concepto de bravura. No le cambia al toro la forma de ejecutar su papel, y deja la naranja con semillas. En el cap√≠tulo de la ganader√≠a hice una reflexi√≥n respecto a c√≥mo Lub√≠n no toreaba; quiz√° por eso no quiso cambiar en un √°pice el concepto de la fuerza y la acometividad con el caballo, argumento que se sustenta con la clara diferencia que hab√≠a con La Laguna, propiedad de su hermano Rom√°rico, en donde tanto √©l como sus hijos Viliulfo y Manuel fueron muy buenos toreros. No encuentro una raz√≥n de peso para que dos ganader√≠as fundadas casi con la misma sangre pudieran tener aristas tan distintas en la expresi√≥n art√≠stica de los toros, que no sea la selecci√≥n. Gonzalo Iturbe me hac√≠a hincapi√© que tambi√©n podr√≠a ser la influencia de los toros de Murube en Piedras Negras, como una infusi√≥n adicional de bravura, la cual se dio de forma diferente en Tepeyahualco, donde padrearon en ese tiempo toros de Saltillo e Ibarra. No he incluido cr√≥nicas de corridas de La Laguna, pero la diferencia es clara, y emana de la selecci√≥n que se llev√≥ a cabo en ambas casas, la cual se hizo desde un principio. Cuando Viliulfo qued√≥ al frente de las dos, busc√≥ y seleccion√≥ el toro que pudiera romper con m√°s nobleza en ambas casas. Con la emoci√≥n que da la casta. Con Piedras Negras tambi√©n logr√≥ reses de bravura integral. Ah√≠ est√°n las descripciones de los cronistas de toros que permitieron faenas hist√≥ricas, que no se hubieran dado si el principal protagonista no hubiera participado de acuerdo a los c√°nones vigentes en cada √©poca. Su mano se notar√≠a claramente en los siguientes a√Īos.

Buenos toreros, que además hayan sido ganaderos exitosos, hay muy pocos. José Miguel Arroyo Joselito, en su libro autobiográfico "Joselito El Verdadero" (Espasa, 2012), expresa varios conceptos muy interesantes sobre la bravura:

Mi experiencia al torear me ha servido para apreciar matices que se les suelen escapar a otros ganaderos, esos que solo sabe ver quien est√° delante de un animal. Aunque tambi√©n tengo que decir que los toreros, por la propia tensi√≥n de la lidia, muchas veces no sabemos apreciar el conjunto de la esencia del toro. Por eso, como ya conozco lo que se siente en la l√≠nea de fuego, ahora no toreo ninguna becerra en mis tentaderos. Desde fuera calibro mejor los ingredientes que necesito para el coctel de bravura que quiero conseguir. Mi toro ideal debe tener fijeza, es decir, concentrarse en la pelea, en el hombre y el trapo que tiene delante. Tiene que entregarse en las embestidas, descolgar su cuello, empujar con los ri√Īones y no parar de acometer. Y, sobre todo, debe tener un metro m√°s de recorrido al salir de cada pase. Ese es el toro que a m√≠ me gustaba torear y el que me gustar√≠a conseguir como ganadero. Pero tambi√©n busco que tenga un punto de fiereza, mayor agresividad de lo habitual. El toro enrazado, cuando obedece y embiste, ayuda a que con veinte muletazos el torero pueda formar un alboroto en la plaza. Para eso hay que estar muy seguro y muy firme, hacerle todas las cosas muy bien, pero en un espacio de tiempo muy ajustado.

Me parece que esta definici√≥n de Jos√© Miguel resume a la perfecci√≥n el cap√≠tulo de las cr√≥nicas de Piedras Negras en la plaza. Podr√≠amos haberla sacado del comportamiento de los piedrenegrinos, descrito por los periodistas. Con veinte muletazos al toro enrazado de esta casa, se lograron triunfos hist√≥ricos. Y contin√ļa el maestro diciendo:

En cambio, a ese otro toro que no molesta, como decimos los toreros, tienes que darle cincuenta pases y necesitas estar mucho más tiempo jugándotela con él para llegar a emocionar y cortarle una oreja como máximo, o dos, si eres un artista excelente. Me gusta el toro noble y colaborador, pero siempre que sea enrazado, porque esa condición evita la demoledora sensación en el espectador de que él mismo sería capaz de bajar al ruedo. El toro bravo de verdad aumenta la admiración por el torero que imprime ese carácter y esa emoción que nunca han de perderse en este espectáculo.

Todos estos son conceptos muy completos que se apreciaban desde tiempo atr√°s.

Para los a√Īos treinta, el toro ten√≠a que ser observado en los tres tercios de la lidia y cumplir, yendo a m√°s en todos ellos. De ah√≠ en adelante, la base del concepto de Viliulfo y sus descendientes al frente de Piedras Negras era que el toro embistiera. Podemos rebuscarnos en conceptos filos√≥ficos y literarios complejos, pero al final, el toro tiene que embestir, que no es sin√≥nimo de pasar. El toro que anda, deambula, circula, no es el que embiste, el que con bravura acomete. El toro necesita otra aportaci√≥n: la que da la casta. El curso de la fiesta contin√ļa, y con √©l la transformaci√≥n del toro.

A partir de los a√Īos cincuenta, retirados Armillita y Ortega, la fiesta dio un giro de ciento ochenta grados. Del interminable primer tercio, se pas√≥ ahora a su casi extinci√≥n. Los reglamentos cambiaron y el tercio de varas comenz√≥ su rumbo al mono puyazo actual. Los tumbos, hasta ese momento frecuentes, se dan ya muy poco; el toro, mejor criado, mejor preparado para la lucha tanto gen√©tica como f√≠sicamente, pierde poder. Aunque crece en su volumen, pierde la fuerza que le daba una casta m√°s concentrada. Entonces, la selecci√≥n cambi√≥ al toro orientado hacia el √ļltimo tercio de la lidia y en la lidia misma se cuida para este: hacia el concepto de bravura al que se refiere Jos√© Miguel Arroyo. Por lo mismo, los quites dejaron de serlo, y se transformaron en art√≠sticas ejecuciones de los lances de anta√Īo, desapareciendo poco a poco la mayor√≠a de ellos. De la infinidad creativa de los diestros y la importancia f√≠sica con riesgo de un quite, el primer tercio se ancl√≥ en muy pocas suertes. El tercio de banderillas, √ļnica suerte sin cambio en toda la historia del toreo, pas√≥ a ser ejecutado cada vez m√°s por las cuadrillas, de forma normalmente ineficiente. Siguieron naciendo grandes toreros que banderilleaban, pero ya no lo hac√≠an todos. As√≠, el primer tercio, largo y variado, con muchos puyazos, quites y lucimiento en banderillas, se redujo en tiempo y en riqueza taurina, por lo que ahora, de ser m√°s de la mitad de la faena del toro, se volvi√≥, si mucho, en una quinta parte.

El centro de la fiesta es ahora la faena de muleta, por lo que el toro suave es el que piden los toreros y buscan muchos ganaderos, con el riesgo de que el animal siempre est√© a dos pasos de perder la bravura. A cinco minutos. Las casas ganaderas que cuentan con profundidad, con selecci√≥n, con simiente cuidado y variado, pueden mantenerse cerca de este peligroso abismo sin caer en √©l; sin embargo, la multiplicaci√≥n de las ganader√≠as hizo que muchas se fueran al barranco de la mansedumbre. A partir de los a√Īos ochenta, este es el toro que en nuestro pa√≠s se cr√≠a cada vez m√°s y m√°s.

En su libro, La m√ļsica callada del toreo (Turner, 1994), escribe Jos√© Bergam√≠n:

Es indudable que si los toros no embistieran no habr√≠a toreo posible y que todo el arte de torear no hubiera existido. Sin embargo, ahora vemos salir al ruedo con tanta frecuencia, que casi dir√≠amos que no vemos otros, toros que no embisten. En cambio, vemos en la mayor√≠a de esos toros que no embisten, toros que pasan, es decir, que siguen f√°cilmente el enga√Īo de la muleta o la capa con tanta docilidad como si estuvieran amaestrados. Nos parece entender que esa diferencia que decimos entre un toro y otro, uno que embiste, otro que pasa, que sigue el trapo con una embestida tan d√©bil, tan suave, tan d√≥cil, que ya no nos parece una embestida, es la que separa a un toro bravo de otro que no lo es

Esa es la bravura que se busc√≥ en la evoluci√≥n en Piedras Negras despu√©s de Lub√≠n, la del toro que terminara la embestida por la fuerza de la propia casta, que acometiera con emoci√≥n y celo durante toda la lidia, cualidad que ya era necesaria para seguir triunfando. Y no es que en tiempos de Lub√≠n no lo fuera, simplemente la lidia de los primeros veinticinco a√Īos del siglo se concentraba, como ya explicamos, en el primer tercio.

Gregorio Corrochano, en su libro, Teoría de las corridas de toros (Espasa, 1991), escribe:

¬ŅQu√© es un toro bravo? La bravura, cuyo origen y medida desconocemos, ha sido considerada como un car√°cter del instinto, con lo que se ha cre√≠do darle una definici√≥n. Si juzgamos por lo que vemos con el toro en el campo, tranquilo, en libertad, donde convive con el hombre y con el caballo, y por lo que ocurre en la plaza donde no tolera la presencia del hombre ni la del caballo, podemos sospechar que la bravura es un temor defensivo. Cuando el toro pisa el ruedo, busca una salida. Como no la encuentra, se para. El hombre lo reta tir√°ndole un capote o avanzando hacia √©l con un caballo, y el toro acomete. ¬ŅPor qu√©? No lo hace por comerse al hombre ni al caballo. Lo hace por defenderse del hombre, que lo hostiga, que lo hiere, y a quien le teme. La bravura es un instinto de defensa, de un grano parecido con el valor del torero. Ese acoplamiento de bravura y valor, al enfrentarse y temerse, hace posible la maravilla del toreo. La bravura no tiene medida si no es en la lidia, pero est√° condicionada al torero, que no siempre es buen lidiador.

De ambas redacciones vemos que el toro tiene que acometer, que embestir, pero también, tiene que ser bien lidiado para desplegar con todo rigor la bravura que ha buscado el criador. Un toro bravo no siempre corre con la suerte de encontrarse con un buen lidiador o con un torero dispuesto a no regresar a casa.

Juan Pedro Domecq define la bravura como ¬ęla capacidad del toro para luchar hasta su muerte ‚Äďy aclara a√Īadiendo‚Äď: Soy totalmente opuesto a que el equivalente de la bravura de los astados se termine en la suerte de varas¬Ľ. En su libro, que hemos citado, Del toreo a la bravura, remata diciendo: ¬ęYa tenemos una nueva concepci√≥n de la bravura, la acometividad en todo el conjunto de suertes que conforman la lidia¬Ľ.

Esta bravura integral es lo que ha logrado la estabilidad de la fiesta en los √ļltimos setenta a√Īos, pero llegar a ella es un proceso complejo, dada la cantidad de caracteres por seleccionar. Pero la pelea en el caballo, la acometividad, la fijeza y la entrega deben de estar siempre presentes.

Corrochano hizo una reflexi√≥n que a√Īos despu√©s Juan Pedro analiz√≥ y demostr√≥: ¬ęAun y cuando la tienta y la herencia son las bases para la evoluci√≥n de las ganader√≠as, los resultados de estas son insuficientes¬Ľ. La mayor√≠a de las veces, el producto conseguido no corresponde al buscado. No llega al cuarenta por ciento. M√°s de la mitad de las veces, los criadores se equivocan, sin embargo, el fondo de cada ganader√≠a es lo que las saca a flote tarde tras tarde. La solera que est√° presente en las grandes casas y que fortifica siempre su sangre brava.

La bravura es un pez que f√°cilmente se escapa de la mano, por eso es muy riesgoso ponerle l√≠mite a la expresi√≥n de la casta en aras de la comodidad comercial y beneficio del torero. Piedras Negras no tom√≥ el camino del toro en cuanto a que pareciera bravo y no lo fuera. Dentro del concepto original siguieron respetando la casta como elemento esencial, con un contenido de nobleza suficiente para hacer lucir la bravura. Y cuando esto se daba, los triunfos eran de gran peso; el toro acometiendo, empujando, atacando, con el son y la clase necesarios para las grandes tardes. V√©anse las cr√≥nicas. Sin embargo, cuando, como resultado de la selecci√≥n, la casta prevalece sobre la nobleza de forma desequilibrada, y por lo tanto lo deseado no se logra, resulta un toro con defectos antiguos, de dif√≠cil soluci√≥n; cuando estos emanan, con la lidia adecuada ofrecen la posibilidad de un espect√°culo que mantenga el peligro como base de la fiesta. Donde el valor y la t√©cnica del torero, ante la falta de alguna cualidad que permita la gran faena, complementen para el p√ļblico el espect√°culo con una expresi√≥n art√≠stica diferente. Y esto, el toro que solo pasa, que no acomete, que no transmite, lo hace imposible, para comodidad del torero. La fiesta en blanco y negro. La muerte segura de s√≠ misma.

Por eso, el manejo en Piedras Negras fue y es escrupuloso y complejo. Una ganader√≠a peque√Īa, sin concesiones en las tientas, concentra mucho m√°s lo que se busca, lo cual da grandes cualidades, pero tambi√©n, los defectos correspondientes. La entrega de un toro bravo en esta casa es espectacular, la casta lo provoca, pero si el toro no se entrega del todo, la dificultad es alta y pone las faenas al rojo vivo. As√≠ se busca y se acepta la bravura en esta casa. En una entrevista para la televisi√≥n despu√©s de una corrida en Madrid, dec√≠a Victorino Mart√≠n: ¬ęPrefiero que salgan demonios a que nos salga el toro bobo y tonto. La gente con corridas como esta [la corrida hab√≠a salido muy encastada] va a respetar a los toreros mucho m√°s. Me debo al p√ļblico, que es mi cliente, y mi cliente ha salido contento¬Ľ.

Continuemos con Corrochano:

La bravura tiene una escala. Tan dif√≠cil es sujetar la bravura y tan variable, ¬ęque parezca bravo y no lo sea¬Ľ, porque el bravo es molesto y peligroso; ¬ęque sea pastue√Īo, pero que no llegue a la mansedumbre que le ronda¬Ľ. Esa f√≥rmula de equilibrio es inestable; la ca√≠da es segura. Esa distinci√≥n, muy de moda, del toro bueno para el torero o el toro bueno para el ganadero, es la m√°s dislocada concepci√≥n de la bravura; es una forma nueva de aceptar la mansedumbre. Toro que no sea bueno para el ganadero, no es bravo, y no debe ser bueno para nadie, aunque parezca circunstancial y econ√≥micamente bueno para el torero. Esperemos que la moda pase como pasan todas las modas. Insistimos, el ganadero no es due√Īo de la bravura del toro.

En esa moda se qued√≥ la fiesta del M√©xico moderno. Algunas ganader√≠as no quisieron ser parte de ella, de privilegiar al toro para la faena bonita, insulsa, sin peligro y finalmente sin valor trascendental. Sin el elemento de bravura integral presente en las plazas. ¬ęLa bravura es el valor del toro. Un valor que se crece al castigo, se manifiesta con prontitud, sin la menor reserva, se enciende con celo al reto del cite, con casta, y se entrega con fijeza en la embestida, lo que se traduce en nobleza hasta el final de la suerte¬Ľ. Cumpliendo con este concepto de Ar√©valo, vimos varios toros de esta casa hace poco menos de un mes, en agosto de 2014. El problema est√° en que cumplieron con esta definici√≥n y todav√≠a no llega el momento de que en M√©xico se valore o, en muchos casos, que siquiera exista. Porque, analizando la frase de Jos√© Carlos: ¬ęcrecerse al castigo¬Ľ presupone que el toro est√° √°vido de recibirlo, que quiere pelear, no recibir un s√≠mil de puyazo para no acabar con √©l; ¬ęmanifestarse con prontitud, sin la menor reserva¬Ľ supone la presencia en el ruedo de un animal dispuesto a atacar, a embestir, no tan solo a pasar; ¬ęque se enciende con celo al reto del cite¬Ľ se traduce en que el burel acepte el reto y lo tome con ¬ęvalor y entrega en la embestida¬Ľ, que como suma de estas cualidades ¬ęse transformar√° en nobleza hasta el final de la suerte¬Ľ, esto no es el corn√ļpeta que solo cuenta con una particular nobleza de obedecer sin protestar, sin siquiera cuestionarse a d√≥nde va. S√©, porque he platicado largo con Jos√© Carlos Ar√©valo, que su definici√≥n es universal, para cualquier toro. √Čl mantiene que ¬ęla bravura es noble y la mansedumbre es resabiada¬Ľ, destacando que ¬ęla casta es la agresividad ofensiva de la bravura, y el genio es la agresividad defensiva de la mansedumbre¬Ľ. Conclusi√≥n correcta, pero le falt√≥ la interpretaci√≥n inversa de la primera parte de su corolario, la falta de casta es la pastue√Īa, desabrida, aburrida manifestaci√≥n de la nobleza extrema, mansedumbre tambi√©n en s√≠ misma, porque no integra ninguna de las otras cualidades de su muy claro concepto. Quiz√° en Espa√Īa vea menos toros con esta condici√≥n, seguro muchos menos de los que vemos aqu√≠. Por otra parte, la equivocada confusi√≥n de bravura por genio, que se puede dar entre los aficionados cuando este defecto aparece, curiosamente genera la emoci√≥n que el descaste inhibe. No es deseable ni plausible, y la emoci√≥n no la produce la bravura, pero es mejor para el toreo, para la fiesta y para el p√ļblico.

Si graficáramos la bravura y sus componentes en un reloj, si la nobleza está a las tres y la casta a las nueve, la adición perfecta de ambas estaría a las doce: la bravura integral. Por el contrario la inexistencia de ambas nos da como resultado la mansedumbre, que estaría a las seis. El cuadrante entre las tres y las seis, en el cual abunda el toro nacional, es la tumba del espectáculo. Es el toro que va pero no acomete, que obedece y pasa pero no vuelve, que jamás se encela. Que carece de codicia. Que no es absolutamente manso porque es capaz de pasar muchas veces frente al torero, pero sin generar emoción, sin bravura. Que es aparentemente noble, pero también de esto carece. El pasar como viendo al infinito no es nobleza, no es hidalguía, no es la expresión del valor del toro. Es la corrupción más grande de la bravura.

El toro que no tiene entre sus cualidades casta y nobleza combinadas de muchas formas, como las busque cada criador, no puede ser bravo. En este reloj imaginario abarcaría toda la zona entre las nueve y las tres, en la parte superior del reloj. Con distintas combinaciones y expresiones en la plaza, pero bravo. El manso es aquel que carece de las dos. El que pasa sin nobleza, caminando, sin acometer una y cien veces sin codicia; aquel sobre el cual el torero se da cuenta y sabe que él tiene que hacer todo y que el peligro está casi ausente. El que al final, que llega de inmediato, recula, se refugia en las tablas; huye y se queda parado esperando la muerte. El que se acobarda.

Hace mucho tiempo el concepto de bravura en M√©xico se dividi√≥. Por una parte las ganader√≠as con fondo gen√©tico y trabajo sostenido por a√Īos, que mantuvieron el toro con una bravura con un muy alto contenido de nobleza. Por otro lado aquellos que se adecuaron a peticiones e imposiciones de las figuras del momento. O simplemente sucumbieron ante su propia vanidad, sin importar que el toro estuviera vac√≠o. Y finalmente, los menos, quienes siguieron su camino original. Asumiendo las consecuencias. Y persistieron en su apuesta por la incontrolable bravura encastada, que revienta en nobleza en su m√°xima expresi√≥n. Siguieron buscando lo pocas veces alcanzable: el toro bravo. Intentaron mantener encastada la nobleza nacional. Arriesgando tambi√©n obtener la dureza de la casta, el genio no deseado. Avanzaron sin abusar de la sangre, sin lucrar con su comercializaci√≥n. Continuaron sin concesiones en las tientas. Y siguieron pensando en sentir en las plazas la embestida de sus toros. Mantuvieron viva la ilusi√≥n de ver un toro romper a bravo, rematar en los burladeros, crecerse al castigo, culminar la faena con entrega y lucha. Apostaron por seguir teniendo un animal que atacara siempre. No voltearon la cara al riesgo que representa criar toros bravos, en todos los sentidos. Y hoy, aqu√≠ siguen. Listos a responder al reto de la bravura. Al final, el toro bravo premia a quien ha descubierto el misterio y se ha entregado a la soluci√≥n. Pero mientras se valore el toro en el cual el tercio de varas pr√°cticamente ha desaparecido y la emoci√≥n que da la casta es casi inexistente, donde el riesgo radica en el error por confianza de los toreros, no en la existencia de la casta, quienes busquen, encuentren y mantengan otro concepto, seguir√°n relegados hasta que se geste y culmine un cambio. Este deber√° llegar de la mano de los toreros, porque el p√ļblico siempre lo ha valorado. La tarde de diciembre de 2013 en la M√©xico, de la ganader√≠a de De Haro lo demuestra. El milagro de la bravura conjunt√≥ una tarde triunfal.

Casta, prontitud, celo, acometividad, fijeza, movilidad, codicia, son constantes en las definiciones que hemos transcrito aquí. La suma de estas: emoción. Si no están presentes, no hay bravura, no hay fiesta. Y estas cualidades las hay de sobra en Piedras Negras, y son base de su concepto.

En épocas de cambio, como hemos visto, el toro remata la evolución. Quizá estemos ante un momento histórico donde quienes han apostado y mantenido encapsulada la bravura tengan ahora la responsabilidad de empujar el cambio en la fiesta. De todas las casas, porque esta condición no es exclusiva de Piedras Negras ni de su encaste. Pero Piedras Negras debe buscar y tener un sitio especial. La historia se lo exige.

 Llegamos al final de este esfuerzo por conocer la memoria de un encaste que llen√≥ de orgullo a sus amos en cada √©poca. A cada quien le toc√≥ aportar al futuro y disfrutar su momento: La fundaci√≥n con Jos√© Mar√≠a, la estrategia con Lub√≠n, el mando con Viliulfo, los triunfos con Rom√°rico, la continuidad con Ra√ļl y la garant√≠a del porvenir con Marco Antonio, son resultados del manejo en sus h√°biles manos durante 145 a√Īos y los que faltan por venir bajo el cuidado de Marco Antonio y de Patricio.

La tradición dicta las reglas, pero la ilusión, la vida. Se plantearon las normas, se respetaron las costumbres y se buscaron siempre nuevas rutas. Muchas horas dedique a encontrar en archivos, periódicos y recuerdos de conversaciones, la sustancia de una casa en la que está escrito el curso de nuestra historia. Tierra, gente, toros, plazas, historia. Triunfos y fracasos unidos en la rojo y negro. Y encontré pasajes y personajes muy ricos que nos permitieron navegar con los González, al paso de tres siglos, el mar de la bravura, en un barco con las velas llenas de la fuerza del viento, con los capitanes manteniendo el timón firme orientado siempre hacia el mismo puerto: el formar y mantener a la vanguardia una de las ganaderías bravas más importantes de nuestro país.

¬°La Bravura por Delante¬° Marco Antonio: Estoy seguro que en Piedras Negras la custodia de esa riqueza esencia y forma de tu casa, seguir√° siendo fuente de vida de la fiesta y base √ļnica del concepto del Encaste Piedras Negras. Las modas pasan, pero lo aut√©ntico perdura.

Piedras Negras, sitio, vida y memoria.

V.- GRACIAS A USTEDES

La vida y los toros son dos fiestas, con expresiones, pasiones y entendimientos muy diversos, fondo de su riqueza. Son caminos que se cruzan gracias al gozo, la alegr√≠a, el honor, la entrega y la honradez con las que se disfrutan y se comparten con los dem√°s. He tenido la suerte de conocer a muchos de los protagonistas de nuestra historia taurina y recibir de ellos un c√ļmulo de experiencias para m√≠ invaluable, que atesoro en forma de recuerdos, documentos, apuntes y referencias, a las cuales recurro cada vez que necesito analizar, comentar o entender alg√ļn aspecto de la fiesta de los toros. Y de la vida.

¬ęSer ganadero de toros de lidia no es una diversi√≥n, no es un negocio; es una forma de vida¬Ľ, dec√≠a don Jos√© Luis G√≥mez; pues, don Pepe, ten√≠a usted raz√≥n. Esa forma de vida han sabido transmitirla de diversas maneras todos los ganaderos, a quienes aqu√≠ agradezco. Y no solo a m√≠. La riqueza intelectual, personal y moral de todos ellos ha dejado honda huella en la fiesta nacional.

De la misma forma, quienes son aficionados, matadores de toros, o intelectuales dedicados a crear la memoria histórica de este viejo arte, me han compartido su sentimiento y sapiencia para poder profundizar, desde distintos ángulos, el entendimiento del toreo y sobre todo del toro.

A todos, Gracias.

A ustedes, los que ya se fueron, ganaderos todos, por su invaluable amistad y por haberme compartido desinteresadamente su conocimiento y conceptos:

José Luis Gómez López

Manuel de Haro Caso

Valentín Rivero Azcárraga

Jorge Martínez Gómez del Campo

Javier Garfias de los Santos

Luis Barroso Barona

Pablo Labastida Aguirre

Manuel de Haro Gonz√°lez

Chafick Handam Amad

A los ganaderos Gonz√°lez, herederos de esta historia:

Los de Coaxamalucan:

Felipe González Pérez +

Rafael González Pérez +

Manuel González García Moreno

Hugo García Méndez González

José María González Pérez

Juan Antonio González Pérez

Los de Rancho Seco:

Carlos Hern√°ndez Gonz√°lez

Sergio Hern√°ndez Gonz√°lez

Sergio Hern√°ndez Weber

Los de Zacatepec:

Mariano Mu√Īoz Reynaud

Bernardo Mu√Īoz Reynaud

Alejandro Mu√Īoz Reynaud

Juan Pablo Mu√Īoz Reynaud

Los de Piedras Negras y La Laguna:

Vicente De Haro Gonz√°lez

Ignacio De Haro Gonz√°lez

Pablo De Haro Gonz√°lez

Javier Iturbe Gonz√°lez

Gonzalo Iturbe Rosas

A los ganaderos, con quienes tantas ma√Īanas de campo y tardes de buena pl√°tica he disfrutado, y con quienes muchos conceptos aqu√≠ escritos, he aprendido y discutido:

Jos√© Juli√°n Llaguno Ibarg√ľengoytia

Jorge Barbachano Ponce

Ramiro Alatorre Córdoba

Rodolfo V√°zquez Padilla

José Marrón Cajiga

Alejandro Martínez Vertiz Riquelme

Jorge Martínez Lambarry

Ramiro Alatorre Rivero

Francisco Cordero Martínez Vertiz

Ignacio Garc√≠a Villase√Īor

Sabino Yano Bretón

Salvador Gómez Martínez

A mis amigos con quienes he compartido conceptos, pasi√≥n y cari√Īo por esta fiesta:

Adolfo Martínez Gómez del Campo+

Javier Creixell del Moral+

Oscar Meade Bustamante+

Manolo Vázquez Garcés+

José Laris Iturbide+

Carlos Abella Martín

Víctor José López Vito

Jes√ļs Sol√≥rzano Pesado

Alejandro Martínez Vertiz Barbachano

Deogracias Yarza Chousal

Rafael Vallejo Díaz

Fernando Llaguno Gurza

José González Rondón

Pablo Carrillo Lavat

Y muy en especial, mi agradecimiento a:

Ra√ļl Gonz√°lez Gonz√°lez, don Ra√ļl, el cari√Īo me queda para toda la vida.

Francisco Madrazo Sol√≥rzano, viejo, lo recuerdo siempre. Cada letra de esta ilusi√≥n viene acompa√Īada de una bocanada de su ocote.

Jorge de Haro Gonz√°lez, por tantos a√Īos de fraternal amistad. Gracias a ti, conoc√≠ y aprend√≠ a entender y a querer este encaste.

Gonzalo Iturbe González, mi querido Goncha, por tantas nociones claras y sencillas que he recibido de ti en muchas tardes de plática y plazas de tienta. La herencia te quedó impregnada.

Antonio de Haro González, creo que oíste este libro más de cien veces. Gracias por los consejos y conceptos, y sobre todo por una amistad para toda la vida.

Marco Antonio Gonz√°lez Villa, contigo me ha tocado vivir parte de esta historia. Gracias por permitirme entrar a tu casa por la puerta grande y gozarla como hasta hoy lo hemos hecho. ¬°La bravura por delante!

Gracias a todos.

Carlos Casta√Īeda G√≥mez del Campo

Agosto, 2014.

AP√ČNDICE 1

Descendientes  de:

Manuel Mariano Gil Gonz√°lez de Silva

María Ignacia Fernández de la Horta

1.      Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez. Primer Gonz√°lez en Piedras Negras. Casa con Mar√≠a Cresencia Mu√Īoz de Cote y Quiroz y tienen doce hijos de apellidos Gonz√°lez Mu√Īoz. Llega a Piedras Negras al final de 1835. Sus hijos son:

1. Mar√≠a de la Luz.  Nace el 25 de junio de 1831 en Santa Clara de Ozumba. Fallece en Puebla a los 89 a√Īos. Sin casarse, tiene una hija, Micaela, que casa con Manuel Moreno. Le arrienda a su t√≠o Bernardo la tienda de la hacienda de La Concepci√≥n ¬ęLa Noria¬Ľ.

2. Manuel. Nace el 12 de diciembre de 1832 en Santa Clara de Ozumba. Fallece de 90 a√Īos. Casa con Trinidad Gonz√°lez, su prima hermana,  hija de Jos√© Mariano Gonz√°lez de Silva. Sus hijos son dos: Rom√°rico, quien en Puebla cursa estudios superiores, torea de luces, recibe de su padre la hacienda de La Laguna, de la cual hab√≠a sido arrendatario desde 1890. Fallece en 1918 a consecuencia de una herida cerca de un ojo causada por una becerra. Estuvo casado con su prima hermana Beatriz Carvajal Gonz√°lez; sus hijos fueron Viliulfo, quien hereda de su padre y de su t√≠o Lub√≠n, La Laguna y Piedras Negras; Beatriz, que funda Rancho Seco en parte de los terrenos de Zotoluca; Cristina, que forma Zacatepec; y Manuel, matador de toros que muere muy joven por una mala operaci√≥n. El segundo hijo es Lub√≠n quien casa con su prima Eudoxia, hija de Jos√© Mar√≠a. Cursa la carrera de Ingenier√≠a Civil. Adquiere Piedras Negras de su padre y de su t√≠o Jos√© Mar√≠a, misma que leg√≥ a su sobrino Viliulfo y a sus hermanas. Manuel, por parte de su esposa, Trinidad, fue due√Īo del rancho El Infiernillo y adquiri√≥ San Jos√© de Piedras Negras, mismos que hereda a√Īos despu√©s Viliulfo.

3. Josefa+

4.      Bernardo. Nace el 18 de septiembre de 1835. Es el √ļltimo de los hijos originario de Santa Clara de Ozumba. Muere de diabetes a los 66 a√Īos, en 1901. Sin casarse, con Te√≥fila Gonz√°lez, sin parentesco, tiene a Delfina Gonz√°lez quien casar√≠a con Viliulfo, sobrino de ella. Fue el albacea de la herencia de su padre y due√Īo de la propiedad por veinte a√Īos. En 1897 adquiere Zotoluca como parte del haber de la familia.

5. Felipe.  Nace en Piedras Negras el 26 de mayo de 1837. Fallece el 24 de noviembre de 1900. Cas√≥ con Dolores Pedraza con quien tuvo cinco hijos. Muri√≥ de diabetes. Explotaba en lo individual La Troje, la cual hereda a su sobrino Gonzalo S√°nchez Gonz√°lez, hijo de su hermana Micaela.

6. Guadalupe.  Nace en Piedras Negras en 1839 y muere en mayo de 1922, a los 83 a√Īos. Casa con Cirilo S√°nchez de la Vega, viudo de su hermana Micaela con quien tiene tres hijos. Hered√≥ Ahuatepec y sus ranchos, que eran la tercera parte de Piedras Negras, los cuales despu√©s pasar√≠an a ser propiedad de su hija Lucrecia S√°nchez Gonz√°lez. En 1917, esta propiedad fue afectada casi en su totalidad.

7.      Jos√© Mar√≠a. Naci√≥ en Piedras Negras en 1842 y fallece el 4 de abril de 1915. Sin contraer matrimonio, tuvo dos hijas, Eudoxia y Trinidad. La primera cas√≥ con su sobrino Lub√≠n y la segunda con su tambi√©n sobrino Aurelio Carvajal Gonz√°lez, hijo de Ignacia. Al morir su hermano Bernardo intestado, es nombrado albacea. Explotaba para el Tenopala. Fundador de la ganader√≠a de Piedras Negras. Gran hombre de campo, charro completo.

8.      Miguel + El gigante. Muri√≥ cerca de los 18 a√Īos. Sufr√≠a retraso mental.

9.      Micaela. Nace en Piedras Negras en 1844. Fallece  en 1866 de tifo, dejando a dos hijos al cuidado de su hermana Guadalupe, quien casar√≠a despu√©s con su viudo Cirilo S√°nchez de la Vega. Sus hijos fueron Gonzalo, quien hereda La Troje y parte de La Noria, y Enrique, quien recibe parte de San Antonio Zoapila propiedad que seguir√≠a en la familia hasta 1973.

10. Ignacio. Nace en Piedras Negras en 1845 y falleci√≥ de cinco a√Īos en 1850 a consecuencia de una ca√≠da.

11. Carlos.  Nace en Piedras Negras el 4 de abril de 1846. Fallece el 11 de noviembre de 1917 a los 71 a√Īos. Cas√≥ viudo con Juana Gonz√°lez, con quien tuvo ocho hijos, de quienes desciende gran cantidad de ganaderos. Adem√°s tuvo a Ignacia, madre del Ranchero Aguilar. Individualmente explotaba el Rancho G√≥mez. Hered√≥ Coaxamalucan la cual, despu√©s de ceder la mitad, lega en partes iguales a sus hijos e hijas.

12. Ignacia.  Nace en Piedras Negras cerca de 1847.  Casa en 1871 con Blas Carvajal. Tienen dos hijos y una hija: Aurelio, Leopoldo y Beatriz, que cas√≥ con su primo Rom√°rico y son padres de Viliulfo, Cristina y Beatriz. Explotaba individualmente Zocac, rancho que escritura a nombre de su hijo Leopoldo, el hombre mayor. Recibe como herencia tambi√©n Zotoluca; queda el 50% a nombre de su hijo  menor Aurelio y el otro 50% a nombre de su hija Beatriz, quien a su vez heredar√≠a a su hija Beatriz Gonz√°lez Carvajal para formar Rancho Seco. Aurelio cas√≥ en dos ocasiones, pero no hubo descendientes. Hered√≥ Zotoluca a sus sobrinos nietos descendientes de su hermano. Adicionalmente, Tenopala la hereda tambi√©n a sus sobrinos. Cristina por su parte recibe Zacatepec.

13. Rafael. Nace en Piedras Negras el 19 de mayo de 1853 y muere el 21 de noviembre de 1900, a los 47 a√Īos. Estudi√≥ la licenciatura en Derecho. Explota individualmente el rancho El Ocote.

2   Mar√≠a Antonia Gonz√°lez Fern√°ndez. Nace en Santa Clara de Ozumba el 25 de octubre de 1808. Casa con Jos√© Guadalupe Mu√Īoz de Cote y Quiroz, quien al lado de su padre fue administrador de las haciendas de El Rosario, Mazaquiahuac, Mimiahuapam, San Jos√© de las Delicias, San Andr√©s Buenavista, Tezoyo y, en el estado de Hidalgo, de San Juan Ixtilmaco, Malayerba, La Laguna, Mara√Ī√≥n, Acopinalco y Chimalpa.

3   Mar√≠a Dolores Gonz√°lez Fern√°ndez. Naci√≥ en Santa Clara de Ozumba el 8 de Octubre de 1814. Casa con Jos√© Mar√≠a Galindo. Fallece de 46 a√Īos.

4       Jos√© Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez.  Nace en Santa Clara de Ozumba el 23 de julio de 1820. Casa con Rosa L√≥pez. Fue due√Īo de las Haciendas de Tlalcoyotla, La Noria y parte de San Antonio Zoapila, que hereda a sus hijos: Trinidad, quien casar√≠a con su primo Manuel; Rosendo, quien vender√≠a su parte a su primo Bernardo, y Soledad. Los tres menores de edad al fallecer √©l, quedan al cuidado de su hermano Mariano.

5       Mar√≠a de la Luz Gonz√°lez Fern√°ndez. Nace en la hacienda de Santa Clara el 9 de febrero de 1822. Casa con Francisco Merch√°n en 1853, tienen dos hijas y un hijo. La mayor casa con Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Pav√≥n. Eran due√Īos de la Hacienda de San Jos√© Tepeyahualco, y por parte de los Merch√°n, de San Antonio Huexotitlan, hacienda vecina.

AP√ČNDICE 2

PROPIEDADES

Para mayor facilidad en la informaci√≥n se dividieron las propiedades seg√ļn fueron adquiridas por la Orden de los Betlemitas. Las que compraron posteriormente los Gonz√°lez se listan adicionalmente.

1.      San Mateo Huiscolotepec.

 80 caballer√≠as de tierra equivalentes a 3 452 ha.

PROPIETARIOS      A√ĎO

Jer√≥nimo de Cervantes     ca. 1580

Pedro Tenorio de la Banda y Catalina de Mota       

Luis Garc√≠a Becerra y Mar√≠a Fern√°ndez de Soria   

Luisa de Soria y Becerra ca. 1633

Fernando Ni√Īo de C√≥rdoba    

Fernando Ni√Īo de Castro 1672

Sebasti√°n de Estomba       1698

Orden de los Betlemitas    1701

Miguel y Jos√© Ventura de Miranda  1793

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (arrendamiento)         1835

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (compra)   1856

Herederos de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez      1881

Lubín González González 1907

Viliulfo Gonz√°lez Carvajal        1928

Dotaci√≥n de ejidos    1938

Herederos de Viliulfo Gonz√°lez Carvajal 1941

Dotaci√≥n de ejidos    1963

Dotaci√≥n de ejidos    1973

Ra√ļl Gonz√°lez Gonz√°lez   1973

Marco Antonio Gonz√°lez Villa 1997

2.      San Lucas Coaxamalucan.

72 caballerías de tierra equivalentes a 3 030 ha.

PROPIETARIOS      A√ĎO

Juan L√≥pez Maldonado  

Mart√≠n Palacios       

Orden de los Betlemitas    1711

Miguel y Jos√© Ventura de Miranda  1793

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (arrendamiento)         1835

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (compra)   1856

Herederos de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez      1881

Carlos Gonz√°lez Mu√Īoz   1907

Herederos de Carlos Gonz√°lez Mu√Īoz      1917

3.      Ahuatepec.

 50 caballer√≠as de tierra equivalentes a 2 105 ha.

Bartolom√© de Calva y Catalina Cort√©s de Soria       

Mar√≠a, Mariana y Teresa Cort√©s de Calva       

Juan Martín Osorno

Orden de los Betlemitas    1740

Miguel y Jos√© Ventura de Miranda  1793

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (arrendamiento)         1835

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (compra)   1856

Herederos de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez      1881

Guadalupe y Micaela Gonz√°lez Mu√Īoz     1903

Dotaci√≥n de ejidos    1917

4.      Asunci√≥n de Piedras Negras y San Nicol√°s.

12 caballerías de tierra equivalentes a 505 ha.

PROPIETARIOS      A√ĎO

Juan Escudero

Pedro Martín Castellanos

Lorenzo Garc√≠a       

Mar√≠a Mill√°n  

Francisco P√©rez Mu√Īiz y Osorio      

Juan G√≥mez de Yglesias 

Orden de los Betlemitas    1736

Miguel y Jos√© Ventura de Miranda  1793

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (arrendamiento)         1835

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (compra)   1856

Herederos de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez      1881

5.      Atenco.

10 caballerías de tierra equivalentes a 420 ha.

PROPIETARIOS      A√ĎO

Francisco Maldonado     

Diego L√≥pez Arro√Īez y Ana de Bargas    

Hijas de Ana de Bargas  

Jos√© V√°zquez Gastelu      

Esteban V√°zquez Gastelu del Rey y Figueroa 

Miguel Mart√≠n Osorno    

Ger√≥nimo Calder√≥n Becerra   

Miguel √Ālvarez de Luna 

Luis Pliego y Peregrina   

Mariano Barrientos y Montoya       

Orden de los Betlemitas    1756

Miguel y Jos√© Ventura de Miranda  1793

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (arrendamiento)         1835

Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez (compra)   1856

Herederos de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez      1881

Dotaci√≥n de ejidos    1917

PROPIEDADES ADQUIRIDAS POSTERIORMENTE

LA CONCEPCI√ďN LA NORIA        3 136 has.

LA LAGUNA   2 420 has.

EL INFIERNILLO   1 100 has.

SAN JOS√Č DE PIEDRAS NEGRAS 1 400 has.

LA TROJE       534 has.

SAN ANTONIO ZOAPILA       1 662 has.

ZOCAC    675has.

ZOTOLUCA    2 984 has.

LAS SIERPE Y CA√ĎADA DEL TORO    988 has.

ZACATEPEC   1 351 has.

Como anotaci√≥n, Miguel Mariano Gonz√°lez de Silva, quien estuvo casado con Ana Mar√≠a de la Calle, abuelo de Mariano Gonz√°lez Fern√°ndez, primer propietario de Piedras Negras, fue due√Īo o arrendatario cerca del a√Īo de 1785 de las haciendas de San Andr√©s de Buenavista en Tlaxco y de Santiago Tetlepayan en Apan, las cuales entraron en litigio a su muerte ya que su viuda quiso disponer de ellas al contraer segundas nupcias, siendo demandada por sus hijos. La herencia estaba valuada en $180,000. (AGN, Tierras, contenedor 1239, vol. 2939, exp. 4, fojas 138-445).

FUENTES CONSULTADAS

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HEMEROGR√ĀFICAS

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Periódico Oficial del Estado de Tlaxcala, 23 de abril de 1941, tomo XXVI, n.o 17.

Periódicos (Ciudad de México, 1841 a 1918)

El Imparcial

Diario del Hogar

The Mexican Herald

El Correo Espa√Īol (M√©xico 1936-1996)

Excélsior

El Universal (microfilms)

Revistas (1921-1936)

 El Universal Taurino

Toros y Deportes

El Eco Taurino

FONDOS

Archivo General de la Naci√≥n, Ramo ¬ęTierras¬Ľ, vol. 1891, exp. 1, Ciudad de M√©xico.

Archivo General Agrario, ¬ęDocumentos relativos al intestado de Bernardo Gonz√°lez

Santa Mar√≠a Texcalac, Tlaxcala¬Ľ, 1907.

Comité de planeación para el desarrollo del Estado de Tlaxcala. Atlangatepec, Apizaco, Tetla, Tlaxco.

FUENTES ELECTR√ďNICAS

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www.bisabuelos.com

¬ęM√©xico independiente y las primeras diligencias¬Ľ, en Edumed.net Enciclopedia Virtual.

¬ęLos l√≠mites del reparto agrario¬Ľ, Sedatu.gob.mx

¬ęReparto agrario despu√©s de la Independencia de M√©xico¬Ľ, Derecho Agrario, Agrarioune.blogspot.mx

Hemeroteca Nacional, HNDM, Hemeroteca Digital.

INDICE

PROLOGO                                                                                   3

INTRODUCCION                                                                                4

I.- SAN  MATEO HUISCOLOTEPEC

         1.- Tlaxcala a la llegada de los espa√Īoles                                         7

         2.- La Hacienda                                                                             12

         3.- El crecimiento en el siglo XVIII                                                                    17

         4.- Los Miranda                                                                                                       24

         5.- Piedras Negras y los Gonz√°lez                                                         31

         6.- La Herencia                                                                            43

II.- LA GANADERIA

         1.- Los primeros a√Īos                                                                66

         2.- Manuel Fern√°ndez del Castillo y Mier                                       77

         3.- Saltillo en Piedras Negras                                                   81

         4.- Las faenas de campo                                                            98

III.- LA PLAZA

         1.- El inicio                                                                                   112

         2.- El principio del siglo XX                                                               122

         3.- El M√©xico Independiente                                                     155

         4.- El fin de la √©poca de oro. Rumbo al toreo moderno                         187

         5.- El Exilio                                                                                  202

         6.- Los √ļltimos a√Īos y el futuro                                               208

IV.- ¬°LA BRAVURA POR DELANTE!                                                             213

V.- GRACIAS A USTEDES                                                                        225

APENDICE 1. Descendientes de Mariano Gonz√°lez de Silva                          229

      APENDICE 2. Propiedades                                                         233

      FUENTES CONSULTADAS                                                                235 

FIN...

A/A DE PEDRO JULIO( AGUASCALIENTES) Y ATENCI√ďN A JUAN MU√ĎOZ CREADOR DE NUESTRPJAEN.COM Y DIRECTOR PERPETUO.
bolanos 18 SEPTIEMBRE

 

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