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MÉXICO; ENRIQUE PONCE Y ZOTOLUCO DELIRIO TOTAL

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MÉXICO;  ENRIQUE PONCE Y ZOTOLUCO DELIRIO TOTAL

El ambiente era el propicio, se cumplía cabalmente la trayectoria de un torero, quien tras 30 años de alternativa pone punto final porque así lo decidió él, un torero como el mexiqueño Eulalio López “Zotoluco”, quien desde un principio se planteó una meta, llegó a ella y la cumplió, que fue la de ser figura del toreo a nivel nacional y con un alto reconocimiento a nivel internacional.

Al iniciarse el paseíllo, con 15 minutos de retraso, porque todo mundo quería tomarse una foto del recuerdo con su torero preferido, en este caso, el de Azcapotzalco, empezó el festejo cuando tras una lluvia de confeti, enmarcaba la salida de los toreros al ruedo, en tanto que en los tendidos de la plaza se veían adornados con pancartas que tenían leyendas que ensalzaban la trayectoria del “Zotoluco” y de agradecimiento por toda su tauromaquia.

El resultado del festejo, aunque en el número de corte de apéndices miente, pues de haber acertado los toreros con la espada, estaríamos hablando de una tarde de ocho orejas, cuando sólo se cortaron tres, pero lo importante fue lo realizado por los diestros en el ruedo, quedando la gente más que satisfecha.

De esta manera, ante un prácticamente lleno en la zona numerada y buena entrada en el sector general, se lidiaron seis toros bien presentados de la ganadería hidalguense de Fernando de la Mora, destacando el corrido en segundo lugar, que mereció el premio del arrastre lento.

Al toro que abrió el festejo, de nombre “Arete”, Eulalio López “Zotoluco” lo recibió con una larga cambiada de rodillas, cerrado en tablas, para luego de pie, lo veroniqueó con empeño. Con la muleta, a un ejemplar medido de fuerza, falto de casta y que terminó soseando, le empezó un trasteo magisterial, doblándose suavemente, para luego, a base de sobarlo y esperarlo, le endilgó varias series de naturales, arrancándole todos y cada uno de los muletazos con mucho mérito. Por el derecho ha ido de menos a más, hasta robarle, a base de aguante y de pisarle los terrenos, lances de gran torería. Mató de pinchazo y estocada entera para hacerse ovacionar.

A su segundo, “Voy y vuelvo”, Eulalio López “Zotoluco” lo toreó a la verónica con soltura y oficio. En el tercio de varas, el connotado picador potosino Ignacio Meléndez, fungió como tal, con evidente efectividad en su última actuación profesional. Con la muleta, luego de que se desmonterara en el tercio el banderillero Christian Sánchez y de que le brindara su trasteo a quienes se encargaron de apoderarlo en la última fase de su carrera, Alejandro Silveti y Alonso Cuevas, “Zotoluco” a base de su reconocido valor y poder, logró una faena de gran mérito a un ejemplar nada fácil, enrazado, sobresaliendo su recio toreo derechista y de gran pundonor. Acabó de atinada estocada y por ello se le concedió un valioso apéndice. Dio la vuelta al ruedo haciéndose acompañar de su picador de confianza Ignacio Meléndez, quien así dijo adiós a la profesión.

Al tercer toro de su lote, llamado “Toda una historia”, marcado con el número 101 y con 518 kilos, el del adiós definitivo, “Zotoluco” lo saludó con dos largas cambiadas de hinojos en tablas, para luego, de pie, lancear con clase a pies juntos e irse a los medios para ejecutar un ramillete de valientes y vistosas chicuelinas, además de llevar al “socio” al caballo por chicuelinas caminándole. Con la franela, una vez brindada la faena a su esposa e hijos, luego de iniciarla con pases de rodillas por alto en la zona de tablas, empezaron a sonar las notas de las sentimentales notas de “Las Golondrinas”, al tiempo que en los tendidos se prendían las luces de los celulares, mientras “Zotoluco” se daba a la tarea de perseguir a un huidizo toro, pero no voy a contar lo que hizo dejó de hacer, aquí lo relevante que en su faena se vieron reflejadas las faenas que realizó a lo largo de 30 años y casi siete meses de alternativa en todas las plazas del Orbe Taurino y siempre defendiendo el sitio de figura del toreo. Todo era melancolía  y emotividad. Se tiró a matar. Dejó media estocada, se puso pesado con el descabello.

El toro dobló solo, le sonaron un aviso, pero la entrega, el cariño y el reconocimiento del público se hicieron presentes en una aclamada vuelta al ruedo, que concluyó en el centro del ruedo.

Previo homenaje que le hicieron los niños con debilidad visual de su fundación, cuando sus hijos Álvaro y José María le cortaron el añadido, al tiempo que se soltaron al aire palomas blancas con emoción y entre grito de “¡torero, toreo!”.

El valenciano Enrique Ponce, al primer astado de su lote, le ha lanceado con clase a la verónica y luego quitó de forma estupenda por chicuelinas en el centro del ruedo. Con la sarga, tras brindarle el trasteo a “Zotoluco”, con un prólogo torerísimo a base de trincherazos, pases de la firma, el cambio de mano por delante y el de pecho, le ha cuajado a “Venadito”, un faenón con tandas brillantes de derechazos, plenos de arte y calidad incólumes. Sus naturales han sido de una donosura increíble, llenos de tersura, temple y dimensión espectaculares. Volvió al perfil derecho para ligar su bello toreo en redondo, incluyendo su ya famosa poncina. Más detalles de arte sublimado, para acabar de certera estocada y por ello obtener, en medio del contento general, las dos orejas, en tanto que al noble burel se le dio el arrastre lento.

En su segundo, “Tumbamuros”, el espada de Chiva, Valencia, poco pudo hacerle con el capote ante las descompuestas embestidas del de Fernando de la Mora. Su quehacer muleteril, luego de un aparatoso tumbo a uno de los varilargueros, lo inició doblándose suave y elegantemente, para después desengañarlo a través de enseñarle por dónde embestir, principalmente por el pitón derecho, tirando de verdad del toro y en el toreo circular con cadencia y arte quintaesenciado, todo envuelto por la magia y la maestría de Ponce. Lo intentó por el izquierdo con evidente empeño pero el ritmo, la clase y la estética de su depurada tauromaquia hicieron que su obra taurina derechista llegara a alturas insospechadas entre gritos de “torero, torero”. Y echó todo a un ejemplar no fácil. El toro se acobardó e intentó saltar al callejón espantado por el sublime toreo de su lidiador, quien siguió dándose gusto, desplegando su sabiduría torera, cuando en los tendidos de este septuagenario coso imperaba la “locura”. Por desgracia no acertó al matar, le sonaron dos avisos, pero ello no fue óbice para que el público lo ovacionara con fuerza en una emotiva vuelta al ruedo.

Y en el toro que cerró el festejo, “Aroma de Azahar”, Enrique Ponce veroniqueó con torerismo y mejor quitó por lances a pies juntos. Con la tela escarlata, a un ejemplar que prometía poco, lo empezó a lidiar con sumo talento pases suaves de trinchera, de la firma y el de pecho. A pesar de que su antagonista buscó el refugio de las tablas, fue ahí donde el esteta valenciano lo entendió hasta darle tandas magistrales por los dos perfiles y en un palmo de terreno, sobresaliendo su labor diestra. El torero analizaba os sitios dónde continuar su trasteo, pero el astado, a estas alturas del mismo, se negaba a colaborar. Sin embargo, a base de insistirle, todavía le arrebató muletazos meritorios y exponiendo. Finiquitó de estocada honda y desprendida para ser ovacionado.

Finalizada la función, entre gritos de ¡torero!, tanto Enrique Ponce como “Zotoluco” fueron izados en hombros y así salieron por la Puerta Grande de “El Encierro”

FICHA: CIUDAD DE MÉXICO, CDMX. Décima tercera corrida de la Temporada Grande Internacional 2016-2017 y primera del LXXI aniversario de la Monumental Plaza México. Entrada: poco faltó para el lleno en el numerado y buena en general. Toros de Fernando de la Mora: bien presentados, sobresaliendo el lidiado en segundo lugar que mereció el arrastre lento. Eulalio López “Zotoluco”, quien se despidió de los ruedos: ovación,  una oreja y vuelta con un aviso en el de la despedida. El valenciano Enrique Ponce: dos orejas, vuelta al ruedo tras dos avisos y ovación. Al final, ambos diestros fueron sacados en hombros por la Puerta Grande de “El Encierro”.

INCIDENCIAS: El picador Ignacio Meléndez se despidió de la profesión luego de su actuación durante la lidia del tercer toro. Tras la lidia del quinto toro, “Zotoluco”  adiós a los ruedos y sus hijos le cortaron el añadido.

Foto: Emilio Méndez

 

bolanos 18 SEPTIEMBRE

 

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